Ha llegado el momento.






Esta entrada va sobre mí. Sobre quién escribe este blog. Sobre algunos aspectos esenciales de mi vida, mis esperanzas y mis sueños. Va, sobre todo, de mi amor por la música y la fantasía, y sobre cómo cristalizarán en forma de un proyecto musical.

Durante toda mi vida solo hay dos cosas que se me han dado bien. Hacer música y escribir. He llevado a cabo diversos, muchos intentos de escribir diferentes historias a lo largo de mi vida, cada vez un poco mejor que la anterior, pero a día de hoy todavía no lo suficiente. Es difícil sacar tiempo para dedicarle a lo que de verdad te gusta en esta vida, que está llena de necesidades y obligaciones. Quizá si tuviese más confianza en mí mismo habría renunciado a mi trabajo hace mucho tiempo, para dedicarme solo a las cosas que más me gustan, hacer música y escribir. Pero no tuve la suerte de nacer en una familia en la que sobrase el dinero. Tuve que dejar los estudios en la universidad, en la que empecé a estudiar Derecho sin ninguna vocación, para trabajar, y aquel trabajo es el que sustenta hoy en día mi futuro y por fin, tras múltiples aventuras y desventuras y aprobar una oposición, hace no mucho tiempo, me da la tranquilidad suficiente como para, ahora sí, poder dedicarme a lo que más me gusta, en un nuevo destino en el que tengo esa tranquilidad, y tiempo, sobre todo tiempo, para hacerlo.

No creo ser especial en todo esto que he escrito. Sé que mucha gente se verá representada en estas palabras. Leí una vez una biografía de George Lucas, en la que decía que la clave del éxito, si es que este llega alguna vez (aunque es discutible, luego diré, al final, qué es el éxito), se basa en tres cosas fundamentales: PERSEVERAR, CONFIAR EN UNO MISMO y TRABAJO, o DEDICACIÓN.

Una de las cosas por las que no soy escritor es que hay otra cosa que, como comentaba, me gusta tanto o más que escribir. Hacer música. Empecé tarde a tocar, por mi cuenta, a los 17 años, tras introducirme en la escucha de una industria discográfica que nunca me había llamado la atención, salvo por cosas sueltas que siempre llegaban a mí a través de la televisión. Fue cuando compré mi primera cassette de música, en unas Navidades en Madrid, con el dinero de los Reyes de mi tía Mariángeles, en una tienda de música Crisol (creo que hace tiempo que no existen). Eran las Navidades de 1991. Aquella cinta era el “Images”, de Jean-Michel Jarre. Poco tiempo antes había descubierto el anuncio en la televisión. Los fragmentos musicales de piezas que me sonaban de toda mi vida, una música que sonaba diferente a casi todo, y que me subyugó, desfilaban sobre un campo de nubes en un cielo azul, mientras la locución decía: “Nunca nadie ha sabido ponerle mejor música a la imaginación”. Empezó para mí una relación de verdadero amor hacia la música, que siempre me había fascinado, no siempre necesariamente de Jarre, catalizada a través de la obra de este mago de los sintetizadores francés, prestidigitador de rayos láser, proyecciones de luz y fuegos de artificio que sonaban en sus conciertos al ritmo de una música que parecía venida del futuro.

Yo había visto en televisión su concierto en Houston, en diferido, años atrás, cuando tenía 11 años, pero sin tener ni idea de quién era aquel músico que más que músico parecía un mago jugando con artilugios de luz. Una de las piezas del anuncio me hizo descubrir por fin quién era aquel hechicero electrónico (en una época en la que, por supuesto, y qué extraño puede parecer decirlo hoy en día, Internet no existía, y solo conocías las cosas que eran noticia en los medios escritos o en la televisión y la radio). Si las cosas no llegaban a ti por esos caminos, la radio, la prensa o la televisión, era como si no existiesen. Era un mundo más pequeño y tranquilo. Más sencillo y más pobre. Seguramente, más misterioso y encantador; un planeta en el que cualquier novedad emocionaba y se valoraba más que ahora.

Sea como fuere, descubrir de golpe toda la música de Jarre despertó en mí mis neuronas espejo. Yo quería hacer música, aunque nunca lo hubiera sabido, hasta ese momento. Empecé a aporrear, literalmente, las teclas del pequeño órgano de viento Bontempi que nos habían regalado cuando hicimos la comunión. Desde entonces, con 17 años, hasta ahora, han pasado 29 años, en los que nunca he dejado de progresar, de aprender, de mejorar, muy despacio, no siempre paciente, siempre dejándome llevar por la pasión, que muchas veces corría más deprisa que mi capacidad para poder plasmar la música que tenía en la cabeza, tanto por carencia de medios técnicos, como por falta de experiencia musical. También de conocimientos, aunque afortunadamente vivimos en una era, ahora, en la que gracias a Internet este último obstáculo puede salvarse. A lo largo de esos años pasé de solo tocar melodías, a seguir el ritmo, tocar acordes, mezclar cosas, pasando por todo tipo de teclados, desde el Bontempi de viento, a un Yamaha PSR 200, un Yamaha DJX, un Roland EG-101, Un Korg MS-2000 (mi primer sintetizador serio), y un montón más de aparatos-instrumentos musicales de diversas marcas, hasta hoy. Durante más de 10 años no usé ordenador alguno, solo multipistas baratos y grabadoras, primero en cassette y luego digitales. Fue a los 30 años que me compré mi primer ordenador, y a día de hoy me encuentro más cómodo tocando instrumentos software, por medio de teclados musicales, controladores de DAWs y demás instrumentos VST. Reason es mi DAW (DAW: Digital Audio Workstation) favorito (pese a algunas de sus carencias en el secuenciador, en comparación a la competencia), porque es el que mejor emula el mundo del hardware musical.

Hubo momentos, más de uno, en los que tuve verdaderas epifanías, intuiciones de un futuro en el que sabía que lo iba a conseguir. Aunque siempre he tenido los pies en la tierra, quizá demasiado, y al principio, cuando todo parecía muy lejano, me repetía a mí mismo que aquello no era más que una afición, y aún hoy me lo sigo repitiendo. Pero eso ya no importa; por supuesto que es una afición. Pero es más cosas. Tocar es una forma de vida. Es lo que me hace sentir verdaderamente vivo. Me doy cuenta de lo lejos que he estado de sentirme así durante estos últimos años, en los que he pasado una crisis musical en la que, aún sin dejar de tocar, de producir, de grabar, mientras pensaba en un proyecto futuro que siempre aparecía demasiado lejos en el horizonte inalcanzable, me decía a mí mismo que quizá estaba perdiendo el tiempo. Esa crisis fue debida a varias cosas, la edad, por la que la sociedad parece dictarte que si no eres joven da igual todo lo que hagas, pues ya no tendrá valor, y al final casi terminas por creértelo. (La verdadera juventud, por supuesto, vive dentro de cada uno, y no tiene nada que ver con la edad. Hay, hoy en día, multitud de jóvenes que se comportan más como viejos, que se creen de vuelta de todo, con la mente llena de mentiras, nada más que dedicándose a imitar el triste mundo heredado de los adultos).
El trabajo fue el otro gran impedimento, el mayor de ellos en realidad: nunca vocacional, siempre una dura prueba, un obstáculo, sobre todo por la inseguridad en la que me veía sumido antes de aprobar la oposición que por fin me ha dado la tranquilidad y el tiempo que poder dedicar a lo que más me gusta. De hecho, aunque grabé alguna cosa durante el año que estudié la oposición (a la vez que trabajaba), aquello terminó por secarme por dentro, y me dejó durante casi un año sin ganas de hacer nada, periodo que por cierto a mí me coincidió con la reclusión pandémica, en 2020.
Y la falta de nuevas referencias musicales, que provocaron que mis neuronas espejo se echasen a dormir. Pero lo que provocó esto último está a la vez relacionado con el regreso de mis ganas de hacer música, con más fuerza y decisión, con más perseverancia, confianza en mí mismo y dedicación que nunca antes. Me refiero al que fue mi principal inspiración para empezar a hacer música, Jean-Michel Jarre. Aunque para mí su último gran disco fue el Chronologie, curiosamente el primero y el último que compré siendo fan suyo, durante el siglo XXI ha tenido algunos momentos también para el recuerdo, desde 2016 a 2018, aunque tras el Equinoxe Infinity creo que está dando palos de ciego y nada de lo que ha hecho me interesa.

Afortunadamente, hay muchos más músicos, y entre las nuevas oleadas de jóvenes entusiastas encuentro cosas que vuelven a despertar mi pasión por la música, en gente como Au Revoir Simone, L’Impératrice, y otros artistas de la escena electrónica francesa más melódica, que desde Jarre y aún retrotrayéndonos a décadas anteriores, en forma de pop francés, es de lo que más me gusta, más allá de los siempre imprescindibles Vangelis, Mike Oldfield, y otros entre los que citaré a Franco Battiato, Kraftwerk, Enya, Franco Battiato, Klaus Schulze o Giorgio Moroder, todos con la música electrónica en común, género que es esencialmente en el que se mueve la música que yo hago. También me gustan algunas de las cosas que hacen músicos tan heterogéneos (tanto por su música como por su mayor o menor popularidad) como Yann Tiersen, Moby, Dido, Kid Francescoli, Susanne Sundford, Rone o Julia Holter, entre otros. (Estos dos últimos los descubrí gracias a Jarre, ya que colaboraron en uno de sus álbumes). Y además, siempre me han gustado las bandas sonoras de gran parte de las películas y series de… casi siempre de fantasía y ciencia ficción, pero no siempre. Y, por supuesto, la música clásica. No soy, ni mucho menos, un melómano, pero disfruto muchas cosas enormemente, cuando las escucho. En concreto, me fascinan la vida y obra de Beethoven y Mozart.

En cuanto al rock y al pop, tanto anglosajón como, sobre todo, español, nunca o casi nunca me han aportado nada. Es esa la razón, dado que cuando era niño y aún adolescente no teníamos Internet, ni aún durante sus primeros años de existencia, por la que la mayor parte de la música que conocía que me gustaba venía del cine y la televisión, usada para promocionar eventos, de fondo musical de anuncios, como cortinillas, o jingles o sintonías de programas de tv o de radio. Pero nada que me atrajese venía nunca de los programas de radio fórmulas. El rock y el pop de corte más tradicional, salvo excepciones, siempre me pareció un desierto de aburrimiento al que mis oídos no hacían caso. Sí me gustan cosas de grupos como Azul y Negro, La Oreja de Van Gogh, y algunas cosas de Amaral, Zahara (su versión más electrónica), Alaska, Mecano… aunque esas cosas las fui descubriendo ya más talludito. En cuanto a la escena internacional, me gustaban mucho Los Cranberries, y bueno, no soy fan, pero hay muchos temas de muchas bandas sueltas que me han gustado, aunque, como digo, no sea fan de ninguna de ellas.

