¿El declive de Star Wars?

Se han escrito muchas críticas sobre la película. Desafortunadamente, las que son positivas, que por cierto, son muchas, suelen pasar mucho más desapercibidas que las negativas. Para esto hay un motivo: Las malas críticas atraen a mucha más gente, porque generan polémica, muchas veces a través de titulares falsos y sonrojantes, más propios de la prensa amarillista que de un empeño remotamente cultural, pero que muchos haters reciben como el maná que da sentido a sus vacías existencias. Al atraer a más gente, se consiguen más clics en las paginas, y los clics dan dinerito, que es el motor de todas las cosas.
El periodismo basura fomenta el que se construyan polémicas inmensas, más inmensas y más beneficiosas cuanto más relevante sea la obra criticada en cuestión. Por lo que, amigos lectores, la conclusión es que cada vez que una película crea una gran expectación, y escala directamente a los primeros puestos de las listas de recaudación histórica, convertirla en blanco de toda clase de críticas, sean justas o no lo sean, y casi nunca lo son, genera muchísimos más clics, y muchísimo más dinero.
Podríamos hacer un símil con esos pequeños pajarillos que escarban en las heridas de la piel de los rinocerontes. O con las rémoras. Son parte inseparable del gran circo del espectáculo audiovisual de nuestro tiempo. Y aunque son necesarios, también son molestos. Sin embargo, como veremos, la piel del rinoceronte es muy gruesa.

De ahí nace este blog, para llevar a cabo críticas y reseñas con las intenciones enunciadas arriba; con un decidido, estudiado, y creemos que necesario, matiz de mala leche, algo que no suele caracterizar a las críticas positivas. Ojo, aquí haremos críticas lo más objetivas posible, lo cual significa que a veces serán positivas, y otras no. Pero siempre serán constructivas, y siempre tendrán ese punto de mala leche que echamos en falta en las críticas más profesionales y objetivas, porque suele ser exclusiva marca de la casa de los odiadores; de los haters. Aquí vamos a darles a los haters con su propia medicina, a ver qué tal les sienta.

Pero de Los Últimos Jedi se han dicho tantas cosas, ya, y tantas tan poco sabias… así que vamos a darle un enfoque original a esta crítica, convirtiéndola, para ello, en una contracrítica de los muchos disparates que se han dicho sobre esta película en el plazo de solo un mes desde su estreno. Huelga decir que se avecinan muchos espóileres…

Todo lo que se ha dicho negativo sobre la película han sido estupideces. Ni una sola cosa puede apoyarse en argumentos sólidos, de otro fundamento que no sea la pobreza espiritual del espectador, incapaz de asimilar que aquí el fallo no reside en la película, sino en su propia mente. Todos los fundamentos a las críticas negativas se basan, invariablemente, por un lado, en un feroz odio ideológico, un rechazo frontal a la evolución de axiomas antes intocables (no tanto en Star Wars, que tuvo la osadía de sacarse de la manga en aquellos años setenta a una mujer contestataria y autoritaria, difícil de agradar, Leia): así, nos encontramos mujeres protagonistas, tramas secundarias protagonizadas por negros y orientales “bisoñas” (adorables); y por otro lado, en una profunda sensación de nostalgia imposible de llenar con nada, no porque las nuevas películas sean malas, sino por la ausencia de resortes en las mentes de espectadores pasivos, que esperan que todo sea siempre igual, perpetuo e inmutable.

Por último, está ese sector de crítica imbécil, no poca, que vilipendió a Una Nueva Esperanza en aquel lejano año de finales de los setenta, cuando se estrenó, pero que tuvo que esconderse dentro de su cueva cuando el tiempo fue haciendo crecer a Star Wars hasta convertirse en un mito de sí misma. Y en eso es en lo que tantos han querido convertir a la saga más importante de nuestro tiempo: en una momia, un mero, triste e intocable objeto de museo, hasta el punto de que los fans recalcitrantes ponían el grito en el cielo cada vez que George Lucas intentaba, cargado de motivos, mejorar unas películas que amenazaban con pudrirse envueltas en su propia aura mítica (y rancia).

Lo que consiguió la mitificación, por supuesto, fue que toda esa cohorte de imbecilidad a la que nos referíamos antes en no pocos críticos, que recibieron horrorizados esta nueva forma de hacer cine, tuviese que retirarse a rumiar su desprecio dentro de su cueva, no sin jurar eterno odio por lo bajo, sus deseos de venganza siempre a flor de piel.
Y por fin sus ansias vengativas tuvieron rienda suelta cuando George Lucas creyó llegado el tiempo de las precuelas. Entonces salieron de sus cuevas, a repartir sus críticas odiosas a Star Wars, escudándose en el hecho de que estas nuevas películas eran un insulto a las clásicas, unas clásicas, que, por supuesto, ellos también habían odiado, aunque ahora no se atrevían ya a decirlo.

