“Mientras suenan las campanas”. Por qué no disfrutar las últimas temporadas de Juego de Tronos es de necios.

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Ojo, hay espóilers, para el que no haya visto la última temporada.

Los críticos de Juego de Tronos, mienten. Quieren reivindicar su disgusto, con mentiras sobre la incoherencia en el desarrollo de los personajes y las tramas. Pero tal no existe. Solo es que ellos hubieran querido un desarrollo más previsible y naíf de las cosas.

La gente que se rasga las vestiduras por cómo ha cambiado el estilo de contar las cosas en las últimas temporadas está cayendo en un grandísimo error, y el primero que hay que evitar con las adaptaciones de libros: las adaptaciones al audiovisual NO son los libros, por bien que estén. Por fieles que sean. Son otra forma de contar las cosas.
Primero de todo, los dos libros que quedan, salud de Martin mediante, sí saldrán. Paciencia. En cuanto a la serie, estuvo muy bien y lo sigue estando. No ha hecho más que cerrar todas las tramas en los capítulos que quedaban. Quizá podían haberse extendido alguna temporada más, para no tener que precipitar todo tan rápido. ¿Por qué se ha hecho así?
Por la sencilla razón, y comprensible, de que los libros se acabaron. Mientras Weiss & Benniof (en adelante W&B) tuvieron los libros como cimientos para seguir contando la historia, todo se hacía de forma que parecía una serie rompedora y original.

Esto es así porque los libros en sí lo eran, y la serie respetó muy bien la forma de contar las cosas de los libros, resumiendo, claro, lo que era necesario. Porque para contar las cosas como son en los libros, ya tenemos los mismos libros. El lenguaje audiovisual es otro. Pero es cierto también que en este caso, que servirá de modelo de estudio en el futuro de las adaptaciones de obras literarias a la televisión, ambas, novelas y serie, estaban profundamente entrelazadas. Un vínculo que se fue debilitando a medida que Martin participaba algo menos en el show televisivo, y que se rompió casi del todo cuando ya no hubo más novelas en las que basarse. “Casi”, porque todo lo que vemos en las últimas temporadas, en lo que a la historia respecta, sigue obedeciendo a las líneas maestras que Martin tiene escritas para las dos últimas novelas.

La forma de contar las cosas, mientras hubo novelas en las que basarse, era una trasladada directamente desde ellas, basada en una perspectiva sociológica de los hechos que ocurren en la historia que se nos cuenta. No hay personajes buenos ni malos. Es una novela coral, donde todo son grises, y las acciones de los personajes se nos definen por su sociedad. Por el marco en el que actúan. Cuando se terminaron los libros, W&B debieron de ser bastante conscientes de que no tenían ni el tiempo ni el talento por delante para seguir el mismo ritmo que estaban llevando hasta entonces. Quizá sí pueda criticárseles eso.

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He leído que HBO les dio la posibilidad de alargar la serie hasta las diez temporadas. Pero ellos prefirieron acortar el final. Creo entenderlos. No debemos soslayar nunca el hecho de que ellos NO son Martin.
No eran los escritores de los libros. Por más que Martin ha seguido estando siempre involucrado en la serie hasta el final. Es decir, todo lo que ocurre en la trama y personajes principales, también y especialmente en esta ÚLTIMA TEMPORADA, son las líneas maestras de Martin para lo que leeremos en las novelas.

Todo ocurre de forma coherente a cómo él lo tenía bosquejado. La única crítica que de hecho hace Martin es que la serie debería haberse extendido más temporadas, para terminar de contar las cosas con más calma.
Para ello el propio autor original debería haber seguido estando involucrado como al principio, pero ya no lo estaba haciendo. Participaba menos, ya no escribía ningún guión. Y sin ese grado de participación, simplemente W&B ya no tenían el talento necesario para seguir el ritmo. Pero que no tuvieran ese talento, el talento de escritor de Martin, no significa que no conservasen los otros talentos que ya tenían, como creadores audiovisuales.

Así, la serie cambió su forma de contar las cosas, desde esa perspectiva más original, sociológica, de definir a los personajes por su marco, a una más tradicional, la típica del lenguaje televisivo, más psicológica, interna de los personajes, que era la única forma en que W&B sabían y podían terminar lo que habían empezado.
En cierta forma, podría decirse que los productores fueron devorados por el éxito de la serie, puestos ante el abismo de la falta de continuidad en forma de novela.

Cambió la forma, pero nunca el fondo.