En fin, hoy me encuentro por fin con una estabilidad económica, en un sitio de trabajo en el que tengo la suficiente tranquilidad y tiempo libre para dedicarme a lo que más me gusta, y quizá el último obstáculo que tenía que superar para dedicarme a la música como mi principal afición era convencerme a mí mismo de que realmente quería hacerlo. Mis ganas de escribir casi siempre, y más con el tiempo, han sido tan grandes como las de hacer música. Eso, más que algo bueno, que se te de bien hacer dos cosas distintas, es malo. Porque te hace dudar sobre a qué dedicar en cuerpo y alma el valioso tiempo libre que tenemos. De hecho, dedicarme a hacer música me priva de más tiempo libre para leer. Habría que poder vivir 200 años, por lo menos, para poder hacer todo lo que queremos.

En este mismo blog hay un ejemplo de mi último intento de novela, y, en mi entrada más reciente, antes de esta, un enlace al primer tema del proyecto musical con el que quiero terminar esta suerte de reflexión autobiográfica, presentando desde mi blog dicho proyecto.

Por fin he elegido, y aunque mi pasión por la literatura y el cine fantásticos siga intacta, he elegido volcarme en la música. Empecé casi sin ganas, diciéndome que tenía que aprovechar el tiempo libre que por fin me ha dado la vida, para hacer algo. Si no era el momento de escribir, podía seguir leyendo, o anotando ideas para una novela, mientras me dedicaba a dar forma a un nuevo tema musical. Venga, hazlo. Lo hice. Y me salió algo mejor de lo que esperaba. Quizá uno de los mejores temas que haya hecho nunca, o esa es la sensación que tengo. Y cuando tengo esa sensación, no puedo dejar de hacer el siguiente tema. Y con el siguiente, al que estoy dando forma estos días, vuelvo a tener esa misma sensación. Así que tendré que seguir haciendo música, porque, entre otras cosas, no hay nada que me haga sentir tan vivo.

El proyecto consta de una serie de temas, entre seis y ocho, que iré publicando por vez primera en todas las principales plataformas de streaming. El primer tema ya se puede escuchar en mi página de Bandcamp. Se titula “To the Withclight”, y cuenta, con música instrumental, a través de la imaginación y de unos relatos breves que iré escribiendo, uno para cada canción, una historia de fantasía épica, de corte medieval. Publicaré un tema nuevo cada mes o mes y medio, a partir del 15 de noviembre, en el que llegará a las plataformas el primer tema, “To the Witchlight”. El siguiente será “Forgotten Princess”, en el que trabajo estos días.

En la segunda parte de 2022, más bien hacia finales, publicaré un álbum, que recopilará esos temas, seguramente algo retocados y remasterizados, a los que añadiré dos nuevos.

A partir de ahora usaré este, mi blog, para comentar noticias y aspectos nuevos sobre este proyecto. ¡Muchas gracias por seguirme!

¿Qué es el éxito? El éxito es poder dedicarte a lo que más me gusta. El éxito es, ante todo, saber qué es lo que más te gusta.

https://eusantis.hearnow.com

La música electrónica que yo hago se caracteriza, entre otras cosas, porque tiene muy poca programación. Casi todo está tocado a mano, incluidas la mayor parte de las secuencias de base. Tengo una aproximación sencilla a la música electrónica, en la que trato mi teclado y mi estudio virtual un poco como un cantautor su voz y su guitarra.

Lo único que quiero, al hacer música, es poder volver a sentir esas cosas tan difíciles de explicar con palabras, cuando descubres una nueva pieza musical que te transporta a otro tiempo y lugar, pero sin dejar de estar fuertemente vinculada con el momento que vivimos, con el aquí y el ahora, con las cosas que nos rodean. La música es el mejor puente que existe entre la realidad y la fantasía. Tiene el poder de transformar el mundo en algo mejor. Son esas cosas que sentí y que siento escuchando a músicos como Jean-Michel Jarre, y esos otros que he nombrado aquí.

La Rueda del Tiempo en la nueva fantasía. ¿Tiene cabida?



Con el estreno en noviembre en Amazon Prime de la primera temporada (segunda ya confirmada) de La Rueda del Tiempo, estamos ante la primera de las dos nuevas series basadas en sagas de fantasía épica clásica que nos traerá esa plataforma en los próximos tiempos, siendo la otra El Señor de los Anillos (pero en la época narrada en el Silmarillion de la forja de los Anillos de Poder).

Si hay una serie que significó una ruptura y un modelo a seguir, tanto en su vertiente audiovisual, como serie propiamente dicha, como en su calidad literaria, como saga de fantasía (a día de hoy inacabada), esa fue Juego de Tronos, basada en la saga de George R. R. Martin, cuyo primer libro, Juego de Tronos, veía la luz a finales del siglo pasado. A España llegó casi nada más comenzar el milenio, y yo estuve entre los que compraron la primera edición de aquel libro, cuando por aquí prácticamente nadie sabía nada de esa saga, ni de la existencia de Martin.

De muchas series y sagas han dicho desde entonces que eran la nueva “Juego de Tronos”, tal fue la forma en que aquellos libros cambiaron, revolucionaron, o, más bien, hicieron evolucionar el género. En lo audiovisual es una serie magnífica de principio a fin, en la que los fanáticos se cebaron en críticas injustas, faltas de perspectiva, y que no tuvieron en cuenta el hecho evidente de que los showrunners se quedaron sin novelas en las que basarse, al superar la serie a las novelas en su relato de los hechos. Aclaro aquí que los que esperen las novelas (cuando sea que lleguen, algunos han perdido la fe) como agua de mayo, para que reivindiquen justamente las cosas que no les gustaron del final de la serie, pueden irse olvidando. La serie se terminó según las instrucciones dadas por Martin, y este ha dicho que lo que pase en las novelas no diferirá mucho de lo contado en el final de la serie, salvo por los detalles lógicos que las novelas nos desvelarán con profusión. La forma más clásica de afrontar el relato de los hechos, basada en una aproximación más convencional al guión televisivo, problema lógicamente derivado de no tener ya libros que sirviesen como modelo, fue el otro motivo que los fans no supieron tener en cuenta, y que mermó su impresión de lo que en líneas generales fue una serie brillante hasta su último minuto.

En cuanto a lo puramente literario, Canción de hielo y fuego es conocida por haber marcado el inicio de una nueva etapa dentro del género de la fantasía épica. Hoy en día es común encontrar articulitos escritos en medios generalistas; hoy mismo he leído uno de sos artículos de mierda en La Vanguardia, de esos destinados a contentar al lector mediocre, que no quiere invertir más de dos minutos en saber algo sobre cualquier tema con un poco de profundidad. En él se habla de Juego de Tronos, en su vertiente literaria, como revolución en el género que dejó atrás el género fundado por Tolkien (que bebió de las fuentes mitológicas y de autores como Lord Dunsany), y se refiere a las sagas de fantasía épica que llegaron después de Tolkien como novelas con argumentos donde “un Elegido debía llevar a cabo una Misión que le llevaría enfrentarse a un villano que encarnaba el Mal absoluto. Ese Elegido, además, vivía en una tierra en la que había criaturas fantásticas, magia, elfos, dragones y donde el Bien siempre acababa triunfando”.

Esta es una visión pueril del tema, que demuestra un profundo desconocimiento del mismo.

Se han escrito sagas inspiradas por Tolkien, con su propio carácter, no exentas de una gran calidad literaria e interés. Entre ellas yo destacaría la obra de Ursula K. le Guin: Historias de Terramar, así como las sagas de Tad Williams y Robert Jordan, las cuales menciono específicamente para centrarme en ellas en este breve artículo. Aquí os dejo un enlace a esas obras de fantasía épica, en su mayor parte más clásicas, que merece mucho la pena tener en cuenta: https://www.vix.com/es/arte-cultura/61730/10-escritores-de-fantasia-contemporaneos-que-tienes-que-conocer

Si quiero centrarme en las sagas de Tad Williams: Añoranzas y Pesares (le dedicaré una entrada propia un día) y de Robert Jordan: La Rueda del Tiempo, es por ser dos de las principales, y por haber sido parte fundamental de la evolución del género fantástico… pero esas son las cosas que los mentecatos que escriben articulitos como el que menciono arriba, en La Vanguardia, ignoran por completo.



Ilustración de Michael Whelan para la portada de La Torre del Ángel Verde, último libro de la saga Añoranzas y Pesares. Es el autor que ilustra las portadas de El Archivo de las Tormentas, de Brandon Sanderson. Las portadas de las nuevas novelas de Osten Ard, escritas 30 años después, y sin traducción al español, también corren a cargo de este genial dibujante.



Así, la pregunta es ¿cómo surgió Canción de hielo y fuego? No por arte de magia. Esas sagas ninguneadas y denostadas por los que en el fondo desprecian y no entienden la obra de Tolkien, aunque lo digan con la boca pequeña, son en cierto modo el eslabón fundamental en la cadena que va de Tolkien a Martin. Sí, sin duda, la obra de Martin no existiría sin la de Tolkien, pues, pese al cambio en el estilo, provocado por la lógica evolución de los años, costumbres y gustos, por eso que llamamos “moda”, los ingredientes que hay en Westeros son esencialmente los mismos que ya existían en la Tierra Media. Lo que cambia es la forma en que se nos cuenta el mismo tipo de historia, historias que forman parte del alma, de la psique humana. Pero para llegar a esos nuevos estilos, hemos de transitar primero por esas otras sagas. En el caso de Añoranzas y Pesares (“Memory, Sorrow and Thorn”, en el original, que jugaba con el nombre de tres espadas legendarias y con el significado de las palabras), el propio Martin ha reconocido muchas veces que fue la obra que le inspiró la escritura de su propia saga de fantasía. Hay incluso huevos de pascua ocultos en las páginas de Canción de hielo y fuego, que toma nombres de personajes importantes de la obra de Williams y se los pone a algunos personajes secundarios suyos, a modo de homenaje.
Añoranzas y Pesares es una obra que siempre recomiendo encarecidamente leer a cualquier fan de Tolkien y de Martin, pues junto a esas otras forma parte de un tríptico de sagas de fantasía épica, si se me permite usar la expresión, en las que vemos cómo el género nace y evoluciona, sobre todo estilísticamente. Así, aunque en Añoranzas y Pesares partimos del clásico viaje del héroe, nos enfrentamos a lo largo de sus tres (cuatro, ya que el último volumen fue dividido en dos en algunas ediciones) libros clásicos a una multitud de puntos de vista y lugares, a elementos propios de nuestra historia que adornan la fantasía, que anticipan claramente lo hecho por Martin. Es imposible comprender bien Canción de hielo y fuego sin leer El Señor de los Anillos y Añoranzas y Pesares, que la precedieron.

En cuanto a La Rueda del Tiempo, yo aún no la he leído; estoy por fin con el primer libro, que quiero terminar antes de que llegue la nueva serie. Para animaros a leerla, lo mejor que puedo hacer es compartir este gran artículo, que enumera sus muy atractivos logros:
http://imagigantes.blogspot.com/2017/04/la-rueda-de-tiempo-analisis-de-la.html

Ha sido en realidad a raíz de leer ese artículo, y la forma en que justifica la lectura de La Rueda del Tiempo, como queriéndose excusar por su estilo anticuado para el gusto del lector de fantasía de hoy en día, que he sentido la necesidad de escribir esta entrada del blog. Porque en eso no estoy de acuerdo. No creo, para nada, que el estilo de Tolkien, Tad Williams o Robert Jordan haya quedado desfasado, sino que forma parte del tiempo en el que se escribieron sus obras, y eso no las hace ni mejores ni peores. Creo que es también lo que viene a querer decir el autor del artículo que recomiendo, no obstante. Las obras de los autores de hoy no existirían sin los de ayer. Criticar a las de ayer por no estar “a la moda”, como hacen otros en sus artículos de mierda, es tan poco sabio que no voy a gastar más las teclas insistiendo en ello.

