Ricardo Gómez y Elena Rivera se despiden de Cuéntame cómo pasó, y lo hacen inspirándonos. Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

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Me he pasado el último tercio del capítulo de Cuéntame de hoy llorando, o casi haciéndolo.
A veces solo casi, porque no ha buscado para nada la lágrima fácil, sino la emoción de los sentimientos verdaderos. Y a veces la pura maravilla, la inspiración para nuestro propio viaje por la vida, hacen que hasta en los momentos más tristes sientas Cuéntame cómo pasó como algo mucho más enriquecedor que la mera tristeza por la tristeza.
Me he visto reflejado en esos dos personajes, el de Carlos y el del marinero que sabe cosas que se saben por los años y las duras experiencias vividas. Y, entre ambos, el marinero que como Ulises es capaz de volver a Ítaca. A su amor. Al punto de partida.
Ha sido un capítulo enorme, como toda esta temporada, y, en realidad, como toda la serie. Si bien, quizá esta última temporada ha brillado aún más, si no como nunca. Una serie que tras 17 años y 19 temporadas no hace más que mejorar.
 
El capítulo y la temporada, y esperemos que no la serie, nunca la serie, se cierran de forma redonda, con ese momento de iluminación de Carlos, tocando el agua, sintiendo ese sueño recurrente que traspasa la cuarta pared, la de las cámaras y la de los sueños, encerrando toda la obra en un momento tan brillante que, si fuese el final, podríamos comprenderlo.
El plano final con las Torres Gemelas es una guiño además a ese momento en que se estrenó la serie, dos o tres días después de ser atacadas. Respecto a eso, una anécdota, o algo más que una anécdota: mi hermana celebró su viaje de boda yendo a Nueva York, en septiembre de 2001, y estuvo subida al mirador de la torre exactamente una semana antes de la tragedia. Con miedo, sin acercarse mucho a las ventanas, porque a ella le dan vértigo las alturas. Lo digo porque a veces algunos han criticado que Cuéntame dejó de ser creíble, de tantos altercados históricos en los que se meten los Alcántara; aunque ha sido esta una temporada muy buena, en el sentido de saber dotar de emociones fuertes a la serie, otra vez, quizá sin la necesidad de recurrir tanto a esos desmanes. Sin embargo, tampoco lo veo como algo tan criticable, si entendemos que los Alcántara, por muy realistas que puedan ser, son también ficción. Una ficción en la que nos vemos reflejados todos, de una forma u otra; en algún momento u otro de la historia. De nuestras historias. Todas ellas.

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Personalmente, me siento muy reflejado, en cosas puntuales, pero importantes, en el personaje de Carlos; siempre expuesto a un futuro incierto, y a vivir en esa incómoda frontera entre el amor a tu familia y la necesidad de escapar. Quizá fue ese el motivo por el que me fui de casa a los 22 años, entrando en la marina, en busca de aventuras y de un futuro que, a día de hoy, y que razón tenía ese marinero de 63 años, yo, a mis 43, aún no he alcanzado. Siempre con dudas, y con la necesidad de emprender nuevos proyectos. Porque huir hacia los sueños es una necesidad cuando la realidad de los días cotidianos no te satisface. Pues sin la perspectiva de verte desde fuera, la única aventura que merece la pena es la que puedes imaginar y escribir. O tocar y sentir. Por eso siempre estoy a caballo entre la literatura y la música. Y ha sido justo en el momento en el que Carlos descubría lo que realmente quería escribir, que durante el episodio de hoy me ha venido a la cabeza una idea que creo que es maravillosa para el cuento, (narración, novela…) cuya historia tengo en la cabeza estos días.
Cuéntame ha sido muchas veces distraída, muchas más emocionante, y en algunos momentos, como este, inspiradora.
 
Llevo siguiendo la serie, siempre que el trabajo me ha dejado, a veces viendo algún capítulo tiempo después, desde aquel primer episodio, de estos 348. Hoy los guionistas han escrito un episodio perfecto, en realidad, toda una temporada, para despedir a Ricardo Gómez y Elena Rivera. Hace un tiempo él nos anunciaba en Tuiter su adiós de la serie, con una imagen de Jim Carrey en el Show de Truman, despidiéndose en lo alto de las escaleras de su mundo de ficción (una ficción que era tan real y tan emocionante para tantos), después de que el director del programa, interpretado por Ed Harris, intentase convencerlo de seguir, de que, gracias a él, muchas personas eran felices. En el episodio de hoy, los guionistas han tenido el acierto de evocar, con otro guiño genial, aquel gif de Ricardo Gómez, no se si de manera intencionada o casual; porque lo cierto es que los paralelismos entre Cuéntame y El Show de Truman son evidentes.
Afortunadamente Cuéntame cómo pasó no es del todo igual al Show de Truman (también nos recuerda al cine de Richard Linklater, aunque la inspiración original de la serie fue la genial “sitcom”: Aquellos maravillosos años). Nuestra serie, porque es parte ya de nuestras vidas, y de nuestra historia, ha de seguir, porque da la sensación de que, con su nivel de guiones, actores y directores, puede darnos aún muchas cosas buenas, pese a que todos nos sintamos hoy un poco tristes, como los espectadores de El Show de Truman, el día que Truman salió por la puerta en lo alto de aquella escalera, en la que terminó su particular viaje por el océano, y se cortó la emisión. Pero al fin, satisfechos, contentos, por el valor de las emociones evocadas, y por la inspiración que esas historias encienden en nuestro interior.

 

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