Algunas cosas más sobre Dragonlance como posible nuevo setting para D&D 5e en 2022

Esta portada fue una broma de hace unos años de una web anglosajona, publicada el 1 de abril, anunciando la publicación de Dragonlance como mundo de campaña para 5e.

Hace un par de entradas traje al blog esto: https://smashthehater.com/2021/08/02/las-nuevas-publicaciones-de-wizards-of-the-coast-para-dungeons-dragons-en-2022/, para hablar de las noticias que teníamos, fundadas en los comentarios en twitter de alguno de los principales desarrolladores de Dungeons & Dragons en Wizards of the Coast, acerca de la llegada de dos settings clásicos de D&D, para ser publicados para la quinta edición en 2022, en formatos nunca vistos hasta ahora (signifique eso lo que signifique).

Hoy amplío esa entrada con algunos datos nuevos que he obtenido, y que lo hacen todo aún más interesante.

Por un lado, se trata de desentrañar un poco más a qué se debió el misterioso rechazo de WotC a publicar la nueva trilogía de novelas de la Dragonlance, de la que sus autores originales, Margaret Weis y Tracy Hickman, están a punto de publicar su primer volumen (presumiblemente, entre finales de 2021 y principios de 2022). Comenté en las últimas entradas del blog que no entendía el rechazo de WotC a las novelas, si se suponía que las habían contratado ellos, con Dragonlance sonando cada vez más fuerte como nuevo mundo de campaña para la quinta edición de D&D. Sobre esto he encontrado algunos datos que desconocía…

Parece ser que durante el proceso de escritura de las novelas, WoTC solicitó reescribir ciertas partes, en lo que podría ser esa obsesión creciente de las editoriales de rol por lo políticamente correcto. Estas partes parecen hacer referencia a cosas sobre sexismo, inclusividad y posibles connotaciones negativas en ciertos nombres de personajes, metiéndose incluso en detalles de la trama, como una poción de amor. Según lo que he leído sobre esto, Weis y Hickman habrían aceptado llevar a cabo esas reescrituras.

Esto está sacado textualmente, traducido, de la demanda judicial que luego los autores presentaron contra WotC cuando definitivamente cancelaron la publicación de las novelas, demanda que, señelémoslo bien, porque esto es importante para el tema que trata esta entrada, terminó amigablemente:

Durante el proceso de redacción, el acusado -WotC- propuso ciertos cambios de acuerdo con el espíritu actual de un mundo narrativo más inclusivo y diverso. En cada paso, los Demandantes-Creadores acomodaron oportunamente dichas solicitudes, y todas las demás, dentro del marco de sus novelas.

Cada cual es libre de interpretar lo que quiera de todo esto. No es esta una entrada para hablar de estas cosas, aunque creo que WoTC y todos los que actúan así están anteponiendo un criterio artificial y fingido, que puede terminar arruinando la originalidad; pero creo que Margaret Weis y Tracy Hickman son lo suficientemente duchos en su trabajo como para haber sabido amoldarse lo necesario a tales requerimientos sin que sus novelas se resientan por ello.

Todo esto ahonda en el misterio, que comentaba en las anteriores entradas, sobre por qué WotC habría cancelado la publicación de las novelas de la Dragonlance, cuando todo apuntaba a que dicho encargo obedecía a una estrategia de publicación en la quinta edición de un setting de campaña para Dragonlance.

La otra cosa que quería comentar es que, hace un par de días, comenté el tuit de un aficionado que hablaba esperanzado de la posibilidad de un nuevo escenario de campaña para Dragonlance en 5e, a lo que le contesté:

WotC announced two classic D&D settings for next year. Let’s hope Dragonlance is one of them. If not, I’ll be a little disappointed with 5e. There is too the subject of the fact of the new novels of Weis and Hickman!

Although those novels were rejected by WotC, which I find difficult to understand, but the novels will be published as well, it makes me believe that in WotC they have had this setting in mind for a long time.

A lo que, de forma sorpresiva, la propia Margaret Weis, me contestó:

Novels weren’t rejected. They just threatened to withhold approval. All is well now.


O sea: «Las novelas no fueron rechazadas. Simplemente amenazaron con negar la aprobación. Todo está bien ahora.»

A lo que yo contesté:

Great news, all well now, towards that dreamed Dragonlance setting in 5e. I wish!


And dreaming with the new novels! who was going to tell me, when I read dragons of autumn twilight, when I was 14, that one day I would talk to the author through something called the Internet, a true honor!

Lo relevante de esta pequeña conversación tuitera es que la propia coautora le dio «Like» a todos mis comentarios, en los que señalaba que Dragonlance bien podía ser un nuevo escenario de campaña para 5e en 2022. Y, lo más importante, intervino para dejar claro que el litigio con WotC había tenido un resultado AMIGABLE, y que TODO estaba BIEN, ahora. Todo lo cual parece despejar el camino hacia esas grandes nuevas noticias que todos esperamos: la publicación entre finales de este año y principios del que viene de la primera novela de la nueva trilogía de la Dragonlance (provisionalmente titulada «Dragons of Deceit»), y la publicación a lo largo de 2022, aunque sobre esto hablo con más extensión en la entrada del link que puse arriba, del escenario de campaña para Dragonlance, por fin, en D&D 5e.

La verdad es que prácticamente no hay un libro de 5e en el que no se mencione a Krynn o el mundo de la Dragonlance, sea por el motivo que sea. Ayer mismo estaba leyendo algunas cosas de uno de sus últimos libros publicados, el «Tasha’s Cauldron of Everything», y en la descripción del conjuro «Dream of the Blue Veil» dice: «You and up to eight willing creatures within range fall unconscious for the duration and experience visions of another world on the material plane, such as Oerth, Toril, Krynn or Eberron (…)» Lo interesante de esto es que, de todos esos que menciona, ya se han publicado cosas, ya sea mundos de campaña o aventuras. Oerth es donde se encuadra Falcongris (Greyhawk), y en ese marco se publicó el libro de aventuras de Saltmarsh. De Eberron se publicó su propio libro de escenario de campaña, o setting, y Toril, mundo donde se encuadra Faerun, es el escenario de campaña por defecto de 5e. De todos ellos, el único otro mundo de D&D que menciona y del que aún no se ha publicado nada es Krynn, cuyo continente de Ansalon es el escenario de la Dragonlance, la Guerra de la Lanza.

Para abrir boca, ya este octubre, como comentaba también en una de las entradas anteriores, WotC publicará el compendio sobre dragones que trae al «mago loco», Fizban, en su título, igual que otros trajeron a Mordenkainen, Tasha, Volo o Xanathar, todos ellos personajes emblemáticos de diferentes mundos de D&D, siendo Fizban el primero que aparece que es de Krynn.

Señalaré por último lo enigmático de que estos nuevos settings de campaña, que publicará WotC en 2022 para D&D, vayan a ser publicados en formatos nunca vistos antes. Ya señalé esto también en esa entrada anterior; más allá del hecho de que lo de la Dragonlance se concrete por fin, esto es lo más llamativo de todo el asunto. Mi apuesta es a que se refiere a que se publicarán en cajas, con diversos complementos incluidos en las cajas, pero ¡quién sabe!

Por aquí estaremos atentos. Os dejo con un vídeo de una pequeña entrevista en YT a uno de los fans de D&D y Dragonlance más conocidos (junto a Vin Diesel): Manganiello (el conocido actor, marido de Sofia Vergara de Modern Family). Como anécdota curiosa, Manganiello apareció en uno de los últimos capítulos de Big Bang Theory, interpretándose a sí mismo. En este vídeo el actor y productor, que se hizo amigo de los autores, Margaret Weis y Tracy Hickman, cuenta por qué él cree que Dragonlance es el «Star Wars» de D&D.

Y es que la Dragonlance vuelve a estar de moda…

https://www.youtube.com/watch?v=UlvTgFFxJkg

Notas para modificar algunos detalles de la ambientación del juego de rol Starfinder.

La estación espacial Absalom no sustituyó a Golarion. Golarion sigue existiendo, envuelto en una bruma perenne e insondable, y la gigantesca estación espacial Absalom lo orbita. 

Lo que sucedió fue que un gran conflicto mágico, culminado con una terrible hecatombe de hechicería, que esta vez ni los más aguerridos héroes pudieron evitar, debastó el tejido de la magia en todo el planeta Golarion, haciéndolo inhabitable. El caos de la magia afectó a todas las cosas. Cientos de millones murieron o desaparecieron. Aunque apenas hubo víctimas entre los habitantes de otros mundos del sistema (mundos desconocidos para casi todos los habitantes del planeta Golarion), la magia desapareció también en ellos.

Muchos de los dioses habitaban en la estación espacial, aunque esta adoptaba siempre diversas formas, al capricho de cada uno de ellos, y había sido siempre (por lo general) indetectable para los mortales, pues esta existía en el hiperespacio. Casi todos los dioses se apiadaron (o bien tan solo se preocuparon, por los motivos que fuese), de los habitantes de Golarion. Rescataron las almas de los que pudieron y las reencarnaron en copias hechas ad hoc de sus antiguos cuerpos. Otras muchas almas, sin embargo, se perdieron, quizá para siempre, y aún hoy no se sabe qué fue de ellas. 

Para paliar el shock y el sufrimiento, todos los reencarnados fueron manipulados por los dioses, para recordar solo de forma borrosa el pasado. La mayor parte de los seres humanos se amoldó rápidamente a su nueva situación. La estación espacial Absalom fue abandonada por los dioses. Había cobrado forma física en la realidad, orbitando Golarion, y en ella, poco a poco, sus nuevos habitantes mortales fueron aprendiendo los secretos tecnológicos que los dioses habían dejado allí para ellos, para paliar así la ausencia de la magia. 

Con el tiempo los humanos y los miembros de las demás razas prosperaron, y gracias a esos  nuevos conocimientos tecnológicos aprendieron a aceptar aquella extraña y gigantesca estación espacial como su hogar. Sin embargo, a los seres de naturaleza más mágica y a los más longevos, como era el caso de los elfos, les costó mucho más adaptarse. La mayor parte fueron sucumbiendo a una enfermedad desconocida, que tenía que ver con la ausencia de la magia y una especie de falta de voluntad de vivir. Aunque algunos aguantaron en la estación Absalom, otros emigraron en cuanto les fue posible, a otros mundos del sistema. Fueron sobre todo a Castrovell, donde habían sido descubiertos otros pueblos y culturas élficas.