Todo género es como un árbol, que se va ramificando, terminando en nuevos subgéneros, relacionados pero distintos entre sí. Así, de la inspiración de la obra Tolkien brotaron muchas otras, mejores y peores, entre ellas las dos citadas aquí. De la rama de Tad Williams brotó la de Martin, que por importancia se convirtió en un nuevo árbol en sí mismo, y de la cual surgen a su vez otras ramas, que son las que están de moda hoy en día. Pero no todas las cosas en boga hoy en día siguieron el mismo camino.

Así, la obra de Brandon Sanderson se entiende como evolución, ramificación, igual de importante, de la de Robert Jordan, pero desembocó en otras obras que nunca llegaron a formar parte de la moda de la fantasía oscura. Eso no quiere decir que no haya elementos oscuros en La Rueda del Tiempo. Vemos cosas en ella, ya en su primer libro, que estoy leyendo justo ahora, que evocan tanto a Tolkien como a Sanderson, por citar los dos ejemplos más evidentes, y entre los que se ubica en el tiempo. Y la oscuridad en Tolkien ya era real y genuina, sin que hubiera necesidad de usar para ello un estilo diferente al que él empleó. Y lo mismo puede decirse de Sanderson, que, aún con su propio estilo, denosta los elementos de fantasía oscura que están tan de moda hoy en día, lo cual lo convierte por derecho propio (destacable pese a ello) en uno de los, para mi gusto -junto a Patrick Rothfuss-, mejores escritores de fantasía de la actualidad.

Brandon Sanderson fue no en vano el escritor, ya consagrado por entonces, elegido por la viuda y editora de Jordan, para terminar la saga de La Rueda del Tiempo a la muerte del autor, gracias a las notas dejadas por este para el último libro, que a la postre el prolífico Sanderson convirtió en toda una trilogía final de verdaderos tochos. Fueron un total de 14 libros para la saga de La Rueda del Tiempo, y es esa descomunal longitud una de las principales cosas que siempre me ha desanimado a emprender su lectura. Pero, la verdad, ahora que ya están todos escritos y que viene la primera temporada de la serie, creo que ya va siendo hora de ir resolviendo esta asignatura pendiente. Porque La Rueda del Tiempo es una de las sagas de fantasía épicas más importantes jamás escritas, y ningún freak que se precie puede ir por ahí presumiendo de serlo sin haberse puesto con estos libros.

Aunque hay cosas diferentes en la obra de Sanderson respecto a la de Jordan, que marcan diferencias entre las obras de fantasía más clásicas y muchas de las actuales. La Rueda del Tiempo está ambientada en un planeta Tierra fantástico, de la misma forma que la Tierra Media y, posiblemente, el Osten Ard de Añoranzas y Pesares (y también, claro, la Shannara de Terry Brooks), Roshar, el mundo de El Archivo de las Tormentas, es un planeta alienígena colonizado por la humanidad, en un universo de ficción propio, el Cosmere, ideado por Brandon Sanderson. Y lo mismo puede decirse del mundo de Canción de hielo y fuego, que por sus características climatológicas también parece pertenecer a un sistema solar extraño. Sin embargo, son estos detalles cosméticos, no esenciales de lo fantástico que comparten todas estas obras. Al final todas ellas comparten lo mismo con la de Tolkien, y la suya con las cosas que le precedieron, antes incluso de Lord Dunsany, de que la literatura moderna fuese capaz de articular la necesidad del espíritu humano de estas obras. Como intuyó Michael Ende (otro fuertemente inspirado por Tolkien), y como subraya la filosofía detrás de La Rueda del Tiempo, todas estas historias forman parte de una misma historia interminable. Las obras se suceden unas a otras, desde las fábulas mitológicas y los libros de caballerías y el mito de Arturo, hasta Dunsany, Tolkien, C.S. Lewis y su Narnia, hasta las últimas ramificaciones de la fantasía, como la trilogía de los Magos de Lev Grossman, que brota entre otras cosas de Harry Potter (que a su vez brotó de Historias de Terramar y de Tolkien, aún, quizá, pese a la propia ignorancia de su autora sobre ello) y de Narnia. Nunca serán suficientes, porque nunca nos cansaremos de esas historias, pues siempre necesitamos aproximarnos a nuestra propia realidad desde nuevas perspectivas, imposibles de encontrar en las obras más realistas. Como se desprende del artículo que he compartido arriba, para animarnos a leer La Rueda del Tiempo, que una obra sea de fantasía no significa que no sea realista. A veces, como decía Ursula K. Le Guin, sobre todo cuando es fantasía de la buena, el genero fantástico es capaz de dar lecturas más certeras, profundas, sobre nuestra propia realidad que cualquier otra obra. No deberíamos despreciar a la ligera aquellas que no conozcamos bien, solo porque ya tengan unos años. Al contrario, ese debería ser un motivo para fijarnos más en esos libros.


Portada original del último libro (14) de La Rueda del Tiempo, escrito por Brandon Sanderson sobre las notas dejadas por Jordan, que falleció dejando la obra con 11 libros. Esta portada también es de Michael Whelan.




Por tanto, por todo esto, no es solo que La Rueda del Tiempo sí tenga cabida en el panorama de la fantasía épica actual. Es que es parte de ella. Además, ahora la serie de Amazon Prime puede hacer que se ponga “de moda”.

No hay vieja o nueva fantasía. Solo hay buena o mala fantasía.


https://www.youtube.com/watch?v=fqQvDfj9PFU

Fotogalería de Fundación (Foundation), la serie basada en la obra de Isaac Asimov, que se estrena el 24 de septiembre en Apple TV +


A principios de los años cuarenta del siglo XX, un joven escritor de origen ruso que había emigrado con su familia a los Estados Unidos cuando el pequeño contaba tres años de edad, y se había licenciado en ciencias químicas, gracias al dinero que ganaba su padre con una tienda de golosinas y revistas, comenzó a publicar por entregas en las revistas especializadas de ciencia ficción una serie de relatos. Aquellos acabarían conformando una saga de tres libros y algo más de quinientas páginas, la trilogía original de La Fundación, con los títulos: “Fundación”, “Fundación e Imperio” y “Segunda Fundación”. El joven Asimov, todo un portento, publicó la saga antes de los treinta años. La trilogía de la Fundación fue premiada años después, en los años sesenta, con el premio Hugo a la mejor saga de ciencia ficción de todos los tiempos, merecimiento que, a mi juicio, todavía es justo. Lo merece por su trascendencia, similar en la ciencia ficción a lo que supuso Tolkien para la fantasía.

No faltan, sin embargo, voces contemporáneas que se alzan, desde los púlpitos de lo ventajista y lo políticamente correcto, a arengar en contra de la obra de Asimov, por el pecado de haber sido escrita según el punto de vista de un hombre de su tiempo. Son críticas mojigatas y pusilánimes, de tontos que protestan porque un árbol no les deja ver el bosque. Críticas que no se dan cuenta de que la esencia de todo lo que nos cuenta Asimov es atemporal, universal, y que trasciende cualquier noción de género o color de la piel. Así lo entendieron los productores de la serie, que la han remozado, poniendo a actrices de ascendencia africana en papeles protagónicos que en la obra literaria correspondían a hombres blancos caucásicos. Y debo decir que me parecería tan estúpido criticar estas decisiones como menospreciar desde el punto de vista de hoy la obra de Asimov por pertenecer a un hombre de su tiempo. A mí la decisión de Apple TV+ me parece muy acertada: dotar a la serie de una pátina de modernidad en ciertos elementos que no son realmente fundamentales, sino puramente accesorios, para que lo esencial, su mensaje, y el sentido de la maravilla que destila la saga literaria, puedan llegar a la audiencia de nuestro tiempo con la menor distorsión posible.

Cabe preguntarse cómo han afrontado los productores la plasmación en la pantalla de la obra de Asimov, más allá de estos detalles. Isaac Asimov escribió tres sagas de novelas bien diferenciadas, las novelas de la Fundación constan de la trilogía original, ya citada, así como de los libros añadidos después, escritos en los años ochenta, pocos años antes de su muerte en 1992, cuando contaba solo 72 años. (murió porque en 1983, en una época en la que apenas aún se sabía lo que era el SIDA, le hicieron una transfusión de sangre por motivo de una intervención quirúrgica en el corazón, tras haber sufrido un infarto, y la sangre de la transfusión tenía el virus del SIDA. Esto no se contó hasta bastantes años después de su muerte).

Las novelas de la Fundación escritas en los 80 son: “Los límites de la Fundación” y “Fundación y Tierra”, a modo de secuelas, y “Preludio a la Fundación” y “Hacia la Fundación”, a modo de precuelas. Para mi gusto no son tan buenas como la trilogía original, pero no por eso dejan de ser buenas, y de lectura más que recomendable para cualquier fan de la saga, o de la ciencia ficción clásica en general.

En cuanto a sus otras sagas, una de ellas es la del Imperio: “En la arena estelar”, “Las corrientes del espacio” y “Un guijarro en el cielo”. Esta trilogía de novelas autoconclusivas hace de puente entre las novelas de robots y la saga de la Fundación. Es decir, nos cuenta historias ambientadas en un imperio galáctico del futuro humano en la galaxia, del futuro de la Tierra, pero mucho tiempo antes de los relatos que se narran en las novelas de la Fundación.

Al principio eran series de libros más o menos independientes, que Asimov unió con su trabajo en los años 80. Así, en las novelas de la Fundación de los 80 aparecen personajes sacados de sus novelas de robots, uniendo las dos sagas. Además, en los 80 escribió también otras dos novelas de robots, “Los robots del amanecer” y “Robots e Imperio”, que, como el título de esta última indica, unieron su saga de los robots con la del Imperio. Es decir, con sus novelas de los años 80, las cuatro nuevas de La Fundación y las dos de robots, sus tres grandes sagas quedaron inextricablemente entrelazadas, en un solo universo de ficción. (Los títulos de las novelas de robots clásicas son: “Yo robot”, colección de relatos de robots, “Las bóvedas de acero” y “El sol desnudo”).

Es ahora cuando podemos hacernos una idea del inmenso acervo de historias que los guionistas tienen para hincar el diente, y para hacer una serie tan extensa como ambicioso sea su planteamiento y exitosa la serie. Además, al contrario que el propio escritor, los showrunners parten con la ventaja de tener una visión global de la obra desde el principio. Así, y al contrario de lo que sucedía en la trilogía original de la Fundación, pueden introducir desde un comienzo personajes robóticos, una especie de pastores de la humanidad, que han estado guiándola desde hace miles de años. De hecho, uno de los protagonistas que veremos en esta primera temporada es un robot humaniforme (Asimov prefería usar esa expresión al término “androide”), pero no diré quién, para aquellos que vean la serie de forma totalmente “virgen”, sin saber nada de las novelas.