Es ese cambio lo que sacude al fan típico de la serie. Pero, si somos capaces de sobreponernos a ese cambio casi obligado por las circunstancias, todo lo que se nos cuenta es coherente con todo lo que habíamos visto en todo el drama. Los giros en la trama. Principalmente el del personaje de Daenerys, estaba anunciado desde el principio (ni inmutarse por la forma terrible en que muere su hermano, por muy cabrón que fuera, la endiosada visión de ella misma que fue adquiriendo…) Nunca fue malvada, ni siquiera al final. Su personaje solo siguió los pasos lógicos que Martin siempre tuvo pensados para ella. Lo que le chirría a algunos fans es que esos giros en la trama se hayan contado desde la nueva perspectiva psicológica, a la manera tradicional.
Eso hace que los giros puedan parecer forzados, cuando no lo son. Son perfectos. Solo están contados de una manera más tradicional. Y necesariamente más resumida. Creo que sería un gesto de madurez y de agradecimiento, ser capaces de disfrutar igualmente la serie.

Por todo lo que fue, y por la forma en que concluye de forma brillante, siguiendo ni más ni menos que las líneas maestras de Martin. Que él mismo lo ha dicho. Lo que suceda en los libros será esencialmente lo que hemos visto. Solo que los libros seguirán contándolo desde una perspectiva sociológica, sin prisas, con todo el tiempo del mundo. Y por eso seguirá siendo muy interesante leerlos. Para comprender mejor, quien no lo haya hecho (yo, y mucha más gente, sí), por qué pasa lo que pasa.
Que han abusado de trucos televisivos, al final, sí… Pero para mi gusto, si pasamos por alto esas cosas, la historia no se resiente, y para mí eso es lo más importante. Me parece precioso el final de la casa Lannister. Redimidos en el mismo amor que en parte lo precipitó todo.

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Lo de Arya y el Rey de la Noche, puede parecer un poco deus ex machina, pero, una reflexión: los Caminantes Blancos fueron una creación de los Hijos del Bosque, para lanzar contra los salvajes humanos que talaban sus bosques sagrados… Como tal creación pusieron en ella una salvaguarda. El vidriagón. Y el acero valyrio. Así, no deja de ser realmente muy simbólico, cuando el asunto se les va de las manos (durante mucho tiempo), que la hermana de aquel que poco a poco ha ido conociendo y heredando el poder del los Hijos del Bosque, convertida en una asesina letal, por su propio camino, sea la que ejecuta la salvaguarda. Si se ve la serie con detenimiento, todo sucede de forma extraordinariamente coherente, sin que importe para ello que haya habido un cambio de estilo narrativo. Ese era otro final pensado desde el principio por Martin. Arya estaba destinada a matar al Rey de la Noche.

No es que W&B hayan hecho en ningún momento lo primero que se les haya ocurrido. Muy al contrario, han sido siempre, hasta el final y las últimas consecuencias, meticulosamente fieles a las líneas maestras que les fueron dichas por el propio George R. R. Martin. La diferencia solo está en el cambio de ritmo y estilo que han imprimido, forzados por las circunstancias, a las últimas temporadas, en las que tan solo quedaba ver los desenlaces de todas las tramas tan magníficamente expuestas antes. Y sí, una vez asumidas las causas, creo que es de NECIOS regodearse en las cosas que están mal o que podrían haber estado mejor, en vez de disfrutar de la historia. Entendiendo además que gran parte de las críticas no se basan en racionalización alguna, como la que he expuesto aquí, sino en meros caprichos de niño chico porque las cosas no pasan, ya sea con los personajes o las tramas, como a esos niños chicos les gustaría que pasaran. Hay gente que simplemente no era el tipo de gente preparada para ver un drama tan crudo, que ataca a los creadores de la serie solo porque no son capaces de digerir el cambio en Daenerys. No tanto porque esté mal contado, sin siquiera poder ser justificada por el cambio de estilo, esa contrariedad, sino que sencillamente no son capaces de digerirlo, y atacan a W&B, como lo habrían hecho con Martin, de haber leído primero ese cambio de Daenerys en los libros, de haber estado ya escritos. Cuando en realidad, si se ve la serie y se leen los libros escritos con detenimiento, ese cambio es una consecuencia, la única posible, a todo su comportamiento previo. Un arco de transformación de personaje presente en la mente de Martin desde el primer libro. Con el personaje de Daenerys hemos sido testigos desde el principio, como un eco, evocado con muchas y sutiles pistas, del regreso de un rey, una reina Targaryen, tirana y terrible.

Sabia medida de toda persona que se adentre en los paisajes inciertos de una obra de ficción, más si es de fantasía, es dejar atrás las vanidades, apariencias y presunciones del mundo real.