Alrededor de mil años después del colapso de la magia, esta volvió a florecer poco a poco, tras el descubrimiento de unos antiquísimos artefactos en el subsuelo de unas antiguas ruinas en Castrovell y Akiton, que sucedieron casi a la vez. Sin embargo, esta nueva hechicería era aún difícil de entender y de manejar; a duras penas concedía una fracción del poder que había significado en el malhadado Golarion. 

El regreso de la magia marcó oficialmente el fin de un Intervalo de mil años. Se fundaron universidades y diversos enclaves y sociedades para su estudio, práctica, búsqueda y conservación. (Este retorno de la magia marca el principio de la cuenta de los años de los hechos que se narran en el manual de Starfinder).

Durante el Intervalo, las diferentes especies de Absalom desentrañaron los secretos de la tecnología que los dioses habían dejado en la estación espacial, y aprendieron el arte de construir naves interplanetarias. Exploraron otros mundos del sistema de Golarion, la mayoría de los cuales ya estaban habitados, incluso por miembros de especies que ya existían en Golarion. (Por lo que parecía evidente que esas especies tenían ancestros comunes que se remontaban miles de años atrás en el tiempo, antes de establecerse en sus respectivos mundos del sistema).

El auge, exploración espacial, caída del imperio azlante en Golarion y surgimiento del imperio estelar azlante, sucedieron antes, pero también a lo largo, del milenio que duró el Intervalo. Miles de años antes de la debacle de la magia y el fin de Golarion, los azlantes ya habían alcanzado el espacio, en un tiempo en el que los demás humanos y especies apenas empezaban a controlar el fuego. (Caso aparte eran los elfos; especializados en el uso de la magia, mediante ella dieron forma desde muy temprana edad a su propio mundo, al margen de los humanos y sus obras). Fue pues en el remoto pasado, cuando los azlantes se lanzaron hacia otras estrellas en naves espaciales. Después, el imperio azlante cayó en Golarion. Los expedicionarios azlantes hacia las estrellas, a su vez, sufrieron graves percances y quedaron aislados, subsistiendo apenas en sus nuevos asentamientos, que no eran lo que habían imaginado. Pero durante el mismo periodo de mil años, mientras los antiguos habitantes de Golarion prosperaban en la estación espacial Absalom y empezaban a explorar el sistema solar y más allá de la mano de sus naves espaciales y la tecnología de deriva, los azlantes, aislados en aquellas estrellas lejanas, prosperaron también, por fin, hasta el punto de fundar un imperio estelar, entre  aquellas estrellas de sistemas remotos.

Los tecnología para diseñar y fabricar androides, que de algún modo ya existía en Golarion antes del fin de la magia, aunque pocos los hubieran visto, fue otro de los misterios tecnológicos que los humanos, sobre todo (aunque también enanos y gnomos), desentrañaron en Absalom. Durante siglos fueron usados como mano de obra esclava, que ayudó a hacer prosperar la tecnología y el comercio de los mundos del sistema. Siglo y medio después del regreso de la magia (y del fin del Intervalo), lo cual ayudó a que fueran menos imprescindibles, los androides, inspirados por las proclamas del profeta Yedith-133, un instigador, muerto y convertido en mártir, encabezaron una serie de incidentes que fueron escalando hasta casi provocar una guerra en todo el sistema. Un conflicto entre los que estaban a favor de condederles la ciudadanía, reconociéndolos como seres con identidad propia, que no eran propiedad de nadie, y los que creían que eso acabaría con su modo de vida. Aún hoy, casi dos siglos después, y aunque los androides ganaron su ciudadanía, hay rincones del sistema de Golarion en los que se les sigue tratando mal, de forma más o menos disimulada. En el imperio azlante también existen androides. A día de hoy siguen teniendo allí la condición de propiedades.

La cronología que aparece en el manual de Starfinder, que se cuenta a partir del fin del Intervalo, es la misma, con la salvedad de que aquí el Intervalo se refiere al ciclo de mil años con una total ausencia de la magia. El Intervalo, los mil años sin magia, fue el periodo durante el cual los habitantes de Absalom descubrieron las tecnologías dejadas allí por los dioses, prosperaron, exploraron, guerrearon, firmaron la paz y habitaron el resto del sistema. Todo ello antes de la llegada de las nuevas amenazas de fuera del sistema, que llevaron a la formación de los Mundos del Pacto (como se cuenta en la ambientación del manual).

A día de hoy, sigue siendo imposible poner pie en Golarion. Los sistemas de navegación de las naves se desorientan, y terminan volatilizándose en la atmósfera. El caos que se propaga aún de la urdimbre destrozada de la magia, en el espacio que acompaña al mundo de Golarion, enajena por completo a los que intentan adentrarse en la misteriosa bruma. Se dan casos de habitantes de Absalom que sienten una irresistible atracción hacia las brumas que envuelven a Golarion. Suelen ser tratados como locos enfermos, pues el hecho es que no se sabe de nadie que haya intentado llegar a la superficie y que haya vuelto a ser visto.

Las nuevas publicaciones de Wizards of the Coast para Dungeons & Dragons en 2022: ¿Spelljammer, Dragonlance, Dark Sun…?

Vivimos un tercio final de 2021 muy interesante en lo que al decano de los juegos de rol se refiere, con la publicación de un libro durante cada mes del otoño, y eso después de que ya haya habido otras publicaciones bastante interesantes este año.

El primero será un libro de aventuras para jugar en el Feywild, el Reino de las Hadas («Wild beyond the Witchlight»); el segundo, un compendio dragonero que se supone, al estilo de otros libros previos de la línea, narrado por un personaje importante de los mundos de D&D; en este caso, el avatar del dios Paladine (no confundir con Palpatine) del mundo de Krynn (esto es, Fizban, el mago aparentemente majareta, con más peligro que una familia de mogwais atiborrándose de alitas de pollo a las once y media de la noche al lado de una piscina); y un libro de campaña para poder jugar algo parecido a Harry Potter con Dungeons & Dragons 5e. Y es esto último algo bastante legítimo, ya que, aunque los más jóvenes del lugar quizá lo ignoren, años antes de que Harry Potter llegase a nuestras vidas, esa idea ya estaba presente en los mundos de juego de Dungeons & Dragons, así como en sus novelas. Léase la trilogía de libro-juegos «El Reino de la Hecichería», de Morris Simon (aunque me temo que está bastante descatalogada). Por no decir que ya en Historias de Terramar, de Ursula K. le Guin, había un mago y una escuela de magos. Y que ha vuelto a haber tales cosas en la inacabada saga de Rothfuss, «Crónica del asesino de reyes».

Pero bueno, habíamos quedado para hablar de lo que podemos esperar de Dungeons & Dragons, el juego de rol, para 2022, así que dejémonos de divagaciones.

Voy a ir al grano, que es grano muy gordo y suculento, y comentaré lo que pienso al respecto.

Tras bastantes especulaciones sobre la publicación por parte de Wizards of the Coast de nuevos manuales para escenarios de campaña clásicos de D&D a finales de este año, Ray Winninger, diseñador jefe de Dungeons & Dragons 5e, escribió un hilo de tuits, a finales de la pasada primavera, en los que decía que, no este año (cuyas próximas publicaciones ya hemos visto arriba), sino en 2022, se publicarán DOS escenarios de campaña clásicos.

Esta es la tuitada:

«As I’ve mentioned on a couple of occasions, there are two more products that revive «classic» settings in production right now.

The manuscript for the first, overseen by @ChrisPerkinsDnD, is nearly complete. Work on the second, led by @FWesSchneider with an assist from @AriLevitch, is just ramping up in earnest. Both are targeting 2022 and formats you’ve never seen before.

In addition to these two titles, we have two brand new #DND settings in early development, as well as a return to a setting we’ve already covered. (No, these are not M:tG worlds.)

As I mentioned in the dev blog, we develop more material than we publish, so it’s possible one or more of these last three won’t reach production. But as of right now, they’re all looking great. «

En cuanto a esta portada, es un fake hecho por una web en 2015, con una antigua portada de una edición anterior, para el 1 de abril, el día de las bromas en el calendario anglosajón. Pero es una de esas bromas que pueden terminar por convertirse en realidad… (más o menos).




Es decir: anunció, con bastante seguridad, sobre todo uno de ellos, ya casi terminado, la publicación de dos escenarios de campaña clásicos para 2022. Además de dos escenarios NUEVOS, pero que no pertenecen al universo de Magic, y otro que ya han visitado con la actual línea.

Los dos nuevos, así como el ya visitado, no son del todo seguros; alguno podría caerse. Y por cierto, el ya visitado, yo me juego lo que sea a que será Greyhawk, o Falcongrís, ya visitado, como dice, en el libro de aventuras de «Ghosts of Saltmarsh».

Ahora queda lo más interesante, claro, especular sobre los dos que parecen más seguros, y que son los dos escenarios de campaña clásicos, que vendrán por primera vez para la quinta edición, en 2022.

He ilustrado esta entrada con una imagen de Spelljammer, el escenario para poder hacer fantaciencia en el espacio con las reglas de D&D, y es porque ya ha habido guiños hacia él en anteriores productos de esta edición, y porque a Paizo parece irle MUY BIEN con su línea de Starfinder, que es su equivalente a Spelljammer, y en WotC yo creo que lo saben. Mi apuesta es que este será uno de los dos escenarios.

Sobre el segundo, pues está claro que espero y deseo, pero también creo, que será por fin la Dragonlance. Esto es muy interesante y un poco retorcido a la vez. ¿Por qué retorcido? Bueno, recordemos aquí que, como comentaba en la última entrada, hablando sobre las nuevas novelas de la Dragonlance que verán la luz a finales de este año, WotC declinó publicarlas, teniendo los derechos. Los autores fueron a juicio, ganaron, y las publicarán con otra editorial. Imagino que los derechos de la Dragonlance, en cualquier caso, siguen incluyendo todo lo escrito anteriormente sobre ese mundo.