Por otra parte (por si hace falta recordarlo), esto no será la saga literaria. Será una reinterpretación audiovisual en clave moderna, esperemos que lo más respetuosa posible con la esencia de la obra del neoyorquino, pero en ella los productores serán libres de añadir sus propios ingredientes, y de manejar los tiempos y las formas a su manera. Una de las cosas que más llama la atención de los tráileres es el tema de los emperadores-clones de Cleon (vemos en los tráileres al Cleon niño, al Cleon maduro y al Cleon anciano, además de varios “Cleon” en estado embrionario, en una de las escenas). En las novelas esa idea no existía, que yo recuerde. No había clones. Esto de los emperadores clónicos, por otra parte, podría recordarnos a Star Wars, cuando, de hecho, en general es lo contrario, por supuesto. Las novelas de Asimov fueron uno de los pilares sobre los que se levantó Star Wars. En La Fundación hay parte de la magia de Star Wars. No en vano, Asimov creció deleitándose con el mismo tipo de novelas de ciencia ficción pulp que tanto influyeron en George Lucas, si bien Asimov hizo evolucionar el género, junto a Arthur C. Clarke y Heinlein, hacia eso que hoy llamamos ciencia ficción clásica. Pero los viajes en naves espaciales, los imperios opresores, las disputas comerciales entre mundos, las órdenes religiosas, los contrabandistas… todo eso está ahí, en La Fundación. Aunque no con tantas batallas y aventuras como lo que es típico en Star Wars, las novelas de la Fundación, algo más sesudas y asentadas en el interés del autor por la sociología, la ciencia, la historia y la economía, no dejan de ser, esencialmente también, historias de aventuras, ciencia ficción clásica de exploración de mundos en naves espaciales, aún alejada de la corriente de la ciencia ficción “hard”, (mucho más sesuda) que llegaría después. Se manejan en ellas ideas que luego vemos en las películas de Lucas, como Trantor, el planeta capital del imperio galáctico, que es todo él una gran ciudad, un mundo de metal, donde apenas hay zonas verdes a la vista. Solo que en la Fundación no hay Jedis, sino psicohistoriadores. En cualquier caso, en lo audiovisual es evidente la influencia de Star Wars en esta serie.

La Fundación es una de las adaptaciones a la pantalla más esperadas de todos los tiempos. Hace muchos años que se viene especulando con esta adaptación, manejada y postergada por diferentes estudios, hasta haber cristalizado por fin en esta propuesta de Apple TV+, para la que se convertirá, muy seguramente, en la serie que de renombre a la plataforma. Con propuestas bastante logradas ya, como la comedia Mythic Quest (sobre las desventuras de los jefes de una empresa de un videojuego multijugador online), o The Morning Show, serie realista sobre cómo afecta a los empleados de un típico show mañanero de la televisión estadounidense el problema del acoso sexual en el marco del “Me too”, pasando por la adaptación en formato serie de La Costa de los Mosquitos, en Apple TV+ han demostrado tener unos estándares de calidad muy altos, con un buen gusto y calidad audiovisual entre los mejores de todas las plataformas actuales.

Fundación se estrenará el 24 de septiembre, cuando podremos ver los tres dos primeros capítulos de los 10 8 de que constará la primera temporada. Si tiene éxito, si los guionistas lo han hecho bien, ya hemos visto que hay material para muchísimo más. Quizá haya sido capricho del destino que se vaya a estrenar en TV casi a la vez que el Dune de Villeneuve en los cines. Personalmente, espero también mucho de la película de Villeneuve, aunque, en cuanto a las novelas, me quedo antes con las de Asimov, sin dudarlo ni un segundo. En un panorama audiovisual en el que muchos estábamos sedientos de grandes propuestas de ciencia ficción, apenas valiendo los últimos experimentos de Star Trek y otras series para saciar esa necesidad (mencionaría por mi parte a Rising by Wolves, The Expanse y The Mandalorian como los mejores, únicos, escasos logros del género últimamente), creo que somos afortunados de vivir en este tiempo en el que la tecnología permite plasmar por fin historias que hacía mucho tiempo que necesitaban ser contadas con algo más que con palabras, para entrar con nueva fuerza en el imaginario colectivo de la humanidad.



Post Data: ¿Dónde están los extraterrestres?

En la galaxia del Imperio y la Fundación de Asimov no hay seres de civilizaciones extraterrestres. Esto es lo que en mayor medida la diferencia (más estéticamente que conceptualmente) de cosas como Star Trek y Star Wars (por citar los universos de ficción galácticos más populares) más allá del estilo. ¿Pero por qué no los hay?

Bueno, principalmente, porque Asimov no los necesitaba para contar la historia que quería contar. Si se quiere buscar un motivo, hace bastante que leí las novelas, y ahora mismo no me acuerdo de si se justifica en algún momento de ellas esa ausencia. ¿Simplemente es que no existen seres inteligentes más allá de la humanidad? Me suena la idea de que los robots humaniformes, pastores de la humanidad que tejen su destino en las sombras, a modo de dioses, fueron preparando el camino humano a través de la galaxia de forma que la humanidad nunca se topase con civilizaciones extraterrestres, pero, la verdad, no sé hasta qué punto esta idea es más bien mía propia, influenciada por diversas cosas que he leído, o si en verdad Asimov llegó a plasmar tal cual esta idea en algún rincón de alguna de sus novelas ochenteras de la Fundación o los robots.

Pero para leer algo que tenga que ver con otros seres no humanos en la obra de Asimov, tenemos “Los propios dioses”, que junto a la novela “El fin de la eternidad” son sus dos obras imprescindibles más allá de las otras citadas aquí. Tampoco en la saga de Dune de Frank Herbert (que yo sepa, porque solo conozco el primer libro), hay civilizaciones extraterrestres. Eso no quiere decir que la cualidad de lo extraterrestre no esté presente en la obra de ambos autores, encarnada en diversos elementos, aunque no de forma obvia como en otras ficciones futurísticas. Así, los propios robots y la sensación a veces casi divina que se esconden detrás de la psicohistoria tiene ese matiz más allá de lo humano en Asimov, y lo mismo podría decirse de los gusanos de arena y los mitos que maneja Herbert en Dune. Si nos aproximamos a este asunto desde otra perspectiva, podríamos decir que, dado que para cualquier posible civilización que pudiese existir en el universo, más allá de la humana, el ser humano sería una civilización ajena, en realidad estos autores no necesitan nada más ajeno que lo propiamente humano. Los “extraterrestres” somos nosotros. Y en la búsqueda de lo verdaderamente humano están todas las respuestas. Podría ser que, en este contexto, la civilización humana aún no se haya topado con otras civilizaciones avanzadas (ya sea por azar, ya por la intervención de los robots).

Como curiosidades: En cuanto a Star Trek, mencionada aquí, Isaac Asimov trabajó como asesor para la serie original. Y en cuanto a Star Wars, Ralph Mcquarrie, responsable de los dibujos que diseñaron todo el aspecto visual de Star Wars, fundamentales para que los jefes de Twenty Century Fox diesen el sí a George Lucas para realizar la película, se lo recomendaron años después a Asimov, para que el artista dibujase las portadas de las reediciones de sus libros de robots, así como unas magníficas ilustraciones interiores en blanco y negro. (Esas son las ediciones que yo leí, en formato bolsillo, a principios de los noventa).


Para saber más sobre la vida y obra de Asimov:

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20200102/472660041088/isaac-asimov-ciencia-ficcion-guerra-fria.html

Una entrevista de 1978:



EDITO: A PESAR DE UN IMPRESIONANTE PRIMER EPISODIO, LA SERIE, TRAS VER EL SEGUNDO (DOS VECES), TIENE PINTA DE SER UNA MIERDA PINCHADA EN UN PALO. UN PALO MUY CARO Y MUY BONITO, ESO SÍ. THE EXPANSE ES MUCHO MEJOR SERIE, DESDE LUEGO.



FOTOGALERÍA DE LA SERIE FUNDACIÓN, EN APPLE TV+

A letter to Reasonstudios.


Do you think it is normal for version 12 to be released on day 1, on your website it seems that it does not exist? This is a direct consequence of your obsession with attracting the maximum number of subscribers, hiding reason 12 behind a veil of elitist secrecy.

I still expect good things from Reasonstudios, from Reason, specifically, in this version 12, with more and more doubts about future updates, because, also, for the sake of that subscriber obsession, you announce the Reason rack on the page as a VST that is also a DAW, when the logical, the intelligent, the vision of the future, would be to say that it is a DAW that is also, now, a great VST complement, if you will.

It gives the feeling that by changing hands, company name and policy, you have wanted to make a clean slate, to be in trend and all that, to be modern, to be in fashion with current trends, letting ourselves be carried away by graphics of Those that the posh like so much, instead of having sat down to think about the future of your company with a little head and, above all, heart.

When you wanted to realize the mistakes you are making today, it may be too late, and it means the end of Reason. I’m not making up anything, or being a catastrophist. I only talk about what I eat every day, in the forums of musicians, the main portal of electronic musicians in Spain, for example, Hispasonic, where in its forum dedicated to Reason, the vast majority of the participants (Less and less participants) They have been switching to other DAWs for a long time, partially or completely stopping using Reason.

I am not saying that the subscription model is not interesting to some, and is worth it. In my case, of course, no. First, because I am a Reason user since version 3, I have many Res purchased, and version 11 Suite.

Second, and above all, because no one really needs such a barrage of content. You can make good music with much less, and many times it is even better, more inspiring, to start with fewer production elements.

Without rejecting outright the argument that subscription models are part of the future, including that of the music computer industry, the truth is that you have lost your way in terms of how you are dealing with the matter, and the marketing you are carrying out. out for Reason 12 is astonishingly childish. And this is not my opinion alone.

In any case, if the upgrade price to 12 is consistent, that is, similar to that of previous updates, and despite the news that you have not improved a single thing in the sequencer, I think Mimic and Combinator 2, as well like being able to see the rack in high resolution, these are attractive enough to keep using Reason as my main musical tool, many times, almost always, my only musical tool. If I protest, it is because I have my own criteria, I think, I reason for myself, and I have serious doubts about the future of my favorite DAW, if you do not reconsider on several issues.


Especulación sobre el argumento de la nueva trilogía de la Dragonlance que será publicada en 2022.

En una de las última entradas, hablando también sobre esta nueva trilogía de la Dragonlance, que llegará casi 40 años después de la publicación de “Dragones del Crepúsculo de Otoño” (“El Retorno de los Dragones” en la edición española), me hacía eco de las palabras de los autores, cuando anunciaron esta nueva trilogía, a principios de 2021:

The most beloved characters from the original novels along with introducing a new, strong protagonist”. Tracy Hickman.

We couldn’t be happier to be returning to the world we love. Dragonlance is what brought Tracy and I together so many years ago. We’re thrilled to be able to do this for existing lovers of Krynn while bringing our beloved characters to a new generation of readers.” Margaret Weis.

