La manada de mierda.

Se está hablando mucho, mejor, peor, importante, intrascendente o insultante, sobre el caso de la manada y su víctima.

Según lo veo la ley no ha actuado mal. Pero eso no quita que la ley no sea enjuiciable en sí misma. Cabe mejorarla y reformarla. Y esto es lo que debe hacerse en el menor tiempo posible. Porque, sí, los nueve años de cárcel pedidos para los miembros de la manada son muchos años en la vida de un joven, y pueden truncar para siempre su futuro. O quizá no. Quizá sean algo bueno, inviten a la reflexión y a la enmienda de un grupo de seres humanos dudosos, cuyos actos son objetivamente repudiables, si se examinan desde una posición fría y objetiva, exenta de pasiones ideológicas.

Aquí no se está juzgando solo a los miembros de esa manada, ni defendiendo solo los derechos de una víctima. Este caso ha trascendido, y lo que la ley decida sobre él estará construyendo el futuro de tantos otros presuntos seres humanos como los miembros de la manada, y de muchas otras futuras víctimas.

Nuestra ley es tan débil y tan torpe, tan enclenque, porque tras cuarenta años de dictadura nuestro código penal nació avergonzado de sí mismo. Por eso es de los más suaves con la delincuencia de Europa. Especialmente alarmante la forma en que trata los casos de violación que contempla como abusos, una distinción absurda y arbitraria, que no existe en otros códigos penales europeos.

No he hecho nunca el más mínimo intento por querer ver en Internet ni por ningún medio imagen alguna del dichoso vídeo que por lo visto se filtró. Hasta que el otro día, el amigo de un amigo me enseñó una imagen de ese vídeo, no sé aún con qué propósito ni intención. Pero me asqueó y le dije que la quitase de mis vista enseguida. Todos los que comparten esas imágenes me parecen en cierta medida cómplices de la manada. Es esto lo que se está juzgando aquí de fondo, y por eso este caso es tan importante: no solo a la manada, sino una forma de entender la sexualidad y de comportarse por parte de los hombres.

Especialmente alarmantes son los comentarios del juez que vio divertimento de la víctima. Muestran claramente la ideología propia de alguien que seguramente tenga en su móvil u ordenador ese tipo de imágenes. La forma de ser de un machista irredento. Y es que la Justicia no es un organismo infalible, como no lo es ningún otro poder, ni el legislativo ni el ejecutivo. No es infalible el poder judicial. Está constituido por personas que se equivocan y son susceptibles de ver las cosas a través de su prisma ideológico, tanto como cualquier otra persona. Y aplican ese prisma a sus decisiones profesionales, aún cuando a un juez se le presupone que debería ser lo más objetivo posible. Pero ese es un ideal imposible de alcanzar. Un juez, una juez, cualquier juez es un ser humano, con todos sus brillos, y todas sus debilidades.

Hay quien criticó al ex ministro de Justicia por sus críticas a ese juez. Que la Justicia es intocable e intachable, que dónde va el sistema si se pone en duda la Justicia.

Patrañas.

Patrañas interesadas e ideologizantes. Y en esas patrañas, como siempre, Podemos, que, recordemos, y para confundirlo todo, está en contra del incremento de penas para todo tipo de delincuentes, incluidos violadores y asesinos no redimidos. Podemos, que está a favor de echar abajo la prisión permanente revisable, y de que, por tanto, los violadores puedan salir a la calle al cabo de unos años de condena.

Con el caso de la manada se está juzgando el futuro de nuestra sociedad. Estamos decidiendo si queremos una sociedad sexualmente más limpia e igualitaria, en la que las mujeres puedan manifestar su sexualidad sin miedo a ser víctimas de hombres que se creen con el derecho ANIMAL a poseerlas. Abortos de seres humanos. Seres no evolucionados, el producto de una sociedad enferma.

Y dañino también es en esta sociedad enferma el rol de las feministas recalcitrantes, que insultan a las actrices porno y a las prostitutas que ejercen libremente, metiendo en un mismo saco a la trata de blancas y a los violadores junto a gente que disfruta libremente de su sexualidad. Y esta forma de actuar lo que hace es incentivar esta enfermedad de hipocresía sexual que corroe esta sociedad nuestra, donde lo sexual sigue siendo un tabú que personas malformadas psicológicamente convierten en amezana contra las víctimas a las que acechan.

Se ha dicho de la víctima de la manada que no podía llevar una vida normal, ni manifestarse como ella era en las redes sociales, ni ponerse mini faldas, sin que pareciese que no era víctima, cuando lo normal es que, y lo sabe y aconseja cualquier psicólogo, las victimas procuren llevar en la medida de lo posible su vida normal, y que sigan siendo como ellas son. No encerrarse en su pena y su miseria, que sin duda es lo que quería el abogado hijo de hiena de la manada.

Sí, abogado hijo de hiena. Porque así es el derecho. La ley de la estepa. Un lugar en el que las leyes se interpretan fríamente, para sacar el beneficio y prestigio máximos en detrimento de la calidad humana que debería ser el objetivo último de cualquier ley.

Se ha dicho que ella participó, o en cierto modo consintió. Esto me lo ha llegado a insinuar algún amigo mío, y aunque no le he llamado imbécil a la cara en ese momento, aunque sí he negado sus palabras, es una gran mentira. Porque ella estaba bebida y sola. Y no necesito más argumentos. Ella bebida y sola, y ellos cinco, con un grupo en el que se hacen llamar la manada, que sublima actitudes acosadoras y de depredación sexual, por las que, ADEMÁS, tienen OTRO CASO PENDIENTE. Es decir, ni siquiera era la primera vez que llevaban a cabo este tipo de conducta.

Yo siempre me caracterizo, como ha podido adivinar quien haya leído hasta aquí, por tener mi propia visión de las cosas, exenta de ideologías y de bandos. Siempre escribo lo que pienso de las cosas, gusten o no gusten, y me importa un pimiento a quién o no gusten. La sensación que tengo es que tenemos mucho que aprender aún sobre todas estas cosas. Que hay demasiadas pasiones, y demasiada ideología que impiden ver los hechos sin más, como son.

Lo que es irreversible es la necesidad de que nuestro sistema judicial se enmiende a sí mismo, para poder transitar hacia el futuro más libres de hipocresías y de depredadores sexuales. Y que haya una educación sexual mucho mejor, que la sexualidad sea una asignatura obligatoria en los colegios, en la que se exhiba poco a poco, de forma acorde a la edad, lo que debe y no debe ser y tolerarse en cualquier tipo de relación sexual.
Hoy en día las nuevas tecnologías han venido a agravar en vez de solucionar este tipo de hábitos depredadores, y la reforma educativa debe contemplarlo.

Vivimos, como decía Amarna Miller, en una sociedad donde hipócritas de mierda (el adjetivo lo añado yo) se pajean viendo vídeos de actrices porno a las que luego llaman putas de forma despectiva. Y esa misma escoria es la que luego amenaza y viola a mujeres solitarias que van bebidas.

Eso es lo que se juzga con la manada, si es lícito ser un hipócrita de mierda que se pajea y luego llama puta a la actriz con la que se pajea, y crea un grupo en el móvil en el que se enorgullecen de sus fechorías sexuales. Si es ético exigirle a la víctima que lleve una vida de castidad y encerramiento para mostrar su pena y su miseria, o si no dará derecho a los abogados de la manada a decir que es que ella es una puta, también, como las actrices que usan ellos para pajearse, y luego insultarlas.