El Ascenso de Skywalker, análisis y contracrítica.

 

Espoilers gordísimos… Solo leer si se ha visto la película.

 

Después de un tiempo de inactividad en el blog, por haber estado preparando una oposición, vuelvo a escribir en él, y no es ninguna sorpresa que sea con motivo del estreno de El Ascenso de Skywalker, el Episodio IX de la saga principal de Star Wars. Y es que fue precisamente, hace dos años, el estreno del Epidosio VIII, Los Últimos Jedi, el motivo de que iniciase la andadura de este espacio web, dedicado, como su nombre bien ilustra, a servir de replica para todas las críticas estúpidas que se perpetran en Internet y que los imbéciles siguen con adoración.

Debo decir que ya he visto El Ascenso de Skywalker dos veces, y que el análisis que voy a hacer a continuación de la película, como todos los que caracterizan a este blog, va a ser diferente de cualquier otro que podáis leer en cualquier otro sitio, más centrado en la sensación y en la emoción, y muy, muy poco inclinado a dejarse llevar por “mainstream” alguno. Huelga decir que NO debe leer nada de lo que sigue nadie que aún no haya visto la película.

Para intentar criticar la película, y digo “intentar” porque ninguna crítica a ella es sólida ni veraz, se han dicho principalmente tres cosas, a saber:

Que se opone al Episodio VIII y lo contradice. Que es un “fan service” descarado. Que todo es improvisado en cada una de las películas de esta trilogía.

Mentira. Mentira. Mentira. Todo es falso.

Antes de desgranar las sensaciones y en el camino explicar ciertos poderosos detalles que se van desprendiendo de la película, cabe preguntarse el por qué de tanta animadversión hacia ella. Pero bueno, también la hubo hacia el Episodio VIII, la hubo hacia el VII, la hubo antes hacia la trilogía precuela, y aunque ya pocos se acuerden o se atrevan a decirlo en voz muy alta, también, en su momento, hacia la trilogía original, Una Nueva Esperanza incluida. Y bien, el espíritu humano es así, capaz de lo mejor, pero también de lo peor; de construir y de destruir; de amar y de odiar. Donde hay luz hay oscuridad, y las opiniones de los críticos y la gente, magnificadas en esta era de Internet y Redes Sociales, son inacabables, numerosas, espontáneas, hechas con poco tino y reflexión, pero a la vez como si le importasen a alguien… opiniones de una mente colmena estúpida y aletargada, construida de voluntades débiles, sin un criterio propio sobre las cosas, ni bien definido.

No voy a ahondar mucho más en ello. Es algo de lo que ya hablé en la primera entrada de este blog, hace dos años, sobre Los Últimos Jedi. Aquella película fue más golpeada por los fans, y esta última más por los críticos, pero la estupidez iguala a ambos; democratización de la estupidez, haciéndola don de todos ellos por igual. Pues, como se puede ver en El Ascenso de Skywalker, no hay frontera que separe a los Episodios VIII y IX. Son un todo indivisible, distintos movimientos de una sinfonía, repleta de resonancias, paralelismos y rimas audiovisuales. Así pues, y en cuanto al primer factor preponderante en las críticas estúpidas a la cinta, hemos de descartar ya de raíz el que el Episodio IX se oponga al VIII. No solo no lo hace, sino que ambos bailan una danza coordinada y compleja, en la que cada paso obedece a un paso previo.

En cuanto a que hay demasiado “fan service”, la acusación es pueril. No lo hay más que en cualquier otra película de la saga, o de género basada en una franquicia dada. Sí es cierto que la originalidad de Rian Johnson en Los Últimos Jedi (excesiva para muchos, refrescante para mí y otros muchos también, aunque no montemos pataletas y se nos note menos), puede hacer parecer, en contraste, que J.J. Abrams se doblegue demasiado ante las demandas del fandom. Pero esta sería una visión necia, por poco sabia. Lo que hace Abrams, y no será que no lo avisó durante la producción, es hacer una película que hermana de forma satisfactoria todos los cabos que había que atar de esta trilogía, y no solo de ésta, sino de las tres trilogías. Dado lo arduo, lo inmenso de esa tarea para una sola película, de una duración bien ajustada, la labor de Abrams para El Ascenso de Skywalker no se puede juzgar, finalmente, sino como grandiosa. Pero, ¿por qué? Por todo lo que voy a comentar a partir de aquí, ahora ya sí, sobre el Episodio IX de la saga de los Skywalker.

Por último, lo de que en esta trilogía se ha ido improvisando es una estupidez de magnitudes ilimitadas. De hecho, ha estado mucho más cohesionada y preparada, desde el principio, en sus líneas maestras, que la trilogía original. Que sí, que cada director aporta su visión única. Por supuesto. Precisamente por eso, cuando dicha visión se desviaba demasiado de lo que se quería, se invitaba amablemente al director que fuese, Colin Trevorrow, a abandonar el proyecto. La trilogía original tuvo también varios directores. George Lucas controlaba todo, y suya era la historia, pero precisamente por eso, por ser la visión principal de un solo hombre, en la trilogía original fue todo más improvisado, aunque pueda resultar paradójico. Como principal ejemplo de ello, Lucas no tenía ni idea de que Vader fuese el padre de Luke. Si aquello sorprendió tanto a todo el mundo (aparte de porque no existía Internet), fue porque el primer sorprendido fue el propio Lucas. Aquella idea le vino sobre la marcha, ya estrenado el Episodio IV. En comparación, en esta trilogía secuela todo ha estado mucho más hilvanado desde el principio. Eso es algo que veremos a medida que comente la película.
Lo que voy a hacer es ir describiendo los principales hechos de la película, no necesariamente de forma secuencial, aunque empiece por el principio, deteniéndome solo en los momentos para mí más importantes, los que más me han marcado, para comentar ciertos detalles desde mi punto de vista sobresalientes, en los que quizá aún no haya reparado todo el mundo, y que habrán de ilustrar por qué con esta película estamos ante uno de los mejores momentos de Star Wars, una obra maestra del género, si no del cine en general.

 

La acción comienza con Kylo Ren buscando un objeto Sith muy singular, del que solo existen dos, llamado Buscarrutas (Wayfinder, que todo suena mucho mejor y más épico en inglés), en un planeta volcánico que nos suena… claro que nos suena; es Mustafar.

Ha pasado un año de los hechos vistos en Los Últimos Jedi. Un inciso: lo normal entre los diferentes Episodios de la saga es que entre uno y el siguiente haya transcurrido cierto tiempo en la historia, dos o tres años, incluso, algunas veces, varios meses, otras. Lo excepcional fue que la historia del VIII sucediese sin solución de continuidad con el VII (original, de nuevo). Kylo Ren está enfadado, muy enfadado. Su fuero interno es un torbellino de ira, nacida de contradicciones, miedos y frustraciones. Así, vemos como se lleva por delante a todo lugareño que se cruza en su camino hacia el Buscarrutas. Es una secuencia de inicio magistral, seguramente el mejor inicio de esta trilogía, y uno de los mejores de toda la saga, por detrás del IV. La maestría, el saber hacer cinematográfico de Abrams, perfectamente arropado por su equipo, llega al máximo de su carrera en esta película, y lleva a Star Wars a prodigios audiovisuales que no dejan de sorprendernos, que claro, es lo que esperamos cuando se trata de este tipo de cine, y más de Star Wars, pero no quiere decir que sea fácil. Pero el principal mérito de la película, como veremos, es que todo ese prodigio audiovisual no se come en ningún momento a la historia, sino que la sirve. Es un telón de fondo secundario, la acción continua, para una trama que se irá resolviendo  principalmente en momentos de quietud y reflexión, no exentos de filosofía, en un nivel intelectual sensible. Y eso es lo que diferencia principalmente a Star Wars de cualquier otra película de buenos efectos especiales y prodigios audiovisuales. Y si Star Wars se caracteriza por esto en general, El Ascenso de Skywalker es el paradigma de esa aproximación al cine que en cierto modo inventó George Lucas. Abrams rinde un tributo colosal a todo un género, que es lo que en cierto modo es esta saga en sí misma, un nuevo género cinematográfico.

Luego se nos presenta a Rey, cuyo primer diálogo cumple una doble función: servir de alivio para la sobredosis de dramatismo inicial del filme, y a la vez, de forma magistral, de piedra de guía en el guión, marcando un momento fundamental del arco de su personaje en esta historia: Mientras levita, rodeada de piedras, en una clara alusión al chascarrillo del VIII sobre que la Fuerza es mucho más que “levantar piedras” (uno de los numerosos guiños entre Abrams y Johnson, aunque los necios autores de la crítica más dañina, y pueril, quieran haber visto una confrontación entre ambos directores y películas que, como vemos es inexistente), Rey intenta comunicarse con la Fuerza Viva (elemento fundamental de la filosofía Jedi, que conecta esta película con las precuelas y las enseñanzas de Qui-Gon Jinn), con los fantasmas de la Fuerza, los maestros Jedi que la precedieron. No es capaz de conseguirlo. Tiene dudas, muchas dudas sobre sí misma, su papel en todo esto. Una ira, también, por no saber quienes fueron sus padres, y por qué la abandonaron, como sacará a relucir más tarde, Kylo Ren, cuando ambos se encuentran, de nuevo enlazados por la Fuerza, de nuevo Abrams desarrollando de forma brillante y perspicaz recursos argumentales basados en ideas del VIII, ese nuevo poder de la Fuerza, ideado por Rian Johnson (¿recordáis?, baile, danza).

Rey y Kylo son dos almas unidas, que el destino, la Fuerza, ha unido, la nieta del antiguo emperador, Sheev Palpatine, y el nieto de su lugarteniente, el asesino de Jedis, Darth Vader. Solo que la madre de Kylo nació del amor de ese asesino de Jedis, antes de convertirse en tal, cuando era un Caballero Jedi, de nombre Anakin Skywalker. No sabemos, ni se nos explica, en cambio, bajo qué circunstancias nació Rey, pero sí se nos dice que su padre era el hijo de Sheev. En ambos casos, Leia, hija de Anakin/Vader y el hijo cuyo nombre desconocemos de Sheev Palpatine, son entes benévolos, que se oponen a la maldad de sus progenitores, uno redimible, no el otro.

A lo largo de la película, esa relación especial entre ambos se va construyendo sobre claves argumentales de los Episodios VII y VIII, desde ese primer momento en el que Kylo la captura y comienza a enamorarse de ella, a la vez que la odia, pues hay en ella una luz y un poder, una mezcla de ingenuidad y oscuridad desconcertantes para él, pero que a la vez le recuerdan a sí mismo. Son almas gemelas. Ahora las bocas de los necios que se lanzaron a criticar de forma injusta y despiadada el Episodio VII, trasluciendo de paso un mal disimulado machismo, porque aquella chica novata derrotase a Kylo Ren, todo un señor del Lado Oscuro, líder de los Caballeros de Ren, comienzan a cerrarse (o, en su necedad, criticarán aún con más odio este Episodio final, y todo lo que tenga que ver con esta nueva trilogía, hasta que los años pasen y el tiempo les haga cambiar de opinión sin sentir tanta vergüenza).
Porque cuando se experimenta una obra de ficción, HAY QUE EVITAR LAS SUPOSICIONES, que matan a la imaginación. Además ¿chica novata e indefensa? Para nada. Pensemos en Rey, cuando la conocemos ya en la primera secuencia del Episodio VII: una chica hecha a sí misma, que subsiste sola en un mundo hostil, chatarrera de agilidad sin igual, descolgándose desde alturas imposibles, por entre las tripas de gigantescos destructores: que es capaz de imponer su voluntad a otros chatarreros con solo dos palabras, cuando rescata a BB-8 de otro chatarrero, y reducir a unos matones con su habilidad en la lucha con el bastón (que sí, resulta terminar siendo una vieja arma Jedi, un sable de luz, tal como vemos en la última escena, cuando por fin, lo enciende, quizá después de haber descubierto lo que era, y haberlo reparado, o modificado). En fin, todo eso, YA ESTABA AHÍ. Como cuando Kylo Ren ausculta su mente, y retrocede acobardado ante lo que descubre en ella. Es difícil, cuando las obras se degluten de forma descuidada, en vez de verlas detenidamente, saboreándolas, caer en todos los detalles, tanto visuales como sonoros. Pero es vidente cuando Ren entra en la mente de Rey, que hay una fuerza poderosa y oscura en el interior de ella. Se escuchan claramente los rugidos. No eran casualidad. Todo estaba pensado, mucho más hilvanado, insisto, que en la propia trilogía original. También podemos recordar las arremetidas con el sable de luz de Rey en el bosque en la nevada base planetaria Starkiller, que si los ponemos justo después de ver cómo usa su sable Palpatine cuando van a detenerlo los Jedis en la Venganza de los Sith, es exactamente el mismo gesto.
En fin, había ese plan maestro. Siempre se supo que Palpatine estaría ahí, que era pieza fundamental en esta trilogía, y Snoke solo un poderoso secuaz (en realidad, ahora lo sabemos, un avatar de Darth Sidious, del que vemos varios clones en tanques, en Exegol, una suerte de remedo siniestro de los avatares clonados de la película de James Cameron).
Palpatine se lo explica a Ren en el comienzo, todas las voces en su cabeza, la de Snoke, la de Vader, la propia Fuerza oscura que atormentó a Luke y le hizo acobardarse y no querer abandonar Ahch-To, eran maquinaciones de Palpatine, que se había refugiado en las regiones desconocidas de la galaxia (aquí como un remedo del espíritu de Sauron en El Señor de los Anillos). Una historia que fue anticipada ya, por cierto, en la trilogía de novelas Consecuencias, que es canon, y cuyo primer volumen se publicó ANTES, incluso, del estreno del Episodio VII. Todo estaba pensado, aunque luego cada director, por supuesto, y eso como hemos visto no hace sino enriquecer la obra, aporta su visión y su impronta (sin salirse demasiado de los raíles, como hizo Trevorrow, claro). Lo que pasa también, claro, es que había que rodearlo todo del mayor misterio posible. No darlo todo mascado.