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La historia siempre ha sido un camino no complaciente, pocas veces amable, hacia la infelicidad, y por ella, a la ataraxia. Un periplo hacia sentimientos y pasiones que anidan en los más oscuros recovecos del alma humana, iluminados por los claros y luces de un complejo mundo de fantasía oscura. Y eso lo fue al principio, lo fue en el medio, y lo ha sido al final, independientemente de cómo se nos haya contado, antes, y después de que lo ya escrito en las novelas cimentase o no lo que vemos en la serie.

Juego de Tronos es un todo coherente; una obra televisiva brillante por sí misma, y digna de estudiarse en clases de audiovisuales durante los años por venir. (Y me gustaría aclarar en este punto dos cosas sobre mí: una, que soy de los pocos que compró la primera edición del primer libro de Canción de Hielo y Fuego, Juego de Tronos, nada más ponerse a la venta, a principios de este siglo, unos cuantos años antes de que la mayor parte de la gente conociese de la existencia de Poniente por medio de la serie. Otra, que soy técnico superior en Realización Audiovisual. El tema de la escritura de guiones y escaletas no me es del todo ajeno).

En definitiva, creo que si dejamos de cabrearnos porque los árboles no nos dejan ver, de pronto volveremos a ver el bosque, que es la historia que se nos está contando. Y pese al cambio de paradigma en la forma de narrárnoslo, la historia en sí sigue siendo magnífica.
Porque además, si persistimos por este camino, de dejar que la dictadura de las Redes Sociales mande sobre lo que las grandes compañías deciden sobre lo que hacen o no hacen sus creadores, al final saldremos perdiendo todos.
Ahí tenemos ahora la paradoja, bastante absurda, de Disney prefiriendo a Weiss & Benioff para hacer la siguiente película de Star Wars para 2022, en vez de la primeramente anunciada, de Rian Johnson, por miedo a que las exacerbadas (y totalmente injustas) críticas a Los Últimos Jedi pudieran ser perjudiciales, y ahora se encuentran con que W&B están siendo tanto o más vilipendiados que RJ.
Al final, la forma de comportarse de la gente en las Redes Sociales no varía mucho de la de ninguna masa de gente, de la de la chusma en las gradas del anfiteatro romano, pidiendo alegre y caprichosamente la muerte, con el pulgar hacia abajo. Seguramente porque ninguno entre esa chusma entiende ni de lejos lo que significa luchar en la arena.

En cuanto a la parida de que fallen en estrategias militares, es una de las más infantiles críticas que he podido leer a esta última temporada. Ya ves, como si no pudiese atacarse por lo mismo a prácticamente cualquier batalla planteada en prácticamente cualquier libro de fantasía jamás escrito, o serie jamás vista. Que no, que a otros de mentalidad más débil, con esas monsergas, señores. Que lo que pasa es que os jode que las cosas no pasen como a vosotros os gustaría que pasaran, y usáis eso de base para, bajo las premisas que he explicado en este artículo, que sí son ciertas, y están razonadas, atacar sin ton ni son a aquello que de pronto se ha convertido en objeto de vuestra animadversión.

Atacan a la serie como un amante despechado, de forma injusta.

Si se quiere ver con amabilidad, sobre todo, con imaginación, todo tiene una posible explicación. Si nos vamos al extremo opuesto, en el que criticamos todo lo que vemos, todo puede explicarse como que está mal. Pero si en el primer caso la imaginación era un digno acicate, la falta de esa imaginación, que alienta la crítica negativa del espectador pasivo, no lo es en absoluto. La crítica negativa por sí misma, nunca aporta nada bueno, ni constructivo.

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Para terminar, vuelvo sobre el personaje de Daenerys, principal foco del cambio incomprendido en la trama, y de las críticas infantiles e injustas que está recibiendo la serie, y que no se explican solo por el cambio de modelo narrativo, sino, básicamente, porque las cosas no pasan como a muchos  les gustaría que pasaran; y desahogan su frustración con rabietas de niños pequeños.

De hecho, el porqué del comportamiento de Daenerys se explica perfectamente. Su desequilibrio, desencadenado por las circunstancias, como toda enfermedad mental latente, explota cuando se da cuenta de que incluso en la victoria, no la amarán. Lo amarán a él, Jon Nieve, que por el destino resulta ser el legítimo heredero, Aegon Targaryen. Y lo que en una novela de fantasía al uso sería algo pródigo y feliz, aquí es una nueva condena. Un nuevo giro aciago de los acontecimientos. Por eso ella le suplica que lo guarde en secreto. Y él falla, al mostrase incapaz, precipitando el desequilibrio. La tragedia ya había sido anunciada de forma sutil pero poderosa, en las miradas de ella hacia él, en la celebración por la victoria sobre los Caminantes Blancos, en el Gran Salón de Invernalia.

