Breve reseña de ID-0, anime de ciencia ficción en Netflix.

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Otro buen anime en Netflix, ID-0, ciencia ficción con la sempiterna obsesión japonesa por los entes apocalípticos que en cierto modo forma parte de su cultura, un modo de asimilar el desastre de ser el primer y único país (y esperemos que así siga siendo) donde se usaron armas nucleares. Pero eso no es decir mucho de ID-0, pues eso es algo presente de un modo u otro en casi todas las propuestas de ciencia ficción y fantasía del país nipón.
ID-0 se adentra de forma amena y divertida, no exenta de ciertas profundidades filosóficas, en aspectos de la ciencia ficción tocados en series de acción real como Altered Carbon (basada en los libros de Richard Morgan). Aunque aquí el tono es, con cierta lógica, y dado el formato, más luminoso; pero no por ello deja de tratar sobre aspectos fundamentales de la consciencia y la existencia, que siempre deben estar presentes cuando se trata el tema de la posible adaptación de la mente a otros formatos físicos distintos al cuerpo de un@ mism@.
El anime está excelentemente animado con CGI.

Reseña: “El camino de los reyes”, de Brandon Sanderson.

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Soy dado a comprar la mayor parte de las novedades editoriales que nos llegan, en esta edad dorada que está viviendo el género de la fantasía y la ciencia ficción (cada vez más indistinguibles entre sí, y en el fondo, parte de una misma cosa). De entre la larga lista de títulos que tengo en cola, y que elijo según criterios que ni yo mismo tengo muy claros, unos me gustan más que otros, y pocas veces el hecho de que estén más de moda, o sean más elogiados o premiados tiene algo que ver en que las historias que nos cuentan calen más hondo en mi imaginación.

Y no puede decirse de mí que sea un típico fan de Sanderson. Y mira que fui de los que compré la primera edición de “Elantris” en cuanto fue publicada, entonces un escritor desconocido, de cuyas cualidades la presentación de aquella edición vaticinaba prodigios de sobra acertados. Pero a mí “Elantris” no me enganchó en un primer intento. (Lo tengo pendiente aún hoy, con pocas dudas de que acabaré cogiéndole el gusto). Lo mismo me pasó con “El aliento de los dioses”. Será que me vuelve loco la posibilidad de una buena saga interminable, porque el primer libro que por fin leí y disfruté como un  enano de este autor fue el primer volumen de la saga  “Nacidos de la bruma”, y el segundo, recién terminado de leer, ha sido “El camino de los reyes”, de la saga más mastodóntica y ambiciosa de Sanderson, “El archivo de las tormentas”.  Ha sido este segundo libro el que me ha convertido por fin en fan de este escritor, y es por eso por lo que digo que seguramente retome los dos libros citados antes con nuevos bríos en un futuro no muy lejano. Son bríos motivados por diferentes cosas, siendo una de las principales que tanto “Elantris” como “El aliento de los dioses”, como las dos sagas citadas, “Nacidos de la bruma” y “El archivo de las tormentas”, forman parte de un mismo universo de ficción, llamado el Cosmere. Siempre me han fascinado este tipo de conexiones y entrelazamientos habidos en el tiempo y el espacio en los mundos literarios y fantásticos que pueblan nuestra imaginación. Es la razón por la que soy un fan indondicional de TODAS las películas de Star Wars, por ejemplo. Me fascinan las profundidades de los mundos que me dan la sensación de que no se van a acabar nunca, por mucho que me interne en ellos.
Naturalmente, hay gente a la que le sucede todo lo contrario, y que siente mucha pereza, aversión incluso, por estas grandes sagas, por la posibilidad de empezar a leer algo que no se sabe cuándo se culminará, ni siquiera teniendo la certeza de si se culminará algún día. Aunque bien sabemos que Brandon Sanderson demuestra una fecundidad literaria inigualable, sin que ello haga apenas disminuir la calidad de cada una de sus propuestas, no es este aspecto lo que  a mí me anima a embarcarme en este tipo de caminos literarios, sino, como digo, la sensación de profundidad. Porque sé que “El archivo de las tormentas es una decalogía de libros de más de mil páginas (si es que todos llegan a ser tan extensos como los tres primeros, lo cual no tiene por qué ser siempre el caso); y eso hace que en cierto modo nada esté escrito. Que cualquier cosa sea posible. Le da al mundo por el que transitamos a través de cada página una suerte de incertidumbre acerca del futuro de la saga que lo emparenta a la realidad misma. Porque sagas tan monumentales se estructuran en torno a un lenguaje que las hace únicas.

En cualquier caso, carpe diem. Es lo que me ha hecho disfrutar la lectura de “El camino de los reyes” lo que definitivamente hace que me de igual lo que vaya a pasar mañana con esta saga. Lo que importa, al final, no es llegar, sino disfrutar del camino.

Esta historia se cuenta a través de diversos puntos de vista, a través de un variopinto grupo de protagonistas que se nos presentan en la contraportada del libro como muy típicos de cualquier mundo de fantasía: Un asesino, una ladrona, un médico (éste quizá no tan típico) y un gran guerrero. Y a lo largo de los capítulos encontraremos todos esos detalles que buscamos en estos mundos: el vivir a través de sus páginas siguiendo a los protagonistas por paisajes y ambientes que a través de la imaginación, y en mágica camaradería con el escritor, capturen poco a poco nuestros sentidos, para hacernos abandonar más y más nuestro mundo cada vez que cogemos el libro para sumergirnos de nuevo en sus páginas, adentrándonos más y más en esa otra realidad ficticia, pero no por ello menos real mientras la sentimos imaginada. Es cuando los libros dejan de ser un conjunto de premios, de buenas críticas y reseñas, y se convierten en una lectura no ya curiosa o formativa (positiva o negativa), sino meramentre adictiva. Seguimos leyendo porque los personajes han pasado a formar parte de nuestra propia psique, porque somos parte del mundo que habitan a través de ellos. De pronto los olores que desprenden los guisos, los ruidos del campamento, la cualidad rugosa de la madera de los puentes, se vuelven más reales, más auténticos. Hay libros muy buenos, muy premiados y muy bien reseñados que rara vez o ninguna consiguen todo eso en mí. Desde luego, no es el caso de “El camino de los reyes”. Porque no he seguido leyendo este libro por su calidad literaria, ni por sus críticas, ni por sus premios, sino por todo lo que acabo de decir que me ha hecho sentir mientras me adentraba más y más en sus páginas.

Leer el primer volumen de esta saga es conocer a personajes profundos y complejos, que viven en un mundo tan profundo y complejo como ellos, uno trabajado por Sanderson durante muchos años, y eso se nota. Roshar está vivo. No se trata aquí de una enésima versión de la Tierra, ya en el pasado, ya en el futuro. No. El Cosmere es un universo ficticio cuyo tiempo y espacio desconocemos, y cada uno de los mundos que lo pueblan tiene sus propias particularidades, que lo hacen único. Y el más único de ellos quizá sea Roshar. Si lo que admiré con las sensaciones que he descrito más arriba, esas que primero me impulsan a querer, a necesitar leer una obra de fantasía, fue la habilidad de Sanderson para hacernos vivir los lugares en los que viven sus personajes (la sensación de maravilla por la aventura y el descubrimiento que todos necesitamos, y que muchas veces se alimenta mucho mejor leyendo que viajando a sitios que ya hemos visto mil veces en la televisión, en esta hiperexplorada realidad nuestra), otra faceta que se agradece y que no deja de ser sorprendente y original en un escritor de fantasía capaz de colmar todas esas necesidades antes mencionadas, es la de su habilidad para dotar al mundo de Roshar de cualidades propias de la ciencia ficción, al dotarlo de seres y características únicos. Es algo que en cierto modo también nos ofrece N. K. Jemisin en su trilogía de “La tierra fragmentada”, aunque allí se trata de un mundo de ciencia ficción que a veces parece de fantasía, y en Sanderson es lo opuesto: un mundo de fantasía que a veces parece de ciencia ficción. Y eso es algo que dota a su fantasía de un matiz de originalidad único.