Además, por si fuera poco, tenemos la similitud entre las notas musicales que son el tema de Rey y las de Palpatine. Cambiando la clave y los arreglos, ambas melodías tienen paralelismos evidentes. (Desde el principio).

Otro ejemplo de la maravillosa sinergia que se da entre Rian Johnson y J. J. Abrams, ahondando en la forma en que Abrams usa argumentalmente ese nuevo poder ideado por Johnson en Los Últimos Jedi, la vemos en dos momentos de la película muy cercanos, en su parte final. Uno es cómo al frustrarse el plan de Darth Sidious al negarse Rey a matarlo, decide acabar con ella; aquí las resonancias son también, como hay muchas durante la película, a nivel de trilogías: la negativa de Luke a matar a su padre, y cómo un Sidious enfurecido y frustrado decide entonces acabar con él. Solo que aquí Abrams y Chris Terrio, el coguionista, juegan también con el elemento de la unión única y singular que supone para la Fuerza el vínculo entre Rey y Ben. Un vínculo llevado a cabo con intenciones maléficas, pero que en la propia Fuerza cobra vida por sí mismo. Significa en un poder sin igual, que, Palpatine comprende, puede absorber para sí. No se trata tanto de la esencia de ellos, sino de la Fuerza que su vínculo genera, que el emperador usa en su propio beneficio.

Pero el que quizá sea uno de los momentos más hermosos a la vez que épicos de toda la película, y de toda la saga, es cuando ella echa su espada hacia atrás, dispuesta, creemos, a tomar impulso para rematar a su abuelo, y en un nuevo uso maravilloso del poder de la Fuerza que vincula a ambos, antes de que los dos estén ante Palpatine, lo que hace es pasarle el sable de Anakin a Ben Solo. Para mí, sin duda, el giro más inesperado y alucinante de la película. No es que no supiésemos que ella ya se había dado cuenta de la llegada de Solo, que tal trasluce en su mirada, prendida de ese amor, en medio de la ira, las dudas y la oscuridad; pero aún asi, ese giro de cómo la pasa el sable de luz, por medio del poder de la Fuerza ideado por Johnson en el VIII, no nos lo esperamos, y es bellísimo. (De nuevo la danza entre ambos directores y películas).

Otras cosas muy interesantes que vemos en esta parte final es que por fin se nos explica un detalle que nunca hemos tenido del todo claro en la saga. Aquí los ecos son de todas las trilogías, y hacen especial referencia a esos momentos en los que Sidious insiste en que aquellos a los que pretende dominar le maten o maten a otros Sith, impulsados por su ira y su odio. Más allá de lo perfectamente comprensible de lo nocivo de un acto así, desde el punto de vista moral, para el que lo ejecute (si es que tiene sentimientos), ahora se nos hace ver que hay un efecto práctico: El Sith asesinado pasa a ser parte del que lo ejecuta.

Más ecos con las trilogías anteriores, uno muy poderoso con la trilogía precuela, en concreto con la escena de cuando Mace Windu está a punto de acabar con la amenaza que supone Palpatine, rebotando sus rayos de poder contra su cara, con su sable de luz. De no ser por la caída al lado oscuro de Anakin, aquel hubiera de haber sido el final de Darth Sidious (Windu no lo iba a matar llevado por el odio o la ira, sino por puro pragmatismo Jedi), pero no lo fue. Luego sucede toda la historia de la trilogía original, en la que los rebeldes acaban con el Imperio, y Luke descubre quién es su padre, encuentra el valor para enfrentarse a él, y lo redime, por el amor. Sin embargo, para acabar finalmente, de una vez por todas, con Palpatine, con lo que supone el apellido en sí, y ascender como una Skywalker de título, en su última acción, que debiera haber sido la última de su vida, Rey usa el mismo método que en manos de Windu hubiera acabado con el emperador. Es de un valor simbólico enorme, porque a la vez, redime, en cierto modo, al propio Anakin, terminando de una vez por todas con el mal al que él dio aliento al salvarlo matando a Mace Windu. Aquí el poder de Palpatine es aún mayor, alimentado por la Fuerza del vínculo que acaba de absorber de Ben y Rey, pero el de Rey también. Porque ella sí tiene dentro de sí la resolución, la confianza en sí misma, que al final ese es el mensaje, de saber que no está sola, que Ben ha venido por ella, y que todos los otros Jedi que la precedieron están, de algún modo, con ella. Poder, resolución, confianza que simbolizan la cruz formada por por las dos espadas, que hace rebotar con un poder incontestable los rayos del Sith. “Yo soy todos los Sith”, dice Palpatine, cuyo poder nace del miedo, la muerte y el odio. Y Yo todos los Jedi… los que no la escuchaban en lo que quizá juzguemos un chascarrillo sin importancia la primera vez que vemos la película, al principio de esta… pero escena que anticipa de forma magistral el clímax, cuando ella se levanta, escuchando las voces de todos los Jedi: Luke Skywalker, Obi-Wan Kenobi, Yoda, Anakin Skywalker, Ahsoka Tano… por citar los principales. Y sí, todos son los actores reales que interpretaron a esos personajes antes, Hayden Christensen y Ewan McGregor incluidos, también Frank Oz, y también la voz que dobla a Ahsoka Tano en la versión original. (Y sí, lo he buscado, y también las voces de los actores de doblaje españoles son TODAS las mismas de los personajes que interpretaron antes).

Quedan cosas por repasar, como la redención de Ben Solo, la hermosísima forma en que se rinde tributo al personaje interpretado por Carrie Fisher, de la mejor forma posible, por la muerte por el amor de su hijo, al que redime con ese acto, que a la vez significa la muerte de Ben Solo, que regresa, el Jedi (otro eco) ante la ira de Rey, en su camino hacia el Lado Oscuro. Pero ella es aún un ser inocente y de luz, básicamente, así que usa el mismo poder que habíamos visto por primera vez, en esta misma película, con la serpiente subterránea, y cura a Ben Solo. Luego vemos a Solo oteando el horizonte de ese mar embravecido donde han luchado, remedo del mar de lava de Mustafar donde tiene lugar el enfrentamiento entre Anakin y Obi-Wan en el Episodio III. Escucha la voz de su padre, un recuerdo que despierta el sacrificio de Leia, un recuerdo revivido por la Fuerza, una suerte de regreso al pasado. Una nueva oportunidad. Pues la escena de la muerte de Han se repite punto por punto, palabra por palabra, como el motivo de una sinfonía. Grande. Hermoso. Emocionante. Esta vez sabemos por fin que las palabras “Sé lo que tengo que hacer, pero no sé si tengo fuerza para hacerlo”, querían decir que Ben Solo de verdad quería regresar en aquella escena del VII, pero no tuvo la fuerza necesaria. El Lado Oscuro, simbolizado entonces, en aquel momento, por el sol que se terminaba de consumir, dejándolos en la oscuridad iluminada de rojo de las luces artificiales, fue más poderoso. Pero ahora Ben arroja lejos el sable de luz. Es otra de las escenas más emocionantes de la película, de la trilogía, y de la saga, a un nivel comparable al del sacrificio de Anakin, arrojando al Emperador por el pozo de la torre de la Estrella de la Muerte, en El Retorno del Jedi. Ecos, paralelismos, rimas, resonancias… Una verdadera sinfonía cinematográfica, gestada a lo largo de más de 40 años.

Vemos muchos más de esos ecos. Ya al principio, cuando Kylo Ren llega a Exegol, Darth Sidious dice, palabra por palabra, una frase que le había dicho a Anakin en La Venganza de los Sith, sobre las cualidades del Lado Oscuro, en relación a la posibilidad de alargar la vida de forma antinatural.

Y hay aún otros paralelismos muy hermosos, entre las dos historias de amor, siempre un amor trágico, shakespeariano, la de Padme y Anakin y la de Rey y Ben. Si recordamos el final de la trilogía precuela, es ella, Padme, la que acude a Mustafar (primer planeta que vemos en este Episodio final), donde está Anakin, que ya ha sucumbido a la Oscuridad, y ella termina muriendo. Aquí es Ben quien acude a Exegol, donde ella aún no ha caído en la Oscuridad, pero está a punto de hacerlo. Él también termina muriendo, pero su llegada le da a ella la fuerza que necesita para no ceder a la ira. Luego sucede lo del sable de luz azul, Jedi, con el que por primera vez vemos combatir a Solo, en una escena breve pero maravillosamente ejecutada, Ben Solo, verdadero epítome del caos bondadoso, con ese gesto con que, una vez tiene el sable de Anakin en su mano, parece decirles a los Caballeros de Ren, “bueno, venga, a  ver que podéis hacer ahora, hijos de puta”, con una cierta y cómica chulería, que recuerda un poco al momento “quitarse la gravilla del hombro”, de Luke en el VIII. Aquel Luke que le había dicho, en aquel momento: “Si me destruyes llevado por la ira, siempre estaré contigo”, si nos damos cuenta, es un remedo, paralelo, pero inverso, guiado por el perdón y el amor, y no por la venganza y el odio, a lo que ha explicado antes Palpatine, que si Rey le destruye llevada por la ira, él ocupará su cuerpo.

La danza entre los Episodios VIII y IX se ve también, por supuesto, en la magnífica secuencia de Rey en Ahch-To, a donde huye, espantada por lo que le acaba de hacer a Kylo Ren/Ben Solo, con la intención de quedarse en la isla para siempre, como hiciese Luke.
Y es aquí cuando ya terminas por reírte en la cara de todos esos criticuchos que han querido basar su crítica en un supuesto enfrentamiento entre los episodios VIII y IX. Como vemos, es todo lo contrario, una danza continua entre ambos. Ahora es Rey quien arroja el sable de luz, para deshacerse de él, y es la mano de Luke la que lo evita. Luke que reconoce su error, y le da todo su significado a la forma en que Rian Johnson interpretó el personaje de Luke en Los Últimos Jedi, para lo que no hizo sino reflexionar sobre el porqué de que Luke estuviese autorrecluído en aquella isla, haciendo transitar el argumento, aún a través de su original impronta, de la forma más lógica posible. Porque no hay ejercicios de nostalgia forzados, ni, por ende, “fan service” criticable en Star Wars, para nada en estas películas, para nada en esta última película. Nada que en todo caso sea criticable, tal como muchos, esos mismos imbéciles de los que vengo hablando, han querido ver (y hacer ver a los estúpidos con voluntad débil y sabiduría escasa).
Es en Ahch-To, donde vemos otra escena eco de la trilogía original, con Luke sacando del agua su caza Ala X, justo lo que no pudo hacer cuando Yoda le enseñaba. (iba a decir “en vida”, pero en la filosofía de Star Wars, los fantasmas de la Fuerza están, en cierto modo, más vivos que nunca).

En el final vemos a Rey, llegando a su nuevo hogar, tal es así como nos invita a pensar el título del formidable tema musical de John Williams, “A new home”, en la abandonada vieja granja de humedad de Tatooine, donde todo empezó. Y así el círculo se cierra.

La vemos, en un nuevo eco, esta vez con su primera secuencia en el Episodio VII, resbalar con un trineo improvisado por la arena, lo que es muy significativo: a pesar de todo lo vivido, Rey sigue siendo ella misma. El ser inocente que era al principio, sigue ahí.
Allí entierra los dos sables de luz de los hermanos Skywalker (sembrando quizá la semilla de la cuarta trilogía, que si todo va bien, llegará algún día, en 10 o 15 años), asumiendo su legado, su nuevo título. Su ascenso, en los varios sentidos del término, y por lo que ahora el título, y su traducción al castellano, se nos antojan perfectos. Es Rey Skywalker.
Es un final bellísimo, que me recuerda un poco al de El Hobbit. Porque aunque el hogar es nuevo (relativamente, ya que algo le ha de recordar a Jakku) para ella, no así para nosotros.

A modo de conclusión, podría hablar de muchas otras cosas, pero solo haré mención de unas pocas, como la muy acertada sinergia que se da entre los personajes Finn y Poe, siempre picados entre sí. Este giro en su relación es refrescante y muy acertado, haciéndola más realista y dinámica. Recordemos que entre el Episodio VIII y el IX, al contrario que entre el VII y el VIII, que suceden seguidos, ha pasado un año. Ha sido tiempo de sobra para que las relaciones fructifiquen, para que la confianza dé asco, y torne situaciones como la amistad ideal entre Poe y Finn en algo más tirante y complicado, que se convierte casi en subtrama, a la par que en desahogo humorístico.

