La forma del agua, o el fondo de la sociedad.

Elisa_Esposito

 

Si esperáis que en esta entrada me sume a la batalla que se ha planteado de forma bastante torpe en las redes sociales entre partidarios y detractores de la película, ya podéis seguir buscando otro artículo que os interese más que éste.

Lo que más me sorprende y preocupa es que buena parte de los detractores parezcan venir del feminismo. Me sorprende porque las tengo, en líneas generales, por personas de una inteligencia sensible por encima de la media; y me preocupa porque eso quiere decir que la gente, en general, no ha entendido nada de esta película.

“La forma del agua” es un cuento “freak”, que trata de una mujer que representa a los diferentes e  inadaptados de la sociedad. Gente al margen, en la que no suele reparar nadie, o si lo hacen, es con asco, pena, conmiseración o maldad. Sí, maldad. Como la que demuestra el personaje excelentemente interpretado por Michael Shannon, por más que sea un malo de libro. Pero un malo de libro que representa a toda la sociedad: el correcto padre de familia, dedicado a su trabajo, que sigue los dictados de lo políticamente correcto, que lee libros de auto ayuda (un detalle trascendental para entender la verdadera intención de Del Toro con este guión) para ser un triunfador, que es lo que demanda la sociedad de todos nosotros; de todos los que son normales, al menos.

Frente a esa normalidad de la que todos queremos formar parte, una mujer muda y solitaria, que vive rodeada de gatos y con un artista excéntrico y fracasado; ninguno de los dos aceptados por la triunfadora sociedad a la que pertenece el personaje de Strickland (Shannon).

Es esta una película de monstruos, pero el monstruo no es aquel que parece serlo. Me alarma la supina imbecilidad con la que algunos críticos han atacado a esta película, diciendo que es sencillamente inconcebible el argumento de partida, esto es, que una mujer se quiera follar a un pez. (Palabras textuales).  Obviando el hecho de que el anfibio (que no pez) tenía un gracioso pene retráctil (y seguramente no pequeño), tales críticos son unos completos ignorantes de los resortes que mueven el alma humana, o, vaya, la mente. Se ha demostrado científicamente que los seres humanos son capaces de enamorarse de robots humanoides, si nos parecen sexualmente atractivos, y podemos establecer comunicación con ellos. A otro nivel, las personas son capaces de tomar afecto hacia mascotas robóticas.

En calquier caso, debería estar ya claro, a estas alturas de la historia de la humanidad, que lo que sea follable, es amable. (Amable: que se puede amar). Sin embargo, se le ha dado demasiada importancia al hecho del sexo en sí, entre la mujer y el tritón. No es eso lo verdaderamente importante, sino el hecho de que ella se sienta más a gusto con él. Lo demás, bueno, viene solo… es como por qué hasta ese momento se sentía a gusto sobre todo con ella misma. Y eso lo vemos simbolizado en la bañera. Su bañera, que de pronto no puede usar porque la usa él. Y el sexo  en solitario, pero feliz, se convierte en sexo en compañía. También feliz, sobre todo a juzgar por el tamaño del bicho, y por las lucecitas que se le encienden…
Además, el guión no deja cabo suelto, para que nos sumerjamos con Aliza en el agua, y comprendamos por qué se enamora del “pez”. Está tan bien explicado que me daría vergüenza tener que hacerlo aquí, y no voy a hacerlo. Ved la película. Pero libres de prejuicios.

Pero si creíais que iba a decir, así de buenas a primeras, que el que resulta ser el monstruo es el correcto padre de familia, os habéis adelantado. Sí, resulta serlo. Pero lo que primero debemos comprender en esta historia es que no trata, como La bella y la bestia, de humanizar al monstruo, sino de monstruizar (valga el palabro) lo humano.

Strickland, en el fondo, no es más que un ser infeliz que está deseando ser rescatado de la sociedad febril en la que vive, pero que jamás tendrá el valor para hacerlo, porque es un correcto padre de familia, un triunfador con un coche último modelo que lee libros de auto ayuda para ser el mejor en su trabajo, y atisba todo lo que no ha tenido el valor de ser en la humilde limpiadora. Solo que en vez de redimirse, de renunciar a todo lo logrado, intenta forzar sexualmente a la “pobrecita y desvalida” mujer muda.

Y es aquí donde más me sorprende la ceguera del feminismo a la hora de condenar esta película. Estamos ante el puto epítome de la rebelión de la mujer como objeto sexual, condenada a trabajos menores, destinados a los inferiores:  las mujeres y los negros.

