Los soldados de asalto no comen rollitos de primavera.

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Si a alguien le sorprende el por qué del fracaso de Star Wars en China… lo cierto es que no tiene mucho misterio. Éste es inversamente proporcional a sus libertades, y directamente proporcional a sus prejuicios. Cuando se estrenó EL DESPERTAR DE LA FUERZA, por ejemplo, los personajes negros o hispanos fueron drásticamente minimizados en el cartel, cuando no directamente eliminados.

Y es que China es un país que, a pesar de su papel cada vez más preponderante en el comercio internacional, ha estado dirigido desde siempre por férreas dictaduras y gobiernos sanguinarios. Ojo, aquí no criticamos a los chinos en sí, cuyo comportamiento es un reflejo de la forma en que los han moldeado. Y todo esto no quiere decir que China no sea un país con una cultura fascinante, al que a muchos nos gustaría viajar algún día, ni que no haya muchos chinos, en las urbes sobre todo, que lamenten el escaso éxito de la saga en su país.

Lo que sucede es que el mensaje de las películas es demasiado revolucionario para los gustos de los que manejan allí el poder. Aunque, claro, para seguir formando parte del teatro global, a los dirigentes chinos no les ha quedado más remedio que tolerar las películas de Star Wars (antes, hasta 2015, estaban directamente prohibidas, en lo cual radica enormemente la falta de interés que despiertan), pero demorando su estreno varias semanas, agrandando así la falta de interés de la gente en verla. Habida cuenta, además, de que en Tokyo, capital de un país eternamente rival, hubo una “premiere” en la que la película se estrenó incluso antes que en Europa.

¿Sería preocupante un mundo en el que el auge de China se manifestase no solo en el comercio, sino también en la cultura global? Desde luego, la debilidad de la que hacen gala los Estados Unidos desde que está Trump en el poder, no invita al optimismo.