A destacar esas palabras que Finn quería haberle dicho a Rey, y lo formidable de la interpretación, por cierto, de todo el elenco principal, que en un mundo menos predecible, políticamente correcto y aburrido que este, tendría su recompensa en los Oscars. Esas palabras que Finn quería decirle a Rey, por más que él sienta una especie de amor hacia ella, no eran algo romántico. Se refieren a la sensibilidad hacia la Fuerza que Finn está notando, sobre lo que él quería preguntarle a ella (y uno de los motivos de los roces entre él y Poe, que para eso es un poco botarate, como lo fue Han Solo).

Otra de las pueriles, y muy mal medidas, nulamente justificadas, críticas que se la ha querido hacer a la película es sus momentos de deus ex machina. Porque todos los personajes que aparecen en la película, aparte de cumplir una función, lo hacen de forma debidamente justificada, y tienen unos antecedentes coherentes con la trama. Es así también para todas las acciones que tienen lugar. Todas tienen su debida explicación, y es una explicación siempre ágil y coherente.

En fin. Una obra maestra, desde cualquier ángulo desde el que se mire. Las críticas obedecen a algo que la propia obra denuncia: la oscuridad que anida en los corazones de muchas personas, de las personas mediocres, de las que tienen miedo, de las que no creen en sí mismas, de las que prefieren destruir y odiar, a construir y amar.

Solo vamos a vivir una vez. Nunca más vamos a volver a estar aquí. Disfrutemos de las cosas que vivimos, en vez de perder nuestro precioso tiempo intentando ponerle peros al árbol que tenemos delante, porque no se parece al árbol prototípico que llevamos en las notas que nos sirven de guía. Y mientras, nos perdemos todo lo impresionante del bosque. Es una actitud que, si se mira con frialdad y distanciamiento, lleva a la compasión. Es decir, esas personas, que en el fondo son INCAPACES, incapaces de disfrutar de una obra como esta, dan pena. Literalmente, dan pena.

En fin. J. J. Abrams y todo el equipo, coguionista, música, fotografía, efectos especiales, productores, empezando por Kathleen Kennedy, han sabido responder de forma sobresaliente al momento que el fin de esta saga atemporal y transcultural demandaba.

Si tengo que elegir mi momento favorito de la película, y he hablado de otros que podrían serlo también, es la muerte de Ben Solo. Aunque es una escena que me entristece, y que para mí simboliza en cierto modo el cierre, el final, la irresolubilidad de lo que se termina, algo muy hondo, está tan bien ejecutada, que es algo digno de volver a ver cuantas veces haga falta.
Ben al final da su vida por Rey, la misma que ella le había dado a él. Es un poder que está unido al vínculo tan especial que los ha unido; curiosamente, en un nuevo y tremendo paralelismo, el poder que quería Anakin, y por el cual se corrompió su espíritu. El de dar la vida a los seres que ama. Pero no todo puede ser perfecto. Ben Solo da la vida a Rey, pero esa vida era solo un préstamo, algo que devuelve, y, por tanto, muere. Y muere después de que se besen, que es, por fin, el beso principal (más allá del beso casto entre Rose y Finn en el VIII), que aún no habíamos visto en esta trilogía, como vimos entre Padme y Anakin en la precuela, y entre Leia y Han en la original. Y es, y esto es maravilloso, desde el punto de vista narrativo, justo en ese momento, la primera y única vez en toda la obra en la que vemos a Ben Solo sonreír. Un instante, por fin, de felicidad. Y es justo en ese instante, cuando por primera vez es feliz, que, en la más terrible de las injusticias, muere. Aunque quizá no sea algo tan terrible, la muerte, dentro de la ficción de la saga, cuando va unida a la Fuerza y al amor. La verdad, si hay algo que me dejó un poco desangelado, más que nada en un primer visionado, no tanto ya en el segundo, fue que el dramatismo inherente a ese momento se sucediese tan rápidamente por la escena subsiguiente. Pero como la subsiguiente es la que termina, y esa desaparición del cuerpo de Ben, transformado en fantasma de la Fuerza, redimido, se produce a la vez que la de su madre, Leia, lo cierto es que no se puede negar la trascendencia y belleza del momento.

Hay otro paralelismo entre las trilogías secuela y precuela, entre Ben Solo y Anakin Skywalker, entre Rey y Padme Amidala: el viaje de Anakin en el amor fue desde la felicidad, aún en medio de una vida atormentada a medida que iba creciendo, a la tragedia, sin encontrar muerte ni redención (hasta que sí se redime por el amor a su hijo). Ben Solo, transita en el amor, en cambio, desde la tragedia y la oscuridad en las que es víctima del mismo que atormentó a su abuelo durante toda su vida, Sheev Palpatine/Darth Sidious, hasta la luz que encuentra en Rey. Para Ben Solo el amor es un camino hacia la Luz, pero para Anakin el camino a la Oscuridad. Con Anakin muere ella, y tiene que ser su hijo el que lo redima, años después. Sus hijos, en realidad, pues es la amenaza hacia Leia la que termina de despertar la ira de Luke que precede a su renuncia a sucumbir al mal. Con Ben en cambio, y se cierra otro círculo, muere él. La felicidad no es posible, o no es plena, como en la vida misma no lo es. Pero eso hace toda la historia más sublime.

No he mencionado nada hasta aquí de Lando, C3PO y Chewbacca, pero qué decir, los tres tienen sus momentos de gloria, y llenos a cuál más de emotividad y de sentido del humor. Momentos más destacados, en el caso de los dos últimos, que en las anteriores partes de la trilogía.

Como huevos de pascua en la película, citaré los cameos más importantes: a un nivel argumental, las naves de las series Rebels y Resistance, la Ghost y la Colossus, están ambas entre la flota de naves que llegan a miles a la batalla (en un remedo de los barcos civiles llegando a asistir en el desembarco de Dunquerque, en la II Guerra Mundial), y a la Ghost, en la que presumimos que está Hera Sindulla, como mínimo, de entre los personajes de Rebels, se la ve también, mucho más claramente, aterrizar en la zona de Reunión, en la celebración de la victoria. También vemos de nuevo a Wedge Antilles, el veterano piloto de la trilogía original.
Y entre los cameos de personas célebres, solo destacaré uno, el principal, y el único que me importa: John Williams, haciendo de cantinero, en Kijimi. Ah, bueno, y que el propio J. J. Abrams es el que pone la voz al nuevo pequeño droide, amigo de BB-8, en la versión original.

Y nada más… ¡y nada menos! Comprenderéis que solo desde la pasión, y el amor hacia algo, se puede llegar a  comprender verdaderamente algo. Es entonces cuando se estudian las cosas. Es imposible llegar a comprender algo que no gusta. Y es una estafa moral e intelectual pretender querer criticar y vender una crítica hacia algo que no comprendes, que no puedes comprender, o hacia algo que odias, quizá porque no puedes comprenderlo.

Más que nunca, desde Smashthehater queremos dejar evidencia de lo estúpidas que son las críticas destructivas hacia las cosas que no se comprenden.

 

Un apunte final. Antes he hablado de la posibilidad de una trilogía de Episodios X al XII, en un futuro. Soy el primero en ser escéptico, por diversos motivos, hacia que tal cosa pueda suceder, pero a la hora de la verdad, encuentro que los motivos para ese escepticismo no son fundados, si todo va bien. Uno de ellos es para mí algo muy importante, y es que ya no estará John Williams detrás de la música. Pero, por más pena que esto me produzca, no deja de ser un prejuicio. Después de todo, el principal en todo esto, George Lucas, tampoco estaba ya para la nueva trilogía, más que como consultor, y en el inicio de ésta. No hay nadie imprescindible, donde haya un equipo brillante de personas dirigido por una voluntad común. Además, aunque no llegó a desarrollar notas para esos Episodios, George Lucas sí llegó a escribir, de su puño y letra, “Episodios X, XI y XII”, en sus notas. Para que tal nueva trilogía suceda solo hace falta que pasen unos 10 o 15 años, para que germinen y crezcan las ganas de ella, y un nuevo y brillante equipo de personas detrás, encargadas de llevarla a buen término.

Mientras, por supuesto, estaremos atentos a las nuevas propuestas de Disney para la lejana galaxia. Ya se han visto conexiones entre la espectacular serie The Mandalorian y El Ascenso de Skywalker (aunque para mi gusto la serie, al menos hasta el capítulo 6, que he visto, es un poco plana, aunque vale, sí, muy bien hecha y sin duda espectacular, y Baby Yoda es una monada).
Muchas ganas también de esa serie de Obi-Wan Kenobi, y de las películas del genio de Rian Johnson para Star Wars. Menos ganas, por mi parte, sobre lo que pueda traerse entre manos Kevin Feige, para este universo, pero en fin, lo veré con expectación y sin prejuicios, cuando llegue.

The Boys

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Vista The Boys, para mi gusto la mejor serie del momento. Aunque el final es puro “cliffhanger”. Y eso, en una serie de tan pocos episodios, es algo negativo, no positivo. Porque a lo que se prestan las series de temporadas de tan pocos episodios es a hacer historias redondas.Y por eso The Boys no es una serie redonda. Es la última vuelta de tuerca al género superheroico, una serie basada en unos cómics que desconocía (no soy fan de los cómics en general), que en la pantalla se convierte en algo fresco y por momentos sorprendente dentro de ese género.

Y desde luego, con ganas de ver más, que es de lo que se trata. Hasta que la fórmula se agote.
Que se agote antes o después, claro, dependerá de lo buenos que sean los guiones de las siguientes temporadas, en si de verdad hay algo que contar, y no es todo una sucesión de violencias sin ton ni son.

Como en toda serie donde el arco argumental de fondo importa poco, como esta, lo importante es que haya personajes carismáticos, de los que quieras saber más, eso, más allá de la novedad que supone en el género, es el punto fuerte de The Boys.
Si se quiere rascar un poco más, y ver en esta serie una metáfora del baile entre la economía, el poder y la guerra, del que se vanagloriaba con terrible cinismo un premio Nobel de la Paz como Henry Kissinger… Pues sí, seguramente podamos comprar eso también. Así que algo de fondo hay, después de todo.

Mención aparte, no he leído nada sobre ello, pero me lo imagino, el controvertido personaje de Profundo. ¿Un violador redimido? La de barbaridades que se tienen que estar soltando de esta serie, solo por eso.
Ojo, no es que el personaje se redima, su historia queda colgada también, como todo en esta temporada. Pero al margen de por donde vayan los tiros en la siguiente, el personaje mola. Y de Patriota no diremos nada. Su actor merece varios premios de esos.

Aprovecho la oportunidad para comentar lo estúpido que me parece que en determinados sitios de Internet se hable de la serie en castellano nombrando a sus personajes en inglés: Homelander en vez de Patriota, o The Deep en vez de Profundo, por ejemplos.
Porque yo pensaba que esta serie se basaba en cómics más de autor, y que en evitar esas tonterías radicaba una de las principales diferencias entre este tipo de superhéroes más realistas y los de los cómics de superhéroes más convencionales. No traducir los nombres en castellano contribuye a desdibujar la perspectiva que se nos pretende dar en esta historia de superhéroes, una como nunca antes la habíamos visto (con el permiso de Watchmen): más cercanos, falibles e imperfectos. Así que el doblaje es tan correcto como estúpidos esos sitios web.

 

“Mientras suenan las campanas”. Por qué no disfrutar las últimas temporadas de Juego de Tronos es de necios.

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Ojo, hay espóilers, para el que no haya visto la última temporada.

Los críticos de Juego de Tronos, mienten. Quieren reivindicar su disgusto, con mentiras sobre la incoherencia en el desarrollo de los personajes y las tramas. Pero tal no existe. Solo es que ellos hubieran querido un desarrollo más previsible y naíf de las cosas.

La gente que se rasga las vestiduras por cómo ha cambiado el estilo de contar las cosas en las últimas temporadas está cayendo en un grandísimo error, y el primero que hay que evitar con las adaptaciones de libros: las adaptaciones al audiovisual NO son los libros, por bien que estén. Por fieles que sean. Son otra forma de contar las cosas.
Primero de todo, los dos libros que quedan, salud de Martin mediante, sí saldrán. Paciencia. En cuanto a la serie, estuvo muy bien y lo sigue estando. No ha hecho más que cerrar todas las tramas en los capítulos que quedaban. Quizá podían haberse extendido alguna temporada más, para no tener que precipitar todo tan rápido. ¿Por qué se ha hecho así?
Por la sencilla razón, y comprensible, de que los libros se acabaron. Mientras Weiss & Benniof (en adelante W&B) tuvieron los libros como cimientos para seguir contando la historia, todo se hacía de forma que parecía una serie rompedora y original.