Pero aún hay más registros. Leyendo “El temor de un hombre sabio”, de Patrick Rothfuss, uno de los libros que más he disfrutado en los últimos diez años, a veces me asaltó una sensación de fantasía por debajo de la fantasía. De una fantasía estratificada, en la que el mundo se describe en varias capas, y a través de más de un lenguaje fantástico. Uno más convencional, utilitario y moderno, la forma en que suelen escribirse otros libros de fantasía de nuestro tiempo, en lo que se refiere a los elementos que todos esperamos encontrar en una típica saga de fantasía épica, y una fantasía más seria y profunda, más fantasía pura, más Fantasía. O, por qué no, sin el acento, Fantasia. Sí, esa sensación de lo fantástico como género literario, como algo desvinculado de lo épico como estilo; un matiz de subrealidad, o de ismos artísticos que siempre han vivido de forma más loca en lo fantástico, cosas casi inaprensibles que conforman la realidad misma, y a veces los mejores escritores consiguen hacernos llegar sea cual sea su género literario, su época y cualesquiera otra circunstancias. En fin, una sensación de fantasía pura que subyace a la mera fantasía como vehículo convencional, y que suele adentrarse en lo metanarrativo, aunque de forma muy sutil. Pues esas sensaciones están en este libro.

Así pues tenemos personajes creíbles, ambientes de fantasía que cautivan nuestros sentidos, y elementos subyacentes de fantasía pura, al lado de elementos más cerebrales, que tienen que ver con las particularidades físicas que adornan el mundo y con su concienzudo sistema de magia.  Y aún  hay más, un matiz de misterio y horror también, en este volumen de la mano de la ladrona, a través de cuya perspectiva asistimos al desdoblamiento de este fantástico y concienzudo mundo de Roshar en realidades más oscuras, que están directamente relacionadas con el devenir de los hechos vividos por todos los personajes, pero que Sanderson nos va descubriendo de forma tan sutil que nos sorprenderá que un mundo fantástico pueda serlo aún más, y desde nuevas perspectivas, apenas adivinadas al principio de nuestro viaje.
Todo eso está ahí. Y yo nunca lo había experimentado junto en una misma obra.

El estilo literario de Sanderson es práctico. En cierto modo muy asimoviano. No se detiene en florituras, y no escribe tan bien como, digamos, un Patrick Rothfuss. Sin embargo, eso no significa que no sea capaz de soltarnos cuando menos los esperamos frases o párrafos enteros de una belleza y profundidad, sobre todo una profundidad filosófica que en este autor parece engrandecer la belleza de su literatura, como si escribiese mejor cuanto más profundo se pone. Porque también, toda buena obra de fantasía ha de tener, de forma bien disimulada, de forma perfectamente engranada en su trama, sus dosis de libro de auto ayuda. Aspectos teológicos y filosóficos que no le hacen mal a nadie. Y Sanderson no anda escaso de estas cosas, ni es poco hábil a la hora de saber dosificarlas.

Una de las cosas que más poderosamente me llama la atención de este libro, como ya decía al principio,y ahora vuelvo sobre ello, ya para casi terminar esta atípica reseña (como, creo, suelen ser todas mis reseñas, ya que no estoy vendido a editoriales ni todos los libros me parecen maravillosos, como es lo común en los blogs más conocidos de literatura fantástica. Además no me gusta revelar apenas nada de la trama al hablar de lo que he leído, ni siquiera doy nombres de personajes para no condicionar la lectura, y me centro más en las sensaciones que el libro me haya dejado): es la profundidad del mundo y los hechos que nos propone. Es saber que hay personajes de los que la gente habla como sus favoritos que ni siquiera han aparecido aún en estas más de mil páginas iniciales de la saga. Es saber que personajes secundarios que al principio son poco más que parias irán creciendo hasta convertirse en protagonistas en futuros pasajes de la saga. Es intuir el semblante trágico, casi “darthvaderesco” del personaje principal de este primer volumen. Ser testigos de los múltiples cambios a través de los cuales pasan y pasarán los distintos personajes que vamos conociendo. Es saber que hay ciudades que son poco más que mitos de hace milenios, como puede serlo para nosotros la mesopotámica ciudad de Ur, que en algún momento de sus futuras aventuras llegarán a visitar nuestros protagonistas, al menos alguno de ellos, revolucionando los estratos y los sabores que el autor nos va presentando de forma tan paciente. Porque lo bueno de una saga tan larga y de unos libros tan voluminosos es que Sanderson tiene tiempo para todo. Puede ir cocinando a fuego lento todos los detalles, avivando el fuego cuando hace falta, a lo largo de muchas escenas de acción, presentándonos nuevos personajes, hechos y situaciones que ofrecen nuevas perspectivas de todo lo que ya conocíamos, o de repente dotando a su pragmático estilo literario de un lirismo sorprendente, en virtud de la aparición de ciertos personajes,  a cual de ellos más misterioso.
No faltan en este primer volumen los giros sorprendentes, por supuesto. Sanderson nos sorprende con la maestría de los mejores en el género.

Lo malo del libro es su edición. Aunque el grandísimo acierto de publicarlo con las formidables ilustraciones originales de Michael Whelan nos llame a engañarnos positivamente (Quién no admiró en el pasado las portadas que hizo para la injustamente maltratada en España saga de “Añoranzas y Pesares”, de Tad Williams, la obra que inspiró a George R. R. Martin para escribir “Canción de hielo y fuego”), lo cierto es que los materiales con que está hecho el libro parecen de saldo: tapa delgada y un tanto debilucha, páginas pegadas en vez de cosidas, y, peor que todo eso, una monstruosa sucesión de erratas incomprensibles, como si el libro no hubiese tenido corrección alguna de sus galeradas. Incomprensibles además, porque casi siempre se trata de nombres mal puestos, equivocados, poniendo nombres de personajes cambiando unos por otros en demasiadas partes del libro. Una vez incluso el nombre de un personaje es cambiado por el de una ciudad. Es algo tan absurdo que yo nunca había sufrido en ninguno de los muchos libros que he leído. Y me ha hecho preguntarme qué profundas oscuridades ignoro del arte de la industria editorial, en cuanto a las fases que forman parte de la elaboración de un libro hasta que llega a nuestras manos. ¿Es que acaso los nombres ya venían mal puestos en el manuscrito en su versión original? No puedo creer tal cosa. Entonces, ¿de dónde surgen esos errores? Seguramente haya algo que se me escapa. Pero son errores muy molestos, que harán que haya gente que prefiera hacer de tripas corazón y leer el libro en inglés. Además, por mucho que la editorial ha prometido que en sucesivas ediciones se irían limando esos fallos, yo no he sido capaz de encontrar ninguna donde se supongan esos fallos corregidos. Y mención aparte lo de no coser las páginas. En mamotretos como estos, si llevas el libro de aquí para allá, como es mi caso, las tensiones que sufre el lomo hace que al final las primeras o las últimas páginas empiecen a despegarse. Con “Juramentada”, el tercer volumen, publicado este año, sí han cosido las páginas. Esperemos que sea un ejemplo que sigan a partir de ahora, y no solo un espejismo.
Sin embargo, el libro es tan largo, y tiene tantas virtudes, que los fallos de nombres al final los he vadeado, en cuanto he cogido el tranquillo a no preocuparme cuando mi pie se hundía demasiado, optando por el pragmatismo de pisar en un sitio más seguro, es decir, comprendiendo que se trataba de un nuevo error, y volviendo a leer las partes implicadas para interpretarlas correctamente, si es que el error no es evidente nada más verlo, (que no siempre lo es). Para un libro tan largo, no pasa tantas veces, sobre todo en su segunda mitad, y lo que lees es tan bueno que te acostumbras a obviar los fallos. Pero quizá no todo el mundo sea tan pragmático como yo en este aspecto.

