La Rueda del Tiempo en la nueva fantasía. ¿Tiene cabida?



Con el estreno en noviembre en Amazon Prime de la primera temporada (segunda ya confirmada) de La Rueda del Tiempo, estamos ante la primera de las dos nuevas series basadas en sagas de fantasía épica clásica que nos traerá esa plataforma en los próximos tiempos, siendo la otra El Señor de los Anillos (pero en la época narrada en el Silmarillion de la forja de los Anillos de Poder).

Si hay una serie que significó una ruptura y un modelo a seguir, tanto en su vertiente audiovisual, como serie propiamente dicha, como en su calidad literaria, como saga de fantasía (a día de hoy inacabada), esa fue Juego de Tronos, basada en la saga de George R. R. Martin, cuyo primer libro, Juego de Tronos, veía la luz a finales del siglo pasado. A España llegó casi nada más comenzar el milenio, y yo estuve entre los que compraron la primera edición de aquel libro, cuando por aquí prácticamente nadie sabía nada de esa saga, ni de la existencia de Martin.

De muchas series y sagas han dicho desde entonces que eran la nueva “Juego de Tronos”, tal fue la forma en que aquellos libros cambiaron, revolucionaron, o, más bien, hicieron evolucionar el género. En lo audiovisual es una serie magnífica de principio a fin, en la que los fanáticos se cebaron en críticas injustas, faltas de perspectiva, y que no tuvieron en cuenta el hecho evidente de que los showrunners se quedaron sin novelas en las que basarse, al superar la serie a las novelas en su relato de los hechos. Aclaro aquí que los que esperen las novelas (cuando sea que lleguen, algunos han perdido la fe) como agua de mayo, para que reivindiquen justamente las cosas que no les gustaron del final de la serie, pueden irse olvidando. La serie se terminó según las instrucciones dadas por Martin, y este ha dicho que lo que pase en las novelas no diferirá mucho de lo contado en el final de la serie, salvo por los detalles lógicos que las novelas nos desvelarán con profusión. La forma más clásica de afrontar el relato de los hechos, basada en una aproximación más convencional al guión televisivo, problema lógicamente derivado de no tener ya libros que sirviesen como modelo, fue el otro motivo que los fans no supieron tener en cuenta, y que mermó su impresión de lo que en líneas generales fue una serie brillante hasta su último minuto.

En cuanto a lo puramente literario, Canción de hielo y fuego es conocida por haber marcado el inicio de una nueva etapa dentro del género de la fantasía épica. Hoy en día es común encontrar articulitos escritos en medios generalistas; hoy mismo he leído uno de sos artículos de mierda en La Vanguardia, de esos destinados a contentar al lector mediocre, que no quiere invertir más de dos minutos en saber algo sobre cualquier tema con un poco de profundidad. En él se habla de Juego de Tronos, en su vertiente literaria, como revolución en el género que dejó atrás el género fundado por Tolkien (que bebió de las fuentes mitológicas y de autores como Lord Dunsany), y se refiere a las sagas de fantasía épica que llegaron después de Tolkien como novelas con argumentos donde “un Elegido debía llevar a cabo una Misión que le llevaría enfrentarse a un villano que encarnaba el Mal absoluto. Ese Elegido, además, vivía en una tierra en la que había criaturas fantásticas, magia, elfos, dragones y donde el Bien siempre acababa triunfando”.

Esta es una visión pueril del tema, que demuestra un profundo desconocimiento del mismo.

Se han escrito sagas inspiradas por Tolkien, con su propio carácter, no exentas de una gran calidad literaria e interés. Entre ellas yo destacaría la obra de Ursula K. le Guin: Historias de Terramar, así como las sagas de Tad Williams y Robert Jordan, las cuales menciono específicamente para centrarme en ellas en este breve artículo. Aquí os dejo un enlace a esas obras de fantasía épica, en su mayor parte más clásicas, que merece mucho la pena tener en cuenta: https://www.vix.com/es/arte-cultura/61730/10-escritores-de-fantasia-contemporaneos-que-tienes-que-conocer

Si quiero centrarme en las sagas de Tad Williams: Añoranzas y Pesares (le dedicaré una entrada propia un día) y de Robert Jordan: La Rueda del Tiempo, es por ser dos de las principales, y por haber sido parte fundamental de la evolución del género fantástico… pero esas son las cosas que los mentecatos que escriben articulitos como el que menciono arriba, en La Vanguardia, ignoran por completo.