Esto es así porque los libros en sí lo eran, y la serie respetó muy bien la forma de contar las cosas de los libros, resumiendo, claro, lo que era necesario. Porque para contar las cosas como son en los libros, ya tenemos los mismos libros. El lenguaje audiovisual es otro. Pero es cierto también que en este caso, que servirá de modelo de estudio en el futuro de las adaptaciones de obras literarias a la televisión, ambas, novelas y serie, estaban profundamente entrelazadas. Un vínculo que se fue debilitando a medida que Martin participaba algo menos en el show televisivo, y que se rompió casi del todo cuando ya no hubo más novelas en las que basarse. “Casi”, porque todo lo que vemos en las últimas temporadas, en lo que a la historia respecta, sigue obedeciendo a las líneas maestras que Martin tiene escritas para las dos últimas novelas.

La forma de contar las cosas, mientras hubo novelas en las que basarse, era una trasladada directamente desde ellas, basada en una perspectiva sociológica de los hechos que ocurren en la historia que se nos cuenta. No hay personajes buenos ni malos. Es una novela coral, donde todo son grises, y las acciones de los personajes se nos definen por su sociedad. Por el marco en el que actúan. Cuando se terminaron los libros, W&B debieron de ser bastante conscientes de que no tenían ni el tiempo ni el talento por delante para seguir el mismo ritmo que estaban llevando hasta entonces. Quizá sí pueda criticárseles eso.

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He leído que HBO les dio la posibilidad de alargar la serie hasta las diez temporadas. Pero ellos prefirieron acortar el final. Creo entenderlos. No debemos soslayar nunca el hecho de que ellos NO son Martin.
No eran los escritores de los libros. Por más que Martin ha seguido estando siempre involucrado en la serie hasta el final. Es decir, todo lo que ocurre en la trama y personajes principales, también y especialmente en esta ÚLTIMA TEMPORADA, son las líneas maestras de Martin para lo que leeremos en las novelas.

Todo ocurre de forma coherente a cómo él lo tenía bosquejado. La única crítica que de hecho hace Martin es que la serie debería haberse extendido más temporadas, para terminar de contar las cosas con más calma.
Para ello el propio autor original debería haber seguido estando involucrado como al principio, pero ya no lo estaba haciendo. Participaba menos, ya no escribía ningún guión. Y sin ese grado de participación, simplemente W&B ya no tenían el talento necesario para seguir el ritmo. Pero que no tuvieran ese talento, el talento de escritor de Martin, no significa que no conservasen los otros talentos que ya tenían, como creadores audiovisuales.

Así, la serie cambió su forma de contar las cosas, desde esa perspectiva más original, sociológica, de definir a los personajes por su marco, a una más tradicional, la típica del lenguaje televisivo, más psicológica, interna de los personajes, que era la única forma en que W&B sabían y podían terminar lo que habían empezado.
En cierta forma, podría decirse que los productores fueron devorados por el éxito de la serie, puestos ante el abismo de la falta de continuidad en forma de novela.

Cambió la forma, pero nunca el fondo.

Es ese cambio lo que sacude al fan típico de la serie. Pero, si somos capaces de sobreponernos a ese cambio casi obligado por las circunstancias, todo lo que se nos cuenta es coherente con todo lo que habíamos visto en todo el drama. Los giros en la trama. Principalmente el del personaje de Daenerys, estaba anunciado desde el principio (ni inmutarse por la forma terrible en que muere su hermano, por muy cabrón que fuera, la endiosada visión de ella misma que fue adquiriendo…) Nunca fue malvada, ni siquiera al final. Su personaje solo siguió los pasos lógicos que Martin siempre tuvo pensados para ella. Lo que le chirría a algunos fans es que esos giros en la trama se hayan contado desde la nueva perspectiva psicológica, a la manera tradicional.
Eso hace que los giros puedan parecer forzados, cuando no lo son. Son perfectos. Solo están contados de una manera más tradicional. Y necesariamente más resumida. Creo que sería un gesto de madurez y de agradecimiento, ser capaces de disfrutar igualmente la serie.

Por todo lo que fue, y por la forma en que concluye de forma brillante, siguiendo ni más ni menos que las líneas maestras de Martin. Que él mismo lo ha dicho. Lo que suceda en los libros será esencialmente lo que hemos visto. Solo que los libros seguirán contándolo desde una perspectiva sociológica, sin prisas, con todo el tiempo del mundo. Y por eso seguirá siendo muy interesante leerlos. Para comprender mejor, quien no lo haya hecho (yo, y mucha más gente, sí), por qué pasa lo que pasa.
Que han abusado de trucos televisivos, al final, sí… Pero para mi gusto, si pasamos por alto esas cosas, la historia no se resiente, y para mí eso es lo más importante. Me parece precioso el final de la casa Lannister. Redimidos en el mismo amor que en parte lo precipitó todo.

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Lo de Arya y el Rey de la Noche, puede parecer un poco deus ex machina, pero, una reflexión: los Caminantes Blancos fueron una creación de los Hijos del Bosque, para lanzar contra los salvajes humanos que talaban sus bosques sagrados… Como tal creación pusieron en ella una salvaguarda. El vidriagón. Y el acero valyrio. Así, no deja de ser realmente muy simbólico, cuando el asunto se les va de las manos (durante mucho tiempo), que la hermana de aquel que poco a poco ha ido conociendo y heredando el poder del los Hijos del Bosque, convertida en una asesina letal, por su propio camino, sea la que ejecuta la salvaguarda. Si se ve la serie con detenimiento, todo sucede de forma extraordinariamente coherente, sin que importe para ello que haya habido un cambio de estilo narrativo. Ese era otro final pensado desde el principio por Martin. Arya estaba destinada a matar al Rey de la Noche.

No es que W&B hayan hecho en ningún momento lo primero que se les haya ocurrido. Muy al contrario, han sido siempre, hasta el final y las últimas consecuencias, meticulosamente fieles a las líneas maestras que les fueron dichas por el propio George R. R. Martin. La diferencia solo está en el cambio de ritmo y estilo que han imprimido, forzados por las circunstancias, a las últimas temporadas, en las que tan solo quedaba ver los desenlaces de todas las tramas tan magníficamente expuestas antes. Y sí, una vez asumidas las causas, creo que es de NECIOS regodearse en las cosas que están mal o que podrían haber estado mejor, en vez de disfrutar de la historia. Entendiendo además que gran parte de las críticas no se basan en racionalización alguna, como la que he expuesto aquí, sino en meros caprichos de niño chico porque las cosas no pasan, ya sea con los personajes o las tramas, como a esos niños chicos les gustaría que pasaran. Hay gente que simplemente no era el tipo de gente preparada para ver un drama tan crudo, que ataca a los creadores de la serie solo porque no son capaces de digerir el cambio en Daenerys. No tanto porque esté mal contado, sin siquiera poder ser justificada por el cambio de estilo, esa contrariedad, sino que sencillamente no son capaces de digerirlo, y atacan a W&B, como lo habrían hecho con Martin, de haber leído primero ese cambio de Daenerys en los libros, de haber estado ya escritos. Cuando en realidad, si se ve la serie y se leen los libros escritos con detenimiento, ese cambio es una consecuencia, la única posible, a todo su comportamiento previo. Un arco de transformación de personaje presente en la mente de Martin desde el primer libro. Con el personaje de Daenerys hemos sido testigos desde el principio, como un eco, evocado con muchas y sutiles pistas, del regreso de un rey, una reina Targaryen, tirana y terrible.

Sabia medida de toda persona que se adentre en los paisajes inciertos de una obra de ficción, más si es de fantasía, es dejar atrás las vanidades, apariencias y presunciones del mundo real.

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La historia siempre ha sido un camino no complaciente, pocas veces amable, hacia la infelicidad, y por ella, a la ataraxia. Un periplo hacia sentimientos y pasiones que anidan en los más oscuros recovecos del alma humana, iluminados por los claros y luces de un complejo mundo de fantasía oscura. Y eso lo fue al principio, lo fue en el medio, y lo ha sido al final, independientemente de cómo se nos haya contado, antes, y después de que lo ya escrito en las novelas cimentase o no lo que vemos en la serie.

Juego de Tronos es un todo coherente; una obra televisiva brillante por sí misma, y digna de estudiarse en clases de audiovisuales durante los años por venir. (Y me gustaría aclarar en este punto dos cosas sobre mí: una, que soy de los pocos que compró la primera edición del primer libro de Canción de Hielo y Fuego, Juego de Tronos, nada más ponerse a la venta, a principios de este siglo, unos cuantos años antes de que la mayor parte de la gente conociese de la existencia de Poniente por medio de la serie. Otra, que soy técnico superior en Realización Audiovisual. El tema de la escritura de guiones y escaletas no me es del todo ajeno).

En definitiva, creo que si dejamos de cabrearnos porque los árboles no nos dejan ver, de pronto volveremos a ver el bosque, que es la historia que se nos está contando. Y pese al cambio de paradigma en la forma de narrárnoslo, la historia en sí sigue siendo magnífica.
Porque además, si persistimos por este camino, de dejar que la dictadura de las Redes Sociales mande sobre lo que las grandes compañías deciden sobre lo que hacen o no hacen sus creadores, al final saldremos perdiendo todos.
Ahí tenemos ahora la paradoja, bastante absurda, de Disney prefiriendo a Weiss & Benioff para hacer la siguiente película de Star Wars para 2022, en vez de la primeramente anunciada, de Rian Johnson, por miedo a que las exacerbadas (y totalmente injustas) críticas a Los Últimos Jedi pudieran ser perjudiciales, y ahora se encuentran con que W&B están siendo tanto o más vilipendiados que RJ.
Al final, la forma de comportarse de la gente en las Redes Sociales no varía mucho de la de ninguna masa de gente, de la de la chusma en las gradas del anfiteatro romano, pidiendo alegre y caprichosamente la muerte, con el pulgar hacia abajo. Seguramente porque ninguno entre esa chusma entiende ni de lejos lo que significa luchar en la arena.

En cuanto a la parida de que fallen en estrategias militares, es una de las más infantiles críticas que he podido leer a esta última temporada. Ya ves, como si no pudiese atacarse por lo mismo a prácticamente cualquier batalla planteada en prácticamente cualquier libro de fantasía jamás escrito, o serie jamás vista. Que no, que a otros de mentalidad más débil, con esas monsergas, señores. Que lo que pasa es que os jode que las cosas no pasen como a vosotros os gustaría que pasaran, y usáis eso de base para, bajo las premisas que he explicado en este artículo, que sí son ciertas, y están razonadas, atacar sin ton ni son a aquello que de pronto se ha convertido en objeto de vuestra animadversión.

Atacan a la serie como un amante despechado, de forma injusta.

Si se quiere ver con amabilidad, sobre todo, con imaginación, todo tiene una posible explicación. Si nos vamos al extremo opuesto, en el que criticamos todo lo que vemos, todo puede explicarse como que está mal. Pero si en el primer caso la imaginación era un digno acicate, la falta de esa imaginación, que alienta la crítica negativa del espectador pasivo, no lo es en absoluto. La crítica negativa por sí misma, nunca aporta nada bueno, ni constructivo.

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Para terminar, vuelvo sobre el personaje de Daenerys, principal foco del cambio incomprendido en la trama, y de las críticas infantiles e injustas que está recibiendo la serie, y que no se explican solo por el cambio de modelo narrativo, sino, básicamente, porque las cosas no pasan como a muchos  les gustaría que pasaran; y desahogan su frustración con rabietas de niños pequeños.

De hecho, el porqué del comportamiento de Daenerys se explica perfectamente. Su desequilibrio, desencadenado por las circunstancias, como toda enfermedad mental latente, explota cuando se da cuenta de que incluso en la victoria, no la amarán. Lo amarán a él, Jon Nieve, que por el destino resulta ser el legítimo heredero, Aegon Targaryen. Y lo que en una novela de fantasía al uso sería algo pródigo y feliz, aquí es una nueva condena. Un nuevo giro aciago de los acontecimientos. Por eso ella le suplica que lo guarde en secreto. Y él falla, al mostrase incapaz, precipitando el desequilibrio. La tragedia ya había sido anunciada de forma sutil pero poderosa, en las miradas de ella hacia él, en la celebración por la victoria sobre los Caminantes Blancos, en el Gran Salón de Invernalia.

Yo creo que la gente que se lanza rápida a la crítica, tiene el defecto de dejarse convencer MUY rápidamente por tres o cuatro que empiezan a lanzar sus diatribas en las Redes y que enseguida producen un efecto avalancha, del que muchos no saben, o no quieren, apartarse.

Pero es perfectamente comprensible que en esa epifanía de desamor, revelación y odio, mientras suenan las campanas, surja un arrebato en Daenerys que la haga comprender que solo esquilmando Desembarco pueda quizá generar un nuevo orden de las cosas, uno cruel, sí, nacido de la tiranía. Pero uno en el que ella pueda ser reina, aunque eso la enfrente con su despechado amor. El odio por darse cuenta de que ella jamás será querida, a la vez que es consciente del sacrificio que esa guerra ha supuesto para ella en dos frentes: dos dragones, y su más fiel servidora… Que pese a todo solo será vista no como una salvadora, sino como una extranjera, por la forma de ser abiertamente xenófoba de los norteños en particular y de la población de Poniente en general. Todo eso, unido a ese desequilibrio del que hemos sido testigos desde el principio, y que tiene algo de genético: su actitud impertérrita cuando matan cruelmente a su hermano, por cabrón que fuese, sangre de su sangre; cuando se traga el corazón, completamente ida; cuando quema a diestro y siniestro cuando no se someten a su endiosada voluntad, construida sobre profecías y brujerías; con un niño muerto en su vientre con deformidades monstruosas;  su esposo enajenado… Sobre todo, porque salió viva del fuego, con tres crías de dragones, que se creían extintos. Porque ¿quién, en unas circunstancia tales, tan duras, no va a creer en su propio mito y a endiosarse, perdiendo gran parte de la perspectiva humana de las cosas?