Mi puntuación:

Suelo puntuar sobre cinco, y a pesar de todos estos fallos de la edición en castellano, voy a darle a “El camino de los reyes” mi primer “5” para los libros que he reseñado en este blog.

Así pues: 5 sobre 5

Mi lectura frustrada de “La ciudad y la ciudad”, de China Mieville

Al final no he podido con este libro. Lo dejo en la pag. 229, porque básicamente me importa un pimiento lo que pase con sus protagonistas, y la resolución del caso.

Lo compré con las expectativas por las nubes, pero el libro no es en absoluto fantasía. Es un libro tipo novela negra, de investigación policial del montón. Está correctamente escrito, aunque sin alardes.
Lo que se supone que lo iba a hacer especial, que sea un libro de fantasía, la idea de la doble ciudad y el entramado y todas esas cosas que imaginé antes de empezar a leerlo que darían forma a un libro lleno de lírico misterio y realismo mágico, de lo cual no hay ni rastro en todo lo que he leído, todo eso, no es más que una idea brillante en principio, usada y machacada hasta la saciedad por el autor, algo que acaba resultando cansino de tantas veces que lo explica en tantas otras situaciones, sin aprovechar en ninguna de ellas tal idea para hacer la literatura que yo esperaba a priori al comprar este libro.

Una total decepción.

Este no lo puntuaré, porque ni siquiera lo he terminado.

Reseña: “Agentes de Dreamland”, de Caitlin R. Kiernan.

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Una lovecraftiana novela corta de una autora que se define por frases como esta:  La historia revela un propósito claro, y yo no tengo ningún interés real en la trama. La atmósfera, los estados de ánimo, el lenguaje, el personaje, el tema, etc., eso es lo que me fascina.

Kiernan es autora de varias novelas, aún más novelas cortas, y prolífica creadora de cuentos. Es además guionista de comics, música en un grupo de folk y paleontóloga. Esto último lo vemos en lo bien que la ciencia se desgrana de forma acertada pero sutil a través de la páginas de “Agentes de Dreamland”.
Se trata de una novela corta bien escrita, con algunos (aunque escasos) momentos de cierta belleza poética, pero que sabe a poco, no tanto quizá por su obvia reducida extensión, sino por su estructura. Y es que al leerla me pareció estar ante una novela de extensión normal, de al menos doscientas páginas, en la que solo el capítulo final acelera y corta de forma repentina la trama, para llegar a un desenlace que no me hizo cerrar el libro sintiendo haber leído algo grande ni realmente especial. Tampoco me pareció original, y en dos momentos, si bien muy puntuales, me pareció una obra un tanto pretenciosa.
Lo mejor de esta novela corta, la atmósfera, y lo bien escrita que está. De lectura imprescindible para los amantes de los mitos de H. P. Lovecraft, sin los cuales “Agentes de Dreamland” no existiría.

Mi valoración personal: 3’5 sobre 5.

Crítica de Han Solo, exenta de estupidez.

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He tenido que titular así esta entrada porque la mayor parte de las críticas que he leído de la película son tan malas, que he querido diferenciarme de todas ellas ya desde el comienzo.

Ayer vi Han Solo, una historia de Star Wars. Es una fantástica película de aventuras de corte clásico, un iniciático viaje del héroe para Han Solo, como Una Nueva Esperanza lo fue para Luke Skywalker. Es importante comprender esto. La mitad de los críticos son sencillamente estúpidos. Por más que el propio Ron Howard lo dejase bien clarito durante la promoción del film, no comprenden que esta película NO va del Han Solo que conocemos en el Episodio IV, sino de la persona, o personaje, que fue ANTES de convertirse en el sinvergüenza contrabandista. Ese Han Solo era, y esta es una premisa básica del guión, por lo que no se puede criticar la película jamás desde este ángulo, salvo estupidez supina, un hombre bueno.

El Luke soñador y descentrado del Episodio IV no es el mismo que el del VI, que ha recorrido ya casi todo su viaje del héroe. Es alguien diferente. El Anakin de La Amenaza Fantasma no es el de La Venganza de los Sith. También los vemos en la trilogía secuela. Ni Luke, ni tampoco Han, son los mismos que al final de El Retorno del Jedi. Luke se ha convertido en alguien rodeado de dudas, incertidumbres y oscuridades, contagiado por la oscuridad sembrada desde incluso antes de su nacimiento por el pérfido Snoke en el vástago de Han y Leia.
Han, por su parte, siempre ha sido un hombre bueno en lo profundo de su corazón, incluso cuando es un sinvergüenza al que aparentemente todo le da igual, salvo él mismo y Chewbacca (y por eso no se fue de Hoth, y por eso volvió en el último instante para salvar a Luke y a la Rebelión); de ahí que esa lucha interna de Han debía ser explicada en este segundo spin off de la saga, dedicado al contrabandista. Y se explica de forma maravillosa, a lo largo de una entretenidísima película de aventuras de estilo ochentero, y magia cinematográfica de nuestro tiempo, por el buen hacer de Ron Howard, los Kasdan, en el guión, y un elenco de actores magnífico. Luego podemos marear la perdiz para escribir frases de mierda que llenen páginas webs de mierda. Puede ser un Boyero trasnochado y resentido que siempre ha odiado este tipo de cine, que odió Una Nueva Esperanza, aunque su entrada en el templo de los clásicos lo acobardase para gritarlo bien alto. Pero no renuncia a cada nueva oportunidad que tiene para verter ese odio. Quizá engañe a otros. No a mí. También puede ser uno de esos que dejó de ser un niño hace mucho tiempo. Un aburrido adulto que vive una aburrida vida de adultos. Gente que ya hace tiempo que olvidó la esencia del cine de aventuras.

Han Solo quizá muere a manos de su hijo en El Despertar de la Fuerza porque, con el tiempo, acabó siendo el que siempre fue. Alguien demasiado bueno, que quiso llevar a su hijo perdido a su mujer perdida, pese al miedo que le daba enfrentarse a él. Sublime… si se mira con perspectiva. Cojonudamente sublime. Todo en este spin off, respecto al personaje de Han, alrededor del cual gira todo, tiene sentido en relación a lo que sabemos de su personaje por las demás historias oficiales de Star Wars en las que sale.
En alguna de la múltiples críticas torponas que he leído hay quien dice que el verdadero protagonista es Qui’ra. PARA NADA. En esta película todo gira en torno a Han Solo. Otra cosa es que Qui’ra me haya parecido un personaje muy interesante, que puede ofrecer aún muchas cosas dentro de su propia saga de películas de Star Wars, ya sea junto a Han, o por su propio camino.