Ilustración de Michael Whelan para la portada de La Torre del Ángel Verde, último libro de la saga Añoranzas y Pesares. Es el autor que ilustra las portadas de El Archivo de las Tormentas, de Brandon Sanderson. Las portadas de las nuevas novelas de Osten Ard, escritas 30 años después, y sin traducción al español, también corren a cargo de este genial dibujante.



Así, la pregunta es ¿cómo surgió Canción de hielo y fuego? No por arte de magia. Esas sagas ninguneadas y denostadas por los que en el fondo desprecian y no entienden la obra de Tolkien, aunque lo digan con la boca pequeña, son en cierto modo el eslabón fundamental en la cadena que va de Tolkien a Martin. Sí, sin duda, la obra de Martin no existiría sin la de Tolkien, pues, pese al cambio en el estilo, provocado por la lógica evolución de los años, costumbres y gustos, por eso que llamamos “moda”, los ingredientes que hay en Westeros son esencialmente los mismos que ya existían en la Tierra Media. Lo que cambia es la forma en que se nos cuenta el mismo tipo de historia, historias que forman parte del alma, de la psique humana. Pero para llegar a esos nuevos estilos, hemos de transitar primero por esas otras sagas. En el caso de Añoranzas y Pesares (“Memory, Sorrow and Thorn”, en el original, que jugaba con el nombre de tres espadas legendarias y con el significado de las palabras), el propio Martin ha reconocido muchas veces que fue la obra que le inspiró la escritura de su propia saga de fantasía. Hay incluso huevos de pascua ocultos en las páginas de Canción de hielo y fuego, que toma nombres de personajes importantes de la obra de Williams y se los pone a algunos personajes secundarios suyos, a modo de homenaje.
Añoranzas y Pesares es una obra que siempre recomiendo encarecidamente leer a cualquier fan de Tolkien y de Martin, pues junto a esas otras forma parte de un tríptico de sagas de fantasía épica, si se me permite usar la expresión, en las que vemos cómo el género nace y evoluciona, sobre todo estilísticamente. Así, aunque en Añoranzas y Pesares partimos del clásico viaje del héroe, nos enfrentamos a lo largo de sus tres (cuatro, ya que el último volumen fue dividido en dos en algunas ediciones) libros clásicos a una multitud de puntos de vista y lugares, a elementos propios de nuestra historia que adornan la fantasía, que anticipan claramente lo hecho por Martin. Es imposible comprender bien Canción de hielo y fuego sin leer El Señor de los Anillos y Añoranzas y Pesares, que la precedieron.

En cuanto a La Rueda del Tiempo, yo aún no la he leído; estoy por fin con el primer libro, que quiero terminar antes de que llegue la nueva serie. Para animaros a leerla, lo mejor que puedo hacer es compartir este gran artículo, que enumera sus muy atractivos logros:
http://imagigantes.blogspot.com/2017/04/la-rueda-de-tiempo-analisis-de-la.html

Ha sido en realidad a raíz de leer ese artículo, y la forma en que justifica la lectura de La Rueda del Tiempo, como queriéndose excusar por su estilo anticuado para el gusto del lector de fantasía de hoy en día, que he sentido la necesidad de escribir esta entrada del blog. Porque en eso no estoy de acuerdo. No creo, para nada, que el estilo de Tolkien, Tad Williams o Robert Jordan haya quedado desfasado, sino que forma parte del tiempo en el que se escribieron sus obras, y eso no las hace ni mejores ni peores. Creo que es también lo que viene a querer decir el autor del artículo que recomiendo, no obstante. Las obras de los autores de hoy no existirían sin los de ayer. Criticar a las de ayer por no estar “a la moda”, como hacen otros en sus artículos de mierda, es tan poco sabio que no voy a gastar más las teclas insistiendo en ello.

Todo género es como un árbol, que se va ramificando, terminando en nuevos subgéneros, relacionados pero distintos entre sí. Así, de la inspiración de la obra Tolkien brotaron muchas otras, mejores y peores, entre ellas las dos citadas aquí. De la rama de Tad Williams brotó la de Martin, que por importancia se convirtió en un nuevo árbol en sí mismo, y de la cual surgen a su vez otras ramas, que son las que están de moda hoy en día. Pero no todas las cosas en boga hoy en día siguieron el mismo camino.