Esto es lo único que sabemos de las nuevas novelas. No se sabe nada más aún de su argumento. La publicación de estos nuevos libros de la Dragonlance, tras el litigio con Wizards of the Coast (que según la propia Margaret Weis acabó amigablemente), es segura. Eso sí, que nadie espere la publicación del primero antes de 2022, o, con un poco de suerte, Navidades. (y esto en inglés, así que en español tendremos que esperar con toda seguridad a 2022).

Así pues, solo nos queda especular, a partir de las palabras de los autores, sobre alrededor de qué puede girar el argumento de las nuevas novelas. Las pistas que nos dan no son pequeñas, desde luego, y suponen toda una declaración de intenciones. Podrían haber seguido el camino llevado a cabo con la última trilogía de la saga, “La Guerra de los Espíritus”, en la que se continuaba con la línea temporal iniciada con los nueve compañeros en “Las Crónicas de la Dragonlance”. En aquella última trilogía, los queridos Héroes de la Lanza toman un papel ya distante o secundario, todos ellos ya desaparecidos, por uno u otro motivo, menos el incombustible kender, Tas.

Podrían haber seguido hacia adelante, con personajes nuevos, contándonos historias asentadas más en el futuro. Pero por lo visto no ha sido ese el camino elegido, y las nuevas novelas estarán protagonizadas por los viejos personajes de las Crónicas, además de un nuevo protagonista principal. Repasemos los nombres de aquellos personajes: Los gemelos Raistlin y Caramon Majere, Tanis el Semielfo, el enano Flint Fireforge, el kender Tasslehoff Burfoot, el caballero Sturm Brightblade, los bárbaros Goldmoon y Riverwind, Tika, Laurana y Kitiara. Estos conforman el grupo protagonista de las Crónicas, fuertemente inspiradas, como todos bien sabemos, en El Señor de los Anillos, obra maestra insuperable y fundadora de todo un género literario. Las novelas de la Dragonlance, pasadas a través del matiz del juego de rol Dungeons & Dragons, quizá nunca alcanzarán el nivel de Tolkien, pero sí serán siempre una obra escrita desde el respeto, admiración y amor hacia la obra del profesor inglés, y una puerta de entrada perfecta para los más jóvenes en la fantasía épica.

Antes de marcharse de nuestro mundo, Tolkien escribió un relato y algunas notas sobre una posible historia ambientada en la Cuarta Edad. Iba a seguir adelante con la línea temporal de la Tierra Media, pero no encontró la inspiración necesaria, quizá tampoco la fuerza, para seguir adelante con aquello. Según sus propias palabras, llegó a la conclusión de que la Cuarta Edad no era un periodo del que a él le hubiera gustado escribir. Era una época de creciente oscuridad, en la que los niños jugaban en las calles a ser orcos, y nuevos cultos crecían en las sombras, acechando a un pueblo adormecido por los años de paz. El relato que escribió, incompleto (y recogido en uno de los volúmenes recopilatorios de la obra de su padre editados por su hijo Christopher), contaba cómo surgía un poder oscuro, desde una perspectiva muy sugerente, cercana al misterio y al horror que podríamos asociar a una historia lovecraftiana.

¿Por qué hablo aquí de todo esto? Bueno. Margaret Weis y Tracy Hickman han tenido la oportunidad de escribir una nueva trilogía de la que consideran, en sus propias palabras, la piedra angular de su carrera como escritores, la saga Dragonlance. Y dicen que lo van a hacer sobre los mismos personajes. Esta vez no irán adelante en el tiempo de la historia, ya que más adelante en el tiempo de la historia, en el tiempo de Krynn, ya no existe ninguno de esos personajes. Tendrán que haber encontrado una forma de contar de nuevo su propia historia. Una forma que introduzca, desde una perspectiva literaria, quizá, nuevos ingredientes o elementos, que aporten una nueva lectura, fresca y singular, de aquellos personajes.

Con la experiencia de haber escrito muchas otras cosas después de las novelas de las Crónicas de la Dragonlance, que fueron sus primeras novelas, volver sobre los mismos personajes nos promete una visión más madura de ellos. Pienso en una especie de reelaboración, un “remake” de las Crónicas, en el que los misteriosos caprichos de los viajes en el tiempo quizá tengan algo que ver. Así, me imagino una especie de trilogía de reinicio de la Dragonlance, siguiendo algo del estilo de lo que hizo J.J. Abrams, con bastante éxito, para relanzar Star Trek, con los mismos personajes, pero volviendo a su pasado, a sus inicios. En este terreno, los autores pueden jugar a la ucronía con sus propios hechos y personajes. Así, por ejemplo: ¿qué pasaría si Kitiara sí hubiese acudido a su cita en la posada de El Último Hogar, y fuese una más de los compañeros de la Lanza (puede que por huir tras asesinar a un señor del dragón que hubiese intentado abusar de ella)? ¿Y si alguno de los personajes hubiese muerto en circunstancias diferentes?, ¿o si Raistlin no hubiese renunciado a su salud por su poder, y nunca se hubiese convertido en el archimago que soñaba? ¿Y si no hubiese sido tan débil, y, por tanto, no se hubiese sentido atraído por la magia y el mago fuese otro compañero? Creo que esa es una de las posibilidades, que en esta trilogía seamos testigos de muchos “Y si”. Aunque claro, si te pasas con esto, puede que se estén alejando demasiado de los personajes. Realmente no es necesario alejarse de su idiosincrasia, lo que hace a cada personaje lo que es, para reescribir su historia (como vimos en Star Trek).

Es difícil imaginar otra forma de que los antiguos personajes sean de nuevo los protagonistas, que no sea el remake, a no ser que se trate de volver sobre historias pasadas suyas que no fueron contadas antes; pero estoy seguro de que esto no será así, porque es algo que ya hicieron en otra trilogía Weis y Hickman, la que me faltaba por mencionar en este blog: “Las Crónicas Perdidas”. En ella nos narran hechos no desarrollados en sus anteriores trilogías, protagonizados por aquellos mismos personajes. Aquí se trata de una historia nueva, pero ¿cómo de nueva? Es lógico pensar que ese nuevo personaje protagonista, del que nos habla Tracy Hickman (no se puede sino pensar en Mina, la oscura protagonista de “La Guerra de los Espíritus”, aunque allí la presencia de los antiguos compañeros se reducía a Tasslehoff), tenga bastante que ver con el embrollo temporal que nos permita asistir a este remake de las Crónicas. Pero, ojo, recuerdo que todo esto son especulaciones. Me estoy dejando llevar por lo que imagino que puede ser, pero quizá las nuevas novelas no tengan nada que ver con todo esto. Solo es que, como digo, no se me ocurre otra forma de que los mismos personajes sean otra vez protagonistas. Posibilidades hay muchas, claro, infinitas. Quizá el grupo se vea enfrentado a un nuevo mundo, plano, tiempo, o una combinación de todas esas cosas. De qué forma se entrelazará todo lo que vivan en estas nuevas novelas con la historia ya contada en las Crónicas y las Leyendas, si afectará y cambiará a aquellos hechos, o no… solo podemos seguir especulando. Podría ser algo tan “simple” como que el nuevo protagonista, viajando a través del tiempo, o de los planos, incluso de los mundos, convoque a cada uno de los héroes, para hacer frente a un nuevo peligro, en alguno de esos otros tiempos/mundos/planos de existencia.

Como he escrito en las últimas entradas del blog, la publicación de esta nueva trilogía de la Dragonlance parece formar parte de un plan editorial de Wizards of the Coast (pese a las desavenencias surgidas, luego solucionadas) para relanzar Dragonlance como setting para Dungeons & Dragons en la quinta edición del juego; lo que, casi cuarenta años después, sería un reflejo perfecto de la forma en que surgieron, a principios de los 80, las novelas originales, como un experimento multiplataforma por parte de TSR, la entonces propietaria de D&D, para narrar en forma de novelas los módulos de la nueva ambientación desarrollada por Tracy Hickman para la segunda edición de D&D. (Aquella edición se llamaba AD&D, Advanced Dungeons & Dragons). De hecho, también hubo cómics, libros de arte, etc. Fue algo casi experimental, que nunca se había hecho, como nos cuenta Tracy Hickman en la introducción a la edición integral anotada de las “Crónicas de la Dragonlance”.

En fin, solo estos dos escritores, y muy poca gente más, conocen lo que nos aguarda en las páginas de las nuevas novelas de la Dragonlance, casi 40 años después de que aquellos personajes salidos del juego de rol iniciasen sus aventuras. Esperemos que la publicación en nuestro idioma sea rápida y pronta, y que tengamos fechas a poco de conocer la fecha de salida del primer volumen en inglés.

¿Es Seldon Cooper, el que sale al fondo a la izquierda? Bien podría serlo, xD

Algunas cosas más sobre Dragonlance como posible nuevo setting para D&D 5e en 2022

Esta portada fue una broma de hace unos años de una web anglosajona, publicada el 1 de abril, anunciando la publicación de Dragonlance como mundo de campaña para 5e.

Hace un par de entradas traje al blog esto: https://smashthehater.com/2021/08/02/las-nuevas-publicaciones-de-wizards-of-the-coast-para-dungeons-dragons-en-2022/, para hablar de las noticias que teníamos, fundadas en los comentarios en twitter de alguno de los principales desarrolladores de Dungeons & Dragons en Wizards of the Coast, acerca de la llegada de dos settings clásicos de D&D, para ser publicados para la quinta edición en 2022, en formatos nunca vistos hasta ahora (signifique eso lo que signifique).

Hoy amplío esa entrada con algunos datos nuevos que he obtenido, y que lo hacen todo aún más interesante.

Por un lado, se trata de desentrañar un poco más a qué se debió el misterioso rechazo de WotC a publicar la nueva trilogía de novelas de la Dragonlance, de la que sus autores originales, Margaret Weis y Tracy Hickman, están a punto de publicar su primer volumen (presumiblemente, entre finales de 2021 y principios de 2022). Comenté en las últimas entradas del blog que no entendía el rechazo de WotC a las novelas, si se suponía que las habían contratado ellos, con Dragonlance sonando cada vez más fuerte como nuevo mundo de campaña para la quinta edición de D&D. Sobre esto he encontrado algunos datos que desconocía…

Parece ser que durante el proceso de escritura de las novelas, WoTC solicitó reescribir ciertas partes, en lo que podría ser esa obsesión creciente de las editoriales de rol por lo políticamente correcto. Estas partes parecen hacer referencia a cosas sobre sexismo, inclusividad y posibles connotaciones negativas en ciertos nombres de personajes, metiéndose incluso en detalles de la trama, como una poción de amor. Según lo que he leído sobre esto, Weis y Hickman habrían aceptado llevar a cabo esas reescrituras.

Esto está sacado textualmente, traducido, de la demanda judicial que luego los autores presentaron contra WotC cuando definitivamente cancelaron la publicación de las novelas, demanda que, señelémoslo bien, porque esto es importante para el tema que trata esta entrada, terminó amigablemente:

Durante el proceso de redacción, el acusado -WotC- propuso ciertos cambios de acuerdo con el espíritu actual de un mundo narrativo más inclusivo y diverso. En cada paso, los Demandantes-Creadores acomodaron oportunamente dichas solicitudes, y todas las demás, dentro del marco de sus novelas.