Estamos ante una mujer a la que le importa una mierda formar una familia y ser alguien normal, políticamente correcto y socialmente reconocido. Una mujer que es además una guarra que se masturba en la bañera. Lo que la correctísima sociedad de su tiempo, y quizá del nuestro,  llamaría a Eliza Espósito. Una mujer que se folla al diferente, al perseguido, al inadaptado.  Al monstruo. Porque es como ella más que nada que exista en la sociedad en la que vive.

Esta película no va de una mujer que se enamora de un monstruo, o de un pez. Va de un monstruo, o un pez, que encuentra a otro, y huye con él.

Aunque el final me pareció un poco convencional, cuando voy pensando más y más en la redondez de la historia, encuentro que me deja muy satisfecho.  Porque, por supuesto, ahora sí, ya podemos dar la vuelta a la historia y llegar a la inevitable conclusión. El monstruo es la sociedad que hemos construido, donde cualquiera que ose ser diferente o ir contra corriente es tildado de rarito, de friki. Y esta película es el triunfo de un friki. Un freak. Aquí lo que importa no es si ser hombre o mujer. Sino ver que las personas pueden ser felices siendo diferentes a lo que la sociedad dicta como lo correcto. Por eso esta película puede valer para feministas, gays, mudos, mongólicos, negros, obesos, anoréxicos, aspergers, catalanes constitucionalistas (uh, oh… WTF?), o cualquiera que se haya sentido diferente y rechazado por la sociedad, pero haya sabido encontrar su camino hacia la felicidad, gracias a la fuerza de su personalidad. Y de eso a Eliza Espósito le sobra.

Nunca he considerado los Oscars como premios referentes de nada. Solo como abanderados de lo políticamente correcto, del dogma, de esa industria cinematográfica moldeada por acosadores de mujeres, ante lo que todos somos culpables, TODOS, hombres y mujeres, por habernos tapado los ojos y los oídos para disfrutar de cada película y cada ceremonia aún sospechando lo que había bajo la alfombra roja.
Quizá no es casual que el primer año que Hollywood intenta sacudirse toda esa basura de productores acosadores de mujeres gane una película como “La forma del agua”.
Porque es ella, el personaje interpretado por Sally Hawkins, el único protagonista en esta historia. Una mujer muda, diferente, valiente por tener la osadía de saber ser feliz sin importarle una mierda lo que la sociedad piense o diga de ella. Una guarra que se masturba en la bañera, una puta follapeces.

Y personalmente, pese al asco que le tengo a los Oscars, me alegro, de verdad, de que una película presentada al mundo en un festival como el de Sitges, sea la ganadora del Oscar. Es todo un jodido símbolo.

Sé que hay muchas feministas de pro que son también auténticas freaks, y que habrán sabido ver la importancia de este hecho. Y no puedo terminar con ésta, mi reflexión sobre “La forma del agua” y su Oscar, sino pidiendo al feminismo, por favor, que no vuelva a caer en el error de creer que los freaks son sus enemigos. Han equivocado el objetivo al ir contra “La Forma del agua” en estos Oscars. El objetivo del feminismo es el Hollywood que hasta ahora había ninguneado completamente al cine fantástico, tanto como a las mujeres.

Sé que en el arte todo es cuestión de gustos, que hay gente que no soporta el cine fantástico; y no puedo decir de mí que odie el cine realista. No, si la película que sea me conmueve o emociona de algún modo. Pero hay cuestiones objetivas que están por encima de cualquier otra consideración: la mezcla de imágenes, música, fotografía, símbolos y tantos detalles que desfilan por el guión de “La forma del agua”… todo eso es el cine. Tanto como lo es “Tres anuncios en las afueras”, o “Los últimos Jedi”, aunque el dogma hollywoodiense todavía esté muy lejos de poder premiar películas de esas calificadas como “blockbusters”. ¿Y no es “La forma del agua”, un puto “blockbuster”? y, si lo es, ¿qué más da? ¿por qué vivir siempre tan obsesionados cada día por llenarlo todo con etiquetas de mierda? Siéntelo, o no lo sientas. Y punto.

Yo me he identificado plenamente, viendo La forma del agua, con esa muda, rarita, guarra y puta follapeces. No porque quisiera ser el monstruo que se la llevase consigo, sino porque querría ser ella, y reírme en la puta cara de todos, y ser feliz.

2 comentarios sobre “La forma del agua, o el fondo de la sociedad.

  1. Gracias por la reseña Eusanti, k te pareció el tratamiento de la homosesualidad latente en el cientifico? Yo creo k el tambien queria trajinarse al pez. Pero Del Toro es un director abierto de ideas y no reprime la homosesualidad. Lo k pasa es k el Pez era Hetero

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