La mayor parte de las críticas positivas hacia Han Solo TAMBIÉN ME PARECEN UNA MIERDA. Porque la mayor parte establecen comparaciones ridículas entre Han Solo y Los Últimos Jedi, donde la primera es demasiado conservadora y la segunda una (para mi gusto brillante) transgresión de la saga. A mi las dos me parecen espléndidas. Cada una fuerte en lo suyo, y susceptible de ser atacada en sus puntos débiles, vilipendiada incluso, por los más imbéciles. Y no será que no hay imbéciles en este mundo nuestro. Das una patada a una piedra y salen tres, lo menos.

NO hay que establecer comparaciones ridículas entre unas y otras. El universo ficticio de Star Wars es lo suficientemente rico como para admitir diferentes sendas creativas. Hay críticas tan patéticas a Han Solo que se basan en putos clichés, cosas OBVIAS, que todo el mundo sabe que están ahí, y se vertebran en esa obviedad para ladrar sus chorradas a la Red. Por ejemplo, que los responsables de la Lego-película fueron despedidos porque, siempre según la presunción del susodicho opinante de mierda, estaban siendo demasiado innovadores, y llamaron al lacayo (siempre ídem), Ron Howard, para que como perro fiel arreglase el osado desaguisado, enderezando la película para que acabase siendo una aventura al estilo Willow. Todo es una JODIDA y CANSINA presunción, como digo. Es lo obvio que va a decir la crítica negativa, el argumento más fuerte que tienen. Además la verdad parece ser muy otra. Que los responsables de la Lego-película no tenían experiencia y ni puta idea de dirigir actores… esto se puede perdonar si eres George Lucas, pero no en un caso así.

El otro argunento fútil es la consabida ESTUPIDEZ de que este Han NO es el Han que conocemos, sino uno mariquita. En fin, no sé si veis por dónde voy. No hay un jodido átomo de talento en los críticos de este país. Todos dicen las mismas mierdas, cambiando como mucho el orden de las palabras. Aunque intuyo que este no es un mal español, sino universal.

Pero es que igual de memos me parecen los que ven Han Solo y se excitan con ella, y la usan para decir que esto sí que es Star Wars, y no Los Últimos Jedi… este argumento tampoco hay por dónde cogerlo.

En Los Últimos Jedi tenemos una obra más complicada, que tiene que lidiar con lo preestablecido en un arco argumental que ha de desarrollarse a lo largo de una trilogía de películas de larga duración. Se trata de una historia de luz y oscuridad, pero con el tono optimista que preside las tres trilogías. No es normal que veamos morir a personajes centrales, a no ser en momentos culminantes de la acción, y aun muy rara vez (aunque los tiempos evolucionan, y no dejan nunca de influenciar de forma lógica los hechos de fondo, para que sean más acordes al sentir de cada generación). Como spin off desmarcado de la saga principal de los Skywalker, ya fue sello característico propio de Rogue One hacer una total inversión copernicana de ese principio de respeto a los personajes propio de una historia de tono optimista típica de Star Wars. Han Solo ha combinado unas pizcas de ese nuevo tono con el más clásico de una película de aventuras de los ochenta, en la senda del cine reinventado por Lucas y Spielberg.
También tiene sus propias originalidades, en el sorprendente comportamiento de la droide de Lando, L3-37. Bueno, sorprendente quizá para otros. Yo hace años que imaginé una historia de Star Wars en la que los robots fuesen parte esencial y luchasen pos sus derechos. Era cuestión de tiempo que en un universo de ficción poblado por robots cuyo aspecto fue diseñado por el genial Ralph McQuarrie, que también ilustró los libros de relatos de robots de Asimov (después, cuando fueron recogidos en una edición antológica), alguien tuviese la idea de sembrar esta semilla, que sin duda dará frutos en alguna futura historia de la franquicia. También en este punto los dos spin offs hechos hasta ahora están emparentados.

Pero… ¿más historias? Otra película de Star Wars, ¡Dios nos salve de Disney, continuamente profanando el sagrado espíritu de la saga, en la que solo ve a una gallina de huevos de oro!

Estoy rotundamente en contra de la forma en la que muchos enfocan este tema.
Se han cometido ya alguna tropelías con los superhéroes de Marvel, con dos o tres películas fallidas, pero veo a poca gente protestar con cada nueva película superheroica, y las que están por venir, que es toda una nueva fase.
Me parece un punto de vista bastante poco sabio, la verdad. Star Wars es parte del cine de nuestro tiempo. No solo por haber inaugurado una nueva época en el arte cinematográfico que muchos odiarán siempre, como Boyero; también por haber regresado desde su propio pasado, para ser parte de nuestro tiempo. Como el cine de superhéroes, o los western en su momento, Star Wars es un género y una forma de entender el cine en sí misma, si se hace bien, y de momento se está haciendo muy bien.  Aunque haya para todos los gustos, y sea normal que unas películas les gusten a unos más y a otros menos… Lo que no son de recibo son los continuos lloros y pataleos PUERILES, y toda la mierda que se soltó por parte de fans caducos con LUJ, ni las tonterías de turno que toca leer ahora, con Han Solo. Tampoco las chorradas de todos esos que dicen que se están haciendo demasiadas pelis de SW. No tienen ni puta idea de lo que dicen. Claro, ellos preferían que Star Wars fuese un puto museo donde poder ir a rezar a sus dioses de la nostalgia, ese lugar donde residen los fantasmas de sus infancias olvidadas.
Pero cada nueva película es un regalo, un espectáculo para los sentidos, y sobre todo, para el espíritu. No sé qué COÑO hay de malo en que se haga una PUTA película al año, después de años de soñar con nuevas películas de la mejor saga y posiblemente franquicia de todos los tiempos. Cuando yo era niño una nueva película de Star Wars más allá de El Retorno del Jedi era solo un sueño. Entonces llegaron las precuelas, y dieron un sentido nuevo a toda la saga.
Muchos imbéciles no las comprendieron. No quisieron, no tuvieron paciencia, ni, sobre todo, talento (inteligencia sensible e imaginación) para hacerlo. Terminaron por sentenciar a George Lucas, que si bien aún concebía alguna forma de abordar la trilogía secuela, acabó desistiendo, y cediendo el testigo de la continuación del sueño a nuevos cineastas llenos de talento, nacidos al amparo del nuevo cine surgido con él y con Spielberg.

Ahora, en lugar de tener lo que hay que tener, una visión integradora, ilusionante, desprovista de prejuicios, sabiendo ver los detalles peores y los mejores, pero sin que ni unos ni otros nos hagan perder la visión de conjunto, muchos se pierden por el camino, incapaces de disfrutar de las dosis de felicidad que llegan cada año, como las Perseidas, a las pantallas de nuestro pequeño planeta azul. Es una especie de competición por ser el más estúpido, dictada desde púlpitos internáuticos para llenar los corazones de los que continuamente dudan, en lugar de continuamente disfrutar.

En cuanto a la película tengo poco que decir. Solo que no hagan caso de nada ni de nadie, jamás, en lo que al cine se refiere. Hay que ver las películas libres de prejuicios y de presunciones, amordazando y encerrando al opinante que llevamos dentro, para que se pudra y se muera. Solo que la vean y la disfruten. Yo lo he hecho. Podría decir detalles que me gustaron menos, cosas que podrían haberse hecho de otra manera… pero ¿Y Qué? ¿Es que la van a hacer otra vez por lo que yo diga?

Han Solo no es una película tan grande y majestuosa como Los Últimos Jedi, pero quizá precisamente por eso es más libre, más como las primeras pelis de Star Wars. Yo he sabido disfrutar las dos, e insisto en que pretender hacer bandos, criticando a una por defender a la otra, me parecería de lo MÁS ESTÚPIDO.