Así pues tenemos esos tres tipos de críticos: el ideológico, que no soporta los nuevos paradigmas, fuesen fans o no de la trilogía original; el odiador del tipo de cine que representa Star Wars, que estaba deseando una nueva oportunidad para expresar su odio porque ya no se atrevía a criticar las míticas originales, y el fan nostálgico, este sí, verdadero fan de las películas originales, pero cuya infancia murió con ellas, y lleva toda la vida culpando a los demás de un mal que es responsabilidad exclusivamente suya: su incapacidad de saber ilusionarse como cuando era un niño.

Y ya hemos abonado el terreno para que una propuesta tan arriesgada, aunque quizá no tanto, como es LOS ÚLTIMOS JEDI, haya generado tanta polémica… y total, ¿por qué verdaderas razones?

¿LUKE? pero resulta que las bases del cambio en Luke ya habían quedado establecidas en EL DESPERTAR DE LA FUERZA. ¿Por qué si no se habría alejado de todo y todos, a un lugar recóndito y olvidado de la galaxia, en tiempos tan aciagos para sus amigos? Rian Johnson no hizo más que desarrollar de forma lógica, y con gran acierto, qué resortes habrían llevado a  Luke a ese extremo. Además de que aquí la protagonista es otra, Rey, que es la que tiene que buscar el camino por el que transite esta nueva trilogía, sin que todo parezca una repetición de las estructuras de la trilogía original. Aunque, evidentemente, como quedó claro desde EL DESPERTAR DE LA FUERZA, el paralelismo estructural fuese la decisión elegida por el equipo de guionistas que empezó a trabajar en las secuelas que habrían de rematar la saga de los Skywalker. Cabe señalar que cuando se tomaron estas primeras decisiones George Lucas también estaba sentado, como asesor, en torno a aquellas primeras mesas.

Luke, como cualquier otro personaje bien construido, tiene que tener un arco dramático, un arco de transformación, que haga que su personaje no sea plano, que no sea el Luke predecible, aburrido, sin sentido, un mero eco mayor de todo lo que ya vimos en la trilogía original.
Porque la trilogía secuela se dibuja en dos niveles, un nivel primordial, en el que aparentemente se repiten las estructuras de la trilogía original, y un nivel más sutil, pero evidente, en el que surge la verdadera voz original de los tres últimos episodios de la saga. Esto, que ya estaba en EL DESPERTAR DE LA FUERZA, es mucho más evidente en el Episodio VIII, donde los paralelismos con los episodios V y VI de la saga son también obvios (no vamos a descubrir ahora nada que merezca la pena criticarse, de tan obvio que es, aunque algunos imbéciles lo hayan hecho); pero los elementos nuevos van ramificándose ya mucho más alejados de sus raíces del Episodio VII, y empezando a asomar sus primeros brotes, los cuales vemos en la forma en que Rian Johnson, a pesar de los obvios paralelismos, consigue sorprendernos, tanto a través de un tono nunca visto antes en la saga, con esos novedosos toques de humor, como de la forma de tratar al personaje de Luke, y quizá, sobretodo, por el arco de transformación del personaje de Poe Dameron, verdadero motor en esta película del cambio de paradigma que tanto ha soliviantado a los más conservadores. Un cambio cuya guinda es la lapidaria frase de Rose antes de caer inconsciente.

Es aquí cuando no podemos más que sorprendernos de la supina estupidez que se postula en todos los lloros y pataleos de los críticos negativos, los haters de LOS ÚLTIMOS JEDI. ¿Qué pretendían? ¿Que tras más de treinta años de nuevas experiencias, toda una vida, con sus claros y sus oscuros, y sobretodo esos últimos años de oscuridad y desazón acrecentados por las artes de Snoke, manipulando el corazón del problemático Ben Solo, después de todo ese miedo… Luke Skywalker fuese exactamente el mismo personaje? ¿Pero es que no comprenden que sería justo entonces cuando Luke se habría convertido en una caricatura de sí mismo, y Star Wars en general en una saga irrisoria y parodiable?
Y sin embargo, no aprecian que al final Luke termine convirtiéndose en ese Jedi mítico que, denuncian, querían haber encontrado desde el principio.