Es más, la publicación de las nuevas novelas ayudará a poner más de moda la Dragonlance. Pero no deja de ser desconcertante que si tenían en mente la idea de sacar un escenario de campaña para la Dragonlance, en WotC rechazasen publicar la nueva trilogía. Así que soy cauto en cuanto a la presunción de que Dragonlance sea uno de esos dos escenarios de campaña, aunque es lo que me gustaría, y también es lo que creo. También podría tratarse de Sol Oscuro, mundo muy interesante y original, con cierto aire de ciencia ficción pulp a lo Rice Burroughs o Jack Vance.

Vamos, que podría ser cualquier combinación de dos de estos tres: Spelljammer, Dragonlance y Dark Sun. Pero Dark Sun es la que más me sorprendería, ya que apenas se ha mencionado en ningún libro de 5e.

Dark Sun para la cuarta edición. Y abajo, Dark Sun, mostrándose como el más pulp de los escenarios de campaña de D&D.


Pero ojo, que imagino que ya os habréis quedado con ello, con la frase: «formats you’ve never seen before«.

Los dos nuevos escenarios de campaña clásicos de 2022, se publicarán en formatos nunca vistos antes (en quinta, imagino que se refiere). Que yo creo que es que se publicarán en caja, con complementos varios. Otra cosa no soy capaz de imaginar (o no quiero hacerlo).

Además de estas muy interesantes noticias, hay otra publicación que debemos tener en cuenta para 2022, esta otra de la mano de Paizo, que como ya hizo en su día con «El auge de los Señores de las Runas» y con «La Maldición del Trono Carmesí», publicará en un solo volumen una de sus mejores sendas de aventuras (que es como en Paizo llaman a sus campañas o libros de aventuras): «Kingmaker» («Forjador de reyes»).

Kingmaker es una de las tres mejores sendas de aventuras que sacó Paizo para la primera edición de Pathfinder. Lo interesante de esta publicación es que será adaptada a las reglas de la segunda edición de Pathfinder, pero, aún más, para los jugadores de D&D 5e se publicará junto a un bestiario en el que vendrán todos los monstruos y personajes adaptados a estadísticas de este último. Tarea titánica, por cierto, que ha hecho que esta publicación (anunciada para hace ya tiempo en su muy breve campaña de crowfunding) se haya retrasado varias veces, hasta, parece que ya definitivamente, abril de 2022.

Lo interesante de Kingmaker es que se trata de la campaña más sandbox de Paizo, en la que seguramente se inspirasen los creativos de Free League para su Forbidden Lands, ya que en esta campaña los jugadores exploran libremente un mapa hexagonado que tendrán que ir dibujando ellos mismos, junto al máster, por unas tierras en las que podrán fundar y hacer crecer su propio reino.

Y esto es todo por ahora. Como veis, muchas noticias interesantes para D&D en 2022.

Edito la entrada para añadir algo que se me ha ocurrido, sobre el tema de lo raro que es que WotC declinase publicar la nueva trilogía de novelas de la Dragonlance. Creo que el hecho de que no las publiquen puede tener más bien que ver con una línea editorial por la cual prefieren no publicar novelas. Puede ser que las novelas, como cuando se publicaron las primeras, en 1984 (antes que cualquier cosa de los Reinos Olvidados, que se hicieron grandes gracias a la popularidad de los videojuegos y las novelas de Drizzt), formasen parte de un proyecto más amplio, como parte del material de un módulo del juego de rol, pero que al final en WotC optasen solo por el juego. Esto podría ser realmente interesante, ya que Weis y Hickman, los autores de las novelas, anunciaron, como comenté también en la entrada anterior, que en ellas los personajes originales volverían a protagonizarlas, lo que tiene mucha pinta de «reboot» de todo el universo dragonlancero (un poco como lo que hizo J.J. Abrams con Star Trek).

Sea lo que sea, será comentado por aquí, en cuanto se sepa algo.

La nueva trilogía de novelas de la Dragonlance.

A principios de este año, Margaret Weis y Tracy Hickman anunciaban la publicación del primer libro de una nueva trilogía de la famosa saga basada en el juego de rol por excelencia, Dungeons & Dragons: la Dragonlance, el escenario de campaña que a principios de los ochenta, y de la mano de la Segunda Edición del decano de los juegos de rol, modernizó la forma de entender el juego.

El título provisional del primer libro, que ya tenían escrito cuando anunciaron la trilogía (y el segundo también, más sobre eso ahora), es «Dragons of Deceit». Sigue coherentemente la idea de titular cada libro principal de la saga poniendo como sujetos a los dragones, aunque en castellano todos se han traducido con títulos específicos para nuestro idioma, seguramente más efectivos, pero bastante menos impresionantes.

También tienen, decía, escrito ya el segundo libro, este provisionalmente titulado «Dragons of Fate».


Para el que no conozca la historia, la resumo: Los dos autores (para el que no lo sepa, que yo no lo supe durante muchos años, «Tracy» es él, no ella… y siempre lo ha sido) tenían firmado un contrato con Wizards of the Coast para publicar esa nueva trilogía. Contrato que WotC se pasó por el unilateral arco del triunfo, dejando en el limbo la publicación de una trilogía en la que Weis y Hickman ya habían invertido su buen trabajo, con esos dos primeros libros ya escritos, y el tercero en proceso de estar también terminado. Por supuesto, y como no podía, ni debía, ser de otra manera, fueron a juicio, y los autores ganaron el juicio y el derecho a publicar la trilogía con otra editorial, que será, si no me equivoco, la conocida Del Rey.

Para el que se sienta un poco perdido acerca del mundo de la Dragonlance, decir que nació como escenario de campaña para Dungeons & Dragons, con las novelas escribiéndose casi a la vez que los módulos del juego de rol, publicándose la primera en 1984, durante lo que fue el auténtico primer boom de la literatura fantástica nacida por el influjo de los grandes autores de fantasía del siglo XX: Tolkien, Moorcock y Fritz Leiber, entre otros, pero fue sobre todo Tolkien (que a su vez bebió de Lord Dunsany, entre otras muchas fuentes) el que inventó casi un nuevo género. Yo leí aquellos libros, empezando por el primero de Las Crónicas de la Dragonlance, aquí titulado «El Retorno de los Dragones» («Dragons of an Autumn Twilight» en el original), en cuanto llegaron a España, a mis por entonces 14, en 1989. Fue el libro que me aficionó definitivamente a la lectura. Nunca había leído una novela tan extensa. No soy un lector especialmente rápido, ni ahora ni antes, y aquellas 419 páginas me duraron dos días y cuarto.

Hoy hay unos cuantos que se avergüenzan de aquellos libros; los critican de forma despiadada, y muy poco inteligente, comparándolos con las cosas que se escriben hoy en el género. Un género que ha evolucionado a través de la por muchos injustamente poco conocida figura de Tad Williams, autor que fue quien inspiró con su saga «Añoranzas y Pesares» al tito Martin para que escribiese su propia saga de fantasía, la que de la mano de su éxito televisivo volvió a cambiar la historia de un género que hoy se escribe con palabras más oscuras y más cínicas, con la posible excepción del incombustible Brandon Sanderson, finalizador de la (casi) interminable saga de la Rueda del Tiempo, y gestador de lo mejor del género en estos días inciertos.

Leí, años después de la Dragonlance, «El Señor de los Anillos», la cual sigue pareciéndome la mejor obra que he leído jamás, de cualquier género, pese a que hoy en día haya también muchos que se ceben con el «arcaico» y «pasado de moda» estilo del inglés.

Entiendo que las novelas de la Dragonlance no son para ganar un premio Nobel, pero ni falta que les hacía. Lo que hicieron, lo hicieron muy bien, y sería estúpido, y por tanto de gente estúpida, criticarlas desde el punto de vista de hoy, sin saber entenderlas en su contexto. El punto de vista típico de un lector resabiado, que no ha sabido envejecer bien. Ya sabéis, las típicas tontunas sobre el maniqueísmo y tal y cual… Seguro que ellos escribirían mucho mejor; no me cabe la más mínima duda. Son críticas fáciles, obvias, ventajistas… En fin, pueriles.

Ojo, yo recomendaría más que nada leer solo las novelas de la Dragonlance escritas por Margaret Weis y Tracy Hickman, y muy pocas más. La de «La Leyenda de Huma», escrita por Richard A. Knaak, es otra que merece la pena. Y alguna otra hay, también muy divertida de leer.

Las trilogías principales (imprescindibles para mi gusto) son, en este orden: «Crónicas de la Dragonlance», «Leyendas de la Dragonlance» y «La Guerra de los Espíritus». Además, de ambos autores también merece la pena, y mucho (incluso más), leer «La Espada de Joram», «El Ciclo de la Puerta de la Muerte» y «La Gema Soberana», pero estas tres últimas sagas no tienen que ver con la Dragonlance.

El estilo de los libros de la Dragonlance de Weis y Hickman es el de unos autores noveles, pero que sabían lo que se hacían. Es un estilo sencillo, ágil, alejado de las mastodónticas cifras en libros, páginas, personajes, vísceras y sangre de Steven Erikson y compañía, pero que sabe ser bello, emotivo y contundente. Y ojo, que yo disfruto por igual de la lectura de Malaz que de la Dragonlance. Lo que pasa es que sé distinguir qué debo esperar de unas y otras novelas, cuáles son sus puntos fuertes y débiles; la idiosincrasia de cada obra, aunque también tengan sus cosas, evidentemente, en común. Pues al final, ambas obras, las citadas, las de la Dragonlance y la de Malaz, nacieron de juegos de rol de alta fantasía épica. Digamos que Malaz es el tipo de literatura perfecta para el adolescente que creció con Dragonlance, y que ahora ya es un mozo, o una moza, talludita. Pero eso no evita, si se ha sabido envejecer sin prejuicios, poder volver a disfrutar de la sencillez y el encanto, no desprovisto de una profunda carga emotiva, y de fantásticas escenas, algunas de las cuales se me quedaron grabadas en la mente para siempre, de las novelas de Weis y Hickman.

