Rosalía, ¿moda o trascendencia?

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Me he enterado de quién es Rosalía, realmente, este mismo mes. Tomé su existencia con el escepticismo con que siempre tomo lo que está de moda y en boca de todos. Siempre tengo algo de ese escepticismo hacia algo que triunfa siendo tan joven. Quizá podríamos decir que con la edad eso se convierta en algo de envidia: no haber tenido yo esas oportunidades, o resolución, o seguramente unas circunstancias vitales más propicias para saber lo que quería siendo tan joven. Aunque creo que no, porque el desconfiar de lo que está de moda es algo que me pasa desde mi más tierna infancia.
Pero sería estúpido insistir en oponerse a algo, cuando ese algo, más allá de que esté en boca de todos, por fin te cala en lo más hondo. Y me está pasando justo eso con alguno de sus temas.

Y me parece muy sensato por su parte que diga que en la música está todo inventado y que lo que importa es el contexto. Es algo que he escrito yo más de una vez, y de dos y de tres, en reflexiones en mi muro del feisbuk. Es cierto. Si tomamos un tema de heavy metal, otro de música clásica y otro de Enya, muchas veces lo único que los diferencia es su producción, su estilo. Porque esencialmente, son el mismo tipo de música. El truco está en cómo mezclas los ingredientes de forma novedosa. Paradójicamente, en música, la apariencia lo es prácticamente todo.

Yo empecé a tocar a los 17, y toda mi formación musical es autodidacta. Lo cual no importa, cuando no dejas que tu espíritu quede atrapado por la estupidez de lo que se toma como norma. Camilo Sesto, por ejemplo, no tenía formación musical.
Podría amargarme criticando un contexto histórico y educativo, cuando yo era niño y adolescente, en el que se ninguneaba la importancia de lo musical. Estoy bastante seguro de que habría sido un músico excepcional si hubiera tenido una formación musical temprana. Pero solo bastante, porque nunca se sabe. (Puede que al ser obligado a estudiar música, le hubiera cogido manía, aunque no creo). Al final empecé a tocar por necesidad, pasión, ganas de trascender la realidad de cada día por medio de la música, de igual modo, no es muy distinto para mí, que cuando leo o veo un libro o una película excepcionales, que me transportan hacia lugares nuevos y diferentes.
En fin, no conviene gastar el tiempo en inútiles quejas, sino en seguir hasta ver cumplido el sueño.

Sí que es cierto que, en un mundo tan intercomunicado y global, hay que estar muy atentos para separar el grano de la paja. Por eso mi escepticismo inicial, que ha sido parte siempre de mi forma de ser, desde niño, el desconfiar de lo que está de moda, incluso de lo que me aconsejan que vea o lea o escuche, si el hecho de terminar enamorándome del objeto de arte en cuestión no me sale de muy adentro, a través de un camino de descubrimiento personal.
También porque vivimos en un mundo que encumbra lo juvenil, y donde triunfa la belleza efímera de lo aparente. Donde lo políticamente correcto se moldea en distopía.
Por todo eso puedo entender que haya gente que haya hecho casi un leit motiv de tener manía a Rosalía. Pero no deja de ser algo casi ideológico, algo, por tanto, malo, y una gran equivocación.

A mí me ha bastado escuchar el tema Bagdag, de su último álbum, lejos del ruido mediático, simplemente la música y yo, para darme cuenta de que Rosalía no es algo aparente, ni solo el fruto de su belleza y oportunidad. Es algo más, lo que cualquier artista quiere comunicar, una belleza que no tiene que ver con edades ni apariencias, algo que se posee interiormente, y que sin embargo es más difícil hacer llegar a los demás cuando dejas atrás la belleza de la juventud.
Pero no hay que dejar de buscar lo auténtico por miedo a haber perdido la apariencia.
Por eso mi lucha conmigo mismo continúa. Y ya soy fan de Rosalía. Porque enseguida he entendido el espíritu electrónico que está en su música, y que no tiene tanto que ver con lo que suena, sino con cómo se le da forma. Una manera de entender el estudio de producción musical en sí mismo como un medio de expresión artística. Y no como un elemento mercadotécnico; que, pensar que en su caso es así, es la equivocación de muchos, respecto a esta artista.
Me encantaría ver a Rosalía colaborando en el disco Electronica 3, de Jean-Michel Jarre, junto a otros músicos, como Vangelis, Enya, Björk, Oldfield o Susanne Sundfor.

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