Así, la obra de Brandon Sanderson se entiende como evolución, ramificación, igual de importante, de la de Robert Jordan, pero desembocó en otras obras que nunca llegaron a formar parte de la moda de la fantasía oscura. Eso no quiere decir que no haya elementos oscuros en La Rueda del Tiempo. Vemos cosas en ella, ya en su primer libro, que estoy leyendo justo ahora, que evocan tanto a Tolkien como a Sanderson, por citar los dos ejemplos más evidentes, y entre los que se ubica en el tiempo. Y la oscuridad en Tolkien ya era real y genuina, sin que hubiera necesidad de usar para ello un estilo diferente al que él empleó. Y lo mismo puede decirse de Sanderson, que, aún con su propio estilo, denosta los elementos de fantasía oscura que están tan de moda hoy en día, lo cual lo convierte por derecho propio (destacable pese a ello) en uno de los, para mi gusto -junto a Patrick Rothfuss-, mejores escritores de fantasía de la actualidad.

Brandon Sanderson fue no en vano el escritor, ya consagrado por entonces, elegido por la viuda y editora de Jordan, para terminar la saga de La Rueda del Tiempo a la muerte del autor, gracias a las notas dejadas por este para el último libro, que a la postre el prolífico Sanderson convirtió en toda una trilogía final de verdaderos tochos. Fueron un total de 14 libros para la saga de La Rueda del Tiempo, y es esa descomunal longitud una de las principales cosas que siempre me ha desanimado a emprender su lectura. Pero, la verdad, ahora que ya están todos escritos y que viene la primera temporada de la serie, creo que ya va siendo hora de ir resolviendo esta asignatura pendiente. Porque La Rueda del Tiempo es una de las sagas de fantasía épicas más importantes jamás escritas, y ningún freak que se precie puede ir por ahí presumiendo de serlo sin haberse puesto con estos libros.

Aunque hay cosas diferentes en la obra de Sanderson respecto a la de Jordan, que marcan diferencias entre las obras de fantasía más clásicas y muchas de las actuales. La Rueda del Tiempo está ambientada en un planeta Tierra fantástico, de la misma forma que la Tierra Media y, posiblemente, el Osten Ard de Añoranzas y Pesares (y también, claro, la Shannara de Terry Brooks), Roshar, el mundo de El Archivo de las Tormentas, es un planeta alienígena colonizado por la humanidad, en un universo de ficción propio, el Cosmere, ideado por Brandon Sanderson. Y lo mismo puede decirse del mundo de Canción de hielo y fuego, que por sus características climatológicas también parece pertenecer a un sistema solar extraño. Sin embargo, son estos detalles cosméticos, no esenciales de lo fantástico que comparten todas estas obras. Al final todas ellas comparten lo mismo con la de Tolkien, y la suya con las cosas que le precedieron, antes incluso de Lord Dunsany, de que la literatura moderna fuese capaz de articular la necesidad del espíritu humano de estas obras. Como intuyó Michael Ende (otro fuertemente inspirado por Tolkien), y como subraya la filosofía detrás de La Rueda del Tiempo, todas estas historias forman parte de una misma historia interminable. Las obras se suceden unas a otras, desde las fábulas mitológicas y los libros de caballerías y el mito de Arturo, hasta Dunsany, Tolkien, C.S. Lewis y su Narnia, hasta las últimas ramificaciones de la fantasía, como la trilogía de los Magos de Lev Grossman, que brota entre otras cosas de Harry Potter (que a su vez brotó de Historias de Terramar y de Tolkien, aún, quizá, pese a la propia ignorancia de su autora sobre ello) y de Narnia. Nunca serán suficientes, porque nunca nos cansaremos de esas historias, pues siempre necesitamos aproximarnos a nuestra propia realidad desde nuevas perspectivas, imposibles de encontrar en las obras más realistas. Como se desprende del artículo que he compartido arriba, para animarnos a leer La Rueda del Tiempo, que una obra sea de fantasía no significa que no sea realista. A veces, como decía Ursula K. Le Guin, sobre todo cuando es fantasía de la buena, el genero fantástico es capaz de dar lecturas más certeras, profundas, sobre nuestra propia realidad que cualquier otra obra. No deberíamos despreciar a la ligera aquellas que no conozcamos bien, solo porque ya tengan unos años. Al contrario, ese debería ser un motivo para fijarnos más en esos libros.


Portada original del último libro (14) de La Rueda del Tiempo, escrito por Brandon Sanderson sobre las notas dejadas por Jordan, que falleció dejando la obra con 11 libros. Esta portada también es de Michael Whelan.




Por tanto, por todo esto, no es solo que La Rueda del Tiempo sí tenga cabida en el panorama de la fantasía épica actual. Es que es parte de ella. Además, ahora la serie de Amazon Prime puede hacer que se ponga “de moda”.

No hay vieja o nueva fantasía. Solo hay buena o mala fantasía.


https://www.youtube.com/watch?v=fqQvDfj9PFU

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