El caso es que, muchos años después, tenemos a la vuelta de la esquina la publicación del primer libro de una nueva trilogía. Y si creíais que el motivo principal que me ha impulsado a escribir esta entrada del blog es esta noticia, bueno… no del todo. Lo que más ha excitado mi imaginación ha sido esto:

Dicho por los autores, la nueva trilogía tratará sobre: “The most beloved characters from the original novels along with introducing a new, strong protagonist”. Tracy Hickman.

We couldn’t be happier to be returning to the world we love. Dragonlance is what brought Tracy and I together so many years ago. We’re thrilled to be able to do this for existing lovers of Krynn while bringing our beloved characters to a new generation of readers.” Margaret Weis.

Esto es lo verdaderamente interesante, y que da para especular todo lo que se quiera. No será una continuación al uso. En la última trilogía citada arriba, «La guerra de los espíritus», unos cuantos de los personajes principales ya no estaban. Los viejos personajes con los que crecimos iban dejando su paso a otros. Pero, al menos yo siempre lo he creído así, la Dragonlance es aquellos personajes, de la misma forma que El Señor de los Anillos es Frodo, Sam, Aragorn… Las novelas de la Dragonlance son «los nueve bajo las Tres Lunas». Y hete aquí que esta nueva trilogía versará sobre los personajes originales, ya todos muertos, o desaparecidos, si es que no muy mayores como para seguir yendo de aventuras.

La pregunta es la que muchos estamos gritando, cuando pensamos en esto, en nuestra imaginación: ¿CÓMO LO HARÁN? (Imagínese gritado por Boris Izaguirre). De hecho, ya lo han hecho, recordemos que los dos primeros libros ya están escritos; «Dragons of Deceit», el primero, seguramente ya más que revisado. ¿Cómo lo harán? ¿Entrarán en juego los viajes en el tiempo, como tan hábilmente hicieron en la trilogía de las Leyendas? ¿Se atreverán a hacer un reboot, o justificarán, (que es lo que yo imagino) un argumento que posibilite una nueva historia alternativa, desde el principio, un poco al estilo de las películas de Star Trek de J. J. Abrams?

Las posibilidades están sobre la mesa, dentro del libro, aguardando entre sus páginas…

¿Firmará la portada el magistral Larry Elmore? ¿Estará Michael Williams detrás de los nuevos poemas?

Por cierto, interesante será ver si a raíz de la publicación de estas nuevas aventuras en Krynn (que así se llama el mundo de la Dragonlance), Wizards of the Coast lanza un nuevo escenario de campaña, libro de aventuras, o ambas cosas, para Dungeons & Dragons. Sería un movimiento extraño, ya que ellos mismos se desinteresaron de la publicación de esta nueva trilogía, teniendo los derechos… pero a la vez lógico.

Edito la entrada para añadir un párrafo muy interesante que copipasteo traducido de la wikipedia en inglés:

En marzo de 2019, Wizards of the Coast, el nuevo editor de Dungeons and Dragons, contrató a Hickman y Weis para escribir otra entrega de la serie Dragonlance. Random House tenía previsto publicar una nueva trilogía de libros. Según los informes, Wizards of the Coast aprobó el primer manuscrito a principios de 2020. Hickman y Weis también habían terminado el borrador de la secuela. Wizards of the Coast luego detuvo el proyecto, y Hickman y Weis respondieron demandando al editor por incumplimiento de contrato. El 16 de octubre de 2020, solicitando $10 millones en compensación. Los autores luego retiraron la demanda en diciembre de 2020 (Llegaron a un acuerdo amigable con WotC) y anunciaron que Del Rey Books publicaría la nueva trilogía Dragonlance, con una fecha de publicación que se anunciará a fines de 2021. El título provisional del primer libro de la serie es Dragons of Deceit.

Hickman y Weis ven la nueva trilogía como «la piedra angular del trabajo de su vida».


He puesto en negrita lo más interesante. Fue WotC quien contrató a Weis y Hickman, con lo que se supone que algo en mente tenían para un reboot de Dragonlance, quizá también dentro de los mundos de juego de D&D. Aprobaron incluso el primer manuscrito. La pregunta del millón es ¿por qué luego decidieron no publicar la nueva trilogía?

Por último, merece señalarse que Weis y Hickman consideren que esta trilogía será la piedra angular de su carrera como novelistas, que se inició con los mismos personajes y en el mismo mundo al que ahora regresan. Aunque disfruté enormemente con las Crónicas y las Leyendas de la Dragonlance, creo que obras posteriores de ambos autores, cuando tenían ya más experiencia, fueron mejores, sobre todo, La Espada de Joram y El Ciclo de la Puerta de la Muerte, este último contiene pasajes de fantasía que aún evoco en mi memoria, más que las otras obras, aunque todas hayan sido muy importantes para mí. Lo digo por lo que puede significar que vuelvan sobre aquellos personajes que se crearon para un juego de rol de Dungeons & Dragons, con la experiencia de toda una vida escribiendo juntos. Y no es que las primeras novelas fuesen malas, ni mucho menos, aunque adolecieran de los lógicos problemas de una novela primeriza. Después de todo, Tracy Hickman, solo tenía 29 años cuando escribieron el primer volumen de las Crónicas. Weis tenía algunos más, 36. Siempre he creído que Hickman es el narrador, pero Weis la literata. Hickman más el músculo de sus obras, y Weis más el espíritu.

Perseverance (microcuento).

«El planeta rocoso y solitario recibió hoy un nuevo visitante. Creo que todos ellos proceden del puntito que brilla azul pálido en la noche. No puede ser casual que las sondas lleguen cada vez que está cerca.»

«Un objeto cayó hoy del cielo. Se transformó en un pequeño vehículo, una especie de robot con ruedas, y desplegó unos brazos, como instrumentos, de forma perezosa. Una sonda solitaria, en la inmensidad del desolado paisaje rocoso.»

«¿Quién los envía, y para qué? ¿Son todos así en aquel mundo, pequeños seres robóticos y con ruedas, como este? No parece gran cosa. No especialmente inteligente.»

Entonces, quien quiera que estuviese pensando en estas cosas, desapareció. Solo quedaron la sonda y el planeta.

Sobre una entrevista a Kim Stanley Robinson.

Esta es la entrevista:

http://lab.cccb.org/es/optimismo-enfadado-en-un-mundo-sumergido-una-conversacion-con-kim-stanley-robinson/

He de señalar, antes que nada, que es bastante posible que dicha entrevista sirviese al autor para inspirarse para su nuevo libro: El ministerio del futuro.


Aquí, aunque en general entiendo y comparto su punto de vista, hay ciertas contradicciones en el pensamiento de Robinson (quizá condicionado por el entrevistador). Se ve en lo que dice de cómo salvar a las especies de la extinción masiva. En lo de llevar osos polares a la Antártida, justo después de decir que la solución no está en salir de nuestro mundo y formar colonias en otros, sino en salvar el nuestro. Por supuesto debemos salvar el nuestro, hacer todo lo posible en luchar contra el cambio climático. Pero esas acciones deben ir de la mano con las de hacer todo lo posible por salir de este mundo. Mucho me temo que Robinson es DEMASIADO optimista acerca de lo de que la humanidad nunca se extinguirá. Todas las especies se extinguen.

Y la mayor parte, hasta ahora, por grandes cataclismos geológicos y cósmicos, no provocados por el ser humano. Sí somos responsables del cambio climático, pero no podemos defendernos del choque de un cometa, de un desastre geológico masivo, o de una supernova.

Tenemos que estar establecidos en varios mundos, como sería menester hacer en la Tierra (en varios lugares diferentes, como la Antártida) con los osos polares; si queremos sobrevivir a largo plazo como especie. El propio autor se contradice al hablar de esa solución para los osos polares, pero obviarla para los humanos, poniendo en demasiada ventaja nuestra inteligencia, yo diría. Si no nos extinguimos, en todo caso, será por nuestro afán de ir más allá y de superarnos a nosotros mismos. Sí, por nuestra inteligencia e imaginación. Hemos de saber aprovechar al máximo las posibilidades de desarrollo tecnológico de nuestro tiempo, muchos de cuyos principales avances se derivan de los años de la carrera espacial entre las dos superpotencias del siglo XX.

Porque además, una sociedad demasiado complaciente consigo misma está más indefensa, y menos preparada para actuar cuando haga falta actuar.

Así que, aunque en un par de siglos podamos empezar a superar el cambio climático, en el mejor de los escenarios de futuro posibles, habrá más cosas de las que preocuparse.

Yo, al contrario que Robinson, no veo alternativa al capitalismo, sino que creo que ya está todo inventado en economía, y que lo que hay que hacer es mezclar el capitalismo con políticas sociales cada vez más vanguardistas (desde nuestro punto de vista actual), para hacerlo práctico.

Desde luego, estoy de acuerdo con él en la forma miope, cortoplacista y destructiva que acompaña en general al capitalismo en nuestros días, pero su querencia por provocar un fallo en el sistema es preocupante, porque podría dejarnos sin capacidad de maniobra.

El motor capitalista es viejo, ruidoso y explosivo… pero funciona. Nos mueve. La humanidad perecerá cuando se quede quieta. Cuando sea demasiado complaciente consigo misma. La solución, que no sé si ha abordado adecuadamente todavía Robinson en sus novelas (diría que sí, pero a veces parece que no… quizá de esta intención subversiva venga el tono pesimista de su novela Aurora, sobre el primer viaje tripulado de la humanidad a un planeta quizá habitable en torno a otra estrella lejos de nuestro sistema solar), puede estar en llevar el comercio al espacio. A los asteroides, a Marte, a las lunas jovianas… De hecho, no se me ocurre mejor motivo para salir ahí fuera que el propio peligro del capitalismo. La mejor forma de superarlo es usarlo para el mayor beneficio posible para la humanidad en su conjunto, antes de que el motor explote, y nos deje tirados, en medio del desierto.

Las mayores posibilidades de salvación de la humanidad serán poner toda la carne en el asador de esas empresas espaciales, pues permitirán descongestionar la Tierra, dándonos algo de tiempo para hacer mejor las cosas aquí, de forma paralela a la colonización del sistema solar.

La izquierda tiene algo de ingenuo, en general, que a largo plazo puede ser tan potencialmente destructivo para la humanidad como el capitalismo irresponsable.

Entre la realidad y la ficción.