Cada cual es libre de interpretar lo que quiera de todo esto. No es esta una entrada para hablar de estas cosas, aunque creo que WoTC y todos los que actúan así están anteponiendo un criterio artificial y fingido, que puede terminar arruinando la originalidad; pero creo que Margaret Weis y Tracy Hickman son lo suficientemente duchos en su trabajo como para haber sabido amoldarse lo necesario a tales requerimientos sin que sus novelas se resientan por ello.

Todo esto ahonda en el misterio, que comentaba en las anteriores entradas, sobre por qué WotC habría cancelado la publicación de las novelas de la Dragonlance, cuando todo apuntaba a que dicho encargo obedecía a una estrategia de publicación en la quinta edición de un setting de campaña para Dragonlance.

La otra cosa que quería comentar es que, hace un par de días, comenté el tuit de un aficionado que hablaba esperanzado de la posibilidad de un nuevo escenario de campaña para Dragonlance en 5e, a lo que le contesté:

WotC announced two classic D&D settings for next year. Let’s hope Dragonlance is one of them. If not, I’ll be a little disappointed with 5e. There is too the subject of the fact of the new novels of Weis and Hickman!

Although those novels were rejected by WotC, which I find difficult to understand, but the novels will be published as well, it makes me believe that in WotC they have had this setting in mind for a long time.

A lo que, de forma sorpresiva, la propia Margaret Weis, me contestó:

Novels weren’t rejected. They just threatened to withhold approval. All is well now.


O sea: “Las novelas no fueron rechazadas. Simplemente amenazaron con negar la aprobación. Todo está bien ahora.”

A lo que yo contesté:

Great news, all well now, towards that dreamed Dragonlance setting in 5e. I wish!


And dreaming with the new novels! who was going to tell me, when I read dragons of autumn twilight, when I was 14, that one day I would talk to the author through something called the Internet, a true honor!

Lo relevante de esta pequeña conversación tuitera es que la propia coautora le dio “Like” a todos mis comentarios, en los que señalaba que Dragonlance bien podía ser un nuevo escenario de campaña para 5e en 2022. Y, lo más importante, intervino para dejar claro que el litigio con WotC había tenido un resultado AMIGABLE, y que TODO estaba BIEN, ahora. Todo lo cual parece despejar el camino hacia esas grandes nuevas noticias que todos esperamos: la publicación entre finales de este año y principios del que viene de la primera novela de la nueva trilogía de la Dragonlance (provisionalmente titulada “Dragons of Deceit”), y la publicación a lo largo de 2022, aunque sobre esto hablo con más extensión en la entrada del link que puse arriba, del escenario de campaña para Dragonlance, por fin, en D&D 5e.

La verdad es que prácticamente no hay un libro de 5e en el que no se mencione a Krynn o el mundo de la Dragonlance, sea por el motivo que sea. Ayer mismo estaba leyendo algunas cosas de uno de sus últimos libros publicados, el “Tasha’s Cauldron of Everything”, y en la descripción del conjuro “Dream of the Blue Veil” dice: “You and up to eight willing creatures within range fall unconscious for the duration and experience visions of another world on the material plane, such as Oerth, Toril, Krynn or Eberron (…)” Lo interesante de esto es que, de todos esos que menciona, ya se han publicado cosas, ya sea mundos de campaña o aventuras. Oerth es donde se encuadra Falcongris (Greyhawk), y en ese marco se publicó el libro de aventuras de Saltmarsh. De Eberron se publicó su propio libro de escenario de campaña, o setting, y Toril, mundo donde se encuadra Faerun, es el escenario de campaña por defecto de 5e. De todos ellos, el único otro mundo de D&D que menciona y del que aún no se ha publicado nada es Krynn, cuyo continente de Ansalon es el escenario de la Dragonlance, la Guerra de la Lanza.

Para abrir boca, ya este octubre, como comentaba también en una de las entradas anteriores, WotC publicará el compendio sobre dragones que trae al “mago loco”, Fizban, en su título, igual que otros trajeron a Mordenkainen, Tasha, Volo o Xanathar, todos ellos personajes emblemáticos de diferentes mundos de D&D, siendo Fizban el primero que aparece que es de Krynn.

Señalaré por último lo enigmático de que estos nuevos settings de campaña, que publicará WotC en 2022 para D&D, vayan a ser publicados en formatos nunca vistos antes. Ya señalé esto también en esa entrada anterior; más allá del hecho de que lo de la Dragonlance se concrete por fin, esto es lo más llamativo de todo el asunto. Mi apuesta es a que se refiere a que se publicarán en cajas, con diversos complementos incluidos en las cajas, pero ¡quién sabe!

Por aquí estaremos atentos. Os dejo con un vídeo de una pequeña entrevista en YT a uno de los fans de D&D y Dragonlance más conocidos (junto a Vin Diesel): Manganiello (el conocido actor, marido de Sofia Vergara de Modern Family). Como anécdota curiosa, Manganiello apareció en uno de los últimos capítulos de Big Bang Theory, interpretándose a sí mismo. En este vídeo el actor y productor, que se hizo amigo de los autores, Margaret Weis y Tracy Hickman, cuenta por qué él cree que Dragonlance es el “Star Wars” de D&D.

Y es que la Dragonlance vuelve a estar de moda…

https://www.youtube.com/watch?v=UlvTgFFxJkg

Notas para modificar algunos detalles de la ambientación del juego de rol Starfinder.

La estación espacial Absalom no sustituyó a Golarion. Golarion sigue existiendo, envuelto en una bruma perenne e insondable, y la gigantesca estación espacial Absalom lo orbita. 

Lo que sucedió fue que un gran conflicto mágico, culminado con una terrible hecatombe de hechicería, que esta vez ni los más aguerridos héroes pudieron evitar, debastó el tejido de la magia en todo el planeta Golarion, haciéndolo inhabitable. El caos de la magia afectó a todas las cosas. Cientos de millones murieron o desaparecieron. Aunque apenas hubo víctimas entre los habitantes de otros mundos del sistema (mundos desconocidos para casi todos los habitantes del planeta Golarion), la magia desapareció también en ellos.

Muchos de los dioses habitaban en la estación espacial, aunque esta adoptaba siempre diversas formas, al capricho de cada uno de ellos, y había sido siempre (por lo general) indetectable para los mortales, pues esta existía en el hiperespacio. Casi todos los dioses se apiadaron (o bien tan solo se preocuparon, por los motivos que fuese), de los habitantes de Golarion. Rescataron las almas de los que pudieron y las reencarnaron en copias hechas ad hoc de sus antiguos cuerpos. Otras muchas almas, sin embargo, se perdieron, quizá para siempre, y aún hoy no se sabe qué fue de ellas. 

Para paliar el shock y el sufrimiento, todos los reencarnados fueron manipulados por los dioses, para recordar solo de forma borrosa el pasado. La mayor parte de los seres humanos se amoldó rápidamente a su nueva situación. La estación espacial Absalom fue abandonada por los dioses. Había cobrado forma física en la realidad, orbitando Golarion, y en ella, poco a poco, sus nuevos habitantes mortales fueron aprendiendo los secretos tecnológicos que los dioses habían dejado allí para ellos, para paliar así la ausencia de la magia. 

Con el tiempo los humanos y los miembros de las demás razas prosperaron, y gracias a esos  nuevos conocimientos tecnológicos aprendieron a aceptar aquella extraña y gigantesca estación espacial como su hogar. Sin embargo, a los seres de naturaleza más mágica y a los más longevos, como era el caso de los elfos, les costó mucho más adaptarse. La mayor parte fueron sucumbiendo a una enfermedad desconocida, que tenía que ver con la ausencia de la magia y una especie de falta de voluntad de vivir. Aunque algunos aguantaron en la estación Absalom, otros emigraron en cuanto les fue posible, a otros mundos del sistema. Fueron sobre todo a Castrovell, donde habían sido descubiertos otros pueblos y culturas élficas.

Alrededor de mil años después del colapso de la magia, esta volvió a florecer poco a poco, tras el descubrimiento de unos antiquísimos artefactos en el subsuelo de unas antiguas ruinas en Castrovell y Akiton, que sucedieron casi a la vez. Sin embargo, esta nueva hechicería era aún difícil de entender y de manejar; a duras penas concedía una fracción del poder que había significado en el malhadado Golarion. 

El regreso de la magia marcó oficialmente el fin de un Intervalo de mil años. Se fundaron universidades y diversos enclaves y sociedades para su estudio, práctica, búsqueda y conservación. (Este retorno de la magia marca el principio de la cuenta de los años de los hechos que se narran en el manual de Starfinder).

Durante el Intervalo, las diferentes especies de Absalom desentrañaron los secretos de la tecnología que los dioses habían dejado en la estación espacial, y aprendieron el arte de construir naves interplanetarias. Exploraron otros mundos del sistema de Golarion, la mayoría de los cuales ya estaban habitados, incluso por miembros de especies que ya existían en Golarion. (Por lo que parecía evidente que esas especies tenían ancestros comunes que se remontaban miles de años atrás en el tiempo, antes de establecerse en sus respectivos mundos del sistema).

El auge, exploración espacial, caída del imperio azlante en Golarion y surgimiento del imperio estelar azlante, sucedieron antes, pero también a lo largo, del milenio que duró el Intervalo. Miles de años antes de la debacle de la magia y el fin de Golarion, los azlantes ya habían alcanzado el espacio, en un tiempo en el que los demás humanos y especies apenas empezaban a controlar el fuego. (Caso aparte eran los elfos; especializados en el uso de la magia, mediante ella dieron forma desde muy temprana edad a su propio mundo, al margen de los humanos y sus obras). Fue pues en el remoto pasado, cuando los azlantes se lanzaron hacia otras estrellas en naves espaciales. Después, el imperio azlante cayó en Golarion. Los expedicionarios azlantes hacia las estrellas, a su vez, sufrieron graves percances y quedaron aislados, subsistiendo apenas en sus nuevos asentamientos, que no eran lo que habían imaginado. Pero durante el mismo periodo de mil años, mientras los antiguos habitantes de Golarion prosperaban en la estación espacial Absalom y empezaban a explorar el sistema solar y más allá de la mano de sus naves espaciales y la tecnología de deriva, los azlantes, aislados en aquellas estrellas lejanas, prosperaron también, por fin, hasta el punto de fundar un imperio estelar, entre  aquellas estrellas de sistemas remotos.

