Mi visión particular de “La historia interminable”, de Michael Ende.

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El mundo está enfermo porque la mayor parte de la gente no tiene inteligencia sensible, ni imaginación. Esta es una máxima de todas las cosas sobre las que versa este blog, y en “La historia interminable” el mandato se hace esencial. Del viajero que recorre la geografía de lo imaginado que es Fantasia (sin acento y con mayúsculas, epítome de la creación de mundos de fantasía), depende la supervivencia de ambos mundos, del real y del fantástico, pues ambos están inextricablemente entrelazados, como las dos serpientes que se muerden mutuamente la cola, que dan forma al Esplendor, la alhaja AURYN. AURYN concede a su portador deseos infinitos, el poder de hacer lo que quiera, de ser un dios del mundo de Fantasia. Es un poder tramposo y difícil de manejar, porque el “Haz lo que quieras” escrito en su reverso no significa hacer tu voluntad a capricho, sino tener la responsabilidad de encontrar el camino de tus verdaderos deseos. Y es una trampa mortal, si se falla en ella. Porque quienes se pierdan en ese camino se convertirán en locos de Fantasia, fantoches.

Al ponerle un nombre a la Emperatriz Infantil, conocida como la Señora de los Deseos, la de los Ojos Dorados, Bastian, el niño lector atrapado en la lectura de “La historia interminable”, renueva, a través del poder creador del espíritu humano, el mundo de Fantasia, a punto de sucumbir a la Nada, expresión de la pobreza imaginativa de los hombres, que sucumben a la realidad. Porque realidad y fantasía son dos fuerzas complementarias y la una no puede existir sin la otra. La una crea a la otra, y la otra a la una, de forma eterna, interminable. Cuando se inventa una historia, y se nombran las cosas de esa historia, lo que se cuenta en ella ha existido siempre. De forma similar, yo hace tiempo que pienso, sin que me acordase de haber sacado tales conceptos de la lectura de este libro mágico, pues en todo caso lo leí siendo niño, y aunque me maravilló no lo entendí bien, que todo lo que alguna vez ha existido en la realidad, existirá para siempre, por más que desaparezca de nuestra percepción. La muerte es como un barco que se hace a la mar, dejando a los vivos en el puerto. Que no puedas verlo cuando traspasa los límites del horizonte no significa que el barco no exista. Sigue existiendo, más allá de nuestra percepción. Con las historias que imaginamos pasa eso mismo. Que no leamos un libro no significa que sus personajes no estén vivos. Siempre han estado ahí, porque todas las historias posibles existen en un universo infinito. Todo lo que alguna vez podamos imaginar ya ha estado o estará, o está, es, existe, de algún modo, en algún lugar.

¿Cómo resistir ante tamaño desafío? ¿Cómo mantener la cordura, y no convertirnos en Antiguos Emperadores, por creernos demasiado a nosotros mismos como creadores de nuestras propias fantasías, tras haber deseado tantas cosas que el hilo que nos ata a la realidad acaba por hacerse tan tenue que llegado un momento ya no somos capaces de imaginar nada nuevo? Recordamos, tras leer el libro, que las mentiras que deforman la realidad son una forma corrupta de usar nuestra imaginación; una deformación de lo fantástico (en la historia, los seres fantásicos).

Curiosamente, de forma similar en los parámetros casi metafísicos, a los que llegamos aquí a través de la literatura de fantasía, y a los que en la película Interstellar llegaba Nolan a través de la ciencia ficción, la clave es el amor. El amor es el vínculo, la cuerda que nos ata a la realidad, si nos perdemos en Fantasia. Quizá no el amor a alguien en concreto, sino el amor en sí mismo, la capacidad de amar.  Es este descubrimiento el que salvará al niño atrapado por su pasión literaria y su propio mundo imaginativo, y le hará regresar al mundo real en equilibrio, siendo útil a su sociedad, para mejorarla. Un mundo enfermo, del que huyó porque era una persona demasiado sensible e imaginativa para seguir perteneciendo a él, pero al que debía volver, para escribir, para contar nuevas historias que siguiesen extendiendo la fantasía, Fantasia. Regresa con las aguas de la vida, el poder purificador de la imaginación como medio a través del cual dar sentido a la realidad. Es una suerte de viaje quijotesco inverso. El Quijote, seguramente la primera gran novela de la historia, contaba el viaje de alguien no muy diferente de Bastian, que había perdido el equilibrio, un dios loco de lo fantástico, que perdió la razón de tanto leer novelas fantásticas.  Llevaba su fantasía  a la realidad, una realidad grotesca y cruel en la que su locura era ingenuidad y esperanza, porque a través de ella, aunque nos riésemos de él, o quizá precisamente por eso, la realidad se volvía un lugar más amable. Al final, cuando por fin recobra la cordura, el Quijote muere, porque no puede soportar vivir cuerdo.
En “La historia interminable” se trata del viaje de un niño cuerdo, pero de esos “raritos”, que lleva consigo la realidad a lo fantástico, el poder creador de los humanos, que rescata y sana a la fantasía, en peligro de muerte por la falta de imaginación de una realidad para la que lo fantástico es sinónimo de locura. Algo infantil, poco práctico.
Bastian corre el peligro de no volver jamás de Fantasia, convirtiéndose en un loco en la realidad, pero regresa a través de la amistad y el amor. La amistad de seres inventados y el amor de su padre, en la realidad, que al borde del olvido total de todo lo que fue en la realidad, lo que lo tornaría en un inútil incapaz de seguir deseando cosas, un creador frustrado, es un sueño que encuentra entre otros innumerables en el Pozo Minroud, en la Mina de las imágenes. Pues los sueños son la materia que da forma a la geología de Fantasia, la tierra de la que se alimentan y brotan sus historias.