Hoy me ha llamado la atención un artículo sobre un muy reciente nuevo sistema solar descubierto, con extrañas resonancias (esto es, sincronías) entre sus seis planetas (al menos, entre los seis descubiertos).

Este es el enlace a ese artículo, una de las noticias más destacadas sobre ciencia, durante esta semana, y puede que una de las más destacadas del año, sin duda.

https://www.elcomercio.es/sociedad/ciencia/sistema-exopanetas-desafia-teorias-planetas-20210126114228-nt.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com

A continuación, comparto el trabajo de las notas previas de uno de mis proyectos, unas notas que hice en las horas libres de una campaña de verano, en 2019, mientras navegaba por la mañana y estudiaba para permanente por la tarde. Las comparto porque me ha llamado la atención la similitud entre lo que se dice de este nuevo sistema solar resonante, un sistema solar real, y lo que imaginé para el sistema solar ficticio que iba a servir de marco a aquella historia… Cuando trabajaba en aquellas notas me parecía que no podía existir ningún sistema solar como aquel, que todo tenía que estar justificado con la intervención de una voluntad… Se ve que, como siempre suele pasar con esto de la realidad, me equivocaba… ¿O no?





Dervishkanis se encuentra más allá de cuatro planetas, los cuales llevan a cabo ocho, cinco, tres y dos órbitas alrededor del sol respectivamente, en el mismo tiempo que Dervishkanis hace una, en la que tarda doce días, con un total, pues, de doce eclipses cada doce días, en los cielos del lado diurno del mundo. Dichos eclipses son las noches de Dervishkanis. Originalmente el sistema tenía siete planetas, pero el quinto, sexto y séptimo fueron usados mediante ingeniería planetaria.

Los cuatro planetas van cambiando de fase en los cielos de los Reinos de Dervishkanis, presentando sus fases de forma perpendicular a su ascenso y descenso en el firmamento: de cuartos crecientes a llenos según ascienden en el cielo, tras cada eclipse, y de llenos a ocultos, según descienden el el cielo, por detrás del sol, hasta cada nuevo eclipse. La fase de oculto total de cada planeta coincide con el periodo del eclipse que producen sobre el disco de Dervishkanis. Los cuatro planetas muestran siempre sus mismas caras a los habitantes de los Reinos. Se iluminan de abajo arriba, y se ocultan también de abajo arriba. Al iluminarse se presentan como una sonrisa, cada vez más ancha (hasta la fase llena) y al ocultarse, como un puchero, cada vez más delgado (hasta la fase oculta, de eclipse).

En cuanto a la posición del sol rojo en los cielos diurnos dervishkanos, esta depende del movimiento de las personas y seres que lo habitan sobre la superficie del mundo.

El sistema estelar en el que se encuentra el mundo de Dervishkanis es muy pequeño (cabría dentro de la órbita de Mercurio, en nuestro sistema solar), pero la estrella enana roja en torno a la cual giran los cinco planetas orbita a su vez alrededor de otra estrella de tipo sol, mucho más lejana, de luz blanquecina. El sol rojo tarda unos mil años en dar una vuelta alrededor del sol blanco, que ilumina a Dervishkanis y a los cuatro planetas con su débil luz lechosa. El sol blanco sale por un extremo de dervishkanis y a los seis días se pone por el otro, tardando otros seis días en volver a salir. Se ve distante y pequeño en los cielos de Dervishkanis, su luz por si sola es como de un puñado de lunas llenas. Se sitúa en el cénit de los cielos dervishkanos durante la conjunción total, entre el tercer y el cuarto día desde su salida. Los ciclos de luz del sol rojo dependen del movimiento de los cuatro planetas más interiores, que continuamente adelantan a Dervishkanis en sus órbitas, causando los largos eclipses que oscurecen sus cielos. Los ciclos de luz del sol blanco dependen del movimiento de Dervishkanis. Los días son contados desde el día uno de cada ciclo, que es la conjunción de todos los astros, con la que se inicia la noche de treinta horas (que abarca las veinticuatro horas de la noche del primer día y las primeras seis horas de la noche del segundo día). Sin embargo hay cultos, y quizá regiones ignotas de Dervishkanis, donde los días se cuentan por los ciclos del sol blanco.

Días que tardan los planetas en cubrir una órbita, hasta un total de doce cada dieciocho días, para el primer planeta:

Primer planeta:    1,534,567,5910,51213,51516,518

Segundo planeta:   2,44,87,29,61214,416,819,2

Tercer planeta:    48121620

Cuarto planeta:    6121824

Dervishkania:      1224

Sucesión de eclipses según el orden de los planetas. (No son días terrestres).

1-2-1-3-1-2-1&4-2-1-3-1-2-1-1,2,3&4 (Y se repite cíclicamente, la misma sucesión de eclipses cada doce días, con una conjunción de los cuatro planetas en el decimosegundo día, y de los planetas primero y cuarto en el sexto día).

Orden temporal (en escala de días terrestres) en el que se producen los eclipses:

1,5 … 2,4 … 3 … 4 … 4,5  4,8 … 6 … 7,2 … 7,5 … 8 … 9 … 9,6 … 10,5  12 …13,5 … 14,4 … 15  16 … 16,5 … 16,8 … 18  19,5

Duración de las noches según el tipo de eclipse (una sexta parte de su período orbital):

Planeta 1)   06 horas.

Planeta 2)   10 horas.                                 

Planeta 3)   16 horas.

Planeta 4)   24 horas.

Duración de las noches y los días (la duración de los días se obtiene de la resta entre las horas de un eclipse con las horas del anterior, a cuyo total se resta la duración del último eclipse dado):

30 horas de noche (Conjunción total, más eclipse del primer planeta). Eclipse de Acanthir.

12 horas de día.

06 horas de noche (Eclipse del planeta 1).

08 horas de día

10 horas de noche (Eclipse del planeta 2).

04 horas de día.

06 horas de noche (Eclipse del planeta 1).

18 horas de día.

18 horas de noche (Eclipses de los planetas 3 y 1, el 1 durante dos horas, mientras el 3 empieza a iluminarse).

03 hora de día.

10 horas de noche (Eclipse del planeta 2).

19 horas de día.

24 horas de noche (Conjunción de los planetas 1 y 4). Eclipse de Acanthir.

04 horas de día.

14 horas de noche (Eclipses de los planetas 2 y 1, el 1 durante cuatro horas, mientras el 2 empieza a iluminarse).

06 horas de día.

16 horas de noche (Eclipse del planeta 3).

08 horas de día.

06 horas de noche (Eclipse del planeta 1).

08 horas de día.

10 horas de noche (Eclipse del planeta 2).

12 horas de día.

06 horas de noche (Eclipse del planeta 1).

30 horas de día.

Fin de ciclo: Conjunción total. Eclipse de Acanthir —> 30 horas de noche (Conjunción total, más eclipse del primer planeta).

Cada ciclo de doce días:

Día 1: 24 horas de noche; Día 2: 6 horas de noche, 12 horas de día, 6 horas de noche; Día 3: 8 horas de día, 10 horas de noche, 4 horas de día, 2 horas de noche; Día 4: 4 horas de noche, 18 horas de día, 2 horas de noche; Día 5: 16 horas de noche, 3 horas de día, 5 horas de noche; Día 6: 5 horas de noche, 19 horas de día; Día 7: 24 horas de noche; Día 8: 4 horas de día, 14 horas de noche, 6 horas de día; Día 9: 16 horas de noche, 8 horas de día; Día 10: 6 horas de noche, 8 horas de día, 10 horas de noche; Día 11: 12 horas de día, 6 horas de noche, 6 horas de día; Día 12: 24 horas de día.




El otro día miré al cielo (micro-relato)

El otro día miré al cielo. Estaba en un lugar de esos que cada vez quedan menos, en los que el ancestral miedo humano a la oscuridad no hace que miles de luces artificiales oscurezcan las estrellas. Vi tantas, que la cabeza me dio vueltas. Quizá, pensé, por eso las silenciamos, porque es la luz de otros lo que de verdad tememos. La posibilidad terrible de no ser nosotros el centro de atención.
El otro día miré al cielo, y sentí que el contacto por radio era inminente, que ya estaban aquí. Puede que no sea cierto para ahora mismo, pero lo es para cada momento. Solo tenemos que apagar la luz, y escuchar…

Quienes quiera que seamos

     Framework Silente y Event Cuántico salieron del portal, que desapareció en una caleidoscópica explosión de colores a sus espaldas. Un leve zumbido se apagó en un punto infinitesimal de la realidad, y un paisaje rural emergió ante ellos lentamente, como si se estuvieran separando para apreciar mejor un cuadro de Van Gogh. Era una escena de tierras de labranza y nubes blancas, que desplazaban sus sombras perezosas sobre los caminos, las montañas y los campos. En el más ancho de aquellos caminos, una carretera de tierra apisonada, una procesión de postes de telégrafo se perdía en la distancia.
     —¿Algún posible testigo a la vista? —preguntó Framework Silente, mientras oteaba la carretera bajo uno de aquellos postes.
     No veía ninguna ciudad, pero enseguida llamó su atención un patrón de destellos de plata, adornando el follaje de un bosque lejano. El Danubio.
     —¿Qué?
     —Que si ves a alguien —dijo el señor Silente, alzando la voz.
     —¿Cómo?
     El señor Silente puso cara de fastidio, aunque el gesto del señor Cuántico no le fue muy a la zaga.
     —¿Puedes hacer el favor de hablar un poco más alto? —dijo el segundo—, no me entero.
     Entonces el señor Silente agarró del brazo a su compañero, y le dijo al oído:
     —Vamos a ver Event, ¿no querrás montar una escenita nada más empezar, verdad?
     —¿Se puede saber qué…? —Fue interrumpido por un dedo del señor Silente, de golpe en sus labios.
     Silencio. Escuchó Event, en su mente.
     Pensaba que habíamos quedado en que nos comunicaríamos de forma ordinaria, para, cito: “no provocar sospechas, como la última vez” Dijo Event en la mente de su compañero, todavía con su dedo en los labios.
     Ya estamos llamando la atención.
     Event se giró entonces hacia donde estaba mirando su colega. Un paisano de aquel tiempo había detenido su auto en la carretera. Emergiendo de la polvareda levantada por el vehículo, el individuo se inclinó cortésmente hacia ellos. Aunque el color y la textura resultaban espléndidos, Event tuvo la impresión de estar viendo una película muda, como las que se hacían en aquella época. Solo entonces se dio cuenta de su torpeza: aún no había activado el audio del mundo.
     —¿Es rarito además de sordo? —escuchó que preguntaba aquel hombre a Framework.
     Su compañero le echó una ojeada.
     —Sí, si… rarito, sí. Una pena ¿verdad? Verá, joven, nos dirigimos a V-Viena, a ver a un especialista, para… para un nuevo tratamiento… para aquí, mi amigo rarito. Pero resulta que no somos de por aquí, ¿sabe?, y nos hemos perdido. ¿Sería tan amable de indicarnos el camino?
     A pesar de comprender al instante el juego que se traía Framework entre manos, Event no pudo evitar indignarse. Sintió que se ruborizaba. Sin embargo, en ese momento solo pudo reparar en lo agradable que le resultó volver a tener sensaciones tan… corpóreas. Era algo adictivo.
     —¿Viena dice? Sí, claro hombre, están de suerte, íbamos hacia allá. Venga, suban, les llevamos.
     —Gracias amigo… —titubeó Framework.
     —Oh, disculpe, Charles, a su servicio.
     Ambos subieron al vehículo, cuyo asiento del copiloto estaba ocupado por una mujer.
     —¿Entonces no han visto nada raro por aquí, una especie de destello, o algo así? —preguntó el hombre.
     —No, de verdad que no —contestó Framework, mirando a su compañero—. ¿Qué cree que pudo haber sido?
     —No sabría decirle, la verdad. Tú también lo viste, ¿verdad, querida? ¿Qué crees que sería?
     —Que te den, Charles —fue todo cuanto dijo la mujer.
Y fue así como los dos viajeros llegaron a Viena, envueltos en un silencio largo e incómodo.