Todo eso, estaba ahí. Y por todo eso, en ese momento de infinita duda y angustia, da un giro a su destino, al de todas las cosas, y explota, y quema toda la puta y condenada ciudad de mierda. El tañido de las campanas no traía la salvación, sino la muerte.

 

EDITADO: Unas últimas palabras, tras el final de la serie:

Destrozado, entre la tristeza y el vacío que preceden a la ataraxia. Acabo de terminar de ver Juego de Tronos.
No diré que las cosas hayan pasado como a mí me gustaría que pasaran, pero no por ello negaré la gran obra que ha sido. Una que se eleva definitivamente, en mi sentir de estas cosas, al mismo lugar de El Señor de los Anillos, y de Star Wars.
No haré tampoco ningún espóiler. Para eso aún es pronto, hoy. Pero comentaré, con cuidado, algunos detalles.
La historia concluye a la mitad del capítulo final. Toda la otra mitad es el epílogo. No quise ver venir ese final, porque deseaba tanto lo que por fin parecía que iba a suceder, que me daban igual las consecuencias.
Pero hubieran sido muchos más dolores y más guerras. Demasiados para un final. En realidad, si no fuese por la tristeza acumulada y, sobre todo, por esa última muerte, que por ser la última es la más dolorosa, estaríamos ante un final feliz. Quién lo iba a decir…
Pero lo diré más tarde. Es esa sensación de irreparable pena por la pérdida la que te susurra al oído, de forma cómplice, que acabamos de vivir una gran historia, una que quebranta el corazón casi tanto como aquel momento de la despedida de Gandalf y Frodo en los Puertos Grises.
No tanto por los hechos que han sucedido mientras leíamos, o veíamos y escuchábamos, sino por saber que ya no habrá más de esos hechos, y que los personajes se diluirán ahora en la memoria, hasta que la historia empiece de nuevo.

 

Y recordad que si sentís un vacío como yo, por el final de la serie, y ya habéis leído los libros de Martin, hay otra saga, en la que se basó Martin para escribir la suya, que tiene mucho de ese sabor a Poniente dentro de sí. Memory, Sorrow and Thorn, de Tad Williams.
Traducida en España como Añoranzas y Pesares, actualmente descatalogada en nuestro idioma, la saga triunfa en otros idiomas y, 30 años después, la trilogía original continúa, con nuevas historias…
De hecho, George R. R. Martin introdujo un “easter egg” en sus novelas, en homenaje a dos de los principales personajes de la saga de Tad Williams.

Cuando la leí, hace ya muchos años, quizá demasiados, la de Williams fue una de las primeras obras que me impulsó a querer ser escritor.

 

 

Reseña, Spiderlight, Adrian Tchaikovsky

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Anoche terminé Spiderlight. Un libro sin saga, autoconclusivo, que se sustenta sobre el argumentario de las típicas novelas de fantasía a lo D&D. Pero seguramente mejor, más divertido, y más profundo…

Una reflexión sobre la luz y la oscuridad, sobre el bien y el mal, que nos demuestra que el mundo es un lugar lleno de grises y que una visión maniquea del bien y el mal es algo rayano en la locura.

Tchaikovsky lleva a cabo un worldbuilding muy básico, que se limita a jugar con unos pocos elementos esenciales del imaginario tolkiniano y los descoloca al meter en medio una pieza nueva, alrededor de cuya perspectiva, de los demás sobre ella y de ella sobre sí misma, gira todo.

Esa pieza es una desdichada araña, que se ve obligada por las circunstancias a vivir como hombre. La firma de todas las novelas de este autor de las que yo tengo conocimiento, arañas e hibridación entre lo humano y lo arácnido o lo insectil.

Son elementos que introducen siempre un toque original en la fantasía y ciencia ficción de Tchaikovsky, no solo en la forma, como vemos en Spiderlight, genial título que resume de forma magistral las intenciones del autor en una sola palabra, es decir, también en el fondo.

Seguramente algunas cosas en la novela sucedan solo para servir a la trama principal, que es prácticamente la única de la historia, sin que el autor se rompa mucho la cabeza con ellas. ¿Hace eso que la novela sea peor, que lo sea su propósito? Para nada.

He de decir que me extrañó algo el uso de la puntuación, de las comas, en la novela, primera que leo de este autor. Imagino que es cosa de su forma de escribir, y no de la traducción…

Pues eso. Una lectura de fantasía muy recomendable, poco más de trescientas páginas que, si tienes un poco de tiempo, se leen casi de un tirón.

El libro lo edita en español Alethé… (No es esta portada).

Yo le daría un 4 sobre 5.

 

Por favor, más cosas de este hombre en nuestro idioma.

Star Wars Celebration 2019, El día después.

 

THE CLONE WARS.

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La serie animada de Lucasfilms fue creciendo temporada a temporada, descubriendo en el director del largo con que se presentó en cines, Dave Filoni, supervisor y alma máter de toda la serie, a uno de los creadores de contenidos más importantes, quizá el que más, del presente de Star Wars al margen de las películas. Especial mención merece su personaje de Ahsoka Tano, la joven padawan de Anakin Skywalker, cuyo rol fue evolucionando desde su descarada, chispeante y renovadora primera aparición, descubriendo resortes del alma de Anakin a veces insospechados, hasta convertirse por derecho propio en el personaje no nacido de la acción real más importante de toda la saga (con el permiso del almirante Thrawn). Por tanto, no es de extrañar que prácticamente todo en torno al panel de The Clone Wars en esta SW Celebration haya girado en torno a Ahsoka. Ahsoka es The Clone Wars. Una serie que había sido cancelada por Disney para dar inicio a su propia serie, Rebels, pero, muy sabiamente, manteniendo a los mismos equipos de trabajo que había fichado George Lucas, las cabezas pensantes de la compañía tuvieron el acierto de rescatar The Clone Wars, presentando su nueva temporada, destinada a ser una de las demandas estelares para los fans de la saga (entre cuyas generaciones más jóvenes la joven Jedi togruta arrasa), en su nuevo canal de streaming, Disney Plus.

Yo no podría decir qué serie me gusta más, si The Clone Wars o Rebels. La confianza depositada en Dave Filoni fue tal que para Rebels le dejaron construir ya no solo un personaje nuevo, como fue Ahsoka, sino todo un grupo, que ha rellenado de forma magistral huecos vacíos del legendario de Star Wars, hasta el punto de servir de elemento de unión y cohesión de la historia, entre las distintas trilogías y películas. Tan es así que una de las cosas que a mí particularmente me parecen más interesantes de Rogue One es el hecho de que aparezcan huevos de pascua de la serie Rebels, como el droide Chopper (el droide más hilarante y carismático de Star Wars para mi gusto) o la nave del grupo, la Ghost (Fantasma), que podemos ver en la batalla final sobre Scarif.
Pero sobre lo que estos detalles significan, y en consonancia con todo lo que acabo de escribir, hablaré ahora mismo. Baste señalar que volvemos a ver a Ahsoka en Rebels, como una de las apariciones estelares en dicha serie, ya adulta, haciendo crecer aún más el atractivo, el carisma, el misterio que en buena parte emana de la inextricable pero controvertida y dolorosa unión a su maestro, Anakin, que siempre la rodean.

Me gustaría señalar, para concluir esta parte, y más que nada para el lector o fan ocasional, que nunca haya dado una oportunidad a los dibujos de Clone Wars o Rebels, que estas series son más que dibujos animados. Cumplen en la saga más bien el rol de los buenos cómics o novelas. Sus personajes cambian, evolucionan, se enfrentan a circunstancias tan dramáticas como las de las películas o novelas, y pueden perfectamente sufrir, o, incluso, morir.

 

THE MANDALORIAN

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O El Mandaloriano, como será lógicamente traducida al castellano. Aunque durante el panel de presentación tuvieron el poco tacto de no dar en streaming los adelantos en forma de metraje y making of, estos se filtraron rápidamente (si sabéis buscar en YT, ahí están) y hemos tenido la oportunidad de confirmar cosas que ya sospechábamos. Desde luego, yo las sospechaba. The Mandalorian va a marcar un hito en Star Wars. No solo por ser la primera serie de acción real de la franquicia, sino también por la calidad con que se ha producido y rodado. A un nivel de las películas. Nos contarán una historia ambientada unos cinco o seis años después de los hechos narrados en El Retorno del Jedi, siendo todo nuevos personajes. Por lo que se nos contó, la serie tendrá un aire de western y cine de samuráis de Kurosawa, es decir, esos mismos elementos que inspiraron a Lucas para dar forma a Star Wars en los años setenta. En cierto modo, podemos considerar The Mandalorian como un regreso a los comienzos de Star Wars, pero desde una nueva perspectiva más moderna; más expeditiva, violenta y oscura. Más en la línea de lo que nos ofrece la serie que en buena medida ha marcado el estilo a seguir, Juego de Tronos.

El personaje protagonista, el mandaloriano, del que aún no sabemos su nombre, es un héroe poliédrico, lleno de oscuridades, de conductas criticables, pero, en la mejor tradición de El Jinete Pálido, y de otros papeles de Clint Eastwood, al que el propio Pedro Pascal nombró como referencia durante la presentación, en el fondo honorable. Un personaje que se irá forjando y cambiando, sin duda, a medida que transcurran los acontecimientos, y que irá juntando a una pequeña tripulación que formará parte de una carismática nave, la Razorcrest. Y digo carismática por su forma, que me hace evocar algo a la Serenity de Firefly, y por la forma en que le han dado vida, haciendo uso de maquetas en la mejor tradición de las primeras películas de Star Wars (aunque sin renunciar a las nuevas técnicas, por supuesto).

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Detrás de The Mandalorian, aparte de un presupuesto al nivel de Juego de Tronos, hay un equipo humano excepcional, entre los que destacan los directores Taika Waititi, Bryce Dallas Howard y el mismo Dave Filoni de las series animadas, que es además productor ejecutivo, junto al alma máter de esta serie, que también guioniza, el John Favreau de Iron Man. Ahí es nada.
Porque ahora podemos hacer cuentas, sumar dos más dos y especular con la apasionante posibilidad de que personajes que nacieron como dibujos animados (que nacieron, al fin y al cabo), se conviertan en personajes de carne y hueso, interpretados por actores reales. Ya el magnífico cartel que ilustra las diferentes partes de la saga, incluidas las series, presente durante toda la Star Wars Celebration, incide en esta posibilidad, al mezclar por igual a todos los personajes de la saga, sin importar en qué formato, de qué forma fueron concebidos artísticamente. En ese mega-cartel podemos hacernos una idea de cómo luciría Ezra si de repente lo viésemos aparecer en una futura temporada de The Mandalorian. Por no hablar de Ahsoka. La época es ideal para ello. Cinco años después de la Batalla de Endor.
Es una época por sí misma muy interesante, sobre la que nunca antes se nos había contado nada. Reina el caos entre las desbaratadas líneas del Imperio. La caída de una forma de gobierno opresora y totalitaria, y el descontrol que se produce en media galaxia, más en las partes más recónditas, desinhibe a bandas de piratas, gansters y criminales, que campearán a sus anchas. Es, sin duda, una época necesitada de héroes. Una época para que entre los mandalorianos surja uno de esos héroes. Recordemos además los problemas sin resolver que se daban en la sociedad mandaloriana, que vimos en Rebels, y al personaje de Sabine Wren, la mandaloriana, que, estoy seguro, veremos antes o después en esta serie.
Aunque sin duda The Mandalorian será apasionante de ver por sí misma, el hecho de que Filoni sea productor ejecutivo, e incluso dirija algún capítulo, deja muchas puertas abiertas a la irrupción de personajes sorprendentes, tanto viejos como nuevos.

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Debo apuntar mi inquietud hacia en qué momento podremos disfrutar tanto de The Mandalorian como de la nueva temporada de The Clone Wars en España, dado que si bien el canal de Streaming Disney Plus se estrena a finales de otoño, esa fecha parece ser solo para los Estados Unidos y poco más, teniendo que esperar en Europa hasta 2020. No sé, por tanto, si deberemos esperar a 2020, o habrá otra forma de ver estas series en condiciones antes, por medio de la cesión de derechos por parte de Disney mientras tanto a otras plataformas, para su distribución en Europa.