Mimbres hay, en cualquier caso, para que veamos nuevas películas sobre las aventuras de Han Solo. Y del personaje sorpresa que vemos aparecer al final. Y quizá sea esa la única pega que le pongo a la peli. Luke tuvo una trilogía para crecer. Han y Qui’ra, visto lo visto, bien merecen la suya propia.

Mi visión particular de “La historia interminable”, de Michael Ende.

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El mundo está enfermo porque la mayor parte de la gente no tiene inteligencia sensible, ni imaginación. Esta es una máxima de todas las cosas sobre las que versa este blog, y en “La historia interminable” el mandato se hace esencial. Del viajero que recorre la geografía de lo imaginado que es Fantasia (sin acento y con mayúsculas, epítome de la creación de mundos de fantasía), depende la supervivencia de ambos mundos, del real y del fantástico, pues ambos están inextricablemente entrelazados, como las dos serpientes que se muerden mutuamente la cola, que dan forma al Esplendor, la alhaja AURYN. AURYN concede a su portador deseos infinitos, el poder de hacer lo que quiera, de ser un dios del mundo de Fantasia. Es un poder tramposo y difícil de manejar, porque el “Haz lo que quieras” escrito en su reverso no significa hacer tu voluntad a capricho, sino tener la responsabilidad de encontrar el camino de tus verdaderos deseos. Y es una trampa mortal, si se falla en ella. Porque quienes se pierdan en ese camino se convertirán en locos de Fantasia, fantoches.

Al ponerle un nombre a la Emperatriz Infantil, conocida como la Señora de los Deseos, la de los Ojos Dorados, Bastian, el niño lector atrapado en la lectura de “La historia interminable”, renueva, a través del poder creador del espíritu humano, el mundo de Fantasia, a punto de sucumbir a la Nada, expresión de la pobreza imaginativa de los hombres, que sucumben a la realidad. Porque realidad y fantasía son dos fuerzas complementarias y la una no puede existir sin la otra. La una crea a la otra, y la otra a la una, de forma eterna, interminable. Cuando se inventa una historia, y se nombran las cosas de esa historia, lo que se cuenta en ella ha existido siempre. De forma similar, yo hace tiempo que pienso, sin que me acordase de haber sacado tales conceptos de la lectura de este libro mágico, pues en todo caso lo leí siendo niño, y aunque me maravilló no lo entendí bien, que todo lo que alguna vez ha existido en la realidad, existirá para siempre, por más que desaparezca de nuestra percepción. La muerte es como un barco que se hace a la mar, dejando a los vivos en el puerto. Que no puedas verlo cuando traspasa los límites del horizonte no significa que el barco no exista. Sigue existiendo, más allá de nuestra percepción. Con las historias que imaginamos pasa eso mismo. Que no leamos un libro no significa que sus personajes no estén vivos. Siempre han estado ahí, porque todas las historias posibles existen en un universo infinito. Todo lo que alguna vez podamos imaginar ya ha estado o estará, o está, es, existe, de algún modo, en algún lugar.

¿Cómo resistir ante tamaño desafío? ¿Cómo mantener la cordura, y no convertirnos en Antiguos Emperadores, por creernos demasiado a nosotros mismos como creadores de nuestras propias fantasías, tras haber deseado tantas cosas que el hilo que nos ata a la realidad acaba por hacerse tan tenue que llegado un momento ya no somos capaces de imaginar nada nuevo? Recordamos, tras leer el libro, que las mentiras que deforman la realidad son una forma corrupta de usar nuestra imaginación; una deformación de lo fantástico (en la historia, los seres fantásicos).

Curiosamente, de forma similar en los parámetros casi metafísicos, a los que llegamos aquí a través de la literatura de fantasía, y a los que en la película Interstellar llegaba Nolan a través de la ciencia ficción, la clave es el amor. El amor es el vínculo, la cuerda que nos ata a la realidad, si nos perdemos en Fantasia. Quizá no el amor a alguien en concreto, sino el amor en sí mismo, la capacidad de amar.  Es este descubrimiento el que salvará al niño atrapado por su pasión literaria y su propio mundo imaginativo, y le hará regresar al mundo real en equilibrio, siendo útil a su sociedad, para mejorarla. Un mundo enfermo, del que huyó porque era una persona demasiado sensible e imaginativa para seguir perteneciendo a él, pero al que debía volver, para escribir, para contar nuevas historias que siguiesen extendiendo la fantasía, Fantasia. Regresa con las aguas de la vida, el poder purificador de la imaginación como medio a través del cual dar sentido a la realidad. Es una suerte de viaje quijotesco inverso. El Quijote, seguramente la primera gran novela de la historia, contaba el viaje de alguien no muy diferente de Bastian, que había perdido el equilibrio, un dios loco de lo fantástico, que perdió la razón de tanto leer novelas fantásticas.  Llevaba su fantasía  a la realidad, una realidad grotesca y cruel en la que su locura era ingenuidad y esperanza, porque a través de ella, aunque nos riésemos de él, o quizá precisamente por eso, la realidad se volvía un lugar más amable. Al final, cuando por fin recobra la cordura, el Quijote muere, porque no puede soportar vivir cuerdo.
En “La historia interminable” se trata del viaje de un niño cuerdo, pero de esos “raritos”, que lleva consigo la realidad a lo fantástico, el poder creador de los humanos, que rescata y sana a la fantasía, en peligro de muerte por la falta de imaginación de una realidad para la que lo fantástico es sinónimo de locura. Algo infantil, poco práctico.
Bastian corre el peligro de no volver jamás de Fantasia, convirtiéndose en un loco en la realidad, pero regresa a través de la amistad y el amor. La amistad de seres inventados y el amor de su padre, en la realidad, que al borde del olvido total de todo lo que fue en la realidad, lo que lo tornaría en un inútil incapaz de seguir deseando cosas, un creador frustrado, es un sueño que encuentra entre otros innumerables en el Pozo Minroud, en la Mina de las imágenes. Pues los sueños son la materia que da forma a la geología de Fantasia, la tierra de la que se alimentan y brotan sus historias.

Si conmovedor es ese sueño, he de confesar que el momento del libro que encharcó mis ojos fue la absoluta falta de rencor de Atreyu cuando se reencuentra con Bastian, tras haber sido herido fatalmente por éste. Es el símbolo de la amistad como valor, que la fantasía es capaz de evocar a través de personajes inventados, arquetipos que dan sentido a nuestra existencia.
El ser humano es una mezcla indisoluble del yo experimentador, que vive en la realidad, y el yo creador, que reinterpreta esa realidad a través de una mitificación de sí mismo. Las historias, sea cual sea su formato, cumplen un papel vital para la salud del espíritu humano. Pero nunca vivirá en equilibrio quien se sumerja tanto en su fantasía que deje de ser útil a los que le rodean en la vida real, y difícilmente será útil cualquier persona que no ayude a que nuestro yo creador sea más rico.
En todo caso, literarios habrán de ser los caminos que nos internen más profundamente y con más riqueza en las historias que mejor nos sirvan. Poco poder de la imaginación habrá, poco valioso, en todo caso, en quien se mire en el espejo de héroes hechos con revistas y programas de famosos o video-juegos violentos.