     —Bueno, parece que funciona —dijo Framework.
     —¿Los disfraces? Claro. ¿Por qué no iban a hacerlo? Pero hemos tenido suerte. Si esa mujer no hubiera estado ofuscada por lo que quiera que fuese, podía haber alimentado las sospechas del tal Charles.
     Paseaban tranquilamente a lo largo de una gran avenida, por el centro de la capital del Imperio Austrohúngaro. Contemplaban con disimulado asombro las gentes, los árboles y los monumentos, procurando no llamar la atención. Por más que fuesen vestidos a la moda de aquella época y aquel lugar, los dos habían aprendido por las malas en sus viajes anteriores que lo más importante de un buen disfraz no era el disfraz en sí mismo, sino la actitud de quien lo vestía.
     Había muchas personas en la calle, disfrutando de las últimas horas de la tarde en los cafés que flanqueaban la avenida. Las primeras luces de vapor de mercurio cobraron vida, y arrancaron destellos de las ventanas de los cafés y de los escaparates de las tiendas, algunas de las cuales empezaban ya a cerrar. La tarde se había vuelto desapacible, algo nada raro para los otoños semiinvernales característicos de aquella ciudad. Comenzó a caer una aguanieve débil y dispersa. Por un momento, Event deseó dejar de tener sensaciones físicas. Se cerró mejor el grueso abrigo.
     —No sé —contestó Framework—, supongo que no importa, todas las veces que lo hayamos hecho antes. Cada viaje supone un nuevo desafío. ¿No lo sientes así?
     —Sí. Bueno, creo que te entiendo.
     Event llevaba hechos unos cuantos viajes más que Framework, y entendía perfectamente a su compañero, pero quería aparentar estar más de vuelta de todo.
     —Es bonito esto —dijo.
     —Sí, ya lo creo —contestó Framework, y añadió, pensativo—: Aunque me hubiera gustado poder estar aquí en un tiempo anterior. Ya sabes, para conocer a Beethoven y a Mozart… Siempre he querido saber si de verdad se conocieron en persona. En cualquier caso, dudo mucho que su Viena fuese más bonita que esta. Lástima lo que está a punto de pasarles.
     —Ten cuidado con lo que dices.
     Event observó a las personas con las que se cruzaban por la calle: las señoras de la alta sociedad, con sus coloridos trajes y sus estrafalarios sombreros y guantes a juego; conjuntos especialmente escogidos para el momento social del té de la tarde, que contrastaban con los sobrios trajes oscuros, aunque también elegantes, de los hombres. No parecía que nadie reparase en ellos. Pero debían tener cuidado.
     —No seas paranoico.
     —¿Ahora soy yo el paranoico?
     —Bueno, ya que estamos, visitemos a Sigmund Freud, que lo decida él.
     —Bah —dijo Event, pero se rió.
     No era la primera vez que se enzarzaban en conversaciones así, daba igual dónde y cuándo estuviesen. Lo cierto era que disfrutaban de aquellos momentos. Del hecho de la simple conversación, de la emoción de sentir otra vez las cosas como los seres del pasado. En estas cosas iba pensando Event, mientras hablaban. Envidiaba a los hombres y a las mujeres de todos los lugares que visitaban, porque sabía que para él, para los viajeros del tiempo, momentos como aquel eran algo efímero. Algo casi ilusorio. Como el gozo que se se siente al escuchar una música que termina, dejando tras de sí nada más que el silencio, sin que se te permita seguir disfrutando de un concierto que sabes que aún no ha terminado.
     Event Paró a su compañero.
     —Mira, allí está —dijo, señalando.
     —La Academia de Bellas Artes de Viena —susurró Framework—. Crucemos.
     —¡Cuidado!
     Event puso el brazo por delante del pecho de Framework en el último momento, evitando que éste se lanzase a los pies de los caballos de un carro que pasó como llevado por diablos.
     —Mierda. Gracias… Se ve que tenía prisa, el condenado —exclamó Framework, alzando levemente una ceja en su rostro empalidecido.
     —Venga, vamos Frame. ¿Llevas la recomendación?
     —Sí, aquí la tengo —contestó, echándose la mano al bolsillo del abrigo.

     —Encantado de haberles conocido, señores. Pero me temo que ya poco se puede hacer —dijo el profesor Gregor Rozman. Era un hombre de pelo prematuramente escaso y gris, con un llamativo bigote a la moda. Se trataba de uno de los máximos responsables de los exámenes de admisión de nuevos alumnos en la Academia de Bellas Artes vienesa. Event y Frame habían tardado bastante tiempo en encontrar su despacho, perdido entre otros muchos iguales, en un pasillo abalaustrado que se asomaba a unas grandes escaleras de mármol beis.
Event reparó en los sonidos de las voces y las risas de los últimos estudiantes de la tarde. Sus ecos se diluyeron poco a poco, hasta desaparecer y dejar solo el silencio, más allá de la humosa luz del despacho.
     El hombre apagó su cigarro en el cenicero y se levantó.
     —Pero entonces, lo de ese joven… —dijo Framework.
     —¿Adolf Hitler? No. Olvídenlo. Jamás estudiará en este lugar. No mientras yo viva, al menos —sentenció el hombre. Y la vehemencia de sus palabras hizo que su atiplada voz, que hasta ese momento había sido sosegada, se volviese de pronto más grave, y para nada sosegada.
     —Pero hombre —intervino Frame— ¿no ha visto usted la recomendación?
     Rozman le miró a los ojos. Se sentó de nuevo, exhalando un corto y resoplante suspiro. Dijo:
     —Dígame, señor… perdóneme, lo he olvidado…
     —Pick, Dedrick Pick.
     —Señor Pick, dígame, ¿qué cree usted que es el arte?
     Event lanzó una fugaz mirada de soslayo a su compañero. Quiso decir algo, pero la pregunta había sido retórica.
     —Es un servicio —siguió Rozman—. Un servicio al pueblo, a la gente. A la de ahora, y a la del futuro. Es generosidad y sacrificio, es sufrimiento. Mire, no es nada personal. Llevo años haciendo estas cosas. Los dibujos de ese joven quizá no parezcan tan malos, pero tampoco son nada excepcional. ¿Han visto la obra de Gustav Klimt? Oh, eso, eso es el arte. Es algo que define, pero a la vez reelabora nuestra realidad. Los trabajos de ese muchacho, Hitler, muestran la realidad como algo inerte. Son mediocres. Pero no es eso lo que me llevó a rechazarlo. No fueron sus dibujos. Puede haber gente cuya obra me resulte igualmente insípida, pero en la que vea algo, un potencial. ¿Me entienden? Pero en ese joven, en ese… No.
     Se quedó callado, unos instantes. Luego dijo:
     —Fue… Fueron… Sus ojos. Me hizo sentir… Disculpen. No, miren, les he mentido, sí que es algo personal. Mientras yo ocupe este puesto, ese tal Hitler no será alumno de la Academia de Bellas Artes. Punto final.
     —Que usted no era nada —dijo Framework.
     Event lo miró, alarmado.
     —¿Disculpe? —dijo Rozman.
     —Lo que le hizo sentir, digo, ese joven. Que usted no era nada, que no importaba nada. Que para él era tan importante como esto —dijo, cogiendo el cenicero—, tan útil como este cenicero lo es para usted, porque le sirve para algo; pero en cuanto deje de hacerlo, lo tirará y lo sustituirá por otro. Eso es lo que le hizo sentir.
     —Frame —exclamó Event.
     —¿En serio, “Frame”?
     —¿Y qué más da?, porque se lo vas a decir, ¿no es eso? Vas a pasar ya al plan “B” —afirmó más que pregunto, Event.
     —Sí, es eso —contestó Framework, con un suspiro, tras unos instantes de silencio.
     —Estupendo.
     —¿Plan “B”? ¿Se puede saber de qué hablan, señores? Miren, ya les he ofrecido mucho más tiempo del que debería. Se me hace muy tarde, si no les importa… —dijo el profesor, levantándose de nuevo de su asiento.
     —No, señor Rozman, espere. Le contaremos la verdad. Verá. No somos de aquí.
     —Ya, ya, de eso ya me había dado cuenta. Menudo acento, no se ofendan.
     —Venimos del futuro. Lo sabemos todo sobre usted. Su pasado, su futuro, sus secretos… Cosas que solo es posible que sepa usted. Todo.
     Rozman los miró de hito en hito, primero a Frame, después a Event.
     —Bien —dijo—, estoy esperando. ¿Quién de ustedes se ríe primero? Porque a mí, por lo menos, no me hace gracia. Ya les he dicho que tengo prisa.