 

JEDI FALLEN ORDER

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Me detendré menos aquí. Soy poco jugador de videojuegos, hace años que ninguno me engancha (el último, la trilogía de Mass Effect), y en particular, hace más de diez años que ningún videojuego de Star Wars me atrae. La gestión por parte de EA de los videojuegos de Star Wars ha sido nefasta. En su día disfruté de lo lindo de los KOTOR y Jedi Academy, y ya. Pues bien, debo decir que Jedi Fallen Order, desarrollado por Respawn, tiene una pinta muy, muy buena. Tanto que me recuerda muy poderosamente al concepto de aquel Jedi Academy, pero claro, modernizado. Un juego como los que yo busco, que por fin se deje de monsergas de multijugador y micropagos de mierda, para centrarse en contar una buena historia, lo más parecido a vivir una película en forma de videojuego.
En el juego seremos un joven Jedi en la época inmediantamente posterior a la ascensión del emperador Palpatine, que intenta pasar inadvertido, hasta que, por pasarse de bueno, lo descubren y empieza su particular periplo.

Se le está criticando al videojuego el hecho de que el protagonista no pueda customizarse (no sé si cambiarán, o podrá cambiarse eso) y que sea el típico joven blanco hetero. Bien, aunque a mí también me gustaría que hubiese customización, si ves los making of del videojuego, con un actor de verdad, contratado para dar vida al protagonista, puedo comprender el concepto, y respetar que no haya tal customización. Si de lo que se trata es de vivir una nueva historia de Star Wars, desde la perspectiva interactiva del protagonista que permiten los videojuegos, una que incluso podrá considerarse como canon en lo que te cuente, y en la que pueden aparecer personajes de la saga… lo cierto es que entiendo la decisión de Respawn. No digo que la aplauda, pero la entiendo, y la respeto. Lo jugaría igual, aunque el protagonista fuera una mujer lesbiana de rasgos afroamericanos, por poner un ejemplo. En fin, Jedi Fallen Order será, muy seguramente, el primer videojuego que juegue en mucho tiempo, estas navidades.

 

THE RISE OF SKYWALKER

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Qué decir. Soy, no solo un gran fan de Star Wars en general, sino también un gran fan de la trilogía secuela en particular. Me emocioné viendo este primer tráiler. Me volví a emocionar viendo las reacciones de la gente al tráiler.

Para mí el tráiler tiene dos partes, la realmente emocionante, la secuencia de Rey en el desierto ante la llegada del caza estelar de, presumimos, Kylo Ren, que nos vuelve a mostrar a Rey como ese ser producto de la Fuerza en cierto modo emparentada con Anakin, pero no por ser una Skywalker, sino por provenir, quizá, de la misma fuente de concepción (Darth Sidious). Y ojo, esto no es un espóiler, sino lo que yo creo, y explicaría tantas cosas de su poder inusitado. Por supuesto, puedo no acertar. Pero eso lo explicaría todo, incluido que sus padres fueran nadie.

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Luego vemos una sucesión de escenas a cual más interesante, como la persecución por el planeta desértico al esquife donde van Poe, Finn y C3PO, que evoca tan buenos sabores de El Retorno del Jedi.
Especialmente interesante es la escena con Kylo Ren, a cara descubierta, en un bosque nevado teñido de la luz roja de su espada, arremetiendo contra lo que algunos especulamos que podrían ser Caballeros de Ren. Si esto fuera así, es una situación extraordinariamente interesante, que deja abierta la puerta a muchas especulaciones. La principal, y más atractiva para mí, claro, la posible redención de Ben Solo. En ese momento va ya sin el casco, ese que justo en la escena siguiente vemos como alguien (quizá una criatura de los bajos fondos a la que recurre el actual Líder Supremo; quizá una criatura de una raza esclavizada por la Primera Orden) le reconstruye. Y creo que el tiempo en que se suceden estas escenas es inverso, y que la escena de la reconstrucción del casco sucede antes, y la escena del bosque después. (Porque menudas tonterías lee/ve uno por ahí especulando sobre estas escenas; madre mía). Es notable que en la primera película Kylo se quitó el casco a petición de Rey y de su padre, Han. En la segunda se lo quitó por la vergüenza por la burla del pérfido Snoke. ¿Podría ser que esta vez se lo quite él mismo, por su propia voluntad? ¿Qué circunstancia llevará a Kylo a quitarse el casco esta vez? Parece una cuestión secundaria, pero quizá no lo sea.

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Si efectivamente, esa escena nos mostrase a Ben arremetiendo contra Caballeros de Ren, podemos imaginar, casi sentir perfectamente ese momento culminante en el drama, casi de arrebato, en el que una nueva música de John Williams nos conmueva profundamente, mientras en Ren se desata su reprimido lado luminoso. Pero, claro… ¿matando? Puede ser que no sea así; puede ser que no quieran haber dejado traslucir algo tan aparentemente evidente, ya desde el primer tráiler. Pero puede ser que sean tiempos nuevos, y que esas muertes estén justificadas dentro de la trama, por supuesto. (Por cierto, ya vimos a Kylo Ren atravesando con su sable de luz a alguien, que bien podría ser un Caballero de Ren, en la visión que tuvo Rey en El Despertar de la Fuerza; una visión que, mezclada con otras del pasado, bien podría ser del futuro… de los hechos que veamos en El Ascenso de Skywalker -si finalmente se traduce así en España-). En cualquier caso, también es posible que estos tipos contra los que carga Kylo Ren en esta escena no sean Caballeros de Ren, sino miembros, o posibles aliados, de la Resistencia. (Mi gozo en un pozo).

EDITADO, a 25 de abril: El personaje contra el que arremete Kylo Ren en esta escena de arriba no es un Caballero de Ren. Parece más bien que son alienígenas de ese planeta, y seguramente de la misma especie que el de la mano peluda que sale reparando el casco de Kylo.

En cualquier caso, si Kylo Ren se redime, yo creo que el título, que simbolizará más de una sola cosa, evocaría sobre todo el regreso de Ben Solo. De Ben Solo Skywalker.

Otro de los momentos más emocionantes es el abrazo entre Leia y Rey, todo un crisol de emociones entre la fantasía y la realidad.

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Y paso a hablar de la escena final, de esos restos de la Segunda Estrella de la Muerte, sobresaliendo de un mar oscuro y agitado. Y cuando nos vamos a fundido a negro, la siniestra risa del emperador Sheev Palpatine: Darth Sidious. El que, por supuesto, durante toda la saga, durante las tres trilogías, las nueve películas, ha manejado los hilos.

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Pistas tenemos durante toda la saga, especialmente lo que se dice en La Venganza de los Sith, reforzado por especulaciones que surgen de leer algunos de los comics de la actual serie de Darth Vader, del canon oficial, sobre la obsesión de Palpatine, con la que seduce y corrompe a Anakin, de sobrevivir a la muerte. Es un tema recurrente, principal en la saga, que aquí cristaliza, por fin, en lo evidente. Muchos fans especulábamos con que Palpatine regresaría en el IX, y no por ello, debo decir, me sorprendí menos viendo este primer tráiler. Chapó para los responsables.  Me pareció medido, emocionante. Magistral. No se podía sugerir tanto y tan bien en menos tiempo.

Debo señalar que tengo el libro oficial del arte de Star Wars, El Despertar de la Fuerza, y entre sus muchos y variados conceptos artísticos para la película, hay bastantes que terminaron por no usarse. Entre ellos varios en los que aparece Rey buceando, llegando a los restos sumergidos de la Segunda Estrella de la Muerte. Hay varias alternativas de concept art sobre ello. En otra se ve al Halcón Milenario sumergido, llegando a la torre caída del Emperador, aquella en cuya cima tiene lugar la lucha final entre padre e hijo en El Retorno del Jedi, antes de que la titánica estación espacial sea destruida y sus restos caigan sobre un mar de lo que puede que sea Endor, u otro planeta o luna de aquel sistema. Misterios aguardan en esa torre, por la que, en su último acto, Darth Vader arrojó a su maestro del Lado Oscuro, redimiéndose. ¿Veis la rima? En el Retorno del Jedi, el Jedi que retornaba no era Luke. Era Anakin. Es una rima preciosa, si el “Skywalker” del Episodio IX se refiere a Ben Solo Skywalker.

Parece ser que el macguffin del guión de El Ascenso de Skywalker tiene que ver mucho con esa búsqueda, y con la memoria de cierto droide…

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En fin, por los hechos que hemos visto este fin de semana en la Star Wars Celebration, con momentos muy emocionantes durante la presentación de la película, por parte de Kathleen Kennedy, J. J. Abrams y algunos de los actores, muy emocionantes, sobre todo, las partes de Billy Dee Williams, Kelly Marie Tran e Ian Macdiarmid, así como por las declaraciones del propio director, la presencia de Palpatine en la historia es segura.
También me gustaría destacar lo satisfecho, más bien entusiasmado, dentro de la humildad que le caracteriza, que se ha mostrado Abrams respecto a la idea de haber reunido en esta historia a todos los personajes principales, y de la especial sinergia que hay entre todos ellos.
En verdad dan la sensación de haber hecho algo muy especial. Eso es lo que nos han querido transmitir este fin de semana. Que El Ascenso de Skywalker puede ser el broche de oro a más de 40 años de historia del cine, en forma de esos sueños del futuro que simboliza Star Wars. Hasta que podamos verlo, que la Fuerza os acompañe.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por qué pronto dejarás de usar (solo) Netflix.

Nadie va a negar a Netflix su carácter pionero, y, por tanto, actualmente hegemónico. Pero una vez mostrado el camino, la competencia hará que su importancia vaya diluyéndose.

Mis razones para pensar esto son esencialmente pragmáticas y se basan en la cantidad de proyectos en los que estoy interesado, siendo que muy pocos de esos proyectos se emitirán en Netflix, sino que Netflix solo será una más de las plataformas en cuyos proyectos estaré interesado. Por citar los más importantes:

Stranger Things y Black Mirror, en Netflix. (A los que habría quizá que añadir Star Trek Disvovery y The Expanse, si las sigue emitiendo Netflix para Europa).

Juego de Tronos y sus precuelas, todas en HBO.

Las series de Star Wars en acción real, así como, en un futuro, todas las películas de Star Wars y de Marvel, en Disney Plus.

La serie de El Señor de los Anillos, en Amazon Video.

Origin, una fenomenal serie de ciencia ficción, y su más que probable segunda temporada, amén de otras nuevas series, en Youtube Premium.

La serie de La Fundación de Isaac Asimov, en Apple TV.

Por no hablar de sitios especializados, como por ejemplo Filmin, en cine clásico, plataformas especializadas en anime, etc…

Si habéis llevado la cuenta, se trata de SEIS plataformas distintas, en todas las cuales habrá proyectos que, en la medida de lo posible, Yo no querré perderme.

Si quiero mantener la suscripción de todas ellas, saldría la escalofriante cifra de unos 80 o más euros al mes. Algo que quizá puedan permitirse los bolsillos de los más ricos, pero no el de la gente con una economía “normalita”.

En este panorama ¿Por qué priorizar Netflix sobre otras, o, en todo caso, dados mis gustos, por qué priorizar Netflix sobre Disney Plus, sobre todo?

Van a ser demasiadas plataformas y demasiadas cosas que querer ver. Y ojo, vamos a querer optimizar no solo nuestro dinero, sino también nuestro tiempo.

¿Por qué vamos a querer seguir manteniendo el pago a Netflix como el estándar de facto? Yo, al final mientras he pagado a Netflix, apenas lo he usado nunca. Solo para ver cosas que me interesaban de verdad, lo cual, en todo el tiempo que lo he pagado, se reduce a Stranger Things, Black Mirror, Dark, The Expanse, Discovery… y MUY POCO más. Y por eso he pagado Netflix mes a mes durante dos años. Con poca competencia, eso puede admitirse. Pero cuando tenga que pagar también HBO por ver JdT, y cualquiera de las otras series que me interesen… no. Vamos es que ni de coña. Llega la era de priorizar los productos que queremos disfrutar de las diferentes plataformas.

Priorizar nuestro dinero, y, quizá más importante incluso, priorizar nuestro tiempo.

En este panorama a mí me viene a la cabeza la necesidad de una app, o algo así, dedicada a la gestión de productos audiovisuales que se ajusten de forma inteligente a los gustos del consumidor, y que nos recomienden series ofertadas de deternimados géneros que nos gusten más, priorizando el gusto por ese tipo de productos y de series por encima de la fidelidad a una u otra plataforma. Se trataría de una suerte de plataforma de plataformas, o agencia de distribución de diferentes contenidos en orden a los gustos de los usuarios. En fin, volviendo al origen, es como cuando íbamos a un videoclub, y alquilábamos la película que más nos gustaba, y no solo las de Warner Bros o Twenty Century Fox.
Se hace necesario una especie de “Netflix de netflixes…”

Mientras, yo tengo claro lo que haré, contratar estrictamente cada plataforma solo por el tiempo durante el cual esté viendo una serie.

Aquí cabría considerar que quizá entonces las distintas plataformas opten por un modelo de emisión semanal de los episodios de sus series. Ahí es donde Netflix se puede llevar el gato al agua. Si la segunda temporada de Westworld fue un relativo fracaso, se debió a que era imposible acordarse de sus vericuetos argumentales pasada una semana del último episodio. El modelo de emisión simultánea de toda la serie, siendo el espectador el que elige a qué ritmo verla, es uno de los grandes y principales aciertos de Netflix, y el que seguirá haciendo que sea la opción de base para quien quiera pagar mensualmente solo una plataforma, suscribiéndose de forma esporádica, según sus contenidos, a las demás. Y aún así, hay meses durante los cuales, es mi caso, Netflix tiene poco o nada que ofrecerme, porque sencillamente no tengo más tiempo para dedicarle, y lo que realmente me interesa de su oferta ya lo he visto.