Bastian regresa a la realidad llevando con él a ella la fantasía, su poder creador, de un mundo que salvó gracias a su imaginación, de la cual, a su vez, se salvó gracias al amor. Continuador de un trabajo infinito de tantos otros viajeros de Fantasia, que le precedieron antes, algunos  tan curiosos como Chéxpir. Bastian lleva la salud a la realidad, a través de su imaginación, y a sí mismo, a través del amor. El Quijote perdió la salud física y murió, en cuanto perdió la imaginación. Nunca alcanzó el equilibrio que sí le fue dado a  Bastian. Llevó la salud a la realidad, a costa de perder la suya. En Fantasia, el Quijote sería, tal vez, un Antiguo Emperador loco.

Dice algo maravilloso Doña Aiuola, en un pasaje cerca del final del libro, una de las frases más misteriosas y metafísicas de entre otras muchas que salpican las páginas de “La historia interminable”, sobre todo desde la mitad del libro, cuando Bastian se convierte en un personaje del libro, arrastrándonos a nosotros con él a descubrirnos a nosotros mismos como personajes de la misma historia interminable en la que él participa. Ese es el más profundo y metafísico significado del título, aunque este tiene otras lecturas, o perspectivas, más obvias, como la imposibilidad de Bastian de escapar de Fantasia a no ser que dé término a todas las historias que ha inventado. Atreyu se ofrece a esa colosal misión por él, (dando excusas más que suficientes para la futura serie o saga que algún día se hará basada en esta obra, de la que todo lo que se ha hecho en lo audiovisual hasta ahora es más bien deficiente, a excepción del emblemático y maravilloso tema musical compuesto por Moroder y cantado por Limahl). Esa frase hace referencia a un momento del futuro, el momento más “cifi” de “La historia interminable”, tal como yo lo interpreto, en el que la fantasía y la realidad sean una misma cosa. Dos conceptos indiferenciables. Y es que así es como, según yo lo creo, será alguna vez el futuro humano, si todo va más o menos bien. Y sobre un mundo posible de ese posible futuro trata el libro que quiero escribir, y en cuyas notas llevo trabajando un par de años.

En fin, o, más bien, sin fin, “La historia interminable” es una lectura, o relectura, indispensable sobre la fantasía, la imaginación y el arte de contar historias, y la forma en que esas cosas forman parte indisociable de la realidad.

De no menos calidad, y bebiendo de todos los mismos dones literarios, Michael Ende nos regaló también MOMO. Pero esa reseña es otra historia, y será escrita en otra ocasión.

Cuando nos fijamos un objetivo, el mejor medio para alcanzarlo es tomar siempre el camino opuesto. No soy yo quien ha inventado dicho método. Para llegar al paraíso, Dante, en su Divina comedia, comienza pasando por el infierno. (···) Para encontrar la realidad hay que hacer lo mismo: darle la espalda y pasar por lo fantástico. Ése es el recorrido que lleva a cabo el héroe de La historia interminable. Para descubrirse, a sí mismo, Bastián debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado. Sin embargo, hay siempre un riesgo cuando se realiza tal periplo; entre la realidad y lo fantástico existe, en efecto, un sutil equilibrio que no debe perturbarse: separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido.

Michael Ende en una entrevista para El País.

Edito la entrada, meses después de haberla escrito, y tras haber leído “El herrero de Wootton Mayor”, maravilloso cuento de JRR Tolkien, porque se hace bastante claro, a quien haya leído ambas obras, que “La historia interminable” está fuertemente inspirada en este cuento, y que trata de forma brillante los temas esenciales que obsesionaron a Tolkien, que tan bien desglosó el genio inglés, también, en su ensayo “Sobre los cuentos de hadas”.

The true meaning of the end of Bladerunner 2049: meta-narrative, virtual reality and “The neverending story”.

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When I saw Bladerunner 2049, although I thought it was a great movie when it came to certain artistic aspects, as a follow-up to the original Bladerunner I was disappointed. Until I read Mark Millar’s idea about the final scene. Now it is for me the only thing that gives Bladerunner 2049 a sense of transcendence that saves it from oblivion and raises it to the level of the original, beyond the purely audiovisual aspects.

The ideas that I expose below are born from this new perspective, although the parallels with “The Neverending Story” are my thing.

K, or Joe, does not exist. At least, not as we believe he exists. He is a fantasy character, an elaborate memory created by who is supposed to be Deckard’s daughter. If it were not so, the snow at the end, in the hands of her and on her, would only be an ornament. And I was taught that in good movies and good literature everything has a meaning. Nothing should be casual. And less in the LAST SCENE.
Wallace does not exist either. There is nothing in this movie, except the film itself, as a meta-narrative in the universe of Bladerunner, the original movie. Only the last scene is real, although she lives halfway between reality and fantasy.
This is for me the only thing that saves 2049 from falling into oblivion (the plot of the main story, without this new perspective, has always seemed to me rather vulgar and boring), and suddenly makes it a masterpiece, misunderstood by those who hate the movie, but above all by those who love the movie.
Deckard is not a replicant. Maybe he’s a human whose mind has been manipulated with memories, the pioneer of a new posthumanity … maybe all bladerunners are manipulated in that way. In fact, replicants are not supposed to age. They are created with the same appearance they will have while they work, or they exist. So seeing Deckard played by Ford older for me in the end comes to mean that he’s human, albeit modified.
Actually, the idea of the replicant can be transferred to the virtual world. It is not that K does not exist, He does not exist in reality.
If all this is true, and I don’t care what others think, for me it is, the character played by Ana de Armas, Joi (clearly inspired by the movie HER, not only the character but his whole love scene), she is no more than an echo, which reminds K that he does not exist … how other beings can exist. Although really, that does not mean he does not exist either.
For me it is now clear that this woman who designs virtual stories, in a future in which virtual reality has to be almost indistinguishable from reality, knows the mind of Deckard, and plays with it. The ending is an echo of the end of the original Bladerunner, and is an intentional echo. Although I do believe that the facts of the original are real. Memories of real events that she knows. Why, and why she acts like that, that’s another story …
We can see Deckard’s reflection in the bubble glass where she lives, her Ivory Tower. Child Empress. The two realities, the Bastian that transcends reality and fantasy. There is a chapter, in “The Neverending Story”, where Atreyu has to pass a test, a door that is a mirror, and in it he sees himself as Bastian. If there is a classic fantasy novel that plays with meta-narrative, this is “The Neverending Story”. Joe (or K) is the Atreyu, who leads Deckard to the Child Empress, to heal her, giving her a name.
It should also be noted that the two names of the character played by Ryan Gosling, “Joe” and “K”, sound like “Joke” in English.
Michael Ende, the author of “The Neverending Story”, wrote other books, not all oriented to the younger audience. All of them, in any case, contain large doses of philosophy. Among the books “for adults” he wrote, highlights “Mirror in the mirror”.

There are more details. Here below, in the first photo, we see her designing the snow, and playing with it, and the reflection of the entrance door and of Deckard passing through it, and the exit door, in the background. We might think that it is snow from outside, that falls through an open skylight. But no, of course, that’s impossible, because she lives in a bubble, and also, when she turns around to face Deckard, the snow disappears.
Before, during that story that is told to Deckard to lead him to his daughter (we will assume that she is), we can see two sphinxes facing one another, in Las Vegas; or when Deckard quotes a phrase from “Treasure Island” and says that the only thing he can do there is to read. He says he has dreamed of cheese. He has dreamed of something he has read in a book, but it does not exist there, and he tells it to someone whose story is invented like a book, one who does not really exist there. It is augmented reality, or virtual … it is fiction. (In the background, maybe it does exist, just as there are characters like Atreyu, or ourselves, in this holographic universe, although this is taken from a poetic perspective, not literal). There, where Deckard lives, there are only shadows of the past, books, and whiskey to forget.
Of course, everyone is free to interpret the movie as they like. This is how I like it, with much difference.