Los tecnología para diseñar y fabricar androides, que de algún modo ya existía en Golarion antes del fin de la magia, aunque pocos los hubieran visto, fue otro de los misterios tecnológicos que los humanos, sobre todo (aunque también enanos y gnomos), desentrañaron en Absalom. Durante siglos fueron usados como mano de obra esclava, que ayudó a hacer prosperar la tecnología y el comercio de los mundos del sistema. Siglo y medio después del regreso de la magia (y del fin del Intervalo), lo cual ayudó a que fueran menos imprescindibles, los androides, inspirados por las proclamas del profeta Yedith-133, un instigador, muerto y convertido en mártir, encabezaron una serie de incidentes que fueron escalando hasta casi provocar una guerra en todo el sistema. Un conflicto entre los que estaban a favor de condederles la ciudadanía, reconociéndolos como seres con identidad propia, que no eran propiedad de nadie, y los que creían que eso acabaría con su modo de vida. Aún hoy, casi dos siglos después, y aunque los androides ganaron su ciudadanía, hay rincones del sistema de Golarion en los que se les sigue tratando mal, de forma más o menos disimulada. En el imperio azlante también existen androides. A día de hoy siguen teniendo allí la condición de propiedades.

La cronología que aparece en el manual de Starfinder, que se cuenta a partir del fin del Intervalo, es la misma, con la salvedad de que aquí el Intervalo se refiere al ciclo de mil años con una total ausencia de la magia. El Intervalo, los mil años sin magia, fue el periodo durante el cual los habitantes de Absalom descubrieron las tecnologías dejadas allí por los dioses, prosperaron, exploraron, guerrearon, firmaron la paz y habitaron el resto del sistema. Todo ello antes de la llegada de las nuevas amenazas de fuera del sistema, que llevaron a la formación de los Mundos del Pacto (como se cuenta en la ambientación del manual).

A día de hoy, sigue siendo imposible poner pie en Golarion. Los sistemas de navegación de las naves se desorientan, y terminan volatilizándose en la atmósfera. El caos que se propaga aún de la urdimbre destrozada de la magia, en el espacio que acompaña al mundo de Golarion, enajena por completo a los que intentan adentrarse en la misteriosa bruma. Se dan casos de habitantes de Absalom que sienten una irresistible atracción hacia las brumas que envuelven a Golarion. Suelen ser tratados como locos enfermos, pues el hecho es que no se sabe de nadie que haya intentado llegar a la superficie y que haya vuelto a ser visto.

Las nuevas publicaciones de Wizards of the Coast para Dungeons & Dragons en 2022: ¿Spelljammer, Dragonlance, Dark Sun…?

Vivimos un tercio final de 2021 muy interesante en lo que al decano de los juegos de rol se refiere, con la publicación de un libro durante cada mes del otoño, y eso después de que ya haya habido otras publicaciones bastante interesantes este año.

El primero será un libro de aventuras para jugar en el Feywild, el Reino de las Hadas (“Wild beyond the Witchlight”); el segundo, un compendio dragonero que se supone, al estilo de otros libros previos de la línea, narrado por un personaje importante de los mundos de D&D; en este caso, el avatar del dios Paladine (no confundir con Palpatine) del mundo de Krynn (esto es, Fizban, el mago aparentemente majareta, con más peligro que una familia de mogwais atiborrándose de alitas de pollo a las once y media de la noche al lado de una piscina); y un libro de campaña para poder jugar algo parecido a Harry Potter con Dungeons & Dragons 5e. Y es esto último algo bastante legítimo, ya que, aunque los más jóvenes del lugar quizá lo ignoren, años antes de que Harry Potter llegase a nuestras vidas, esa idea ya estaba presente en los mundos de juego de Dungeons & Dragons, así como en sus novelas. Léase la trilogía de libro-juegos “El Reino de la Hecichería”, de Morris Simon (aunque me temo que está bastante descatalogada). Por no decir que ya en Historias de Terramar, de Ursula K. le Guin, había un mago y una escuela de magos. Y que ha vuelto a haber tales cosas en la inacabada saga de Rothfuss, “Crónica del asesino de reyes”.

Pero bueno, habíamos quedado para hablar de lo que podemos esperar de Dungeons & Dragons, el juego de rol, para 2022, así que dejémonos de divagaciones.

Voy a ir al grano, que es grano muy gordo y suculento, y comentaré lo que pienso al respecto.

Tras bastantes especulaciones sobre la publicación por parte de Wizards of the Coast de nuevos manuales para escenarios de campaña clásicos de D&D a finales de este año, Ray Winninger, diseñador jefe de Dungeons & Dragons 5e, escribió un hilo de tuits, a finales de la pasada primavera, en los que decía que, no este año (cuyas próximas publicaciones ya hemos visto arriba), sino en 2022, se publicarán DOS escenarios de campaña clásicos.

Esta es la tuitada:

As I’ve mentioned on a couple of occasions, there are two more products that revive “classic” settings in production right now.

The manuscript for the first, overseen by @ChrisPerkinsDnD, is nearly complete. Work on the second, led by @FWesSchneider with an assist from @AriLevitch, is just ramping up in earnest. Both are targeting 2022 and formats you’ve never seen before.

In addition to these two titles, we have two brand new #DND settings in early development, as well as a return to a setting we’ve already covered. (No, these are not M:tG worlds.)

As I mentioned in the dev blog, we develop more material than we publish, so it’s possible one or more of these last three won’t reach production. But as of right now, they’re all looking great. “

En cuanto a esta portada, es un fake hecho por una web en 2015, con una antigua portada de una edición anterior, para el 1 de abril, el día de las bromas en el calendario anglosajón. Pero es una de esas bromas que pueden terminar por convertirse en realidad… (más o menos).




Es decir: anunció, con bastante seguridad, sobre todo uno de ellos, ya casi terminado, la publicación de dos escenarios de campaña clásicos para 2022. Además de dos escenarios NUEVOS, pero que no pertenecen al universo de Magic, y otro que ya han visitado con la actual línea.

Los dos nuevos, así como el ya visitado, no son del todo seguros; alguno podría caerse. Y por cierto, el ya visitado, yo me juego lo que sea a que será Greyhawk, o Falcongrís, ya visitado, como dice, en el libro de aventuras de “Ghosts of Saltmarsh”.

Ahora queda lo más interesante, claro, especular sobre los dos que parecen más seguros, y que son los dos escenarios de campaña clásicos, que vendrán por primera vez para la quinta edición, en 2022.

He ilustrado esta entrada con una imagen de Spelljammer, el escenario para poder hacer fantaciencia en el espacio con las reglas de D&D, y es porque ya ha habido guiños hacia él en anteriores productos de esta edición, y porque a Paizo parece irle MUY BIEN con su línea de Starfinder, que es su equivalente a Spelljammer, y en WotC yo creo que lo saben. Mi apuesta es que este será uno de los dos escenarios.

Sobre el segundo, pues está claro que espero y deseo, pero también creo, que será por fin la Dragonlance. Esto es muy interesante y un poco retorcido a la vez. ¿Por qué retorcido? Bueno, recordemos aquí que, como comentaba en la última entrada, hablando sobre las nuevas novelas de la Dragonlance que verán la luz a finales de este año, WotC declinó publicarlas, teniendo los derechos. Los autores fueron a juicio, ganaron, y las publicarán con otra editorial. Imagino que los derechos de la Dragonlance, en cualquier caso, siguen incluyendo todo lo escrito anteriormente sobre ese mundo.

Es más, la publicación de las nuevas novelas ayudará a poner más de moda la Dragonlance. Pero no deja de ser desconcertante que si tenían en mente la idea de sacar un escenario de campaña para la Dragonlance, en WotC rechazasen publicar la nueva trilogía. Así que soy cauto en cuanto a la presunción de que Dragonlance sea uno de esos dos escenarios de campaña, aunque es lo que me gustaría, y también es lo que creo. También podría tratarse de Sol Oscuro, mundo muy interesante y original, con cierto aire de ciencia ficción pulp a lo Rice Burroughs o Jack Vance.

Vamos, que podría ser cualquier combinación de dos de estos tres: Spelljammer, Dragonlance y Dark Sun. Pero Dark Sun es la que más me sorprendería, ya que apenas se ha mencionado en ningún libro de 5e.

Dark Sun para la cuarta edición. Y abajo, Dark Sun, mostrándose como el más pulp de los escenarios de campaña de D&D.


Pero ojo, que imagino que ya os habréis quedado con ello, con la frase: “formats you’ve never seen before“.

Los dos nuevos escenarios de campaña clásicos de 2022, se publicarán en formatos nunca vistos antes (en quinta, imagino que se refiere). Que yo creo que es que se publicarán en caja, con complementos varios. Otra cosa no soy capaz de imaginar (o no quiero hacerlo).

Además de estas muy interesantes noticias, hay otra publicación que debemos tener en cuenta para 2022, esta otra de la mano de Paizo, que como ya hizo en su día con “El auge de los Señores de las Runas” y con “La Maldición del Trono Carmesí”, publicará en un solo volumen una de sus mejores sendas de aventuras (que es como en Paizo llaman a sus campañas o libros de aventuras): “Kingmaker” (“Forjador de reyes”).

Kingmaker es una de las tres mejores sendas de aventuras que sacó Paizo para la primera edición de Pathfinder. Lo interesante de esta publicación es que será adaptada a las reglas de la segunda edición de Pathfinder, pero, aún más, para los jugadores de D&D 5e se publicará junto a un bestiario en el que vendrán todos los monstruos y personajes adaptados a estadísticas de este último. Tarea titánica, por cierto, que ha hecho que esta publicación (anunciada para hace ya tiempo en su muy breve campaña de crowfunding) se haya retrasado varias veces, hasta, parece que ya definitivamente, abril de 2022.

Lo interesante de Kingmaker es que se trata de la campaña más sandbox de Paizo, en la que seguramente se inspirasen los creativos de Free League para su Forbidden Lands, ya que en esta campaña los jugadores exploran libremente un mapa hexagonado que tendrán que ir dibujando ellos mismos, junto al máster, por unas tierras en las que podrán fundar y hacer crecer su propio reino.

Y esto es todo por ahora. Como veis, muchas noticias interesantes para D&D en 2022.

Edito la entrada para añadir algo que se me ha ocurrido, sobre el tema de lo raro que es que WotC declinase publicar la nueva trilogía de novelas de la Dragonlance. Creo que el hecho de que no las publiquen puede tener más bien que ver con una línea editorial por la cual prefieren no publicar novelas. Puede ser que las novelas, como cuando se publicaron las primeras, en 1984 (antes que cualquier cosa de los Reinos Olvidados, que se hicieron grandes gracias a la popularidad de los videojuegos y las novelas de Drizzt), formasen parte de un proyecto más amplio, como parte del material de un módulo del juego de rol, pero que al final en WotC optasen solo por el juego. Esto podría ser realmente interesante, ya que Weis y Hickman, los autores de las novelas, anunciaron, como comenté también en la entrada anterior, que en ellas los personajes originales volverían a protagonizarlas, lo que tiene mucha pinta de “reboot” de todo el universo dragonlancero (un poco como lo que hizo J.J. Abrams con Star Trek).

Sea lo que sea, será comentado por aquí, en cuanto se sepa algo.

La nueva trilogía de novelas de la Dragonlance.

A principios de este año, Margaret Weis y Tracy Hickman anunciaban la publicación del primer libro de una nueva trilogía de la famosa saga basada en el juego de rol por excelencia, Dungeons & Dragons: la Dragonlance, el escenario de campaña que a principios de los ochenta, y de la mano de la Segunda Edición del decano de los juegos de rol, modernizó la forma de entender el juego.