 

Por qué me gustan más las películas de El Hobbit que las de El Señor de los Anillos.

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Sí, amigos. Habéis leído bien. Tampoco es que sea algo que debiera sorprender mucho a cualquiera que haya leído alguno de los artículos de este blog. Me gusta sentir, vivir las cosas, por mí mismo, sin dejarme llevar por lo que piensan los demás, especialmente cuando capto el tufillo de las habitaciones llenas de pensamientos mal ventilados, de los que se regurgitan de unos a otros, como si fuésemos un ente colmena.

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No niego los logros que supuso El Señor de los Anillos, si bien hoy me parecen mucho más técnicos que otra cosa. Después de todo, teniendo un mínimo de buen gusto, talento y el dinero necesario, ¿cómo se podría hacer una mala película de El Señor de los Anillos? A día de hoy, y he leído algo más que bastante, esa trilogía quizá siga siendo lo mejor que he leído en mi vida. Pero creo que las películas no están envejeciendo del todo bien. Me siento mucho más identificado con el héroe que vemos en la adaptación cinematográfica de El Hobbit.

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Para empezar, es una adaptación, desde sus raíces, mucho más fiel al libro que ESDLA. Y aquí debemos reflexionar sobre la paradoja que supone el que tantos hayan vilependiado tanto a Jackson con el Hobbit, tantos que lo habían amado tanto antes. Y es que en el mundo en general, y en España en particular, la gente adora defecarse en ídolos caídos.  Y se dejan llevar por lo que hace y dice todo el mundo. Son como la chusma enfervorecida, que ya vitorea a los clérigos de un falso dios que están a punto de quemar en la hoguera al mago que  ha osado intentar desenmascararlos, mientras insulta y tira piedras al aturdido mago, ya vuelve esas piedras e insultos contra los clérigos impostores, en cuanto los amigos del mago lo rescatan y vuelcan las tornas de los acontecimientos.

Así, ¿no es cierto que siempre, de forma invariable, se ha dicho que la principal flaqueza de las películas es que no pueden pretender ser tan buenas como los libros, porque sencillamente su duración así lo impide? Sin embargo, cuando por fin tenemos un primer ejemplo de lo contrario, de unas películas que se toman todo su tiempo y su dedicación para plasmar a lo largo de casi nueve horas de cine un libro de 300 páginas, dando protagonismo a tantos detalles, y también insuflando vida en acontecimientos solo sugeridos en el libro, la crítica desconcertante, por simple, pueril, es ” ¿pero a dónde va ese, haciendo TRES, TRES películas del libro?” Siempre negativos, que diría Van Gal. En realidad, la sociedad, en sus flaquezas, tiene mucho de periodismo deportivo, un periodismo casi siempre pueril y chabacano.

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Se le critica también al Hobbit la osadía de introducir un personaje femenino que renueva y actualiza la historia, como si no hubiera sido esa una de las premisas de ESDLA, siendo que los retoques hechos en el Señor de los Anillos, donde cada película ha de abarcar con apenas tres horas un libro de 400 páginas, amputan la historia contada en los libros por todas partes, quedándose siempre, de forma harto insatisfactoria, en la superficie de todo. Y también en lo formal, desde la crucial concesión comercial de convertir a los hobbits, que en las novelas parten de la Comarca frisando el medio siglo de existencia, y tras no pocas e interesantes disquisiciones y misterios, totalmente ninguneados en el cine, en forma de jovenzuelos mucho más cercanos a la obra de un Terry Brooks que a la de todo un Tolkien.

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Ciudad del Lago, Bree, también las ruinas de Esgaroth, la casa de Bilbo, la granja de Beorn, el Bosque Negro, Dol Guldur, las cuevas de los trasgos, La Montaña Solitaria… todos esos entornos salen de la película y te atrapan, porque tienen el tiempo, el ritmo necesario para seducirnos, casi a un nivel literario. Jamás sentí tal cosa viendo ESDLA. Las cosas estaban muy bien hechas también, pero el ritmo te impedía sumergirte en ellas. Y la sensación de pérdida, tras leer los libros, es enorme. Uno de los detalles que más me decepcionó fue el de los muertos, que de ser un pasaje con una gran carga emocional en los libros pasó a ser poco más que una marea de mocos verdes en la película.

Que no se me entienda mal. Disfruté las películas, cada una menos que la anterior, todo sea dicho, porque para mi gusto fueron de mal en peor. Y es que es imposible pretender abarcar El Señor de los Anillos con solo tres películas, cuando, me quedó perfectamente claro tras ver el Hobbit, deberían haber sido nueve. Y cuánto me gustaría que el propio Peter Jackson tuviese la osadía de contradecirse a sí mismo, de superarse a sí mismo, y rehacer El Señor de los Anillos desde cero, de nuevo.

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El Hobbit, en su versión cinematográfica, al contrario que ESDLA, son películas que envejecen mejor. Cada vez que las he visto he disfrutado más con ellas. Me han parecido más hondas y más humanas, más creíbles, más detenidas y más completas. Más, en fin, maravillosas. Y es que cuando eres capaz de dedicar casi nueve horas de cine a 300 páginas, las sensaciones, de pronto, empiezan a colindar con terrenos más propios de la literatura. Cuánto más me identifico con ese hobbit absoluta, genial y maravillosamente retratado, construido, que es el Bilbo Bolson interpretado por Martin Freeman, que no por el estándar, sobreactuado, a veces incluso histriónico, y jovenzuelo Frodo de las películas.

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En fin, a mí la versión cinematográfica de ESDLA más o menos me gustaba, hasta que vi El Hobbit. La gente empero, se deja llevar por la nostalgia del tiempo pasado que siempre cree mejor, y por el tan difícil de superar pensamiento colmena (por no decir borrego), y no pocos se llevan incluso las manos a la cabeza, cuando son testigos de aseveraciones tan osadas como las de este artículo. Pero me seduce mucho más la historia que me cuentan con el Hobbit, más pausada y más creíble, más experta; pero también más divertida, más diversa… Más auténtica. Más de todo.

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En fin, yo seguiré soñando con una nueva versión cinematográfica de El Señor de los Anillos, una que, por fin, haga justicia a los libros. Estoy seguro de que será imposible con menos de nueve películas de larga duración, o el equivalente en forma de serie. Una historia con las pausas suficientes para dotar de una nueva dinámica a lo que a día de hoy es una versión superflua y con un ritmo y un estilo que a veces llegan a saturar, desaprovechando casi todos los mejores momentos contados en los libros.

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No se trata de que me guste más la historia de EL Hobbit, porque me gusta más la historia de El Señor de los Anillos. Pero Yo prefiero que las obras que me gustan se enriquezcan, a que se empobrezcan. La versión cinematográfica de ESDLA es buena, muy buena incluso… hasta que relees el libro. En cambio, si relees el Hobbit, y luego ves las películas, a mí me siguen pareciendo igual de buenas.

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Reseña: Escuadrón, de Brandon Sanderson

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Escuadrón es una novela de ciencia ficción “young adult”, es decir, eso que hasta hace poco llamábamos, sin que sonase tan guay, literatura juvenil, apta en realidad para ser disfrutada por todas las edades. Al contrario que la mayor parte de la obra del genial y prolífico autor estadounidense, Escuadrón (“Skyguard”), no se encuadra dentro de su universo de ficción, el Cosmere, sino en un futuro hipotético de la humanidad, entre las estrellas.

Toda la trama se sustenta sobre el reto que supone para Spensa, la protagonista, hacerse un hueco en la sociedad de su mundo, Detritus. Spensa es una chica bajita, con un solo amigo, que si logra llamar la atención, solo es de forma negativa, despreciada por el legado de su padre, un cobarde que desertó en la batalla decisiva de los restos de la humanidad contra los krells, una especie hostil que hostiga a los humanos que viven en las cavernas subterráneas de Detritus. Pero Spensa responde a ese desprecio no achicándose sino agigantándose, dueña de una verborrea contestataria y muchas veces hostil, aunque un tanto ingenua, hecha con el ADN de las historias épicas del pasado que siempre le ha contado su abuela.

Spensa es sin duda una chica diferente, que tiene el don de escuchar las estrellas, nunca visibles, ni siquiera desde la superficie del planeta, por estar este rodeado de incontables capas de estaciones y basura espacial de toda índole. Tendrá que hacerse un nombre en una sociedad que nunca ha creído en ella, para lo que habrá de intentar cumplir su sueño de entrenar en la Academia de pilotos de la FDD. La FDD entrena a una élite de ases que mantienen a raya a los krells, para permitir a los restos de humanidad que habitan las cavernas de Detritus seguir teniendo un futuro. Spensa sueña con formar parte de esa élite de la que formó parte su padre, para así reivindicar su nombre, pues ella siempre ha creído en él. En el tránsito, los duros golpes de las experiencias que irá viviendo le harán replantearse sus dogmas, y harán tambalear las creencias que alimentan el fuego de su espíritu contestatario y casi hostil. ¿Quizá es ella, también, una cobarde, como dicen que lo fue su padre?

La aventura está narrada en tiempo pasado, en primera persona, desde el punto de vista de Spensa, con algunos breves interludios puntuales en los que se narran escenas en tercera persona de otros personajes.

Escuadrón es una novela muy entretenida, por momentos brillante, y sobre todo, muy sugerente, que despierta ideas muy interesantes para escribir historias de ciencia ficción, ideas que además no son lo que luego pasa en la historia, por lo que seguro que usaré alguna de ellas.

Podríamos criticarle a la novela que a veces, aunque pocas, deja traslucir demasiado su intención de estar dirigida a un público más juvenil, pero nos haríamos flaco favor si por eso dejamos de leerla, y, por otra parte, es la primera parte de una tetralogía, lo que hace desembocar la historia en un final que, aunque no nos deja colgados, tampoco satisfechos del todo, al menos en mi caso. Pero Sanderson escribe rápido, y no suele defraudar. De hecho, su intención es dejar concluida la tetralogía en 2022.

Debo señalar un fallo en la historia por parte del autor, sobre un pequeño detalle, sobre la velocidad de cierto carismático caza con inteligencia artificial, pero no ahondaré en ello para no destripar nada. Puede ser que yo haya pasado por alto algún detalle sobre esto, pero creo que no.

En suma, una lectura muy recomendable. Al principio hay unas cuantas erratas seguidas, pero por suerte, solo al principio, y tampoco son muchas. La edición es en rústica con solapas, con la misma portada que la edición norteamericana, y es muy de agradecer que se haya publicado en nuestro idioma casi a  la vez que en inglés. Algo que nos gustaría ver mucho más a menudo, sin duda. Son poco más de 500 páginas de entretenimiento del bueno.

Edito: Brandon Sanderson ha anunciado que la segunda parte de Escuadrón (“Skyguard”) verá la luz en noviembre de 2019, y tendrá por título “Starsight”.

Mi puntuación: un 4 sobre 5.

Wizards of the Coast publicará un nuevo escenario de campaña para D&D en 2019. ¿Cuál os gustaría que fuese? Mis memorias de la Dragonlance.

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Así lo ha anunciado Nathan Stewart, “senior director” de Dungeons & Dragons, este noviembre pasado, en uno de los vídeos de su canal de YT, “Spoilers & Swag”.

Sus palabras fueron: “Next year for our annual releases I can confirm there will be a setting book”. “A new setting book. A book that we have not created that is for a D&D setting”.

Lo que confunde un poco es ese “un libro que no hemos hecho nosotros”, (WotC). ¿Se refiere a que, como sabemos, WotC publica muchos de sus nuevos libros para la Quinta Edición de D&D en colaboración con otras compañías? ¿O a que WotC, no ha hecho ese escenario de campaña? Sea cual sea la respuesta, también ha dicho que no será Spelljammer, algo sobre lo que se especulaba bastante, dados los guiños a esa ambientación que hay repartidos por diferente material de la Quinta. (Spelljammer es, recordemos, la versión espacial, digámoslo así, de D&D, un escenario con barcos alados surcando el espacio entre diversos planetas del universo de fantasía de D&D. Algo que también ha emulado Paizo, con su Starfinder).

Suenan pues, como opciones más posibles para el nuevo manual de campaña que publicarán este año que ya llega, Eberron, Dark Sun, Ravenloft, (también algún nuevo “setting” basado en el dichoso juego de cartitas Magic, como acaban de hacer con Ravnica; aunque, según cómo se interprete eso de que no lo han hecho ellos, yo creo que ésta es la opción menos probable con bastante diferencia),  y sobre todo, y por varios motivos, Dragonlance. Porque Krynn, el mundo de la Dragonlance,  es el escenario de campaña más famoso de D&D después de, o junto a, Forgotten Realms (Reinos Olvidados). Y, cuando anteriormente en D&D se han manifestado sobre la posibilidad de publicar escenarios de campaña totalmente nuevos, han dicho que no, que todavía había demasiados, antiguos, sin publicar como para considerar la opción de publicar uno nuevo. Y es una respuesta lógica a la política que están siguiendo de dar nuevo valor a la historia de los productos de D&D.