By the way, speaking of alternative or increased realities, I don’t know if more people besides me have seen the parallelism between the forms of the end of Valerian, of Luc Besson, and the end of Bladerunner 2049. Valerian disappointed me enough, beyond of the visual, but it has some formidable details, and that, the way it deals with the issue of virtual and augmented reality, is one of them.

 

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El verdadero significado del final de Bladerunner 2049: metanarrativa, realidad virtual y “La historia interminable”.

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Cuando vi Bladerunner 2049, aunque me pareció una gran película en lo referente a ciertos aspectos artísticos, como película continuación de la Bladerunner original me decepcionó. Hasta que leí la idea de Mark Millar sobre la escena final. Ahora es para mí lo único que le da a Bladerunner 2049 una sensación de trascendencia que la salva del olvido y la eleva a la altura de la original, más allá de los aspectos puramente audiovisuales.

Las ideas que expongo a continuación nacen de esa nueva perspectiva, aunque los paralelismos con “La Historia Interminable” son cosa mía.

K, o Joe, no existe.  Al menos, no como creemos que existe. Es un personaje de fantasía, un elaborado recuerdo que ha creado la que se supone que es la hija de Deckard. Si no fuese así, la nieve al final, en las manos de ella y sobre ella, solo sería un ornamento. Y a mí me enseñaron que en el buen cine y en la buena literatura todo tiene un significado. Nada debe ser casual. Y menos en la ÚLTIMA ESCENA.
Wallace tampoco existe. No existe nada en esta película, salvo la propia película, como metanarrativa en el universo de Bladerunner, la película original. Solo la última escena es real, aunque ella vive a caballo entre la realidad y la fantasía.
Esto es para mí lo único que salva a 2049 de caer en el olvido (el argumento de la historia principal, sin esta nueva perspectiva, siempre me ha parecido más bien vulgar y aburrido), y de golpe la convierte en obra maestra, incomprendida por los que la odian, pero sobretodo por los que la aman.
Deckard no es un replicante. Quizá es un humano cuya mente se ha manipulado con recuerdos, el pionero de una nueva posthumanidad… quizá todos los bladerunners son manipulados de ese modo. De hecho, se supone que los replicantes no envejecen. Son creados con la misma apariencia que tendrán mientras funcionen, o existan. Así que el ver a Deckard interpretado por Ford más mayor para mí al final viene a significar que es humano, aunque modificado.
En realidad, la idea del replicante puede ser trasladada al mundo virtual. No es que K no exista, es que no existe en la realidad.
Si todo esto es cierto, y me da igual lo que piensen otros, para mí lo es,  el personaje interpretado por Ana de Armas, Joi (claramente inspirado en la película HER, no solo el personaje sino toda su escena de amor), no es más que un eco que le recuerda a K que no existe… como pueden existir otros seres. Aunque realmente, eso tampoco significa que no exista.
Para mí ahora está claro que esa mujer diseñadora de historias virtuales, en un futuro en el que la realidad virtual ha de ser casi indiferenciable de la realidad, conoce la mente de Deckard, y juega con ella. El final es un eco del final de la Bladerunner original, y es un eco intencionado. Aunque sí que creo que los hechos de la original son reales. Recuerdos de hechos reales que ella conoce. Por qué, y por qué actúa así, eso ya es otra historia…
Podemos ver el reflejo de Deckard en el cristal de la burbuja donde vive ella, su Torre de Marfil. Emperatriz Infantil. Las dos realidades, el Bastian que traspasa la realidad y la fantasía. Hay un capítulo, en “La Historia Interminable”, donde Atreyu ha de pasar una prueba, una puerta que es un espejo, y en él se ve a sí mismo como Bastian. Si hay una obra de fantasía ya clásica que juega con la metanarrativa, esta es “La Historia Interminable”. Joe (o K) es el Atreyu, que conduce a Deckard hasta la Emperatriz Infantil, para sanarla, dándole un nombre.
Hay que apuntar también el dato de que los dos nombres del personaje interpretado por Ryan Gosling: “Joe” y “K” suenan como “Joke” en inglés.
Michael Ende, el autor de “La Historia Interminable”, escribió otros libros, no todos orientados al público más joven. Todos ellos, en cualquier caso, encierran grandes dosis de filosofía. Entre los libros “para adultos” que escribió destaca “El espejo en el espejo”

Hay más detalles. Aquí abajo, en la primera foto, vemos a ella diseñando la nieve, y jugando con ella, y el reflejo de la puerta de entrada y de Deckard traspasándola, y la puerta de salida, al fondo. Podríamos pensar que es la nieve de fuera, que cae por una claraboya abierta. Pero no, claro, eso es imposible, porque ella vive en una burbuja, y además, cuando se da la vuelta para encarar a Deckard la nieve desaparece.
Antes, durante esa historia que le es contada a Deckard para conducirlo hasta su hija (supondremos que lo es), podemos ver dos esfinges enfrentadas una a la otra, en Las Vegas; o cuando Deckard cita una frase de “La isla del tesoro”, y dice que lo único que puede hacer ya allí es leer. Dice que ha soñado con el queso. Ha soñado con algo que ha leído en un libro, pero que no existe allí, y se lo dice a alguien cuya historia es inventada como la de un libro, que en realidad no existe allí. Es realidad aumentada, o virtual… es ficción. (En el fondo, quizá sí que exista, tal como existen personajes como Atreyu, o nosotros mismos, en este universo holográfico. Aunque tómese esto último desde una perspectiva poética, no literal). Allí, donde vive Deckard, solo existen sombras del pasado, libros, y whisky para olvidar.
Desde luego, cada cual es libre de interpretar la película como más le guste. A mí es así como más me gusta, con mucha diferencia.

Por cierto, hablando de realidades alternativas o aumentadas, no sé si más gente aparte de mí ha visto el paralelismo que hay entre las formas del final de Valerian, de Luc Besson, y el final de Bladerunner 2049. Valerian me decepcionó bastante, más allá de lo visual, pero tiene algunos detalles formidables, y ese, la forma en que trata el tema de la realidad virtual y aumentada, es uno de ellos.

 

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Reseña: “El Portal de los Obeliscos”, de N. K. Jemisin.

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Todas las reseñas y comentarios que he visto de este libro en Internet han sido muy positivos, sin paliativos. Esta reseña va a ser una excepción a esa regla. Creo necesario subirla, porque imagino que habrá más personas como yo que puedan sentirse decepcionadas. Tiene que haber lugar para todo en Internet, mientras el sentimiento sea honesto.

Mi sensación al leer “El Portal de los Obeliscos” ha sido de decepción. Sin que fuese la primera parte, “La Quinta Estación”, mi libro favorito, fue un libro aquel que me gustó mucho, y me dejó buenas sensaciones y recuerdos. Un tipo de fantasía o ciencia ficción tan originales que no se sabe dónde termina la una y comienza la otra, aunque si yo tuviera que definirme, diría que se trata más bien de fantasía, tan concienzuda en algunos de sus elementos, eso sí, que la hacen parecer ciencia ficción, aunque si somos rigurosos, su ciencia es tan imaginativa y alejada de lo que normalmente entendemos por ciencia ficción, que yo prefiero contarlo como un libro de fantasía. No tengo preferencia por uno u otro género, me entusiasman los dos por igual, y creo que en ciertos niveles están profundamente entrelazados. Esta trilogía de N. K. Jemisis es un gran ejemplo.