El título provisional del primer libro, que ya tenían escrito cuando anunciaron la trilogía (y el segundo también, más sobre eso ahora), es “Dragons of Deceit”. Sigue coherentemente la idea de titular cada libro principal de la saga poniendo como sujetos a los dragones, aunque en castellano todos se han traducido con títulos específicos para nuestro idioma, seguramente más efectivos, pero bastante menos impresionantes.

También tienen, decía, escrito ya el segundo libro, este provisionalmente titulado “Dragons of Fate”.


Para el que no conozca la historia, la resumo: Los dos autores (para el que no lo sepa, que yo no lo supe durante muchos años, “Tracy” es él, no ella… y siempre lo ha sido) tenían firmado un contrato con Wizards of the Coast para publicar esa nueva trilogía. Contrato que WotC se pasó por el unilateral arco del triunfo, dejando en el limbo la publicación de una trilogía en la que Weis y Hickman ya habían invertido su buen trabajo, con esos dos primeros libros ya escritos, y el tercero en proceso de estar también terminado. Por supuesto, y como no podía, ni debía, ser de otra manera, fueron a juicio, y los autores ganaron el juicio y el derecho a publicar la trilogía con otra editorial, que será, si no me equivoco, la conocida Del Rey.

Para el que se sienta un poco perdido acerca del mundo de la Dragonlance, decir que nació como escenario de campaña para Dungeons & Dragons, con las novelas escribiéndose casi a la vez que los módulos del juego de rol, publicándose la primera en 1984, durante lo que fue el auténtico primer boom de la literatura fantástica nacida por el influjo de los grandes autores de fantasía del siglo XX: Tolkien, Moorcock y Fritz Leiber, entre otros, pero fue sobre todo Tolkien (que a su vez bebió de Lord Dunsany, entre otras muchas fuentes) el que inventó casi un nuevo género. Yo leí aquellos libros, empezando por el primero de Las Crónicas de la Dragonlance, aquí titulado “El Retorno de los Dragones” (“Dragons of an Autumn Twilight” en el original), en cuanto llegaron a España, a mis por entonces 14, en 1989. Fue el libro que me aficionó definitivamente a la lectura. Nunca había leído una novela tan extensa. No soy un lector especialmente rápido, ni ahora ni antes, y aquellas 419 páginas me duraron dos días y cuarto.

Hoy hay unos cuantos que se avergüenzan de aquellos libros; los critican de forma despiadada, y muy poco inteligente, comparándolos con las cosas que se escriben hoy en el género. Un género que ha evolucionado a través de la por muchos injustamente poco conocida figura de Tad Williams, autor que fue quien inspiró con su saga “Añoranzas y Pesares” al tito Martin para que escribiese su propia saga de fantasía, la que de la mano de su éxito televisivo volvió a cambiar la historia de un género que hoy se escribe con palabras más oscuras y más cínicas, con la posible excepción del incombustible Brandon Sanderson, finalizador de la (casi) interminable saga de la Rueda del Tiempo, y gestador de lo mejor del género en estos días inciertos.

Leí, años después de la Dragonlance, “El Señor de los Anillos”, la cual sigue pareciéndome la mejor obra que he leído jamás, de cualquier género, pese a que hoy en día haya también muchos que se ceben con el “arcaico” y “pasado de moda” estilo del inglés.

Entiendo que las novelas de la Dragonlance no son para ganar un premio Nobel, pero ni falta que les hacía. Lo que hicieron, lo hicieron muy bien, y sería estúpido, y por tanto de gente estúpida, criticarlas desde el punto de vista de hoy, sin saber entenderlas en su contexto. El punto de vista típico de un lector resabiado, que no ha sabido envejecer bien. Ya sabéis, las típicas tontunas sobre el maniqueísmo y tal y cual… Seguro que ellos escribirían mucho mejor; no me cabe la más mínima duda. Son críticas fáciles, obvias, ventajistas… En fin, pueriles.

Ojo, yo recomendaría más que nada leer solo las novelas de la Dragonlance escritas por Margaret Weis y Tracy Hickman, y muy pocas más. La de “La Leyenda de Huma”, escrita por Richard A. Knaak, es otra que merece la pena. Y alguna otra hay, también muy divertida de leer.

Las trilogías principales (imprescindibles para mi gusto) son, en este orden: “Crónicas de la Dragonlance”, “Leyendas de la Dragonlance” y “La Guerra de los Espíritus”. Además, de ambos autores también merece la pena, y mucho (incluso más), leer “La Espada de Joram”, “El Ciclo de la Puerta de la Muerte” y “La Gema Soberana”, pero estas tres últimas sagas no tienen que ver con la Dragonlance.

El estilo de los libros de la Dragonlance de Weis y Hickman es el de unos autores noveles, pero que sabían lo que se hacían. Es un estilo sencillo, ágil, alejado de las mastodónticas cifras en libros, páginas, personajes, vísceras y sangre de Steven Erikson y compañía, pero que sabe ser bello, emotivo y contundente. Y ojo, que yo disfruto por igual de la lectura de Malaz que de la Dragonlance. Lo que pasa es que sé distinguir qué debo esperar de unas y otras novelas, cuáles son sus puntos fuertes y débiles; la idiosincrasia de cada obra, aunque también tengan sus cosas, evidentemente, en común. Pues al final, ambas obras, las citadas, las de la Dragonlance y la de Malaz, nacieron de juegos de rol de alta fantasía épica. Digamos que Malaz es el tipo de literatura perfecta para el adolescente que creció con Dragonlance, y que ahora ya es un mozo, o una moza, talludita. Pero eso no evita, si se ha sabido envejecer sin prejuicios, poder volver a disfrutar de la sencillez y el encanto, no desprovisto de una profunda carga emotiva, y de fantásticas escenas, algunas de las cuales se me quedaron grabadas en la mente para siempre, de las novelas de Weis y Hickman.

El caso es que, muchos años después, tenemos a la vuelta de la esquina la publicación del primer libro de una nueva trilogía. Y si creíais que el motivo principal que me ha impulsado a escribir esta entrada del blog es esta noticia, bueno… no del todo. Lo que más ha excitado mi imaginación ha sido esto:

Dicho por los autores, la nueva trilogía tratará sobre: “The most beloved characters from the original novels along with introducing a new, strong protagonist”. Tracy Hickman.

We couldn’t be happier to be returning to the world we love. Dragonlance is what brought Tracy and I together so many years ago. We’re thrilled to be able to do this for existing lovers of Krynn while bringing our beloved characters to a new generation of readers.” Margaret Weis.

Esto es lo verdaderamente interesante, y que da para especular todo lo que se quiera. No será una continuación al uso. En la última trilogía citada arriba, “La guerra de los espíritus”, unos cuantos de los personajes principales ya no estaban. Los viejos personajes con los que crecimos iban dejando su paso a otros. Pero, al menos yo siempre lo he creído así, la Dragonlance es aquellos personajes, de la misma forma que El Señor de los Anillos es Frodo, Sam, Aragorn… Las novelas de la Dragonlance son “los nueve bajo las Tres Lunas”. Y hete aquí que esta nueva trilogía versará sobre los personajes originales, ya todos muertos, o desaparecidos, si es que no muy mayores como para seguir yendo de aventuras.

La pregunta es la que muchos estamos gritando, cuando pensamos en esto, en nuestra imaginación: ¿CÓMO LO HARÁN? (Imagínese gritado por Boris Izaguirre). De hecho, ya lo han hecho, recordemos que los dos primeros libros ya están escritos; “Dragons of Deceit”, el primero, seguramente ya más que revisado. ¿Cómo lo harán? ¿Entrarán en juego los viajes en el tiempo, como tan hábilmente hicieron en la trilogía de las Leyendas? ¿Se atreverán a hacer un reboot, o justificarán, (que es lo que yo imagino) un argumento que posibilite una nueva historia alternativa, desde el principio, un poco al estilo de las películas de Star Trek de J. J. Abrams?

Las posibilidades están sobre la mesa, dentro del libro, aguardando entre sus páginas…

¿Firmará la portada el magistral Larry Elmore? ¿Estará Michael Williams detrás de los nuevos poemas?

Por cierto, interesante será ver si a raíz de la publicación de estas nuevas aventuras en Krynn (que así se llama el mundo de la Dragonlance), Wizards of the Coast lanza un nuevo escenario de campaña, libro de aventuras, o ambas cosas, para Dungeons & Dragons. Sería un movimiento extraño, ya que ellos mismos se desinteresaron de la publicación de esta nueva trilogía, teniendo los derechos… pero a la vez lógico.

Edito la entrada para añadir un párrafo muy interesante que copipasteo traducido de la wikipedia en inglés:

En marzo de 2019, Wizards of the Coast, el nuevo editor de Dungeons and Dragons, contrató a Hickman y Weis para escribir otra entrega de la serie Dragonlance. Random House tenía previsto publicar una nueva trilogía de libros. Según los informes, Wizards of the Coast aprobó el primer manuscrito a principios de 2020. Hickman y Weis también habían terminado el borrador de la secuela. Wizards of the Coast luego detuvo el proyecto, y Hickman y Weis respondieron demandando al editor por incumplimiento de contrato. El 16 de octubre de 2020, solicitando $10 millones en compensación. Los autores luego retiraron la demanda en diciembre de 2020 (Llegaron a un acuerdo amigable con WotC) y anunciaron que Del Rey Books publicaría la nueva trilogía Dragonlance, con una fecha de publicación que se anunciará a fines de 2021. El título provisional del primer libro de la serie es Dragons of Deceit.

Hickman y Weis ven la nueva trilogía como “la piedra angular del trabajo de su vida”.


He puesto en negrita lo más interesante. Fue WotC quien contrató a Weis y Hickman, con lo que se supone que algo en mente tenían para un reboot de Dragonlance, quizá también dentro de los mundos de juego de D&D. Aprobaron incluso el primer manuscrito. La pregunta del millón es ¿por qué luego decidieron no publicar la nueva trilogía?

Por último, merece señalarse que Weis y Hickman consideren que esta trilogía será la piedra angular de su carrera como novelistas, que se inició con los mismos personajes y en el mismo mundo al que ahora regresan. Aunque disfruté enormemente con las Crónicas y las Leyendas de la Dragonlance, creo que obras posteriores de ambos autores, cuando tenían ya más experiencia, fueron mejores, sobre todo, La Espada de Joram y El Ciclo de la Puerta de la Muerte, este último contiene pasajes de fantasía que aún evoco en mi memoria, más que las otras obras, aunque todas hayan sido muy importantes para mí. Lo digo por lo que puede significar que vuelvan sobre aquellos personajes que se crearon para un juego de rol de Dungeons & Dragons, con la experiencia de toda una vida escribiendo juntos. Y no es que las primeras novelas fuesen malas, ni mucho menos, aunque adolecieran de los lógicos problemas de una novela primeriza. Después de todo, Tracy Hickman, solo tenía 29 años cuando escribieron el primer volumen de las Crónicas. Weis tenía algunos más, 36. Siempre he creído que Hickman es el narrador, pero Weis la literata. Hickman más el músculo de sus obras, y Weis más el espíritu.