     —Parece que ya vuelve— dijo Event, dando palmaditas en la cara a un inconsciente profesor Rozman—. Profesor Rozman, vuelva, ¡profesor!
     —No debiste contarle todos esos detalles de su vida tan de golpe —le acusó su compañero—. Por lo menos, no lo de ese vicio secreto.
     —Oye, la idea de ejecutar el plan “B” fue tuya ¿o no? Yo solo te seguí el juego.
     —Qué… qué… oh, cielos. Menudo mal sueño… —empezó a decir Rozman, mientras volvía a la vida. Pero enmudeció al ver a los dos personajes sobre él, todavía en su despacho.
     —Oh, Dios mío, siguen aquí. No eran producto de mi imaginación. Es una pena, ¿saben? Mi amigo Freud habría tenido un material excepcional, si ustedes dos no fuesen reales.
     —Sin duda, profesor, pero mire, aquí seguimos.
     —Joder, Frame.
     —¿Qué?, qué quieres que le diga. Intento contemporizar. Nunca son cómodas, estas situaciones.
     Rozman se sentó. Parecía resignado. Entonces cogió el cenicero con el puro apagado y lo guardó en un cajón.
     —Se acabó esta mierda. No se lo dirán a nadie, ¿verdad?
     —Descuide, profesor. Nos da igual con qué aderece sus cigarros.
     —Bien, bien. Díganme, entonces, por qué creen que debo admitir a ese Adolf Hitler, que Dios me perdone.
     Los dos viajeros se miraron fugazmente.
     —Al contrario, Dios se lo agradecería —dijo Frame, con una sonrisa.
     Event dirigió a su compañero una mirada de disgusto.
     —Profesor —intervino Event—, verá… estoy seguro de que alguien como usted intuye perfectamente que el Imperio Austrohúngaro es un gigante con pies de barro. El más mínimo altercado puede hacer estallar un nuevo conflicto, y dado el desarrollo actual al que ha llegado la tecnología de la guerra en Europa, donde cada nación parece estar conteniendo el aliento ante la inminencia de algo terrible, cuando llegue ese altercado, que llegará, tendrá consecuencias fatales. A un nivel que el mundo no ha conocido hasta ahora. Le hablo de un conflicto de escala inimaginable.
     —Una gran guerra. Sí, claro, otra más —dijo el profesor— Vale, supongamos que pasa algo así, pero no veo…
     —No otra más. No solo una gran guerra. Le estoy hablando de un conflicto mundial.
     Event, dijo Frame, mentalmente, a su compañero, ¿estás seguro? Quizá no tengamos por qué hacerlo. Quizá esté dispuesto a hacer lo que queremos solo por miedo a que hagamos público lo de su adicción.
     No, Frame. Este hombre es más listo de lo que parece. Creo que lo hemos contaminado. Empezaría a hacerse demasiadas preguntas. Se volvería loco e inservible ya para su tiempo. Además, creo que nos será muy útil. Mejor reclutarlo. Nos lo llevaremos.

¿Y qué pasa con Hitler?
Que pase lo que tenga que pasar. Seguramente ya nunca vuelva a intentarlo, en este tiempo. Seguiremos con lo que tenemos. Probaremos otras cosas.

     Rozman se removió en el asiento, visiblemente incómodo, durante el silencio que siguió a las palabras de Event sobre un conflicto mundial.
     —Pero ¿qué tiene que ver todo esto con Hitler? —dijo. Event creyó notar miedo en su voz, y también en su mirada.
     —Usted lo vio. Lo sabe. Puede imaginarlo. Los tiempos de conflictos y calamidades, profesor, son campo abonado para que surjan los héroes. Y sabe tan bien como nosotros, que lo hemos visto en acción, que cuando el pueblo necesita héroes, no suele tener la sabiduría que hace falta para diferenciar entre héroes buenos y héroes malos. Adolf Hitler será uno de esos héroes. El peor de ellos. La Primera Guerra Mundial, que ustedes conocerán como la Gran Guerra, se llamará así cuando de forma casi consecutiva haya una segunda, provocada por un tratado de paz torpe y vengativo, que ahogará a la nación perdedora: Alemania.
     —¿Alemania perderá? E imagino que con ella caerá nuestro Imperio —dijo Rozman.
     —Su intuición le sirve bien, profesor —intervino Frame.
     —Una gran crisis económica, como el mundo moderno jamás ha visto —siguió Event su relato del futuro—, azotará a todas las naciones, y las tesis marxistas se extenderán por el Este, donde la fuerza proletaria derrocará el imperio de los zares. En la Alemania debilitada por la Gran Guerra y por la crisis, el comunismo cobrará presencia, fuerza y poder, las opiniones de unos y otros se harán extremas. Los líderes populistas se alzarán, exacerbarán el miedo y convencerán a los votantes. Usted vio los ojos de ese joven. Intuyó el mal insondable que anida en su corazón. Imagínese a ese joven sin oficio ni beneficio, despechado por usted y su Academia, después de haber luchado en la Guerra, aguardando una oportunidad para dar rienda suelta a su narcisismo y a su psicopatía. La política será el escenario perfecto para sus maléficas virtudes.
     —Dios mío —exclamó Rozman, en voz baja, con la mirada perdida—. Es espantoso.
     —Lo ve ya, ¿verdad? —continuó Event—. Ve al romántico y apasionado, pero malvado hasta la médula, Adolf Hitler; ve cómo solivianta a las masas y llega al poder, gracias al miedo de la gente al comunismo. Y, de igual modo, otros líderes surgirán en el bando comunista, en Rusia, apoyándose en el hambre y la miseria de la gente. Unos y otros llevarán a cabo los más horribles actos a los que la humanidad se haya enfrentado jamás.
     »Y no usarán solo el miedo al comunismo. También el odio a los judíos, que serán estigmatizados como nunca, antes. ¿Es usted judío, verdad, profesor Rozman? Su familia sufrirá. Serán deportados, y exterminados. Todo porque usted un día no quiso cambiar el curso de la historia, y permitir que ese joven, Adolf Hitler, estudiase lo que quería. Pero ahora ya da igual. Tendrán que hacerlo otros…
     Hubo un momento de silencio. Solo se escuchaba el repiqueteo de una lluvia intermitente allá arriba, contra la cristalera que hacía de tragaluz, al otro lado de la mampara del despacho. Sus colores hacía tiempo que se habían apagado. La noche avanzaba, inexorable.
     —Claro. Por supuesto. Lo entiendo. Lo haré… Déjenme hacerlo. Aún puedo admitir a Adolf Hitler. ¿Pero creen que ese simple hecho bastará, que, con una simple y pequeña decisión como esta, yo, Gregor Rozman, tengo el poder para cambiar el curso de la historia?
     —Es una pregunta inteligente, profesor —dijo Frame—. Y la respuesta es que no lo sabemos. No podemos estar seguros de que con eso baste. Puede que sí, que el poder que emana de una sola persona, en el momento y el lugar indicados, sea suficiente para catalizar una sucesión de desgracias fatales para la humanidad entera, o puede que no sea solo eso. Puede que, aunque usted admitiese a Hitler, surgiesen otras personas u ocurriesen otras cosas que desconocemos.
     —En realidad, profesor, tendrá que ser ya en otro universo —intervino ahora Event—. No es la primera vez que es usted visitado por viajeros del futuro. Sí por nosotros, pero ya han venido aquí antes, otros compañeros. Quizá no fue usted, sino su usted de otros universos, muy similares a este en el que nos encontramos. A eso nos dedicamos, ese es nuestro trabajo. Cambiamos pequeños detalles, modelamos el tiempo. Experimentamos. No podemos intervenir directamente, sino a través de ustedes. Estudiamos los posibles cursos de la historia, en busca de un futuro que nos satisfaga.
     —P… pero, entonces, dijo Rozman, secándose la frente con un pañuelo—, por qué empezar por aquí, y no mucho antes, en otro tiempo, de forma que todo lo que somos ahora fuese ya muy distinto, de tal modo que quizá ni Hitler ni yo existiríamos.
     —Pero es que sí lo hacemos, profesor —contestó Event—. Claro que lo hacemos. Los universos son infinitos, y no podemos verlos todos. Pero hay muchos más compañeros, que viajan y dan forma a nuevos sucesos, en muchos más universos y tiempos. En muchos de ellos, efectivamente, toda esta época es muy distinta. Nuestro trabajo se centra en esta época y este momento concretos. Se centra en usted, y en sus decisiones. Así de sencillo.
     —Así de sencillo —dijo el profesor, con un hilo de voz, y soltó una risilla algo histérica.
     —Verá, señor Rozman —volvió a hablar Event—, pueden salir muchas cosas mal, aunque Hitler deje de ser un peligro. De hecho, ya las hemos visto. Mundos en los que la izquierda llega al poder en Alemania, y esta se alía con la Unión Soviética. En esos mundos Japón no llega a atacar a los Estados Unidos, porque no tiene aliados, y no se atreve, así estos nunca entran en guerra. Al final, los bloques occidental y comunista se equilibran, porque los soviéticos tampoco llegan a tener una excusa para penetrar más hacia el este en Europa. Pero todo esto a usted no le importa, claro. No sé por qué se lo cuento. Bueno, o sí, lo sé. Creo que ya tenemos confianza suficiente, ¿no es así, señor Rozman? Que ya somos amigos. Creo que es hora de que nos vea como somos, en realidad. Es hora de que se una a nosotros.
     Event Cuántico miró a Framework Silente. Ante los ojos de Rozman, sus figuras humanas se fundieron, como si sus colores en la realidad fuesen brochazos de un cuadro impresionista, hasta quedar de ellos solo la luz que animaba sus formas. Entonces, Rozman escuchó una voz en su mente. No eran palabras que existiesen, no eran palabras humanas. Pero entendió lo que decían.
     Eres solo una pequeña parte de nuestro trabajo. Ahora vendrás con nosotros, y verás todo el conjunto, pues tu tiempo en este universo se acaba aquí y ahora.
     El ser que ya no era Gregor Rozman se sintió flotar, por encima de la realidad. Vio el cuerpo de alguien que le sonaba vagamente, tirado en el suelo de un extraño despacho. La voz siguió diciendo, en su mente:
     Nuestro trabajo no es evitar una guerra. Seguramente te suene cruel, pero nos da igual tu sufrimiento y el de tu familia —¿familia, qué familia?—. Estamos por encima de todas esas cosas. Nuestra misión, la razón de nuestra existencia, es viajar y moldear las historias posibles, en busca de un futuro concreto, entre los universos a los que podemos acceder. Es un futuro que hasta ahora no hemos sido capaces de encontrar. Uno en el que, más allá de cierto tiempo, el ser humano no termine por extinguirse y dejarnos solo a nosotros, quienes quiera que seamos.

