Notas para modificar algunos detalles de la ambientación del juego de rol Starfinder.

La estación espacial Absalom no sustituyó a Golarion. Golarion sigue existiendo, envuelto en una bruma perenne e insondable, y la gigantesca estación espacial Absalom lo orbita. 

Lo que sucedió fue que un gran conflicto mágico, culminado con una terrible hecatombe de hechicería, que esta vez ni los más aguerridos héroes pudieron evitar, debastó el tejido de la magia en todo el planeta Golarion, haciéndolo inhabitable. El caos de la magia afectó a todas las cosas. Cientos de millones murieron o desaparecieron. Aunque apenas hubo víctimas entre los habitantes de otros mundos del sistema (mundos desconocidos para casi todos los habitantes del planeta Golarion), la magia desapareció también en ellos.

Muchos de los dioses habitaban en la estación espacial, aunque esta adoptaba siempre diversas formas, al capricho de cada uno de ellos, y había sido siempre (por lo general) indetectable para los mortales, pues esta existía en el hiperespacio. Casi todos los dioses se apiadaron (o bien tan solo se preocuparon, por los motivos que fuese), de los habitantes de Golarion. Rescataron las almas de los que pudieron y las reencarnaron en copias hechas ad hoc de sus antiguos cuerpos. Otras muchas almas, sin embargo, se perdieron, quizá para siempre, y aún hoy no se sabe qué fue de ellas. 

Para paliar el shock y el sufrimiento, todos los reencarnados fueron manipulados por los dioses, para recordar solo de forma borrosa el pasado. La mayor parte de los seres humanos se amoldó rápidamente a su nueva situación. La estación espacial Absalom fue abandonada por los dioses. Había cobrado forma física en la realidad, orbitando Golarion, y en ella, poco a poco, sus nuevos habitantes mortales fueron aprendiendo los secretos tecnológicos que los dioses habían dejado allí para ellos, para paliar así la ausencia de la magia. 

Con el tiempo los humanos y los miembros de las demás razas prosperaron, y gracias a esos  nuevos conocimientos tecnológicos aprendieron a aceptar aquella extraña y gigantesca estación espacial como su hogar. Sin embargo, a los seres de naturaleza más mágica y a los más longevos, como era el caso de los elfos, les costó mucho más adaptarse. La mayor parte fueron sucumbiendo a una enfermedad desconocida, que tenía que ver con la ausencia de la magia y una especie de falta de voluntad de vivir. Aunque algunos aguantaron en la estación Absalom, otros emigraron en cuanto les fue posible, a otros mundos del sistema. Fueron sobre todo a Castrovell, donde habían sido descubiertos otros pueblos y culturas élficas.

Alrededor de mil años después del colapso de la magia, esta volvió a florecer poco a poco, tras el descubrimiento de unos antiquísimos artefactos en el subsuelo de unas antiguas ruinas en Castrovell y Akiton, que sucedieron casi a la vez. Sin embargo, esta nueva hechicería era aún difícil de entender y de manejar; a duras penas concedía una fracción del poder que había significado en el malhadado Golarion. 

El regreso de la magia marcó oficialmente el fin de un Intervalo de mil años. Se fundaron universidades y diversos enclaves y sociedades para su estudio, práctica, búsqueda y conservación. (Este retorno de la magia marca el principio de la cuenta de los años de los hechos que se narran en el manual de Starfinder).

Durante el Intervalo, las diferentes especies de Absalom desentrañaron los secretos de la tecnología que los dioses habían dejado en la estación espacial, y aprendieron el arte de construir naves interplanetarias. Exploraron otros mundos del sistema de Golarion, la mayoría de los cuales ya estaban habitados, incluso por miembros de especies que ya existían en Golarion. (Por lo que parecía evidente que esas especies tenían ancestros comunes que se remontaban miles de años atrás en el tiempo, antes de establecerse en sus respectivos mundos del sistema).

El auge, exploración espacial, caída del imperio azlante en Golarion y surgimiento del imperio estelar azlante, sucedieron antes, pero también a lo largo, del milenio que duró el Intervalo. Miles de años antes de la debacle de la magia y el fin de Golarion, los azlantes ya habían alcanzado el espacio, en un tiempo en el que los demás humanos y especies apenas empezaban a controlar el fuego. (Caso aparte eran los elfos; especializados en el uso de la magia, mediante ella dieron forma desde muy temprana edad a su propio mundo, al margen de los humanos y sus obras). Fue pues en el remoto pasado, cuando los azlantes se lanzaron hacia otras estrellas en naves espaciales. Después, el imperio azlante cayó en Golarion. Los expedicionarios azlantes hacia las estrellas, a su vez, sufrieron graves percances y quedaron aislados, subsistiendo apenas en sus nuevos asentamientos, que no eran lo que habían imaginado. Pero durante el mismo periodo de mil años, mientras los antiguos habitantes de Golarion prosperaban en la estación espacial Absalom y empezaban a explorar el sistema solar y más allá de la mano de sus naves espaciales y la tecnología de deriva, los azlantes, aislados en aquellas estrellas lejanas, prosperaron también, por fin, hasta el punto de fundar un imperio estelar, entre  aquellas estrellas de sistemas remotos.

Los tecnología para diseñar y fabricar androides, que de algún modo ya existía en Golarion antes del fin de la magia, aunque pocos los hubieran visto, fue otro de los misterios tecnológicos que los humanos, sobre todo (aunque también enanos y gnomos), desentrañaron en Absalom. Durante siglos fueron usados como mano de obra esclava, que ayudó a hacer prosperar la tecnología y el comercio de los mundos del sistema. Siglo y medio después del regreso de la magia (y del fin del Intervalo), lo cual ayudó a que fueran menos imprescindibles, los androides, inspirados por las proclamas del profeta Yedith-133, un instigador, muerto y convertido en mártir, encabezaron una serie de incidentes que fueron escalando hasta casi provocar una guerra en todo el sistema. Un conflicto entre los que estaban a favor de condederles la ciudadanía, reconociéndolos como seres con identidad propia, que no eran propiedad de nadie, y los que creían que eso acabaría con su modo de vida. Aún hoy, casi dos siglos después, y aunque los androides ganaron su ciudadanía, hay rincones del sistema de Golarion en los que se les sigue tratando mal, de forma más o menos disimulada. En el imperio azlante también existen androides. A día de hoy siguen teniendo allí la condición de propiedades.

La cronología que aparece en el manual de Starfinder, que se cuenta a partir del fin del Intervalo, es la misma, con la salvedad de que aquí el Intervalo se refiere al ciclo de mil años con una total ausencia de la magia. El Intervalo, los mil años sin magia, fue el periodo durante el cual los habitantes de Absalom descubrieron las tecnologías dejadas allí por los dioses, prosperaron, exploraron, guerrearon, firmaron la paz y habitaron el resto del sistema. Todo ello antes de la llegada de las nuevas amenazas de fuera del sistema, que llevaron a la formación de los Mundos del Pacto (como se cuenta en la ambientación del manual).

A día de hoy, sigue siendo imposible poner pie en Golarion. Los sistemas de navegación de las naves se desorientan, y terminan volatilizándose en la atmósfera. El caos que se propaga aún de la urdimbre destrozada de la magia, en el espacio que acompaña al mundo de Golarion, enajena por completo a los que intentan adentrarse en la misteriosa bruma. Se dan casos de habitantes de Absalom que sienten una irresistible atracción hacia las brumas que envuelven a Golarion. Suelen ser tratados como locos enfermos, pues el hecho es que no se sabe de nadie que haya intentado llegar a la superficie y que haya vuelto a ser visto.