La apuesta segura sería Dragonlance. Pero hay otros motivos. Suenan rumores, desde hace un par de años, rumores sólidos, basados en un tuit de Joe Manganiello, actor y cineasta bastante ligado a D&D, juego del que es fan, según los cuales se está cocinando una película de acción real de D&D basada en “Dragons of Autumn Twilight”, la famosa novela de Margaret Weis y Tracy Hickman, nacida a la par que el “setting” de campaña del entonces nuevo mundo de Krynn, para D&D, en los años 80. Novela traducida en España como “El retorno de los dragones”, que a mis catorce años me devoré en dos días y medio, y supuso el principio de mi amor por los libros. Así que sí, queridos amigos, me habéis pillado. Es evidente que tengo un interés personal en que ese nuevo setting anunciado para 2019 sea Dragonlance. Porque de la combinación de esta fabulosa Quinta Edición con el dragonlancero mundo de Krynn, solo podrían salir cosas muy buenas.

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Y el caso es que aunque desde luego esa película todavía no verá la luz en 2019, quizá sí lo haga uno o dos años después, y el ritmo de publicación de nuevos escenarios de campaña de WotC es lo bastante relajado como para que apostar por un setting de Dragonlance de nuevos frutos, en cuanto la película se haga realidad. (No debemos confundir esta película con la que se hizo de dibujos animados, dentro de una era oscura del juego en la que todo lo que se hacía salía mal, porque ni yo, siendo fan, he sido capaz de verme entera esa versión).

Es cierto que quizá las generaciones más jóvenes de dungueoneros conocen más  el mundo/escenario de Eberron, en el que se basó por cierto uno de los infinitos videojuegos MMORPGs que estaban destinados a desbancar al World of Warcraft, cosa, por supuesto, que ninguno hizo. Pero la esencia de D&D es el papel, el lápiz. Los dados. Los librojuegos, como aquel en el que me convertí en un mago de salud quebradiza, apoyado en la fortaleza física y espiritual de su hermano, que tenía que superar unas duras pruebas para convertirse en mago de la Túnica Roja, pruebas que acabarían de minar su ya delicada salud. Un libro juego apasionante, que leí siendo un jovenzuelo imberbe, antes de conocer nada sobre las novelas y los juegos de rol, y que usaba elementos de ambos. Aquel libro estaba escrito por Terry Phillips, hoy tristemente desaparecido, y es que era Raistlin el personaje que él interpretaba de las novelas, cuando jugaban los escenarios que describían aquéllas, en campañas roleras junto a los autores, Margaret y Tracy. (Tracy, nombre que se ofrece a cierta confusión en castellano, ya que nos suele parecer femenino, razón por la cual durante muchos años, sobre todo por no existir eso del Internet, mis amigos y yo pensamos que los autores eran dos mujeres).
Años después leí El Señor de los Anillos (Aunque años antes de las pelis), y comprendí una de las principales fuentes de inspiración para el rol y las novelas de D&D. El D&D nació de la mano de Gary Gygax, (que aparece en los Simpson), y sus amigos, como el natural empeño de adaptar las reglas de los wargames que ya existían entonces para centrarse en personajes individuales, y en describir sus aventuras en escenarios fantásticos, inspirados Por Tolkien, y algunos otros autores (Michael Moorcock, o Fritz Leiber, sobre todo (aunque también Howard y Lovecraft).

Nunca me olvidaré de las sensaciones mágicas que viví a los 14 años, leyendo aquella primera edición en España de El Retorno de los Dragones. Conocí los libros en una estantería del ya extinto centro comercial Simago, de Ferrol, poderosamente atraído. Había varios, y con aquella edad, y en un mundo sin Internet, fue como magia, realmente. Cualquier cosa que conocías era, literalmente, nueva. Ojeando embelesado aquellas páginas, leyendo las solapas, descubrí que aquel mago, Raistlin, salía en aquellos libros. Pero, ¿Cómo podía ser? ¿Qué clase de hechizo hacía aquello posible? Yo había jugado a ser un personaje que de repente cobraba su propia vida en una novela que en aquel entonces era para mí el novelón más largo a cuya lectura jamás me había enfrentado.
Y no fue fácil conseguirlos. Tenía que ahorrar cada duro (la Virgen, que vejestorio debe hacerme parecer esta expresión), durante semanas, para poder llegar a juntar, ayudado por el dinero que caía de mi abuela cuando venía un mes a Ferrol desde Madrid), y poder por fin comprarme una de aquellas maravillas.

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En fin, reseñaré sin duda en el blog las ediciones antológicas de las Crónicas de la Dragonlance y las Leyendas de la Dragonlance, cuando las relea próximamente, además de la sensacional heptalogía, de los mismos autores, “El ciclo de la puerta de la muerte”, sin olvidar la magnífica “La espada de Joram”. No esperaba en esta entrada dejarme llevar por la nostalgia. Ha ocurrido sobre la marcha, porque mi intención original era solo anunciar la llegada de ese nuevo escenario de campaña para el juego de rol de D&D Quinta Edición, y mi deseo de que se trate de Dragonlance, aunque, si es otra cosa, bienvenida será.

El caso es que, después de leer las novelas, descubrí que estas provenían del juego D&D, como los libro juegos que había leído, y todo fue cobrando sentido. Eventualmente conocí a gente muy maja con la que juntarme para jugar partidas de rol, hasta que un día, coincidiendo en parte con que cada uno de nosotros tuvo que forjarse su propia vida para ganarse las habichuelas, fuimos dejando de jugar, también por la mala fama que ciertas noticias y el tratamiento ignorante de ellas por parte de los medios y la gente produjeron. Aunque mis padres jamás vieron mal que yo jugase a rol.
Solíamos juntarnos, las más de las veces, a jugar en una cafetería grande y vetusta, que hacía esquina cerca del Cantón, y que hoy por supuesto ya no existe. Y era una cafetería de juegos sí, pero donde los juegos habituales de los parroquianos, amables jubilados, solían ser  partidas de tute, dominó, damas y ajedrez. Flipaban, imagino, un poquito, con aquellos chavales jugando a juegos tan raros, tirando dados de formas imposibles y diciendo a cuál “tontería” más grande que la anterior.

Hoy siento un reverdecer de mi amor por los juegos de rol, aunque al estar a caballo entre Cádiz y Madrid, y tener la mente ocupada en mil cosas, no encuentro la ocasión propicia para darme de nuevo el gusto. Aunque ya estamos formando un grupito muy majo en los Madriles. Y os aseguro que hay pocas cosas tan reconfortantes y divertidas como una buena tarde de rol entre amigos, dejando volar la imaginación por tierras extrañas, a través de hojas de personaje, lápices y dados. En parte culpables de este reverdecer son muy recomendables canales sobre el tema en YT, tales como “La Mazmorra de Pacheco”, “Análisis Parálisis”, “Frikiguías” o “Zacatrus”.
Hace tiempo ya que el rol se ha liberado del ostracismo producido por aquellos años oscuros de sensacionalismo e ignorancia. De hecho hoy hasta resulta raro el ámbito de la realidad en el que no se usa el rol para algo, o los sectores en los que no se recomiende jugar al rol, con juegos para todo tipo de gustos y edades. Quizá en algunas cosas hemos madurado como especie.

Pues nada más, de momento. Ya publicaré más cosas sobre el tema; en este blog me centraré sobre todo en las novelas y la posible película de Dragonlance, así como, a partir de ahora, en todo lo que publique Wizards of the Coast de D&D, y también en lo que traiga traducido Edge a nuestro idioma.

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Ricardo Gómez y Elena Rivera se despiden de Cuéntame cómo pasó, y lo hacen inspirándonos. Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

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Me he pasado el último tercio del capítulo de Cuéntame de hoy llorando, o casi haciéndolo.
A veces solo casi, porque no ha buscado para nada la lágrima fácil, sino la emoción de los sentimientos verdaderos. Y a veces la pura maravilla, la inspiración para nuestro propio viaje por la vida, hacen que hasta en los momentos más tristes sientas Cuéntame cómo pasó como algo mucho más enriquecedor que la mera tristeza por la tristeza.
Me he visto reflejado en esos dos personajes, el de Carlos y el del marinero que sabe cosas que se saben por los años y las duras experiencias vividas. Y, entre ambos, el marinero que como Ulises es capaz de volver a Ítaca. A su amor. Al punto de partida.
Ha sido un capítulo enorme, como toda esta temporada, y, en realidad, como toda la serie. Si bien, quizá esta última temporada ha brillado aún más, si no como nunca. Una serie que tras 17 años y 19 temporadas no hace más que mejorar.
 
El capítulo y la temporada, y esperemos que no la serie, nunca la serie, se cierran de forma redonda, con ese momento de iluminación de Carlos, tocando el agua, sintiendo ese sueño recurrente que traspasa la cuarta pared, la de las cámaras y la de los sueños, encerrando toda la obra en un momento tan brillante que, si fuese el final, podríamos comprenderlo.
El plano final con las Torres Gemelas es una guiño además a ese momento en que se estrenó la serie, dos o tres días después de ser atacadas. Respecto a eso, una anécdota, o algo más que una anécdota: mi hermana celebró su viaje de boda yendo a Nueva York, en septiembre de 2001, y estuvo subida al mirador de la torre exactamente una semana antes de la tragedia. Con miedo, sin acercarse mucho a las ventanas, porque a ella le dan vértigo las alturas. Lo digo porque a veces algunos han criticado que Cuéntame dejó de ser creíble, de tantos altercados históricos en los que se meten los Alcántara; aunque ha sido esta una temporada muy buena, en el sentido de saber dotar de emociones fuertes a la serie, otra vez, quizá sin la necesidad de recurrir tanto a esos desmanes. Sin embargo, tampoco lo veo como algo tan criticable, si entendemos que los Alcántara, por muy realistas que puedan ser, son también ficción. Una ficción en la que nos vemos reflejados todos, de una forma u otra; en algún momento u otro de la historia. De nuestras historias. Todas ellas.

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Personalmente, me siento muy reflejado, en cosas puntuales, pero importantes, en el personaje de Carlos; siempre expuesto a un futuro incierto, y a vivir en esa incómoda frontera entre el amor a tu familia y la necesidad de escapar. Quizá fue ese el motivo por el que me fui de casa a los 22 años, entrando en la marina, en busca de aventuras y de un futuro que, a día de hoy, y que razón tenía ese marinero de 63 años, yo, a mis 43, aún no he alcanzado. Siempre con dudas, y con la necesidad de emprender nuevos proyectos. Porque huir hacia los sueños es una necesidad cuando la realidad de los días cotidianos no te satisface. Pues sin la perspectiva de verte desde fuera, la única aventura que merece la pena es la que puedes imaginar y escribir. O tocar y sentir. Por eso siempre estoy a caballo entre la literatura y la música. Y ha sido justo en el momento en el que Carlos descubría lo que realmente quería escribir, que durante el episodio de hoy me ha venido a la cabeza una idea que creo que es maravillosa para el cuento, (narración, novela…) cuya historia tengo en la cabeza estos días.
Cuéntame ha sido muchas veces distraída, muchas más emocionante, y en algunos momentos, como este, inspiradora.
 
Llevo siguiendo la serie, siempre que el trabajo me ha dejado, a veces viendo algún capítulo tiempo después, desde aquel primer episodio, de estos 348. Hoy los guionistas han escrito un episodio perfecto, en realidad, toda una temporada, para despedir a Ricardo Gómez y Elena Rivera. Hace un tiempo él nos anunciaba en Tuiter su adiós de la serie, con una imagen de Jim Carrey en el Show de Truman, despidiéndose en lo alto de las escaleras de su mundo de ficción (una ficción que era tan real y tan emocionante para tantos), después de que el director del programa, interpretado por Ed Harris, intentase convencerlo de seguir, de que, gracias a él, muchas personas eran felices. En el episodio de hoy, los guionistas han tenido el acierto de evocar, con otro guiño genial, aquel gif de Ricardo Gómez, no se si de manera intencionada o casual; porque lo cierto es que los paralelismos entre Cuéntame y El Show de Truman son evidentes.
Afortunadamente Cuéntame cómo pasó no es del todo igual al Show de Truman (también nos recuerda al cine de Richard Linklater, aunque la inspiración original de la serie fue la genial “sitcom”: Aquellos maravillosos años). Nuestra serie, porque es parte ya de nuestras vidas, y de nuestra historia, ha de seguir, porque da la sensación de que, con su nivel de guiones, actores y directores, puede darnos aún muchas cosas buenas, pese a que todos nos sintamos hoy un poco tristes, como los espectadores de El Show de Truman, el día que Truman salió por la puerta en lo alto de aquella escalera, en la que terminó su particular viaje por el océano, y se cortó la emisión. Pero al fin, satisfechos, contentos, por el valor de las emociones evocadas, y por la inspiración que esas historias encienden en nuestro interior.

 

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