Pero en una genial y sola escena, Johnson cambia el paradigma, riéndose él mismo de la saga (e imposibilitando que lo hagan, por tanto, otros), a través de ese gesto del maestro arrojando el sable de luz sobre su hombro. Un gesto que, cuando vemos más veces la película, nos parecerá cada vez menos gracioso y/o asombroso, y cada vez con más sentido, dotando a la historia que nos cuenta de nuevos resortes, de nuevas profundidades y significados. Que, por cierto, no es que no nos diesen pistas durante el tráiler y el detrás de las cámaras en los meses previos al estreno, aunque todos los fans más recalcitrantes se obcecasen en no querer ver otra cosa que no fuesen sus enfermizas y bastante risibles pajas mentales sobre qué había detrás de tal o cual personaje.

En este punto, merece especial mención la muerte de Snoke, durante la cual asistimos al que probablemente sea el plano más brillante que hayamos visto nunca en las películas de Star Wars: la mano de Rey, cogiendo el sable de luz que llega paralelo al suelo, después de partir al Líder Supremo por la mitad, justo en el momento en que la mitad superior de Snoke se desprende de su cuerpo y cae.
Aquí, en vez de disfrutar de ésta, quizá la más genial de entre la múltiples maravillas audiovisuales que nos regala la película, los fans recalcitrantes lloran, cierran los ojos a la belleza, cagando en ella sus prejuicios y suposiciones, cubriéndola de su propia mierda.
¿Quién es Snoke, por qué no sabemos más… no han valido para nada todos nuestros onanistas años de machacárnosla (la mente) pensando quién podría ser, y de dónde podría venir Snoke?
Aunque hay toda una trilogía de novelas, CONSECUENCIAS, de Chuck Weding, publicada en castellano, que habla de los acontecimientos de la galaxia entre el final de EL RETORNO DEL JEDI y el comienzo de EL DESPERTAR DE LA FUERZA, y que es canon, hemos de admitir que lo elegante es que sea a través el propio lenguaje cinematográfico, que es el lenguaje esencial de Star Wars, como se terminen de atar los cabos. Ahora bien, ¿Se dijo una sola palabra del origen y procedencia del Emperador Palpatine en la trilogía original? La respuesta es un gran y contundente NO. Los fans recalcitrantes tienen, o bien muy mala memoria, o bien una curiosa y selectiva forma de gestionar la información. Porque todo lo que sabemos de los orígenes de Palpatine lo sabemos por otra trilogía, la de las precuelas, y muy bien podría terminar esta sin que sepamos más de Snoke. No sé, sin embargo, si J. J. Abrams tendrá huevos, visto lo visto, para hacerlo. Desde luego, si no es porque lo JUSTIFIQUE la historia, no hay necesidad alguna de saber los orígenes de Snoke en esta trilogía.
Rian Johnson ha tenido, y está teniendo, una PACIENCIA INFINITA, explicando esta y muchas más cosas que los fans recalcitrantes han puesto sobre la mesa durante estas semanas. Para los que somos un poco más espabilados, los que tenemos una inteligencia sensible alta (o, bueno, simplemente la tenemos), casi todas esas respuestas o bien eran innecesarias, por obvias, o carecían de importancia ante la magnitud de la belleza de LOS ÚLTIMOS JEDI.

Se ha dicho como un mantra por parte de muchos, en un intento de menoscabar la integridad de una obra que les rompe el corazón, pero no por culpa de ella, sino porque les hace ser conscientes de la vaciedad que asola las estancias de sus pensamientos, que es que la película tiene agujeros de guión.

Bien, después de verla unas cuantas veces, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que no hay ninguno. Nos reservamos el derecho a dudar, si acaso, sobre un único detalle de la historia, aunque nos lo reservaremos, ya que no es uno del que hayamos leído nada.
Pero podemos decir que todo lo que se ha dicho ha sido más bien un intento de menoscabar algo que no se entiende.
Tales agujeros de guión, no existen. Todo lo que pasa en la historia, todo lo que vemos, y lo que se dice (además sin hacer la historia más lenta o más torpe, sin obstaculizar su dinamismo), tiene un sentido, y a veces un sentido doble. Analizaremos esos supuestos fallos en otra futura entrada del blog.

Y terminamos con LEIA. Con Carrie Fisher, que murió hace poco más de un año, y cuyo magnífico trabajo en la película se dejó sin tocar, sobre todo por decisión de Rian Johnson, como sentido homejane a la actriz, aunque a toda una cohorte de hijos de perra el detalle le pareció secundario, y de pronto la pena que decían haber sentido por la muerte de la actriz, si alguna vez la sintieron realmente, pasó a un segundo plano ante lo principal para ellos: inundar la web con gilipolleces comparándola con Supermán o con Mary Popins.

No solo no tiene nada incorrecto la secuencia, sino que es hermosísima, uno de los puntos más emocionantes de la película, y hay unos cuantos.