Elether

Examiné el libro de Elether a la luz del pequeño candil de latón. Observé los dibujos, mientras pasaba despacio las ajadas páginas, porque tenía miedo de rasgarlas con mis torpes manos de metal. 

—¿Qué significa el título? —le pregunté.

—Tiene que ver con Hesperia, la Ciudad de los Muertos —contestó ella.

No pareció dispuesta a añadir más. Se limitó a mirarme, en silencio, como sopesando algo. A mí, pensé. Me sentí incómodo.

Elether era uno de los pocos prens que siempre me trataba de forma natural. Tenía su mérito, porque yo era un robot, una leyenda rescatada del pasado. Me parecía en pocas cosas a los prens. Aun así, al descubrirme, me llamaron “el Enviado”, y me convertí en la posesión favorita de su princesa, Dido. Nunca estuve seguro de que Dido me quisiese de verdad, durante el año que pasamos juntos, pero yo la admiraba. Ahora no podía dejar de pensar en ella, profundamente consternado por lo sucedido el día anterior.

—¿Podremos ayudar a Dido gracias a este libro?

Elether no contestó. Busqué su mirada, inquisitivo, pero no me gustó lo que vi en sus almendrados ojos esmeralda.

Miré a través de la ventana de la pequeña cabaña, el refugio secreto de Elether. La tarde habría sido la de una hermosa primavera, en otras circunstancias. La luna añil acababa de ponerse. Las sombras se apagaban en aquella parte del mundo y los pájaros enmudecían en los árboles. La noche reclamaba ya su reino. A lo lejos, por encima de las copas de los arces, pinos y robles (y otras especies más exóticas que no conocía), sobresalían, diminutas, las torres de Acantha. No podía borrar de mi cabeza los terribles sucesos del día anterior. Incluso hasta allí arriba llegaba el pestilente aroma del azufre, aunque la cabaña estaba a una legua de la ciudad, en la linde de un bosque que terminaba en un barranco.

En parte para tranquilizarme, en parte para quitarme el sulfuroso olor del cuerpo metálico, Elether me había desnudado y lavado con el agua de un pequeño barreño. Allí todo era pequeño. La cabaña tenía aquella única habitación. Cuando estuve seco, ella me dio uno de sus viejos camisones, que olía como el bosque. Como era menuda, me quedaba bien. Más o menos.

—No sé si podremos ayudarla, Zair —dijo, cuando yo ya casi había olvidado la pregunta—. Apenas puedo descifrar lo que dice el libro. Pero no es por eso por lo que quería enseñártelo. Hazme caso, y mira bien los dibujos.

—Me dan igual los dibujos. Estoy preocupado por Dido.

—Ya, pero ahora no se trata solo de ti, ni de tu preocupación por la princesa. Se trata de toda Badhia-Yamina, y quién sabe si todavía más allá.

¿Por qué tenía que importarme a mí lo que hubiese más allá del país de Badhia-Yamina? Apenas me interesaba nada de lo que hubiese en Acantha, fuera de las habitaciones de la princesa. Yo solo era un robot particular. Su robot particular. Pero Elether, al igual que Dido, tenía opiniones muy fundadas sobre mi importancia en las cosas de los prens; aunque, como comprendí después, por motivos diferentes.

Sonó un pitido. Elether sacó del fuego una vieja tetera de cobre, con un trapo, y vertió un líquido verdoso y humeante, que olía a menta y a eucalipto, en una taza de madera astillada. Además del poco espacio, allí todo estaba viejo y gastado, como aquella taza. Aun así, se trataba de un refugio acogedor. ¿Siempre había pertenecido a Elether? Desde luego, estaba llena de misterios, demasiados, para una simple pinche de cocina.

Me ofreció la taza. Estaba muy caliente.

—Te sentará bien —dijo—. Tienes que dormir. Ya seguiremos hablando de todo esto.

—No tengo sueño —protesté.

—Para eso precisamente es esta bebida, tonto. Bébetela, te sentará bien dormir un poco, después de todo lo que ha pasado.

Le di un sorbo. Sabía fatal, muy amarga, pero en cierto modo me agradó. Entre la bebida y la fragancia a cosas del bosque que impregnaba la cabaña, conseguí casi olvidarme del regusto del azufre.

—Elether, ¿qué son “los Eidola”?

—Nada de lo que debamos hablar tan cerca de la noche.

—Pues no voy a dormirme hasta que me digas algo. —Mi preocupación por la suerte de Dido era más fuerte que mi miedo a esos Eidola, fueran lo que fuesen—. No pienso dormirme —insistí.

En ese momento, y pese a mí mismo, me entraron unas ganas enormes de bostezar. Pero me tragué el bostezo y seguí mirándola, impertérrito.

Elether suspiró. Por lo que fuese, decidió satisfacer mi curiosidad.

—“Los Eidola” es el nombre con el que los Antiguos se referían a los Muertos de Hesperia. Son espíritus que no pertenecen a este mundo. Seres etéreos que odian todo lo que está vivo y que están deseando corrompernos, poseernos. Eso es lo que le ha pasado a Dido, Zair. Y me temo que ya no hay nada que podamos hacer por ella. Por ninguno de ellos.

A medida que pronunció las palabras, fue subiendo el tono de amenaza, a pesar de que todo lo dijo en susurros. Me estremecí. Por un instante, me pareció que no era ella quien hablaba, como había pasado con Dido y los demás, la tarde anterior, cuando intentaron comunicarse con los dioses.

—Vale, Elether —dije, con un hilo de voz—. Prefiero seguir hablando de esto mañana, si no te importa.

Ella rio, y fue una risa espontánea y alegre, que rompió de inmediato mi sensación de horror. De hecho, fue como si esa sensación no hubiese existido. Pero se me habían juntado ya demasiadas emociones. Perdí la compostura y me puse a llorar, como el niño que era. De metal, pero niño, al fin y al cabo.

—Zair, qué te pasa —dijo ella, arrastrando las palabras con cariño.

—Nada.

—Vamos, solo he usado un poco de magia de ilusión, para dar más dramatismo a las palabras. Me sale casi sin querer, ya lo sabes.

—Elether, es que… Dido, yo pensé… —empecé a hipear, y no pude decir más.

Ella me agarró de la mano.

—Vamos, vamos, Zair, todo un robot, llorando. Si te viese quien te construyó. ¿Sabes? Antes nunca hubiera imaginado que los robots particulares pudieseis llorar, beber, dormir, sentir las cosas que tocáis… Cuando era pequeña pensaba que solo erais una leyenda.

Ella me había contado, cuando todavía trabajaba en las cocinas del palacio y nos escapábamos a veces al exterior, que los robots particulares eran una especie de sirvientes de los dioses, cuando estos todavía vivían en el mundo, antes de abandonarlo. Según ella, los dioses nos habían hecho a su imagen y semejanza, porque no podían tener hijos.

—¿Y si yo tengo la culpa de todo lo que está pasando? —gimoteé—. Porque si yo era solo una leyenda y estoy aquí, entonces, de algún modo, los espíritus malos, los Eidola, quizá están aquí por mi culpa.

Aquello llevaba atormentándome todo el día. Aunque se trataba de un temor latente en mí, desde hacía algún tiempo; algo que no acababa de identificar ni comprender.

—Tú no tienes la culpa de nada, Zair. La Casa Gobernante jugó con cosas que era mejor dejar tranquilas. Mira —dijo—, ¿ves esta ilustración?

—La Ciudad de los Muertos. Hesperia.

—Sí. Mira —señaló algo con el dedo.

—El cáliz —exclamé.

—Como el que me dijiste que encontró la princesa, en el viaje de la Gran Tormenta, después de verte en un sueño.

—Lo encontró al lado de los muros de Hesperia. Fue el Nexo que usaron ayer, en la ceremonia.

—Lo sé, dijo Elether.

Un búho ululó en el bosque. Me fijé en que ya titilaban las estrellas entre las ramas de los árboles, más allá de la ventana. Las raídas cortinas se agitaron. Sentí frío, pese a la bebida caliente. Elether se acercó a cerrar los postigos, mientras decía:

—La mayor parte de la gente no lo sabe, porque a los nobles acanthianos nunca les ha interesado que se sepa esta verdad. Pero, mira lo que he descubierto —dijo, acercándose.

      —No puedo leerlo todo, pero entiendo algunas palabras. Conseguí una traducción del índice del libro —dijo, orgullosa—. Esta palabra, “Devatar”, en el pasado remoto se usaba para denominar a los dioses, en la Antigua Lengua. Pues bien, en aquellos tiempos, esa misma palabra se usaba también para los Muertos. Tengo que consultarlo con alguien que conozco, pero creo que, al intentar hablar con los dioses, el rey y su hermana, tu querida princesa, han abierto las puertas de Hesperia. Han dejado salir a los Muertos.

—Entonces, Dido…

Ella me puso un dedo en los labios.

—No, no más Dido por hoy. Descansa, Zair. Duérmete ya —susurró—. Mañana tenemos que irnos, y será un viaje muy largo. Tienes que coger fuerzas.

¿Irnos? ¿A dónde? Yo no quería irme a ningún sitio. Yo quería volver a Acantha, con Dido. Pero estaba demasiado cansado para replicar. De pronto, el sueño cayó como una losa que ya no hubo forma de apartar.

Lo último que recuerdo es a Elether, cogiéndome en brazos. No tuve ningún sueño.