El verdadero significado del final de Bladerunner 2049: metanarrativa, realidad virtual y “La historia interminable”.

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Cuando vi Bladerunner 2049, aunque me pareció una gran película en lo referente a ciertos aspectos artísticos, como película continuación de la Bladerunner original me decepcionó. Hasta que leí la idea de Mark Millar sobre la escena final. Ahora es para mí lo único que le da a Bladerunner 2049 una sensación de trascendencia que la salva del olvido y la eleva a la altura de la original, más allá de los aspectos puramente audiovisuales.

Las ideas que expongo a continuación nacen de esa nueva perspectiva, aunque los paralelismos con “La Historia Interminable” son cosa mía.

K, o Joe, no existe.  Al menos, no como creemos que existe. Es un personaje de fantasía, un elaborado recuerdo que ha creado la que se supone que es la hija de Deckard. Si no fuese así, la nieve al final, en las manos de ella y sobre ella, solo sería un ornamento. Y a mí me enseñaron que en el buen cine y en la buena literatura todo tiene un significado. Nada debe ser casual. Y menos en la ÚLTIMA ESCENA.
Wallace tampoco existe. No existe nada en esta película, salvo la propia película, como metanarrativa en el universo de Bladerunner, la película original. Solo la última escena es real, aunque ella vive a caballo entre la realidad y la fantasía.
Esto es para mí lo único que salva a 2049 de caer en el olvido (el argumento de la historia principal, sin esta nueva perspectiva, siempre me ha parecido más bien vulgar y aburrido), y de golpe la convierte en obra maestra, incomprendida por los que la odian, pero sobretodo por los que la aman.
Deckard no es un replicante. Quizá es un humano cuya mente se ha manipulado con recuerdos, el pionero de una nueva posthumanidad… quizá todos los bladerunners son manipulados de ese modo. De hecho, se supone que los replicantes no envejecen. Son creados con la misma apariencia que tendrán mientras funcionen, o existan. Así que el ver a Deckard interpretado por Ford más mayor para mí al final viene a significar que es humano, aunque modificado.
En realidad, la idea del replicante puede ser trasladada al mundo virtual. No es que K no exista, es que no existe en la realidad.
Si todo esto es cierto, y me da igual lo que piensen otros, para mí lo es,  el personaje interpretado por Ana de Armas, Joi (claramente inspirado en la película HER, no solo el personaje sino toda su escena de amor), no es más que un eco que le recuerda a K que no existe… como pueden existir otros seres. Aunque realmente, eso tampoco significa que no exista.
Para mí ahora está claro que esa mujer diseñadora de historias virtuales, en un futuro en el que la realidad virtual ha de ser casi indiferenciable de la realidad, conoce la mente de Deckard, y juega con ella. El final es un eco del final de la Bladerunner original, y es un eco intencionado. Aunque sí que creo que los hechos de la original son reales. Recuerdos de hechos reales que ella conoce. Por qué, y por qué actúa así, eso ya es otra historia…
Podemos ver el reflejo de Deckard en el cristal de la burbuja donde vive ella, su Torre de Marfil. Emperatriz Infantil. Las dos realidades, el Bastian que traspasa la realidad y la fantasía. Hay un capítulo, en “La Historia Interminable”, donde Atreyu ha de pasar una prueba, una puerta que es un espejo, y en él se ve a sí mismo como Bastian. Si hay una obra de fantasía ya clásica que juega con la metanarrativa, esta es “La Historia Interminable”. Joe (o K) es el Atreyu, que conduce a Deckard hasta la Emperatriz Infantil, para sanarla, dándole un nombre.
Hay que apuntar también el dato de que los dos nombres del personaje interpretado por Ryan Gosling: “Joe” y “K” suenan como “Joke” en inglés.
Michael Ende, el autor de “La Historia Interminable”, escribió otros libros, no todos orientados al público más joven. Todos ellos, en cualquier caso, encierran grandes dosis de filosofía. Entre los libros “para adultos” que escribió destaca “El espejo en el espejo”

Hay más detalles. Aquí abajo, en la primera foto, vemos a ella diseñando la nieve, y jugando con ella, y el reflejo de la puerta de entrada y de Deckard traspasándola, y la puerta de salida, al fondo. Podríamos pensar que es la nieve de fuera, que cae por una claraboya abierta. Pero no, claro, eso es imposible, porque ella vive en una burbuja, y además, cuando se da la vuelta para encarar a Deckard la nieve desaparece.
Antes, durante esa historia que le es contada a Deckard para conducirlo hasta su hija (supondremos que lo es), podemos ver dos esfinges enfrentadas una a la otra, en Las Vegas; o cuando Deckard cita una frase de “La isla del tesoro”, y dice que lo único que puede hacer ya allí es leer. Dice que ha soñado con el queso. Ha soñado con algo que ha leído en un libro, pero que no existe allí, y se lo dice a alguien cuya historia es inventada como la de un libro, que en realidad no existe allí. Es realidad aumentada, o virtual… es ficción. (En el fondo, quizá sí que exista, tal como existen personajes como Atreyu, o nosotros mismos, en este universo holográfico. Aunque tómese esto último desde una perspectiva poética, no literal). Allí, donde vive Deckard, solo existen sombras del pasado, libros, y whisky para olvidar.
Desde luego, cada cual es libre de interpretar la película como más le guste. A mí es así como más me gusta, con mucha diferencia.

Por cierto, hablando de realidades alternativas o aumentadas, no sé si más gente aparte de mí ha visto el paralelismo que hay entre las formas del final de Valerian, de Luc Besson, y el final de Bladerunner 2049. Valerian me decepcionó bastante, más allá de lo visual, pero tiene algunos detalles formidables, y ese, la forma en que trata el tema de la realidad virtual y aumentada, es uno de ellos.

 

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