Leia no es una Jedi. Nunca lo ha sido, pero es hija de uno de los seres más poderosos en la Fuerza que han existido nunca. Y esto es un dato objetivo.
El ataque de los TIE la lanza al espacio… donde está a punto de morir congelada… pero ¿está vacío el espacio?

Aquí es MUY IMPORTANTE, y la mayor parte de los fans recalcitrantes no tienen los dedos de frente suficientes como para darse cuenta de ello, saber que Star Wars NO, repetimos, NO es ciencia ficción. Es FANTASÍA. Fantasía espacial. Como tal, no está condicionada por las leyes de la física que conocemos, como sí debería estarlo una historia de ciencia ficción. Ojo, eso no significa que, dentro de sus propios parámetros, Star Wars no deba ser coherente. Y lo es, pero hemos de entender que es fantasía.

El fundamento de la fantasía es que no se puede leer, ni ver, teniendo prejuicios. Las presunciones, la pretensión de estar de vuelta de todo, MATAN a la fantasía. Si no nos gusta algo fantástico, es mejor, mucho mejor, no verlo, y dedicar nuestro tiempo libre, que no es tanto, a cosas que verdaderamente nos llenen. Hay muchos tipos de historias y películas no fantásticas por ahí. Pero lo que no puedes pretender es llegar a ver una película fantástica y juzgarla según unos putos parámetros de mierda, totalmente ajenos al espíritu de la obra que estás viendo.
Por otra parte, en cuanto a que existan poderes que no se hayan visto nunca antes, ¿pero, vamos a ver, almas de cántaro, es que no hemos visto otros poderes usarse por primera vez en las películas de la trilogía original?

Y volviendo a la secuencia de marras… ¿no es comprensible que el inmenso poder latente en Leia, capaz de resistirse a interrogatorios perpetrados por el propio Lord Vader, por ejemplo (aunque esa es otra historia sobre la que volveremos en otra ocasión), despierte justo cuando ella más lo necesita, cuando está inconsciente, como una más que probable manifestación de la Fuerza más allá de su propia voluntad? ¿No es asumible que la propia Fuerza la lleve en volandas de vuelta a la nave? ¿Tan menguada tenemos la imaginación como para no comprender todo esto?

Y en cuanto a si hay vacío o no en la galaxia de Star Wars. ¿por qué SUENAN las naves?, pero, ah, eso nunca nos sorprende, pero sí que los cuerpos no se hinchen. Eso, justamente, sería no ser coherente. Porque podríamos recordar, quizá, la secuencia de EL IMPERIO CONTRAATACA, cuando salen de la nave dentro del cuerpo del gran gusano espacial, que está alojado dentro de un asteroide, con la boca abierta al… oh… sí… vaya… ¿vacío? del espacio… Pero ¿solo con una mascara para respirar? ¿No deberían hincharse y estallar? Aquí entra en juego la imaginación, que, como siempre en fantasía, ha de ser el vehículo que nos permita transitar por sus historias. Quizá los gases en el estómago del gran gusano generaban una atmósfera protectora. Pero, volviendo al momento espacial de Leia en el Episodio VIII… habíamos dicho que las naves suenan en Star Wars. Y no es la primera vez que vemos que el vacío del espacio no afecta a los personajes igual que lo haría en la realidad… quizá, nos atrevemos a pensar, porque Star Wars NO es la realidad sino un reflejo mitológico de ella; más concretamente, de nuestro tiempo, de ahí que para poder seguir siéndolo, deba avanzar asumiendo nuevos paradigmas, para no convertirse en un fósil, como lo son muchos de sus fans.

Puede ser, ya que las naves suenan, que en la galaxia de Star Wars simplemente no haya vacío, por causas que desconocemos, y que no deben importar mucho. No son cosas que realmente importen para la historia. También puede ser que todas las naves generen, a la vez que un campo de gravedad artificial, una esfera dentro de la cual se suprime el vacío del espacio, una esfera con centro en la nave, mayor o menor según su tamaño. Lo que queremos dar a entender es que si en adelante evitamos suposiciones de mierda, y nos centramos en disfrutar de la historia, la imaginación ha de hacer el resto. Lo que importa es darnos cuenta de que no es algo realmente importante, dentro de la escala, el tipo y la magnitud de la película de la que hablamos.

Además, también está el valor como símbolo de la escena, cuando Leia, al regresar al puente destrozado de la nave, atraviesa el holograma de la nave de Snoke justo por el punto en el que luego será partida en dos. En el cine, cuando además de mero entretenimiento también es arte, nada es casual.

En fin, amigos, no hay un declive de Star Wars, sino un renacer…  así que, quizá, lo que hay, es un declive de los fans.