Así pues, decepción, porque me gustó mucho “La Quinta Estación”, y en este libro, básicamente, no pasa nada. Todo el libro en dos localizaciones, cuatrocientas páginas sin moverse de esas dos localizaciones, contándonos lo mismo una y otra vez. Hacia su parte central, está el relato de Alabastro, donde algunas sorpresas en el worlbuilding por fin convierten a la historia en algo excitante, pero solo es un espejismo… enseguida volvemos otra vez a las mismas localizaciones, y a leer lo mismo una y otra vez. El libro se me ha hecho eterno. Hacía mucho tiempo que no tenía tantas ganas de terminar un libro de una vez, para poder leer otra cosa.
Los personajes: no me he identificado nunca, ni de lejos, con ninguno… bueno, venga, quizá un poco con Lerna. Pero se trata de un secundario. Y vale, al final, muy al final, en la última página, con Nassun.
Con lo que más me identifico es con el tema de fondo, y a veces entiendo el odio que mueve a la protagonista, ese odio hacia los axiomas de una sociedad que da por hecho que los que son como ella están ahí para hacer que la sociedad de los demás funcione, sin que dicha sociedad considere jamás que los que son como ella merezcan su respeto. Esa sensación de ser usada de la protagonista, acrecentada por la sucesión de pérdidas a lo que se ha visto sometida en el pasado.

Pero no comulgo con las formas de Essun. La forma en que asesina a inocentes sin que le tiemble una pestaña, y ese final… ese final del que había leído maravillas e interjecciones de asombro por doquier… ese final… me pareció horrible. No el final final… el final de Nassun me gustó. Me gustó lo suficiente para, a pesar de todo, hacer de tripas corazón e ir también a por el tercero. Pero el final de Essun, horrible. La personificación total y más descarada del deus ex machina hecho personaje. Algunos podrán decirme que vaya disparate, lo que acabo de escribir, porque cierto es que si hay un libro donde todos los entresijos que explican el poder desencadenado por el protagonista se explican con profusión de detalles, en un alarde de imaginación tal que casi terminas por dudar si la orogenia y la magia existen de verdad, es este libro. Pero todas esas explicaciones terminan por hacerme el libro soporífero.  Al final, después de tantísima explicación, sigo sin creerme a un personaje protagonista que de repente es un dios aniquilador. No comparto ni el fondo ni la forma en que se hacen esas cosas.
Luego está la batalla final, donde se llega a la confrontación a través de una serie de sucesos taaaaan aburridos… que al final me da igual por qué luchan, contra quién y para qué. No creo que el desarrollo de ese conflicto entre comus sea brillante. Me parece un  punto flaco de la historia.

Como digo, al final, justo cuando estaba casi seguro de que no compraría el tercer libro, surgió un rayo de luz en la última página, en la forma en que Nassun parece empezar a despreciarse a sí misma por todo lo que ha hecho, un personaje muchísimo más interesante que el de la madre, sin duda. Con ese final la autora nos hace barruntar el choque de trenes que puede producirse en el tercer libro, entre la madre odiadora y la hija redentora. Y con eso me quedaré…
La historia tiene otras cosas positivas, ciertos detalles humanos muy entrañables en la historia de amor con Alabastro, y algunos puntos buenos en general, como la perspectiva que se da de la magia dentro de un contexto rayano en la ciencia ficción.
Pero, ya digo, en  general, y para mi gusto, uno de los peores libros que he leído en los últimos años.

Me ha hecho preguntarme qué valoraron exactamente los miembros del jurado de los premios Hugo en este libro, si es que se trató de un año tan malo que tuvo que ganar esto. Lo cual dudo. ¿Se lo dieron por inercia reivindicativa, porque el primer volumen de esta trilogía, “La Quinta Estación”, ya ganó el Hugo del año anterior?
No se me escapa la polémica que ha habido durante los últimos años en los Hugo, y yo siempre me he posicionado en el bando de los que consideran al grupo conservador (que pone el grito en el cielo porque los premios se otorguen a mujeres, encima afroamericanas, y encima que no escriben ciencia ficción de corte clásico) un atajo de gilipollas trasnochados. Creo que el Hugo a La Quinta Estación fue justo. Flipé positivamente leyendo “Justicia Auxiliar”, de Ann Leckie, y “Las estrellas son legión”, de Kameron Hurley, y estoy flipando leyendo “La revolución feminista geek”. Soy admirador de la obra de Ursula K. Le Guin, y he escrito un artículo en este blog lamentándome de la escasísima repercusión que tuvo su muerte en España, donde ni siquiera fue noticia en ningún telediario. Eso me indignó profundamente. Digo todo esto para que nadie se confunda con esta reseña. Escribo solo lo que he sentido leyendo el libro. Tiene que haber gente y gustos para todo.

En cuanto a la calidad literaria, no cabe duda de que Jemisin escribe muy bien, aunque en general me ha parecido un libro pobre en cuanto a eso que yo llamo “capacidad de sutil evocación poética”, que a mí siempre me gusta sentir en la prosa. (Algo que me encantó de “Las estrellas son legión”, por ejemplo).

En cuanto a la traducción, ninguna pega, muy buena, y apenas hay faltas ni erratas reseñables.

Mi valoración personal: 3 sobre 5.

Anunciada la primera novela de fantasía de Ann Leckie: “The Raven Tower”.

Así es. Orbit Books anunció este viernes la publicación de “The Raven Tower”, la que será primera novela de fantasía de la autora que ganó el Hugo, el Nebula y el Arthur C. Clarke con su primera novela de ciencia ficción, Justicia Auxiliar, primera parte de una trilogía cuya continuación son “Espada Auxiliar” y “Misericordia Auxiliar”, y que está siendo publicada en castellano por Nova Libros  (que, como veis, no actualiza su web como se le presupone a una editorial de su merecido prestigio en el sector, ganadora del premio a la mejor editorial europea de ciencia ficción y fantasía en 2016).

El libro será publicado en inglés a principios de 2019, el 12 de febrero, más concretamente, y esperamos fervientemente que Nova o alguna otra editorial patria estén al quite para que sea poco el tiempo para tenerla en nuestras manos en el idioma de Cervantes, una vez vea la luz en el de Shakespeare.

Recordemos que, ambientada en el mismo universo de la trilogía del imperio Radch, Ann Leckie también ha publicado la novela autoconclusiva “Provenance”, actualmente sin traducir al castellano.

Por la poca información proporcionada hasta ahora, parece que la historia de “The Raven Tower” versará sobre dioses que hablan a los mortales y tronos usurpados. La editorial no ha dado aún una sinopsis, pero sí nos ha dejado estas palabras:

Listen. A god is speaking.
My voice echoes through the stone of your master’s castle.
This castle where he finds his uncle on his father’s throne.
You want to help him. You cannot.
You are the only one who can hear me.
You will change the world.

“Escucha. Un dios está hablando.
Mi voz reverbera a través de la piedra del castillo de tu señor.
Este castillo donde él encuentra a su tío en el trono de su padre.
Tú quieres ayudarlo. No puedes.
Tú eres el único que puede oírme.
Tú cambiarás el mundo.”

Así, en principio, no parece algo muy original, pero son aún muy pocas pistas, y tratándose de la primera novela de fantasía de una de las sensaciones de la ciencia ficción de los últimos años, las expectativas, y la ilusión por leer este libro, son altas. ¿Estará la historia enmarcada dentro del mismo universo de ficción del imperio del Radch, por más que se trate ahora de una novela de fantasía?

La portada, diseñada por Lauren Panepinto:

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