Yo creo que la gente que se lanza rápida a la crítica, tiene el defecto de dejarse convencer MUY rápidamente por tres o cuatro que empiezan a lanzar sus diatribas en las Redes y que enseguida producen un efecto avalancha, del que muchos no saben, o no quieren, apartarse.

Pero es perfectamente comprensible que en esa epifanía de desamor, revelación y odio, mientras suenan las campanas, surja un arrebato en Daenerys que la haga comprender que solo esquilmando Desembarco pueda quizá generar un nuevo orden de las cosas, uno cruel, sí, nacido de la tiranía. Pero uno en el que ella pueda ser reina, aunque eso la enfrente con su despechado amor. El odio por darse cuenta de que ella jamás será querida, a la vez que es consciente del sacrificio que esa guerra ha supuesto para ella en dos frentes: dos dragones, y su más fiel servidora… Que pese a todo solo será vista no como una salvadora, sino como una extranjera, por la forma de ser abiertamente xenófoba de los norteños en particular y de la población de Poniente en general. Todo eso, unido a ese desequilibrio del que hemos sido testigos desde el principio, y que tiene algo de genético: su actitud impertérrita cuando matan cruelmente a su hermano, por cabrón que fuese, sangre de su sangre; cuando se traga el corazón, completamente ida; cuando quema a diestro y siniestro cuando no se someten a su endiosada voluntad, construida sobre profecías y brujerías; con un niño muerto en su vientre con deformidades monstruosas;  su esposo enajenado… Sobre todo, porque salió viva del fuego, con tres crías de dragones, que se creían extintos. Porque ¿quién, en unas circunstancia tales, tan duras, no va a creer en su propio mito y a endiosarse, perdiendo gran parte de la perspectiva humana de las cosas?

Todo eso, estaba ahí. Y por todo eso, en ese momento de infinita duda y angustia, da un giro a su destino, al de todas las cosas, y explota, y quema toda la puta y condenada ciudad de mierda. El tañido de las campanas no traía la salvación, sino la muerte.

 

EDITADO: Unas últimas palabras, tras el final de la serie:

Destrozado, entre la tristeza y el vacío que preceden a la ataraxia. Acabo de terminar de ver Juego de Tronos.
No diré que las cosas hayan pasado como a mí me gustaría que pasaran, pero no por ello negaré la gran obra que ha sido. Una que se eleva definitivamente, en mi sentir de estas cosas, al mismo lugar de El Señor de los Anillos, y de Star Wars.
No haré tampoco ningún espóiler. Para eso aún es pronto, hoy. Pero comentaré, con cuidado, algunos detalles.
La historia concluye a la mitad del capítulo final. Toda la otra mitad es el epílogo. No quise ver venir ese final, porque deseaba tanto lo que por fin parecía que iba a suceder, que me daban igual las consecuencias.
Pero hubieran sido muchos más dolores y más guerras. Demasiados para un final. En realidad, si no fuese por la tristeza acumulada y, sobre todo, por esa última muerte, que por ser la última es la más dolorosa, estaríamos ante un final feliz. Quién lo iba a decir…
Pero lo diré más tarde. Es esa sensación de irreparable pena por la pérdida la que te susurra al oído, de forma cómplice, que acabamos de vivir una gran historia, una que quebranta el corazón casi tanto como aquel momento de la despedida de Gandalf y Frodo en los Puertos Grises.
No tanto por los hechos que han sucedido mientras leíamos, o veíamos y escuchábamos, sino por saber que ya no habrá más de esos hechos, y que los personajes se diluirán ahora en la memoria, hasta que la historia empiece de nuevo.

 

Y recordad que si sentís un vacío como yo, por el final de la serie, y ya habéis leído los libros de Martin, hay otra saga, en la que se basó Martin para escribir la suya, que tiene mucho de ese sabor a Poniente dentro de sí. Memory, Sorrow and Thorn, de Tad Williams.
Traducida en España como Añoranzas y Pesares, actualmente descatalogada en nuestro idioma, la saga triunfa en otros idiomas y, 30 años después, la trilogía original continúa, con nuevas historias…
De hecho, George R. R. Martin introdujo un “easter egg” en sus novelas, en homenaje a dos de los principales personajes de la saga de Tad Williams.

Cuando la leí, hace ya muchos años, quizá demasiados, la de Williams fue una de las primeras obras que me impulsó a querer ser escritor.