Si conmovedor es ese sueño, he de confesar que el momento del libro que encharcó mis ojos fue la absoluta falta de rencor de Atreyu cuando se reencuentra con Bastian, tras haber sido herido fatalmente por éste. Es el símbolo de la amistad como valor, que la fantasía es capaz de evocar a través de personajes inventados, arquetipos que dan sentido a nuestra existencia.
El ser humano es una mezcla indisoluble del yo experimentador, que vive en la realidad, y el yo creador, que reinterpreta esa realidad a través de una mitificación de sí mismo. Las historias, sea cual sea su formato, cumplen un papel vital para la salud del espíritu humano. Pero nunca vivirá en equilibrio quien se sumerja tanto en su fantasía que deje de ser útil a los que le rodean en la vida real, y difícilmente será útil cualquier persona que no ayude a que nuestro yo creador sea más rico.
En todo caso, literarios habrán de ser los caminos que nos internen más profundamente y con más riqueza en las historias que mejor nos sirvan. Poco poder de la imaginación habrá, poco valioso, en todo caso, en quien se mire en el espejo de héroes hechos con revistas y programas de famosos o video-juegos violentos.

Bastian regresa a la realidad llevando con él a ella la fantasía, su poder creador, de un mundo que salvó gracias a su imaginación, de la cual, a su vez, se salvó gracias al amor. Continuador de un trabajo infinito de tantos otros viajeros de Fantasia, que le precedieron antes, algunos  tan curiosos como Chéxpir. Bastian lleva la salud a la realidad, a través de su imaginación, y a sí mismo, a través del amor. El Quijote perdió la salud física y murió, en cuanto perdió la imaginación. Nunca alcanzó el equilibrio que sí le fue dado a  Bastian. Llevó la salud a la realidad, a costa de perder la suya. En Fantasia, el Quijote sería, tal vez, un Antiguo Emperador loco.

Dice algo maravilloso Doña Aiuola, en un pasaje cerca del final del libro, una de las frases más misteriosas y metafísicas de entre otras muchas que salpican las páginas de “La historia interminable”, sobre todo desde la mitad del libro, cuando Bastian se convierte en un personaje del libro, arrastrándonos a nosotros con él a descubrirnos a nosotros mismos como personajes de la misma historia interminable en la que él participa. Ese es el más profundo y metafísico significado del título, aunque este tiene otras lecturas, o perspectivas, más obvias, como la imposibilidad de Bastian de escapar de Fantasia a no ser que dé término a todas las historias que ha inventado. Atreyu se ofrece a esa colosal misión por él, (dando excusas más que suficientes para la futura serie o saga que algún día se hará basada en esta obra, de la que todo lo que se ha hecho en lo audiovisual hasta ahora es más bien deficiente, a excepción del emblemático y maravilloso tema musical compuesto por Moroder y cantado por Limahl). Esa frase hace referencia a un momento del futuro, el momento más “cifi” de “La historia interminable”, tal como yo lo interpreto, en el que la fantasía y la realidad sean una misma cosa. Dos conceptos indiferenciables. Y es que así es como, según yo lo creo, será alguna vez el futuro humano, si todo va más o menos bien. Y sobre un mundo posible de ese posible futuro trata el libro que quiero escribir, y en cuyas notas llevo trabajando un par de años.

En fin, o, más bien, sin fin, “La historia interminable” es una lectura, o relectura, indispensable sobre la fantasía, la imaginación y el arte de contar historias, y la forma en que esas cosas forman parte indisociable de la realidad.

De no menos calidad, y bebiendo de todos los mismos dones literarios, Michael Ende nos regaló también MOMO. Pero esa reseña es otra historia, y será escrita en otra ocasión.

Cuando nos fijamos un objetivo, el mejor medio para alcanzarlo es tomar siempre el camino opuesto. No soy yo quien ha inventado dicho método. Para llegar al paraíso, Dante, en su Divina comedia, comienza pasando por el infierno. (···) Para encontrar la realidad hay que hacer lo mismo: darle la espalda y pasar por lo fantástico. Ése es el recorrido que lleva a cabo el héroe de La historia interminable. Para descubrirse, a sí mismo, Bastián debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado. Sin embargo, hay siempre un riesgo cuando se realiza tal periplo; entre la realidad y lo fantástico existe, en efecto, un sutil equilibrio que no debe perturbarse: separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido.

Michael Ende en una entrevista para El País.

Edito la entrada, meses después de haberla escrito, y tras haber leído “El herrero de Wootton Mayor”, maravilloso cuento de JRR Tolkien, porque se hace bastante claro, a quien haya leído ambas obras, que “La historia interminable” está fuertemente inspirada en este cuento, y que trata de forma brillante los temas esenciales que obsesionaron a Tolkien, que tan bien desglosó el genio inglés, también, en su ensayo “Sobre los cuentos de hadas”.